11/03/2009

Ayeres y nostalgias






"La meta es el olvido.
Yo he llegado antes."

Jorge Luis Borges

No me gustan mucho los jóvenes (las jóvenes es distinto, pero como sé que me lo achacaran a mi heterosexualidad viejoverdiana, no insisto) y adolescentes. Pero no me gustan porque los amo, no porque los odie. Es decir, no me gustan igual que no me gustan los perritos con lacitos o los monitos disfrazados de botones de gran hotel: me gustan, los monos, los perros y casi cualquier animal, incluidos los jóvenes.

Los jóvenes de hoy se creen que el Big Bang comenzó cuando sus abuelos decidieron tener nietos (a ellos), que ellos mismos han descubierto el amor y el fumeteo y si les contradices e incluso incurres en la debilidad de explicarles que, de hecho, estos tiempos son mucho más normales y aburridos que los tuyos entonces te dicen que no cuentes batallitas, como si la batalla de Brunete o la de Inglaterra unos años más tarde hubiera sido lo mismo que sus fiestas de fin de curso. Pero entonces, amiguitos, hasta las misas y la iglesia eran más divertidas. Sobre todo en Gran Bretaña, porque aquí velaba por nosotros un sanguinario abuelito para que los sesenta parecieran los treinta.

O sea, que aquí seguía la posguerra un tanto aliviada por el desarrollismo y las primeras turistas con bikinis (que acababan en el cuartelillo de la Guardia Civil), seguía vigente el garrote vil, la ley de vagos y maleantes y los estudiantes con corbata (finita, como la de los Beatles, si eras moderno). En aquellos ya lejanos tiempos de la psicodelia, cuando los mandarinos escoltaban a los ríos y los cielos eran de mermelada, la jerarquía de la iglesia católica, con aquel aún más lejano concilio Vaticano II, relajó sus grilletes. La iglesia empezó a organizar rezadas como los progres sentadas y la poli redadas. Me acuerdo que uno de los teólogos más notables del momento, convencido de que la suya era una institución tan tolerante como San Quintín, dejo todo, colgó los hábitos y se escapó con una muchacha llamada Florencia. Días después la prensa vaticana publicó un titular: “Visita del papa a Florencia”, pero resultaba que se refería a la ciudad. Otro obispo de mente no ya abierta sino escindida juzgaba severamente a los que juzgaban las relaciones sexuales extramaritales, “en lugar de condenarlos habría que ponerse a su lado”, o sea, que recomendaba los tríos y aún más amontonamientos lúbricos. La gente follaba, se masturbaba, predicaba y se drogaba alegremente en público. Nadie hacia juicios morales dogmáticos. Un neuropsiquiatra se casó con una vaca limousine, pero el oficiante no pudo ser Ringo Starr como estaba previsto. Hasta ir a misa era distinto, según me contaban (yo era y soy ateo practicante).

En las misas se tocaba música rock o yoruba (nigeriana) y se comulgaba con pan de pueblo, como gesto solidario con los más desfavorecidos, o con cruasanes y pan integral en las parroquias de postín. Yo competía con Ángela Davies con mi melenaza afro, aunque ella tenía otras cosas de las que yo carecía. En Westmister, un cura anciano de la catedral dio su primera misa con vino hecho un manojo de nervios. Resultó excesiva la intendencia y lleno varios cálices grandes con el líquido, pero los fieles escasearon ese día (coincidía con algún otro evento, un desfile pacifista, creo) y sólo tomaron un sorbito los presentes. Como la sangre de Cristo no se puede tirar ni guardar para tomarse unos chatos más tarde, el anciano oficiante hubo de bebérselo todo y cogió una monumental cogorza, agarrado al altar vio volar hacia él los arcángeles duplicados como pólizas y hubo de ser transportado a la sacristía por monaguillos, como los liliputienses condujeron de cubito supino a Gulliver, allí pudo dormir por fin la mona de la eucaristía.

Lo nazis alemanes se habían rendido entonces hacía ya 23 años, pero eso no impidió al los judíos rearmarse y darles una paliza enorme en sólo seis días que asombraron al mundo. Los nazis, sibilinos como siempre, andaban esa vez disfrazados de moros con espingardas y turbantes.

Otra actividad cultural bonita en verano era tumbarse boca arriba en un prado con una chica por la noche para ver pasar el sputnik: el primero que se daba la vuelta y se ponía boca abajo, perdía; normalmente yo, pero no siempre. A veces nos parecía verlo.

Pese a todo, mi legendaria objetividad me exige reconocer que eran tiempos anómalos. Para empezar mi madre era una señora de buen ver bastante más joven que yo ahora. Íbamos vestidos con pantalones campana (pata de elefante) y ‘minipulls’ (jersecillos por encima del ombligo) o con túnicas de santones, collares étnicos y coronas de flores. Y a mi me detuvieron por hacer una tarjeta de navidad (un ‘christma’) a tamaño póster que colgué en el vestíbulo de la facultad de biológicas; en él se veía a los reyes magos remangándose los faldones y lanzando trozos de carbón a los grises (policía armada de la época) que se escudaban como podían. El texto, escueto, decía: ¡Tomad cabrones!(digo ‘carbones’) y no estaba tan mal dibujado. Pero la Complutense desde luego no era Berkeley. Por aquel entonces yo estaba convencido de que había vida inteligente en otros planetas y posiblemente en algunas zonas de España (Esto último es un plagio de Woody Allen, cambiando EEUU por España, pero los hallazgos son para compartirlos, como los canutos de 'maría').

22 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Yo, que llegué un poco más tarde (al mundo, digo; a la meta aún estoy llegando, y espero que Borges me espere en ella aún unos cuantos años) recuerdo haber ido al colegio con corbata. De las de elástico y con jersey de punto encima, pero con corbata. Yo y todos mis compañeros, a nuestros tiernos seis añitos. Hay fotos. Fue solo el primer año porque, efectivamente, eran tiempos de cambio y al curso siguiente los curas abolieron la norma y empezamos a vestirnos de niños para ir al colegio.

Los jueves, en mi colegio, había misa a primera hora. Era en latín, y los de Parvulitos mirábamos con respeto a los de Párvulos, que se sabían aquellos galimatías y los contestaban con gran soltura. Me propuse llegar a ser tan mayor como ellos y saberme yo también todas aquellas fórmulas de iniciados, pero fue en vano. El Concilio resolvió que las misas se dijeran en castellano, y para cuando llegué a Párvulos, ansioso por hacer valer mis atributos de mayor-que-ya-se-sabe-la-misa, resultó que todos partíamos de cero con una nueva misa en español que cualquiera podía entender y aprenderse. Ese ha sido un fenómeno recurrente en mi vida: todos los clubs de los que consigo por fin llegar a ser socio deciden poco después cesar en sus actividades por manifiesta falta de interés. Fue matricularme yo en mi primer año de Universidad y morirse Franco, con lo que las legendarias carreras ante los grises perdieron gran parte de su aliciente y enseguida dejaron de existir. Lo dicho, siempre llego tarde. Espero que esa costumbre sirva, al menos, para procurarme una vejez tranquila. Pero es mucho más probable que para lo que sirva sea para que ya se hayan acabado los fondos de la Seguridad Social y me quede también sin jubilación. Tiene toda la pinta.

Lansky dijo...

Tú sí que eres nostálgico, Vanbrugh. Cuando escribas tus memorias te sugiero el título de 'El hombre que siempre llegaba tarde'

Mita dijo...

Me parece que es pronto para mis nostalgias, pero solo un poquito. No sé si llego pronto o tarde a nada.Cuando yo llegué a la Facultad, el que llegó poco antes fue Tejero, nos mirábamos con cara de ...y este de qué va?

Lansky dijo...

Pues 'iba' de verde oliva y con gorro de charol. Un clásico de la época.

Vanbrugh dijo...

Para nostalgias, las de antes.

Lansky dijo...

Buena boutade V. Mira lo que te has ganado

"Colecciono
cangrejos disecados
en un mueble azul
con tres repisas y gavetas

Mientra duermo
caminan hacia
dentro
y se comen
el recuerdo
que guardo
de la arena.

arrancan el mar
que corre por mi sangre.

(Gina Sarraceni)

Cigarra dijo...

¡Cielos! ¡He caído en pleno "Cuéntame"! Os fastidiais que yo soy la más antigua de todos. Yo soy tan antigua que pude acampar en el Parque Nacional de Aigues Tortes sin viniera un guardia a hacerme levantar la tienda. Soy casi de los tiempos de Stanley y Livingstone. Di clase con los grises al fondo del aula y la muerte del General Patascortas me cogió con la carrera casi terminada. Las monjas de mi colegio llevaban una toca en forma de ojiva gótica y tuve una "Mariquita Perez". Y como no pagues bien, Vanbrugh, publico tu foto de niño con corbata (¡y flequillo hasta los ojos!)

Vanbrugh dijo...

Reconozco que la boutade es buena, pero reconozco también que no es mía. Se la he copiado, o glosado al menos, a Simone Signoret (La nostalgie n'est plus ce qu'elle était). Lo que pasa es que venía muy a cuento y no me he sabido resistir. Como bien dices los hallazgos y los canutos son para compartirlos.

Y el poema de Sarraceni, magnífico, también viene muy a cuento.

Lansky dijo...

Somos de la misma quinta, cigarra, y a los vanbrugh de entonces yo les estiraba la corbata y luego la soltaba para que con el impulso de la gomita les atizara en la nuez. Era un puto matón, lo reconozco.

Mita dijo...

jo! Esto es de guión de película, el matón, el ninio bueno que sabe latín (publique usted la foto, Sra.Cigarra, por favor) y las monjas góticas.
La verdad es que nosotros no conocíamos lo que era tener grises a nuestras espaldas, y estábamos más preocupados por organizar las fiestas de La Primavera en los jardines de la Facultad, la Antigua fábrica de Tabacos.Y la maría empezaba ya a tener mala fama, porque estábamos demasiado cerca de la costa africana, porque habíamos visto gente muy joven destrozada a nuestro alrededor pasando del porro a la jeringuilla.
Ya ves...
Besos

d.m. dijo...

cigarra, te animo a publicar la foto te pague lo que te pague van. nuestra risa no tiene precio.

tienes razón, lansky. el otro día hablando con el huevón de mi hermano de 19 daba, sí, la impresión de que estaban ellos inventando el mundo. nos contaba, como si estuviese descubriendo la penicilina, métodos para liar canutos. eso es porque no escuchamos, creo, ni para arriba ni para abajo.

para mí que el pasado, el de todos nosotros, es bastante fu. chulillo, pero sólo dentro de nuestras cabezas.

Vanbrugh dijo...

Vamos a ver: lo que en todo caso pasará es que, si Cigarra publica la dichosa foto, yo le cobraré derechos de autor, o de imagen, o de lo que corresponda. Consultaré en la Sociedad General de Chorizos de España.

Mejor aún, Cigarra, devuélveme la foto, que es mía, y seré yo quien la publique en mi blog, que para eso está. No tengo nada que ocultar. Yo era un niño muy guapo y la corbata, noble prenda que aún uso a diario, me sentaba y me sienta estupendamente.

(d.m., ya veo por dónde vas. Para que asomes la cabeza hay que darte carnaza...)

d.m. dijo...

no seas tonti, van, pasa que tengo la pereza laboral desatada

Lansky dijo...

Veamos. La foto esa de vanbrugh de niño y con corbata de elástico. Yo miraría primero, Cigarra, si le puede interesar a Interviu, ¿estaba vestido o sólo llevaba el corbatín? Segundo, yo te pago lo que te cobre el chantaje de V. y la publico aquí. Precisamente estaba pensando en iniciar una serie de Historia Natural, algo así como cachorros de animales nostálgicos, metamorfosis del melómano, la vida en la charca temporal, no sé...dámela a mí y verás que partido le saco.

Vanbrugh dijo...

Qué ilusión. Hablando de nostalgias, me siento tal que la Nadiuska cuando el destape.

Os voy a mandar a todos mis abogados. Se vais a enterar.

Lansky dijo...

Si me mandas a tus abogados que no se olviden llevar corbata de elástico (que las busquen en las antiguas mercerías, no admito disculpas) y maletín de ejecutivo de esos que se abren de golpe en veritcal y se cae lo de dentro, porque estoy pensando en recibirlos con mi famoso numerito de bragueta al medio, corbatazo a la nuez, maletín que te pilla los güevos, también conocido como triple golpe del legionario saolín.

Vanbrugh dijo...

Una idea: mándanos la foto a todos, Cigarra, y que cada uno la comente en un post de su blog. Una especie de festival temático de la nostalgia con Vambrugh, animal nostálgico por excelencia, como tema central. Será estupendo para mi ego y, de paso, la manera de que d.m. y yo actualicemos de una vez nuestros blogs, que va tocando.

Lansky dijo...

¡No! ¡Quiero la exclusiva!

Vanbrugh dijo...

De acuerdo, cuenta con ella. Por correo privado te paso detalles financieros y número de cuenta para la transferencia. O mejor, usa uno de esos maletines de los que hablabas. De lo de la bragueta y la corbata podemos prescindir, hay confianza.

d.m. dijo...

van, sos un presumido y tú, lansky, ni matón ni leches, un reportero del hola!. aaaaah, cuánto tiempo sin insultaros :P

Lansky dijo...

mas que reportero, si no te importa, d.m., prefiero ser masajista de modelos o simple "tocador" de señoras

Cigarra dijo...

¡Pero ¿dónde demonios he metido yo esa foto, que no la encuentro??!!
Ahora que me iba a hacer rica y famosa...!!