
Para los que piensan que lo soez y cierta grosería están reñidos con el ingenio, o peor aún, que sólo son exclusivos de esta zafia época nuestra, les ofrezco dos muestras de procacidad del pasado brillante, dos poemas eróticos anónimos de los siglos XVI y XVII. Un placer compartido con vosotros es más placer:
“-Que me quieres, Señor? .-Niña, hoderte.
-Dígalo más rodado. –Cabalgarte.
-Dígalo a lo cortés –Quiero gozarte.
-Dígamelo a lo bobo. –Merecerte.”
Y el otro:
"Adonis, cuando vio llegado el punto
De echar con dulce fin cosas aparte,
Dijo: ‘No ceses, diosa, anda, señora,
“no dejes de mene…, y no dijo ‘arte’,
que el aliento y la voz le faltó junto,
y el dulce juego femenino a la hora.”
“-Que me quieres, Señor? .-Niña, hoderte.
-Dígalo más rodado. –Cabalgarte.
-Dígalo a lo cortés –Quiero gozarte.
-Dígamelo a lo bobo. –Merecerte.”
Y el otro:
"Adonis, cuando vio llegado el punto
De echar con dulce fin cosas aparte,
Dijo: ‘No ceses, diosa, anda, señora,
“no dejes de mene…, y no dijo ‘arte’,
que el aliento y la voz le faltó junto,
y el dulce juego femenino a la hora.”
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