
Italo Calvino intentó la aventura de seguir a un gato en su deambular urbano. Se puso a su nivel y adoptó sus hábitos como cualquier mefistofélico minino. Desde los treinta centímetros de un felino de buena alzada cambian las proporciones y se trastornan los hábitos. En cambio, para caminar con un perro no hace falta agacharse, van juntos con naturalidad, hombre y cánido desde la noche del Paleolítico; y así siguen.
Cuando los amantes de los gatos hablan de los perros (en realidad hablan de los dueños de perros, frente a "ellos", los excelsos dueños de gatos, ¿dueños?) siempre despectivamente por supuesto, confunden su lealtad con servilismo. Simétricamente, los canófilos aluden con despecho al egoísmo gatuno, que es más bien independencia autosuficiente. Los partidarios tienen siempre la visión desenfocada de los miopes, la parcialidad del entusiasta exclusivo; unos y otros no detectan algo más sencillo y profundo: el perro pone su lealtad en el amo de la misma forma que el gato es fiel al domicilio de este. Por eso uno es “familiaris” y el otro “domesticus”.
Y por la misma razón que no hay “gatos policías”, tampoco los hay “pastores” El gato es un animal exquisito; como dicen los chinos, “Dios hizo al gato para que el hombre pudiera acariciar a un tigre”; es un whisky de malta; pero, sinceramente, yo para el paso de los días prefiero el prosaico "vino" del perro.
Aún así, el entusiasmo siempre es interesante si se aplica adecuadamente al objeto. Hemingway, hablando de la guerra civil española con Joseph North le dijo: “Me gustan los comunistas como soldados pero no como sacerdotes” . Y a mí me gusta ver caminar a un gato entre porcelanas, quitándolas el polvo con el rabo y sin moverlas, pero me gusta encontrame con la mirada del perro: confiado, aguardando tus mínimos gestos. Para contemplar, un gato; para compañía, un perro.
El motivo de este post no es sin embargo, ahondar en la oposición entre “canidoamantes” y “felinolatras”. Sino colgar esta foto entrañable de un pastor y su perro. La noticia que ilustraba esta imagen es que el susodicho había sufrido la pérdida de su rebaño de ovejas a manos, digo a colmillos y garras, de un grupo de perros asilvestrados, que son más peligrosos que los lobos puesto que tienen menos reparos y les intimida menos el hombre. Esos perros cimarrones bestiales, con ninguna de las virtudes de lo silvestre y ninguna de lo domestico, son una anómala maldición. Pero el hombre sigue aferrado a su perro y, lo que es más ejemplar aún, el perro a su hombre, contra sus hermanos de genes que rompieron el viejo pacto.
(Y ahora vuelvan a mirar la foto y compárenla con la pequeña que hay a su derecha, del autor del blog)
15 comentarios:
Mu bonitas las ovejas.
Y más el perro.
no,no, no...las ovejas más. Lo que pasa es que no las han duchado, ni peinado, ni tal...
En mi barrio todo el mundo tiene perros, está al lado de un pequeño bosque y un gran parque. Voy a tomar café muy temprano a una tienda diminuta que hay en la esquina rodeada de sauces: Ingrid´s Laden. Aparecen al amanecer: Diego, Till, Arabella, etc,...
Me dan respeto los perros, exigen disciplina, no por parte de ellos, si no por parte mía.
No les tengas respeto, sino inetre´s. Razas aparte, sólo hay tres tiposde perros: 1) los maleducados (ladradores, inquietos, impreviisbles, agresivos...), 2) los educados y 3) Los cómplices, como los de las dos fotos de mi post, los mejores.
Diego es un perro enorme y triste, con nombre español porque lo recogieron en Mallorca. Till es un histérico.
Vale, cuando vea mañana a la diminuta y cursi de Arabella...intentaré mostrar algún interés.:)
Para compañía, un perro, desde luego. Aunque estoy tan ocupado que apenas tengo tiempo para nada, hay muchos momentos en que echo de menos esa compañía.
Miroslav: tu estás de duelo, colega
Yo amo a los perros. Quizas por eso no quiero tener ninguno todavia. No tengo posibilidades de ofrecerle una buena vida. Creo que los perros no deberian vivir en las ciudades. Necesitan un jardin o un alcornocal cerca. No me gustan los perros en las aceras grises de Bruselas. Me da la sensacion que la gente tiene perros aqui porque esta sola. Yo nunca tendria un perro porque estoy sola. Lo tendria como se tiene un hijo. Porque lo quiero.
En cuanto a los gatos. He de decir que son animales que me fascinan. Nunca nos hemos llevado bien los gatos y yo. Creo que nos parecemos demasiado. Admiro la personalidad de los gatos. Pero me daria miedo tener uno en casa al que no acabara de pillar. Un gato con muchos recovecos debe ser peor que un hijo adolescente. Porque el gato puede odiarte aunque coma en tu casa y en su plato. Puede sacarte sin problemas las uñas y devorarte.
No sé, Allan Poe me traumatizo con su relato de gato negro, supongo.
hola emma, bonito tu último relato que recomiendo desde aquí (emmaskarada en enlaces). Bueno, yo he tenido gatos y eran buenos chicos (chicas, eran gatas), los cogía, les achuchaba, peleaba con ellos, sin problemas, pero cuando era pequeño mi abuela tuvo un gato que se volvió loco y nos atacaba. En cualquier caso, sigo reyendo que nada que ver con la íntima complicidad que se puede llegar a alcanzar con un perro; yo tengo la mía la mitad del tiempo en ciudad, pero en un ático con una gran terraza envolvente y su propio WC, el reto, es mi compa en el campo, donde es verdad que los dos disfrutamoas aún más.
Gracias Lansky por leer mi cuento.
La verdad es que si tienes a Jara, ese perro feérico, en un atico grande y te la llevas al campo todas las semanas la cosa es diferente.
En Belgica, Alemania ( como bien apuntaba Mita) y tambien en Luxemburgo observo que existe una relacion insana con los chuchos.
No es la complicidad entre animales de diferentes jerarquias no, es el tengo un perro para darle lo que no le doy a nadie. La gente pasea a su perro vestido con abriguitos, con gesto hosco y en silencio, en su particular parcela del parque habilitado para las defecaciones. Lo cuidan lo miman lo convierten en un ser fofo y amorfo, en un perro malcriado con los ojos enrojecidos que nos mira huraño y hastiado como sus amos. Esos animales poco saben de la libertad de correr tras una liebre o de husmear sin correa por todos los tocones de un bosque. Pero me temo que esos perros ya no quieren hacer eso.
Son perros castrados.
Te juro que dan miedo.
Me han gustado los perros desde siempre. Aunque está claro que es un bien común... No hay más que ver los carteles: Cave canem. Que quiere decir que en cualquier casa hay sitio para ellos...
Digamos que soy canista, o perrista, pero mi relación con los gatos también ha sido muy entrañable. Menos con uno que me arañó la cara cuando menos me lo esperaba... Recuerdo una gata especial, que cuando llegó el momento de parir me llamó insistentemente hasta que logró llevarme a su escondite, una caja detrás de un armario. Entró en la caja, se echó y cuando me agaché para acariciarla empezó a dar a luz. La compañé durante todo el parto, fue precioso. Después de aquello, volvió a ser igual que antes. Yo no.
Para perros, Domingo, un chucho italiano que se nos metió en el coche y desde entonces se quedó con nosotros. Pero esa es una larga historia.
Un beso belleza, que me voy a trabajar.
Emma, tienes toda la razón en tu miedo, aunque los que deben dar miedo son los dueños, y lástima los pobres chuchos arropados y obesos.
Zaffe: las historias de amor con perros son, en cierto modo, como las historias de amor con mujeres, te pueden fustar mucho, pero son ellos, los perros, como son ellas (las tías) las que te "eligen" a uno
Enteramente de acuerdo Lansky. Resulta por lo menos tonto el enfrentamiento que señalas. Más bien, como creo entenderte, hay que saber conocer las características tanto de los perros como de los gatos, y de allí escoger. En el hecho de insistir o querer ver en el animalito propio, ya sea perro o gato, el resumen de las cualidades de los animales, en contraposición al animalito del vecino, más bien denota, por la voluntariamente cerrada comprensión, que se tiene al animal como un complemento de la personalidad, como un “adorno” para hacerse resaltar, y nada más. Yo tengo tres perras, dos gatos y una gata, aunque mis preferidas son aquéllas. Los seis animalitos, excepto la gatita, son animalitos rescatados de maltrato. Bueno, y aprovechando el tema, unas palabras de Jack London que vienen en “Jerry de la Isla“: “(…) los perros tiene una inteligencia particular, y en el culto apasionadamente heroico y en el afecto sin límites que sienten por su dueño esta palabra tiene un significado mucho más vasto que el que nosotros le damos. El hombre se considera el dueño del perro. El perro venera a su dueño como un dios.”. Y las siguientes de Antonio de Saint Exupery: “Se responsable de lo que has domesticado”.
Saludos.
"Mi" Jara era un cachorrito atado a un carro con desnutrición y gastroenteritis; a pesar de los cuidados se quedó de hecho algo pequeña de talla. En realidad no se la compré al tipo que la tenía; más bien pagué un rescate por ella.
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