
Johnny cogió su fusil y Saramago la fotocopiadora y ya nunca más fue “mago” sino “Saracago”, digo yo. “Todo lo que no es tradición, es plagio” decía provocativo y ocurrente Eugenio D´Ors, y lo comparto, así como el desprecio escéptico por la vana búsqueda de lo original en la actualidad, por ejemplo, en el arte, como ya he comentado en ocasiones anteriores. Pero lo del Saramago último será inspiración, será tradición, pero a mí me suena a plagio. http://www.lansky-al-habla.com/2008/10/plagio.html
En una ocasión coincidí en un tren nocturno Madrid Lisboa con Saramago; él viajaba con una bonita joven española, su traductora que luego sería su esposa. Conforme a mi pudorosa costumbre, no les hablé, aunque me apetecía porque no hacía mucho que me había entusiasmado con su Memorial del convento y El año de la muerte de Ricardo Reis. No las he releído, pero en mi memoria el novelista no ha vuelto a igualar a aquellas y en las últimas percibo un claro declive. Pero una cosa es la lógica inclinación en un anciano tanto en su postura erguida como en su duro trabajo de escritor y otra es el plagio: o casi, pero a mí estos “casi”…Su última novela va de un elefante que un rey portugués regala a un papa. De algún sitio hay que sacar las historias y en la solapa se advierte que el asunto se basa en un hecho histórico.
Se sacan las historias, pero no los párrafos ¿Estamos? El libro plagiado se llama El elefante del papa, de Silvio Bedini, un historiador de las ideas italiano, y en él se cuenta eso, -pero en 1998-, como el elefante blanco Hanno le es regalado al papa Leon X en 1516 por el rey Emmanuel I de Portugal, que pretendía obtener el monopolio en el tráfico comercial de las Islas Indonesias de las especias. No está de más echarle un vistazo, no simplemente somero, a otro libro de una tal Belozerskaya –La jirafa de los Medici- que reúne estas y otras historias -este es de 2006- que relacionan los animales exóticos y el poder político, desde la famosa jirafa retratada de los Medici (que Gonzalo Suárez recuperó, creo recordar, en Remando al viento, en una secuencia en que el animalote camina por salones encerados de un palacio) a los osos Panda que Mao regalaba a todos los gobiernos de Occidente mientras que permitía que se extinguieran en las boscosas provincias nororientales. El libro de Saramago, que no voy a mencionar por su título, no quiero poner el blog hecho un asco, es de 2008. Absoluta novedad ¿Novedad?
En fin, los osos panda no sé, pero ¿qué opinaría el famoso y sabio abuelo analfabeto de estas libertades finales del laureado nieto?
Plagiare en latín era, entre los romanos, comprar un hombre libre como esclavo sabiéndolo y reteniéndolo en servidumbre; y también significaba, como ahora, copiar obras ajenas haciéndolas pasar por propias. Finalmente en algunas zonas de América es sinónimo de secuestro de una persona para obtener rescate. En todos los casos se trata siempre de apropiarse del trabajo de otros, algo que yo creía que los comunistas veían como el máximo pecado capital.
En una ocasión coincidí en un tren nocturno Madrid Lisboa con Saramago; él viajaba con una bonita joven española, su traductora que luego sería su esposa. Conforme a mi pudorosa costumbre, no les hablé, aunque me apetecía porque no hacía mucho que me había entusiasmado con su Memorial del convento y El año de la muerte de Ricardo Reis. No las he releído, pero en mi memoria el novelista no ha vuelto a igualar a aquellas y en las últimas percibo un claro declive. Pero una cosa es la lógica inclinación en un anciano tanto en su postura erguida como en su duro trabajo de escritor y otra es el plagio: o casi, pero a mí estos “casi”…Su última novela va de un elefante que un rey portugués regala a un papa. De algún sitio hay que sacar las historias y en la solapa se advierte que el asunto se basa en un hecho histórico.
Se sacan las historias, pero no los párrafos ¿Estamos? El libro plagiado se llama El elefante del papa, de Silvio Bedini, un historiador de las ideas italiano, y en él se cuenta eso, -pero en 1998-, como el elefante blanco Hanno le es regalado al papa Leon X en 1516 por el rey Emmanuel I de Portugal, que pretendía obtener el monopolio en el tráfico comercial de las Islas Indonesias de las especias. No está de más echarle un vistazo, no simplemente somero, a otro libro de una tal Belozerskaya –La jirafa de los Medici- que reúne estas y otras historias -este es de 2006- que relacionan los animales exóticos y el poder político, desde la famosa jirafa retratada de los Medici (que Gonzalo Suárez recuperó, creo recordar, en Remando al viento, en una secuencia en que el animalote camina por salones encerados de un palacio) a los osos Panda que Mao regalaba a todos los gobiernos de Occidente mientras que permitía que se extinguieran en las boscosas provincias nororientales. El libro de Saramago, que no voy a mencionar por su título, no quiero poner el blog hecho un asco, es de 2008. Absoluta novedad ¿Novedad?
En fin, los osos panda no sé, pero ¿qué opinaría el famoso y sabio abuelo analfabeto de estas libertades finales del laureado nieto?
Plagiare en latín era, entre los romanos, comprar un hombre libre como esclavo sabiéndolo y reteniéndolo en servidumbre; y también significaba, como ahora, copiar obras ajenas haciéndolas pasar por propias. Finalmente en algunas zonas de América es sinónimo de secuestro de una persona para obtener rescate. En todos los casos se trata siempre de apropiarse del trabajo de otros, algo que yo creía que los comunistas veían como el máximo pecado capital.
5 comentarios:
Pobre Saramago, con lo bien que me cae; aunque el año de la muerte de Ricardo reis no sea precisamente una de mis favoritas, entre las suyas. Pero me gusta, en general, y algunas novelas en particular, mucho.
No conozco al tal Silvio Bedini, pero lo que cuentas me ha recordado otra novela, ésta de 1996, de un británico, Lawrence Norfolk, titulada El Rinoceronte del Papa. La leí hace más de diez años y no la tengo fresca en la memoria (ni siquiera a mano). Pero he comprobado que, efectivamente, cuenta el mismo episodio histórico (febrero de 1516), sólo que con otro animal.
Por cierto, la alusión a Johnny cogió su fusil me ha recordado al desventurado Gerhardt al que he dedicado mi último post (que aunque sea "ficcionado" es también un hecho real que pretendo continuar).
Me regalaron "Las intermitencias de la muerte" y no pasé de la página veinticinco: tan romo, previsible, prescindible y autosatisfecho me pareció. Saramago me ha resultado siempre, pero más aún en sus últimas novelas, un escritor lamentable, lo siento, y, a diferencia de lo que le pasa a Miroslav, ni siquiera me cae bien. Los santones autonombrados referencias insoslayables de la ética izquierdosa me tocan las narices enormemente, y cuanto más viejos, más esclerotizados y más convencidos, más me las tocan.
Miros y Van:
saramago nunca me pareció esencial y, como le ocurre a vanbrugh, tampoco me gustó nunca su "apostolado" siempre al lado no de ese abuelo sabio sino de ese otro abuelo estalinista lamentable que es Álvaro Cunhal, el eterno secretario del P comunista portugués, pero le respetaba y dos o tres de sus cosas me interesaron, las ya mencionadas. Pero ha ido en declive total y moral por esto que cuento, no tomó simplemente un argumento.
Menos mal que etenemos a Pessoa, Miguel Torga (mi favorito), Cardoso Pires , y muy por detrás pero muy por delante de saracago, Lobo Antunes y bessa Luis
Bueno y no se puede quedar en el olvido el plagio de mi cuento (mexicano) para "las intermitencias..". Ver http://saramagoplagiario.blogspot.com
No puede olvidarse el plagio a mi cuento (mexicano).
Ver http://saramagoplagiario.blogspot.com
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