-¿Y por qué se ve la Luna si es de día?- La niña me miraba alzándose el flequillo, expectante.
-Bueno, porque la Tierra, este planeta en el que estamos, no le tapa el sol. Ves: allá está la Luna y allá el sol; normalmente la luna debería estar allí debajo- señalé el oeste.
-¡Niña, no seas preguntona, estás mareando al señor!
-No me molesta, no se preocupe.- Miranda entre Calibanes…
Mucho antes de llegar al recodo del río Jara ya les había percibido. Luego sus voces y la radio que tapaban el susurro de la corriente y las hojas y las escaramuzas de los mitos y otros páridos. Finalmente, la portilla abierta, que volví a cerrar, y el grupo bullicioso en torno a la espléndida máquina, Un reluciente BMW todoterreno de magnífico diseño aposentado sobre la terraza inferior del Guadyerbas. Profanación. Fastidiado, pensé inmediatamente cruzar por el vado y seguir aguas arriba hacia Los Toriles, pero la niña se interpuso:
-Hola ¿Qué comes?
-Bellotas, ¿quieres?
-¿Se comen?
-Claro ¿No me ves?
-Sí, qué tonta: dame.-Tendiendo la manita.
-No sabía que se comían, pero ya las había cogido antes porque son bonitas.
-Sí, son lisas y brillantes, de madera…
-¡Que ricas!
-No todas, algunas son amargas.
-¿Por qué?
-Bueno, verás, suelen amargar, pero los ganaderos cortan las que amargan, para dejar más sitio a la hierba para las vacas y ovejas, pero dejan las dulces y, poco a poco, todo este bosque se convierte en un huerto de frutales, de encinas belloteras.
-¿Qué son ganaderos?
-Los señores que cuidan las vacas y las ovejas.
¿Tú eres ganadero?
-No, yo soy como tú, estoy de paseo.
Todo el rato había contemplado asombrado como Jara se dejaba acariciar por la niña y, por otra parte, lo poco que esta tenía en común con sus padres y hermano mayor. Este, tosco y con sobrepeso como aquellos, tiraba piedras al agua; a sus buenos doce o trece años no sabía tirar piedras, no las impulsaba desde el hombro y se quedaban muy cerca; patético.
Recordé las tesis de John Fowles en su novela de El Coleccionista, y también en El Mago. Incultos, ignorantes, ordinarios, grises, feos, los que Fowles llama “Los Nuevos”, es decir, la gente de la nueva clase social, con sus coches, su dinero, sus estúpidas vulgaridades. Los Nuevos, los arribistas, los enriquecidos, trepas, Nuevos Ricos. Siguen siendo pobres. Aunque su tipo de pobreza es distinto. Los pobres de toda la vida no tenían dinero y estos no tienen alma.
La niña sí, y es preciosa, vivaracha, lista. ¿Hasta cuando? Pobre.
Recuerdo la polémica de Fowles con Bernard Shaw. Este, en La Comandante Bárbara propugna un intermedio entre los aristócratas del espíritu y los menestrales con habilidades manuales. La sociedad no puede ser salvada, escribe, hasta que los catedráticos de griego aprendan a hacer pólvora (el padre de la protagonista, Bárbara, del Ejercido de Salvación, tienen una fábrica de armas, por lo que su hija le desprecia, pero luego se entera que es un patrón modélico con sus obreros) o los fabricantes de pólvora aprendan griego. Pero Fowles opina que el Estado del Bienestar termina olvidando a la pobre Bárbara. Este rebaño de fabricantes de pólvora sólo compra Van Gogh después de haberle matado de asco en vida. Lo vulgarizan todo, lo prostituyen, lo expolian, no saben del valor de las cosas, sólo de su precio. La situación política y económica, pese a la crisis reciente, les ha permitido medrar económicamente sin mejorar su educación. No es casualidad que los diversos gobiernos de distintos colores no sólo no hayan apostado por la Educación, sino que los constructores y contratistas esté mejor considerados que los profesores.
-Adiós Miranda.
-Me llamo Yénifer.
-Miranda es más bonito, como tú. Dile a tu papá, cuando os vayáis, que cierre esa portilla del camino para que las vacas no se escapen y los terneros no se ahoguen en el río.
-Vale. Adiós señor, adiós perrito.
No sé si ese "vale" es a su cambio de nombre (no me imagino a sus padres consultando La Tempestad en su casa, no me imagino libros en su casa) o a cerrar la portilla. Me marcho menos cabreado y algo enamorado.
7 comentarios:
Muy shakesperiano estás; aunque también, y ya que lo citas, muy bernardshawiano en su faceta pigmaliónica. A lo mejor, tu Miranda cambia el nombre; a veces ocurre (imagino que lo de Yénifer es una licencia "patética"; no puedo creer que así se llamara de verdad).
Te equivocas, Miroslav, los retoños de "Los Nuevos" están plagados de Yénifer y Yonatán; te lo aseguro (quizás en las Islas, no) Y sí, y también Fowles, aunque para mí Shakespeare, como para todos, sea Hamlet, La Tempestad es una obra que leo todos los años prácticamente.
Me ha encantado este relato. He de confesar, aunque suene algo petulante, que yo siempre me he sentido una Miranda entre Calibanes. Ultimamente ademas no puedo evitar pensar en ellos. En mis hermanos y sus mentes planas como los televisores de plasma que compraron. Pero tambien en el entorno en el que me encuentro ahora, funcionaros de la Comision Europea que tambien son Calibanes, con sus chistes sucios sobre lo poco que trabajan y el olvido de sus origenes.
Me gusta que seas el hombre de las bellotas. Yo, de niña, me hubiera enamorado de ti sin dudarlo.
Uy, qué he dicho.
Y yo de vos, pequeña, y yo de vos...
Todo es una cuestión de tiempo. Ganar mucho dinero puede ser muy rápido. Ganar cultura lleva mucho mas tiempo: requiere años de estudio. Primero se gana dinero... y luego se culturiza uno. Primero fluye la energía... y luego aparece la información. Si los padres de miranda se están gastando la pasta en darle una buena educación a sus hijos la siguiente generación será culta. ¿Cuantas de las personas actuales que son cultas proceden de un abuelo garrulo que pego el pelotazo?
Por lo menos a los chicos los han llevado a un hermoso lugar junto al río, en vez de a un horrible parque temático.
No estoy muy seguro, Rocío, de por qué primero tiene que ser el dinero y lugo la educación, salvo que se piense que la buena educación sólo se obtiene con dinero, lo cual aún no es cierto en este país(las mejores universidades siguen siendo las públicas, así como algunos de los Institutos de Enseñanza Media).
Lo que pienso es que estos calibanes, nuevos ricos o ricos pobres, en cuanto se arruinen por la crisis -ya está pasando- van a nutrir las filas xenófobas y fachas de la ultraderecha, asi como se alza una ultraizquierda sedienta de venganza. A unos y otros no les interesa lo más mínimo la educación, ni siquiera como cálculo de lo que supone como inversión. ¡pobres Mirandas de este país!
Otra Matilda. Pobrecita.
Cuando eramos pequeñas mi amiga Araceli hacía cerditos con bellotas y palitos. Creo que todavía guardo alguno.
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