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Hacía tiempo que no sólo sabía leer, sino que era un lector habitual de historias, las de Guillermo y los proscritos de Richmal Crompton, Emilio Salgari, Karl May (escritor favorito del Hitler adulto, pero yo entonces no lo sabía y ni entonces ni ahora me hubiera importado) y en menor medida de Julio Verne, además de los tebeos que hoy llaman comic de Flash Gordon, con las maravillosas ilustraciones de Alex Raymond y El Hombre Enmascarado de Lee Falk. Pero nunca había pensado en los libros de otra forma que la de mundos de la imaginación u obligados soportes de la escuela.
El primer día que descubrí que los libros realmente eran llaves para otros mundos menos imaginarios pero igual de fascinantes lo recuerdo como si fuera ayer mismo. Abrí un tomo de esa enciclopedia temática del arte universal, aún valiosa, que dirigía José Pijoan, hoy sé que un historiador de arte reputado, Summa Artis, concretamente el tomo dedicado al Renacimiento italiano del Cuatrocentto. El volumen era pesado y lo tuve que apoyar en una pequeña mesita que ya usaba de escritorio para mis dibujos. Como siempre miré primero las ilustraciones, que eran muchas e igualmente fascinantes, sólo que no eran dibujos sino fotografías, algunas en color, algo raro en la época, de objetos, pinturas, edificios, estatuas…Luego comencé a leer. Entendía aproximadamente, calculo, un cincuenta por ciento, algunas palabras no las conocía, pero ya entonces me gustaban los diccionarios y fui a buscar uno. A lo largo de los días siguientes lo leí entero. Una lectura impropia de un niño de ocho años, pero cuando concluí ya nada volvió a ser igual para mí. Había descubierto una llave maestra que me abría todas las puertas del universo mundo. Aún lo sigue haciendo y yo, como el lema de Goya, “aun aprendo”.
Hace más de diez años que no escribo ningún libro, casi siempre en colaboración; ahora estoy haciéndolo nuevamente, un proyecto muy personal que me hace mucha ilusión, aunque la edad a la que he conseguido llegar sin ser un completo idiota me hace relativizar el posible logro. Es mi manera de devolver una infinitésima parte de lo que he recibido; algo así como dejar un pequeño montón de leña cortada junto a la chimenea del palacio en el que te han dejado vivir gratis, antes de cerrar la puerta y salir.
Hacía tiempo que no sólo sabía leer, sino que era un lector habitual de historias, las de Guillermo y los proscritos de Richmal Crompton, Emilio Salgari, Karl May (escritor favorito del Hitler adulto, pero yo entonces no lo sabía y ni entonces ni ahora me hubiera importado) y en menor medida de Julio Verne, además de los tebeos que hoy llaman comic de Flash Gordon, con las maravillosas ilustraciones de Alex Raymond y El Hombre Enmascarado de Lee Falk. Pero nunca había pensado en los libros de otra forma que la de mundos de la imaginación u obligados soportes de la escuela.
El primer día que descubrí que los libros realmente eran llaves para otros mundos menos imaginarios pero igual de fascinantes lo recuerdo como si fuera ayer mismo. Abrí un tomo de esa enciclopedia temática del arte universal, aún valiosa, que dirigía José Pijoan, hoy sé que un historiador de arte reputado, Summa Artis, concretamente el tomo dedicado al Renacimiento italiano del Cuatrocentto. El volumen era pesado y lo tuve que apoyar en una pequeña mesita que ya usaba de escritorio para mis dibujos. Como siempre miré primero las ilustraciones, que eran muchas e igualmente fascinantes, sólo que no eran dibujos sino fotografías, algunas en color, algo raro en la época, de objetos, pinturas, edificios, estatuas…Luego comencé a leer. Entendía aproximadamente, calculo, un cincuenta por ciento, algunas palabras no las conocía, pero ya entonces me gustaban los diccionarios y fui a buscar uno. A lo largo de los días siguientes lo leí entero. Una lectura impropia de un niño de ocho años, pero cuando concluí ya nada volvió a ser igual para mí. Había descubierto una llave maestra que me abría todas las puertas del universo mundo. Aún lo sigue haciendo y yo, como el lema de Goya, “aun aprendo”.
Hace más de diez años que no escribo ningún libro, casi siempre en colaboración; ahora estoy haciéndolo nuevamente, un proyecto muy personal que me hace mucha ilusión, aunque la edad a la que he conseguido llegar sin ser un completo idiota me hace relativizar el posible logro. Es mi manera de devolver una infinitésima parte de lo que he recibido; algo así como dejar un pequeño montón de leña cortada junto a la chimenea del palacio en el que te han dejado vivir gratis, antes de cerrar la puerta y salir.
[1] Sobre la maravillosa ilustración de Colbert que ilustra este post dedicaré otro a este singular artista, para los que no le conozcáis. Lógicamente, a partir de ahora me prodigaré menos en el blog, pero lo mantendré vivo: os necesito.
7 comentarios:
Recuerdo que el primer libro "importante" que cayó en mis manos siendo muy pequeña fue "La Divina Comedia" en tres magníficos tomos, Infierno, Paraíso y Purgatorio. A mis seis o siete años en casa de la Nonna, mi abuela, pasé largas tardes entretenida mirando y remirando las imágenes de los libros y enterándome de alguna que otra historia. Me encantaba el Infierno, con sus girones repletos de diablos y pecadores, y la historia del conde Ugolino, devorado por los demonios como él hizo con sus hijos. En fin, que poco entendía de todo aquello, pero sin duda me abrió la puerta al maravilloso mundo de los libros.
El monte sigue en su sitio. La que está algo descolocada soy yo... A ver si me pongo una sonrisa...
Un besote grande lindo, y gracias...
Se me olvidó darte la enhorabuena por tu nuevo libro. Enhorabuena!
Un besote
Enhorabuena. El que tú prepares será sin duda un magnífico montón de leña. Es una noticia buenísima... salvo para los lectores de tu blog, que te echaremos de menos.
En fin suponiendo que publiques en él cuatro veces menos que hasta ahora, aún seguirás publicando cuatro veces más que yo en el mío, sin ir más lejos.
(No es exageración: 266 posts de "Lansky al habla" en 2008 contra 16 de "Júbilo Matinal" en el mismo tiempo. Dieciseis veces más. Me has elevado al cuadrado.)
Yo tambien necesito que hombres como tu lleguen a tu edad sin ser completamente idiotas.
Y que escriban libros, por supuesto.
Gracias por lod buenos deseos.
De Karl May no he leído nada. De hecho la primera vez que he oído hablar de él ha sido a ti y a Vanbrugh en algún lugar perdido por ahí de este mundo -abierto y a la vez tan hermético- de los blogs.
En cuanto a lo de tu libro, tus tiffosi estamos expectantes. Y estoy más que convencido de que no vas a defraudarnos.
Abrazos!.
En un futuro no muy lejano sabremos que:
El universo crece.
La energía materia se reproduce.
El tiempo es eterno.
El tiempo y el espacio son distintos.
No existen sino tres dimensiones espaciales.
El espacio es infinito, tridimensional e indeformable.
La energía oscura es la materia prima de la materia visible.
No existe la energía oscura.
El universo se expande aceleradamente porque gira sobre si mismo.
La energía se crea y se recicla.
El fondo cósmico de microondas no es el eco del bigbang sino la energía degradada.
El Universo es mucho más grande de lo que siempre se ha creído.
No habrá ni muertes térmicas ni desgarres.
La velocidad de la luz no es constante ni en el vacio.
Los agujeros negros no son eternos.
Todos los agujeros negros explotan.
Las explosiones de rayos gama son también consecuencia de las explosiones de agujeros negros.
No existen realidades ni universos paralelos.
La realidad existe independientemente del sujeto observador.
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http://www.articuloz.com/ciencia-articulos/teoria-optimista-sobre-el-universo-1044310.html
martinjaramilloperez@gmail.com
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