20/02/2009

Pensamientos al hilo de una foto


Me gusta esta foto, empiezo a acostumbrarme a encuadrar con la pantalla posterior y sin el visor típico de las réflex. El alcornoque, rojizo por el descorche reciente, y la sierra nevada al fondo, Gredos tras las últimas copiosas precipitaciones, están conectados. Sin embargo, la afirmación “todo está conectado con todo” con ser cierta no significa casi nada; es un aserto del mismo rango casi de “todo el mundo es bueno” o “Dios lo ve todo”; eso, desde luego, no es ciencia, aunque pueda ser conciencia (o no), ni es holismo, el enfoque de la complejidad en su totalidad (Holos: todo, lo completo) después de dos siglos de rotundos éxitos de reduccionismo no peyorativo, es decir, de reducir las cosas o los fenómenos y procesos a sus partes abarcables y analizables (lisis: romper, dividir).

El alcornoque (Quercus suber) está unos dos mil metros más bajos que la máxima altura de los neveros del fondo y a unos 40 kilómetros en línea recta. El alcornoque se encuentra en una dehesa arbolada y llana, junto a la ribera de un afluente del Tietar que nace en esa lejana/ cercana sierra –primera y obvia conexión, la misma del encuadre de la foto- en la que dominan las encinas (Quercus ilex), parientes de los alcornoques algo menos numerosos y con los que en ocasiones hibridan, por aquí los llaman “mestos” o “meztos”, esto es, “mixtos”. Además del agua que nutre el subálveo freático en el que hunde sus raíces un árbol que necesita más humedad constante que la encina (y no olvidemos que para los dos especies llueve aquí lo mismo, es decir, nunca a gusto de todos: poco para el alcornoque, casi de más para las encinas), además de eso, digo, el suelo arenoso –franco arenoso en argot de edafólogo- en el que se enraiza proviene de la descomposición de la roca granítica de la vecina y más elevada sierra. Entre las cumbres acuchilladas por la macrogelifracción del hielo (la acción de este para introducirse en la grietas y diaclasas del granito en forma líquida y aumentando de tamaño al congelarse romper la piedra) y la depresión sedimentaria de la submeseta norte –la cuenca del Tajo- se tiende una suave parábola, más pendiente cuanto más elevada, que va dejando rodar los materiales que se desprenden del macizo cristalino hasta el llano. Lógicamente, los elementos más grandes, como los grandes bolos, se depositan más cerca de las cumbres, en tanto que los medianos, pequeñas rocas, cantos rodados, lo hacen más lejos, y las arenas, limos y partículas finas son las que llegan más lejos, ya en el llano. El mismo río también transporta y da forma a los elementos que acarrea y que yo mismo recojo, cantos rodados, porque son bonitos.

La bellota del alcornoque no puede germinar y hacerse un árbol si no cae en el terreno apropiado; por ejemplo, si cae al pie de su “madre”, donde la propia sombra y competencia del árbol adulto le impedirá medrar y además donde tendrá más probabilidad de ser comida por roedores como los lirones u otros mamíferos como los jabalíes o incluso domésticos como los propios cerdos o las cabras. Pero, si se la traga entera una paloma torcaz o un pequeño córvido como el arrendajo, al ser aves, animales sin dientes, pasarán enteras a la molleja, un depósito anterior al estómago, donde unas pequeñas piedrecillas que el animal ingiere ex profeso harán de abrasivo para la dura corteza leñosa. Si ha ingerido muchas, y la mayoría de los animales comen de más cuando tienen oportunidad: se “atracan”, es muy posible que defeque la bellota, casi integra, pero con su protección leñosa desgastada por rozamiento y los abrasivos suaves de los ácidos digestivos, lo que hará más fácil su germinación, y dependiendo de donde caiga, con el fertilizante añadido de la propia hez, hará brotar un nuevo alcornoque. Las palomas torcaces (Columba pallumbus) mucho mayores que las comunes, ingieren miles de bellotas y son invernantes que habitan las dehesas al igual que grullas o ciervos; los arrendajos (Clamator glandarius) viven en cambio en los pinares a media ladera de la citada parábola, el “pediment” de la sierra, pero acuden a menudo a alimentarse al llano adehesado.
Si no con estas palabras, estas son las reflexiones que acuden a mi hacinado “tarro” mientras compongo la foto finalmente, y a veces me pregunto, en absoluto preocupado, por qué a la vez que siento la caricia de la brisa y el sol y el contento de estar simplemente vivo en un mundo igualmente vivo, me da por andar con tanta cábala. ¿Será lo mío normal? la verdad es que siempre he creído que la educación, sobre todo la autodidacta, no concluye nunca. A Dios gracias.

8 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

A Dios gracias, sí. Cuando concluye, mejor dicho, cuando se acaban las ganas de aprender, de conocer, es que no queremos seguir vivos. Intuyo, sin embargo, que nos echarán el cierre antes de que eso ocurra.

Vanbrugh dijo...

Yo creo que "andar con tanta cábala" es uno de los ingredientes, y uno de los motivos, -no más importante, pero tampoco menos, que la caricia de la brisa y el sol- de ese "contento de estar simplemente vivo en un mundo igualmente vivo" que tienes la enorme suerte de experimentar. Somos animales pensantes, y reproducir mentalmente lo que somos capaces de entender del mundo que nos rodea nos es tan placentero, tan necesario y tan casi físicamente gozoso como rascarnos , estirarnos o respirar a pleno pulmón.

Lansky dijo...

Por experiencia con la gente pienso que dar por hecho que "todos" somos animales pensantes es una imagen excesivamente halagüeña en su conjunto. Creo que muchos de nuestros "semejantes" sólo utilizan, en lenguaje cibernético, rutinas pensantes que no conducen a este tipo o similar de reflexiones, sino sólo a moverse con cierta oportunidad en el mundo (tengo que sacar pasta, echar un polvo, pagar la hipoteca, me mola esta música, qué buena esta esa, me comería un filetón...)

Vanbrugh dijo...

Quizás tengas razón. Digamos que, entre todos, nos repartimos amistosamente las cualidades: unos, más pensantes y otros, más animales.

Mita dijo...

No, lo tuyo no es normal. Ni siquiera comprendo cómo puedes dudarlo.
Me voy a quedar con el lado natural y primitivo-animal del asunto. También me voy a imprimir el texto y la foto para el despacho, el vocabulario no tiene desperdicio, necesito tiempo y pausa para releerlo.

La bellota que huye de la sombra de su "madre" es un buen ejemplo de la naturaleza.


La gata urbana

Lansky dijo...

De acuerdo, Vanbrugh, y así, el siguiente "post" va de los que son más animales que pensantes

Mita, el gato/a es un falso animal domesticado (doméstico, sí), pues es irreductible y Dios hizo el gato para que los humanos pudieramos acariciar a un tigre. No lo olvides. Y gracias por los elogios; mi abuela se murió hace unos años con 102 y hecho de menos sus "ecuánimes" juicios sobre mí, su nieto mayor.

Cigarra dijo...

Es buena tanta cábala, mientras no te distraiga de las sensaciones vitales, mientras no constituya la parte principal del disfrute. Yo a veces también pienso que poder ir poniendo nombres a lo que miramos, reconociendo su función y su historia, enriquece nuesra percepción y disfrute, pero a veces pienso que si pudieramos sentir solamente, aplicando a esa sensación todas nuestras facultades, sin pensar en otra cosa, sin hacer mas que sentir...
¡sería tremendo! ¿no?

Anónimo dijo...

Hola,
Dime una dirección de e-mail donde escribirte. Tengo una información que quizá te interese incluir en tu blog.
Mi correo: janaru@gmail.com

Un saludo.