profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

02/03/2009

Intelectuales como 'soufflé'


Probablemente, si Dios existe, no es estructuralista.

Polémicas de consignas de autobús aparte, está claro que si Dios existe no es estructuralista. Puso a Roland Barthes bajo las ruedas de una furgoneta de lavandería, convirtió en un parricida a Althusser y le recluyó en un hospital psiquiátrico penitenciario, mató a Foucault de sida, simplemente hizo desaparecer a Lacan, Kristeva, Bourdieu, Derrida, Habermas, Said, aunque parece que aún no ha podido con Lévi-Strauss, por algo los antropólogos tienen algo de brujos. Francia es la patria de los intelectuales ‘engagés' (comprometidos) como Alemania la de los filósofos o España la de los pintores. Se puede ser pintor y suizo (Klee) como se puede ser filósofo y español (Ortega y Gasset), pero no es lo mismo, francamente.

A todos estos tíos, como señala Terry Eagleton, un “proleta” católico inglés que renovó los estudios culturales y fue discípulo del mítico teórico marxista Raymond Williams, ya no les bastó con decir que Milton era un espíritu valiente, Cervantes un visionario y Keats simplemente delicioso. Aunque a la mayoría de los críticos de los suplementos culturales sí. Muchos de los mencionados más arriba fueron productores de “alta teoría” y algunos, unos cuentistas. Lacan sin ir más lejos, como su padre espiritual Freud, y ambos tanto en sentido real como peyorativamente figurado: cuentistas, magníficos narradores de historias inventadas. Freud no está en la cadena de los científicos de la mente, como Paulov o Luria, sino de los fabulistas como Esopo o La Fontain. Así que, cuando un intelectual francés te hable de mecánica cuántica, asegúrate de que es físico o por lo menos, de que aprobó la física del bachillerato.

Sin contradicción con lo anterior, todos estos semiólogos, marxistas, estructuralistas y demás “istas”, son herederos de un invento del XIX, el del diletante bien informado (entre nos, para entendernos y ahora, un Fernando Savater), el intelectual, que al igual que, pongamos por caso, el comentarista deportivo, puede ser listo o tonto, pero intelectual; fundamentalmente hombres de letras con curiosidades no solamente académicas o meramente eruditas. Eso tiene sus peligros, como un Manuel Vicent confundiendo al físico Heisenberg, el del Principio de Incertidumbre, con Heidegger, el filósofo; o que Savater anuncie que la encina, nuestro totémico perennifolio siempreverde, enrojece en otoño. O que Juan Manuel de Prada, que aspira al título de Chesterton español (conservador irónico) confunda los “herbarios” de los botánicos con los “herbolarios” de los curanderos y paramédicos. Aunque estos dos últimos sean ejemplos del caso particular de los intelectuales españoles que, con honrosas excepciones, son fauna urbana que odia el campo y proclama (y eso les delata, como los poetas que llaman asfódelos a los gamones o varas de San José y “oleandros” a los baladres o adelfas) su amor abstracto por la naturaleza. Por otra parte, es muy fácil meterse con los chicos de “letras”; sin embargo, yo conozco el caso de un catedrático de física, habitual de las páginas culturales de un prestigioso medio, que sigue demostrando reseña tras reseña que aún no entendió la selección Natural de Darwin. Estos hombres de letras, que se desenvuelven con soltura, a veces con demasiada soltura, en una serie de campos de conocimiento especializados que contemplan, sin embargo, y eso es muy útil, desde perspectivas genéricas, socialmente responsables son los humanistas tanto en sentido amplio como estricto.

El problema con los intelectuales es cuando se prodigan tanto que se convierten en banales, degeneran en tertulianos, en opinadores de todo, en publicistas de la actualidad, en coyunturales superficiales, en pitonisos con gafas. Y también cuando aparecen los que yo llamo daños colaterales: filósofos que escriben novelas malas (nuevamente Savater), novelistas que escriben artículos de opinión sobre cuestiones en las que no tienen ninguna formada, pero algo hay que escribir, etcétera.

Ni odio ni amo sin reservas a los intelectuales. Comparto gustos con ellos y, supongo, que emociones. Son útiles en la medida que son inútiles, es decir, un lujo, y de los lujos auténticos, como el de pensar por uno mismo, es de lo único que no se puede prescindir en tiempos de miseria como el nuestro. Odiar a los intelectuales es como odiar los “soufflé” sólo porque te gusta la comida sencilla. Sobre todo cuando nada es sencillo.

Los anteriormente mencionados forman parte del movimiento moderno (o posmoderno que es aún más moderno) en su sentido amplio. Otro día voy y hablo de los “antimodernos”, que son muy interesantes (y modernos).
Coda: el tertuliano
Un intelectual decae cuando deja de aprender y pretende sólo enseñar. Deja de intentar entender el mundo y pontifica. En ese caso viene bien acogerse a una ideología. Las ideologías no tienen nada de malo, salvo que sustituyen a las ideas, son corsés que afinan la cintura o rebajan caderas, dentro todo sigue informe. Pero cuando un intelectual degenera verdaderamente, entonces se convierte en tertuliano. El cerebro es un órgano complejo, pero a ciertos efectos es similar a un músculo, si no se ejercita se queda flácido. El tertuliano prototípico sólo tiene dos neuronas operativas y no se hablan entre sí, mucho menos establecen sinapsis. Con una de las neuronas evita mearse en público y a la vez grita más que cualquier otro tertuliano que esté en uso de la palabra; el mecanismo es parecido al de la glotis que impide la regurgitación: cuando alguien que no es él habla el no escucha. La otra neurona es la propiamente opinadora. Funciona como sugería irónicamente un comentarista de Zafferano , sustituyendo todos los finales de refranes por la concisa expresión de “patada en los cojones”. Va muy bien: “el que a buen árbol se arrima, patada en los cojones”; “al que madruga, patada en los cojones”; "enemigo que huye, patada en los cojones”, etcétera. Del mismo modo: los abortistas, patada en los cojones; la investigación con células madres, patada en los cojones; la independencia de Murcia o la especulación inmobiliaria, patada en los cojones. Son los oráculos favoritos de muchos taxistas y proliferan en algunos programas de radio y de la tele.

8 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Diletante es término que suele usarse con intención peyorativa cuando sus significados "oficiales" son de lo más dignos. De hecho, consciente de mis infinitas limitaciones en cualquier campo del saber, me declaro diletante, aunque no tan bien informado como los semiólogos marxistas extructuralistas franceses (por cierto, tengo a medias la Historia de la Sexualidad de Foucault que, pese a su abundancia de burbujas hueras, me está pareciendo fascinante).

Cosa distinta son los tertulianos. O algunos de los intelectuales patrios que citas (muy certera la identificación que haces de las aspiraciones del mentecato de Prada). Y sí, totalmente de acuerdo con lo de que un intelectual decae cuando deja de aprender; es tan verdad que me atrevería a decir que dejar de aprender es lo mismo que cesar de ejercer la actividad intelectual (strictu senso).

Vanbrugh dijo...

Me he reído mucho con este certerísimo post. Aunque ando con la hora pegada al culo, como diría el poeta, y sin tiempo para nada, no puedo evitar comentar sus mejores momentos, por ejemplo: “Se puede ser pintor y suizo (Klee) como se puede ser filósofo y español (Ortega y Gasset), pero no es lo mismo, francamente”, con su perfecto corolario: “cuando un intelectual francés te hable de mecánica cuántica, asegúrate de que es físico o por lo menos, de que aprobó la física del bachillerato”. No se puede decir más exactamente con menos palabras.

También es brillante la coda dedicada a los tertulianos, especialmente: “Las ideologías no tienen nada de malo, salvo que sustituyen a las ideas, son corsés que afinan la cintura o rebajan caderas, dentro todo sigue informe.” Y esta descripción demoledora del tertuliano: “Con una de las (dos) neuronas evita mearse en público y a la vez grita más que cualquier otro tertuliano que esté en uso de la palabra; el mecanismo es parecido al de la glotis que impide la regurgitación: cuando alguien que no es él habla el no escucha. La otra neurona es la propiamente opinadora…” Eres impagable como epigramista y, lo que tiene más mérito, hacer epigramas no te distrae de tener razón, como pasa con frecuencia (sin ir más lejos, a mí).

Con todo, si tuviera que elegir una frase de todo el post, me quedaría con esta, no menos brillante que las citadas pero que, además, resume perfectamente el meollo de la cuestión: “Son útiles (los intelectuales) en la medida que son inútiles, es decir, un lujo, y de los lujos auténticos, como el de pensar por uno mismo, es de lo único que no se puede prescindir en tiempos de miseria como el nuestro”.

Lansky dijo...

Agradezco ambos comentarios, porque noto, además (se "os nota") que andais últimamente muy líados ganadoos las habichuelas y habéis sacado tiempo pese a todo para comentar mis paridas.

emma dijo...

Este fin de semana Lansky he conocido a un intelectual Austriaco, a los Austriacos no los mencionas en la ristra de nacionalidades productoras de intelectuales y yo creo que Austria es muy fecunda en esto.

Este intelectual en concreto dedicaba sus esfuerzos al "radical constructivism, cybersemiotics, epistemic structuring of experience, non-dualistic philosophy, second order cybernetics, and the theory of autopoietic systems"
Ahi queda eso.
Parecia simpatico. Tenia sentido del humor.
Yo le miraba como un entomologo mira a un insecto desconocido.
No he sacado ninguna conclusion, todavia.
Supongo que ama como los demas.

julian dijo...

Del artículo lo que me ha impresionado sobre todo es esa corriente independentista en la Vega Baja del Segura, de la que yo hasta ahora no tenía la menor noticia, y en relación con la misma, todavía más, la corriente de simpatia soterrada con la que nuestro simpar comentarista parece valorarla.

Ahora, en serio, bastante de acuerdo con un artículo que, dado su alcance, requeriría por supuesto de matices. Y ahora empiezo a preguntar ¿tienen en realidad los "intelectuales" (entrecomillo) acceso a medios que no seán académicos? ¿A los tipos que aparecen en esas tertulias pedorras de las que habla Lansky (el calificativo es mío) se les puede calificar de intelectuales sin que, en lo íntimo, nos duela España al hacerlo?.

Cigarra dijo...

¡ja, ja, ja! ¡Qué bien viene reirse un poco por la mañana!
Pobre Tertuliano, el filósofo del s. III dC., qué asombrado se hubiera quedado de ver en lo que paraba su nombre!

Lansky dijo...

De pobre nada, Cigarra: Tertuliano era un plasta, además de tunecino, una vez le intenté leer y...

V. Stlánik dijo...

Cuánta razón llevas. El problema de los intelectuales es que están convencidos o se les ha convencido de que su función social trasciende el estudio de la lenguas muertas, del imperativo categórico o de la épica islandesa. Que eso no es suficiente, en si mismo, para transformar y mejorar su mundo, sino un instrumento (y por lo tanto un poder) con el que pueden auparse a las tribunas para hacer, como tú dices, de pitonisos.