profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

30/01/2009

Gregory Colbert

























Lo prometido es deuda. Gregory Colbert es un joven fotógrafo canadiense que me entusiasma. Evidentemente tiene gran competencia técnica, trabajando además con unos modelos tan difíciles, aunque agradecidos, como son los niños y la fauna salvaje. Pero, como en cualquier otro artista o fotógrafo, lo que verdaderamente me gusta de él es su mirada, el “enfoque” que no es el de su cámara, siempre perfecta, sino el de su punto de vista.

Las imágenes de Colbert, pese a su nitidez y la ausencia de montaje –no están trucadas- no son realistas ni documentales, más bien son surrealistas o, por mejor decir, oníricas, y con ellas consigue mostrar, a mi juicio, muchos de los absurdos de esta “civilización” consumista nueva rica que devora todo lo que se le pone por delante y desprecia todo aquello a lo que no puede poner precio; nos señala nexos sagrados, como el que une la infancia con los animales silvestres y que existe ciertamente.

Tienen una frase que me gusta mucho, pues sabe ser lírico no sólo con imágenes ópticas sino también literarias: “al eliminar la diversidad de la naturaleza estamos convirtiendo una orquesta en un tambor”. Exactamente, la metáfora funciona muy bien: en vez de la Filarmónica de Viena, Manolo el del tambor atronando en un estadio lleno de energúmenos. (Conocí a Gregory en las Azores. Encima es un tío alto y guapo)

5 comentarios:

emma dijo...

Conociste a Gregory en las Azores?
Con esa frase comenzaria a escribir un cuento.
Estuve en la Isla de Pico y en la Isla de San Miguel en el verano de 2005.
Maravillosas Islas Azores.

David dijo...

A fines del dos mil siete aquí en México, en el Zócalo capitalino, estuvo montada la exposición de las fotografías de Gregory Colbert, en gran tamaño. También, en varias pantallas, se estuvo proyectando la película de donde creo se sacaron las imágenes. Se monto ex profeso una gigantesca especie de casa de bambú construida sobre un armazón metálico teniendo como base contenedores de la marina mercante (el arquitecto fue un colombiano del que no puse atención en el nombre). El evento fue patrocinado por el consorcio televiso Televisa, de fortísimo poder económico no sólo en México, pero sobretodo de gran poder mediático (lo más sonado últimamente la influencia persuasiva que desplegaron para restarle votos al candidato presidencial de centro izquierda López Obrador en las elecciones del 2006). Asimismo, el evento fue patrocinado por Teléfonos de México de Slím, el que acaba de comprar acciones del New york Times y que está entre los más ricos en dinero del mundo (su verdadero apellido es Salím, de origen Libanés, pero, seguramente, la modificación la hizo para que sonase “americano” u anglosajón). Bueno de la exposición se dice que asistieron a la misma aproximadamente 12 millones de mexicanos, lo cual es posible pues había colas inmensas desde temprano hasta la noche para entrar. Yo fui de los asistentes. Por un momento imagine y me ilusioné pensando que habiendo sido vista la exposición por tantos mexicanos posiblemente a la gran mayoría les iba a educar y hacer algo de conciencia en cuanto a nuestra relación con los animales para mejorar nuestra visión y nuestras actitudes hacia ellos comprendiendo, como dijo alguien por allí, que en este viaje cósmico no vamos solos, sino que vamos con ellos, pero, sin embargo, mi convicción de que tal tipo de ideas están fuera del alcance de la comprensión de las masas, del pueblo, me hizo recapacitar y ponerme en un plano más realista con la conclusión de que si hubo tanta asistencia fue porque Televisa les dijo ¡vayan!, y fueron, y salieron como de un agradable paseo, sin comprender para nada el sentido profundo de las imágenes, pero eso sí, con el gusto de habían ido al evento más sonado en esos días. Claro, entre tantos millones de personas, seguramente hubo algunas excepciones, contadas con los dedos de la mano. Por cierto, compré el cartel que pusiste en el primer “post” de G. Colbert, y tengo la película en formato DVD.

Saludos desde el Detritus Federal (perdón, Distrito Federal, nombre oficial de la Ciudad de México).

(

emma dijo...

David, amo México pero te entiendo muy bien. De alguna manera eso que describes, eso mismo sucede en España, en Madrid. Largas colas para poder decir que estuvieron alli.
Un saludo

Lansky dijo...

Sí, y yo recuerdo las inmensas colas para entrar en una exposición de Velázquez en Madrid cuyo contenido, en un 60% se podía ver en El Prado siempre. Pero, francamente, hay modas peores.

David dijo...

Emma, gracias por amar a México. Yo por mi parte amo lo español, entendiéndolo, como los buenos mexicanos lo entendían en los tiempos en que los vínculos de México con España eran más estrechos, como el aprecio a los españoles nobles y bien nacidos, junto con el desprecio al “gachupín”, representación del español avecindado en México, palurdo, rapaz y con espíritu de encomendero explotador.