27/03/2009

Paz en la Tierra a los hombres...etc.


Un diálogo real en la cola de la caja del ‘super’: la cajera me está cobrando de más, como luego se comprueba.

Un tipo barrigón encorbatado al final de la fila: “-Vamos, que los demás tenemos prisa” -mirándome a mí, no a la cajera.

Lansky: -“no estoy hablando con usted” -mirándole a los ojos.

Barrigón (chulo): -“pero yo con usted sí”.

Lansky (tranquilo): -“vale, pues tiene usted una corbata feísima” -pausa, el tipo enrojece, aprovecho la pausa y añado- “hace juego con su cara”.

Juro que es verdad, juro que me ha pasado hace escasos minutos. Yo no llevaba corbata, pero sí chaqueta encima de una preciosa camiseta con una rata ahorcada y el lema: "Antes muerta que tu esclava".

11 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Enhorabuena, envidio como pocas la facultad de la respuesta rápida y oportuna. A mí esas cosas se me ocurren, si se me ocurren, diez minutos después, con el barrigón ya en su casa, probablemente tras una escaramuza descolorida y boba por ambas partes.

Pero cuando se goza de esa facultad, ¡qué regalo del cielo, un barrigón impertinente a tiempo! ¡Qué bien se queda el cuerpo, tras estos desahogos inofensivos de los malos instintos! Los ayuntamientos deberían proveer un Servicio de Impertinentes Callejeros Apabullables (SICA) para proporcionarnos con más frecuencia estos encontronazos tan gratificantes.

Mita dijo...

No te da verguenza montar el mingo en el super!!!

Lansky dijo...

vanbrugh, no siempre la respuesta pronta y ocurrente es una ventaja, quizás tendría que haber hecho un post sobre ese riesgo: octubre de 1970, recogida del DNI retirado por la policía en la DGS de Sol (te lo retiraba la policía y tenías que ir a recogerlo, acojonadito perdido). En la fila de una mesa con un comisario también barrigón y también encorbatado, oero con el nudo flojo y sin chaqueta; el susodicho me advierte: "como sueltes alguna gracia más te suelto yo a tí una hostia" Respuesta mía: "suélteme dos y así charlamos un ratito" Me las soltó. Y es que por hacer una gracia, por el puto aplauso de mi público, soy capoaz de cualquier cosa.

d.m. dijo...

jajaja, eres el terror del supermercado

Lansky dijo...

Bueno, eso no es nada, de momento estoy muy preoupado por la ocupación alemana de Los Sudetes (Sigo con las memorias de Churchill)

P. Keternen dijo...

Querido Lansky, estaba yo preocupado por haber apoyado a nuestro querido Andrés Ibáñez en su descrédito de los microrrelatistas. Pero, después de leer tu entrada, me he tranquilizado pensando que quizás podría contar con un espartano (solo es una sospecha, claro).
Me estreno en este blog que leo con atención y agrado.

Mita dijo...

Por qué esos GRANDES escritores se enojan tanto con la creatividad de los demás?
Por qué desprestigiar una cierta forma de escribir?
Alguno de ellos- entre ellos mi amado y adorado- ni siquiera sabe exactamente qué es Internet.
Desde luego...

David García A. dijo...

¿y no hubiera sido la cereza del pastel haberle dicho finalmente a la cajera: señorita, por sus tonterías ya me hizo perder el tiempo y decirle dos que tres verdades a este pobre imbecil?.

Lansky dijo...

No David, te aseguro que quedó mejor así.

Por otra parte, pagarla con la ineficacia lógico aritmética de la cajera -que nunca oyó hablar de Gödel, por cierto- hubiera sido una vesanía ante un ser humano explotado por un trabajo alienante y mal pagado...

...ahora, el ejecutivo barrigón se salvó de mayores 'hostias' dialécticas al quedarse callado...

Cigarra dijo...

Es que las cajas de supermercado tienen algo que despierta nuestro mejor/peor yo. Imagínate que tengo invitados a cenar, son las 9 de la noche, todas las cajas del supermercado están copadas por carros inmensos de envíos a domicilio, excepto la caja rápida para menos de 10 objetos. Reconozco que hice muy mal, porque me puse en esta caja, saqué diez objetos de mi cesta, los pagué, saqué los otros diez, y claro, los que estaban detrás de mi se percataron de la maniobra (vil, lo reconozco, pero ¿qué trabajo les costaba imaginar que yo en lugar de una señora gorda era dos, delgaditas?) y empezaron a increparme, con razón. Yo, con la mala conciencia que produce el saber que estás haciendo algo condenable, decidí "mantenella y no enmendalla" y cuando me llamaban "mal educada" contestaba, " ya ve usted, dinero tirado el que gastaron mis papás en educarme"; o bien "¡Sinvergüenza¡" y yo respondía: "Lo malo es que con la edad cada vez seré peor" y cosas así. Tenías que haber visto cómo se fué poniendo la gente de la cola. Lo malo es que tenían razón. Pero la culpa, como yo decía entre insulto e insulto, era del supermercado, que no habilitaba cajas específicas para pedidos. Y lo peor es que en el fondo me divertí muchísimo, aunque me comporté francamente mal, lo reconozco. Es un buen ejercicio que recomiendo para vencer la timidez.

David García A. dijo...

De acuerdo Lansky. Te felicito por tu ecuanimidad, por esa especie de solidaridad social con la cajera, y por practicar oportunamente el dicho de que "a enemigo que huye puente de plata".
Saludos.