
El liberalismo conservador, que es el que gusta por aquí[1] a las derechas, no deja de ser un oximoron. “Aquí” son liberales con el dios mercado, pero tremendamente conservadores con un atributo de ese mismo liberalismo: el respeto a las decisiones morales privadas de cada cual. Y aquí no, nuestros liberales no sólo creen obligatorio el mercado, sino el aborto (obligatorio), la eutanasia (obligatoria), la enseñanza laica (obligatoria) y de ahí que se opongan a ellas, porque las creen obligatorias, digo yo, porque si no se entiende. La única libertad que parecen admitir de buena gana es la de enriquecerse a costa de lo que sea y de quien sea, y como esos otros libertarios decían, “no hay fortuna inocente”, precisan mostrarse inocentes en todo lo demás y en especial en el sexto mandamiento. Como señalaba el otro día Fernando Vallespín, se trata de fomentar la impulsividad egoísta pero instalando una suerte de sistema de frenada basado en lo que ellos llaman “valores tradicionales”. De acuerdo, la mujer del César es puta, pero además de no parecerlo está obligada a traficar con stock options, esclavos o lo que sea, y sólo así será una buena liberal (conservadora)
¿Doble moral? O triple, cuádruple, la que se necesite. ¿Hipocresía? Bueno, la sinceridad es un valor de los ingenuos y la gente joven. Lo que no pueden tolerar es que se trastoquen los términos de su ecuación: solidaridad social e intervencionismo equilibrador y regulador en lo económico, liberando las cuestiones éticas personales. No, eso es volver a los sesentayochistas que trajeron el caos al mundo, ¡por favor! Es el mercado el que nos traerá mágicamente la paz, la justicia, el respeto a la mujer y al medio ambiente y el fin del hambre en el mundo, y si no lo creen lean a Vargas Llosa (no sus novelas, que paradójicamente dicen otra cosa, sino sus sermones en prensa)
En realidad si se lee a los clásicos liberales, empezando por Adam Smith, no se encuentra por parte alguna ese desprecio a lo colectivo ni esa adoración del lucro egotista y egoísta. No sé si lo inventaron, supongo que no, porque personajes así, salvando las distancias cronológicas, se encuentran en Dickens, por ejemplo, pero Thatcher y Reagan, los papas de esta revolución conservadora, fueron además de todo los demás, unos usurpadores de la etiqueta liberal. En cuanto sus seguidores de aquí, sólo son ignorantes. El problema es que la ignorancia sumada a la codicia que les es propia y connatural forma una mezcla más explosiva que la dinamita y por eso han estado a punto de dinamitar el mundo entero, incluidos sus paraísos privados y sus clubes de golf, con ese asunto del gran vacile financiero. La ley y el orden, de momento, sólo se la aplican a las pobres madres que no les queda otra que intentar abortar. ¡Qué cosas, ¿no?! “Zombis nómadas de la sociedad del yo” los llama el filósofo Sloterdijk. Las manos no son invisibles, pero sí impunes, y se meten en nuestros pobres bolsillos; Smith decía que eso terminaría por sentarme hasta bien.
[1] “Aquí” y ahora es España.” La "mano invisible del mercado" es una frase hecha tan famosa como "la lucha por la vida" o "la supervivencia del más fuerte"; frases que jamás pronunció ni escribió Charles Darwin, pero sí un payaso y lector sesgado de su obra.
1 comentarios:
Alguién tenía que decirlo.
Y lo ha dicho Lansky.
Contundentemente pero moderadamente (valga la paradoja), sin demagogias y sin maniqueismos.
¡Sí señor!
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