24/02/2009

Rodin en Madrid

(Foto Rodin en Madrid: Milagros Gª Navarro)
"El arte no reproduce lo visible. Lo hace visible"
Paul Klee


Los típicos y al parecer inevitables por reiterados delirios municipales a veces tienen efectos benéficos, eso sí: insospechados. A Rodin, que había estado moldeando para la fábrica de Sèvres, le encargaron la Puerta del Infierno para un supuesto Museo de Artes Decorativas que nunca se hizo. Rodin esculpió un gigantesco Dante en pelotas y actitud meditativa. El Dante de Rodin está muy cachas, cada músculo y tendón a la vista, tenso y a la vez relajado; ¿cómo es posible?, no lo sé, hay quien dijo que el poeta está meditando sobre su propia obra. Nunca se encaramaría al tímpano de la citada puerta del inexistente museo. Refleja lo que de activo tiene el pensamiento; un cuerpo convertido en cerebro, se ha escrito.

En realidad a Rodin le impulsó un escándalo. Recién llegado de Italia, pasmado por la obra de su predecesor Miguel Ángel, se dio a conocer con “La edad del bronce”, cuya exposición en Bruselas y luego en París provocó la acusación de que el escultor había moldeado sobre modelos vivos.

Si en estos días de anticipo primaveral caminas por el Paseo del Prado madrileño hacia Atocha, verás en el retranqueo de este Paseo con la calle de la Alameda y la del Cenicero al grandioso Pensador posado en su pedestal. Préstamo de los franceses y cortesía de una Caja de Ahorros. Para empezar hay más verdad en el ángulo de esa muñeca doblada para sostener el poderoso mentón que en todos los diarios de sesiones de las vecinas Cortes. Por aquellos “entonces” el arte no glorificaba tanto la libertad del artista –que cuando es tonto, como sucede a menudo, tan sólo es su capricho: la libertad para mostrarse idiota o banal- , sino más bien la búsqueda de la emoción a través de la verdad y la belleza. El pensador emociona, sobrecoge, y salvo las gentes armadas de cámaras de fotos que ignoran que hay a la venta soberbias postales, la gente calla o baja la voz, se emociona y sobrecoge. Juro que Jara alzó la vista, se sentó sobre sus cuatros traseros y levantó las orejas en señal muda de respeto.

El gran formato, estos gigantes, con el que trabajaban artistas como Miguel Ángel o Rodin es engañoso. Tiene desde luego la ventaja de no mostrar muñecos más o menos exactos o “bibelots” ridículos como esa violetera que colocaron un tiempo en el arranque de la Gran Vía y que es a la verdadera escultura lo que la zarzuela que pretendía homenajear a Bach. Pero el gigantismo no asegura grandeza; no hay más que fijarse en los horrendos hieratismos de Juan de Ávalos del Valle de los Caídos (hora es ya, entre estos paréntesis, de recordar que en realidad se llamó Valle de Cuelgamuros hasta que el franquismo lo cambió en la posguerra) más propios de un juego de rol para quinceañeros. Pero El Pensador, como El David o El Moisés no sólo son grandes sino que tienen grandeza. Por cierto, es interesante constatar cómo funcionan las influencias en los verdaderos artistas, porque Miguel Ángel influyó mucho a Rodin, pero en tanto que aquel trabajaba devastando, eliminando, como un picapedrero o un cantero, Rodin, aunque fuera en bronce, trabajaba por acrecencias, como un amasador de arcilla, como un alfarero

El arte en la calle, que es donde debe estar en el caso de estatuas pensadas para la intemperie, se ha convertido en una imposición molesta. Se retiran estatuas de plazas y calles y se trasladan a otras a conveniencia o capricho del edil de turno que trata a la ciudad, en lo pecuniario como si fuera su monopoly privado y de sus amigos, y en lo artístico como un ama de casa hortera que cambia de sitio los jarrones.

El Pensador se impone, incluso a su propio motivo, ya no es El Dante. Y funciona en la ciudad como un menhir megalítico en un páramo: creando un recinto sagrado, siendo un hito, una advertencia.

“Si he llegado a ver más lejos que otros, es porque me subí a hombros de gigantes” escribió Newton. No intentéis hacer lo mismo con El hombrón de Rodin que, por cierto, me recuerda mucho al dibujo acuarela de Newton que realizó William Blake por algo más que lo obvio: ambos musculosos desnudos y pensantes Bajen la voz y alcen la vista, dense un paseo si viven en Madrid o vengan aposta porque la retiran el primer día de la vera primavera, el 22 de marzo.

3 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Vi el Pensador en el Museo Rodin, en París, hace muuuuchos años. ¿Es la misma pieza? En todo caso, como dices, es una buena excusa para darse un saltito por los Madriles.

Zafferano dijo...

Que la retiran? Y por qué! Quién es el envidioso!
Difícil me va a ser darme un paseo antes del verano... Pero nunca se sabe. En tal caso te haré caso. Por si acaso...

Un besote!

Lansky dijo...

Sí, Miros, es esa, aunque en París hay dos vaciados en bronce de la misma pieza.