23/03/2009

Libros modestos




Sí: modestos. Me gusta la modestia y el recato hasta en los libros, también en las mozas siempre que eso no las impida desnudarse, aunque no lo hagan a la buena de Dios y sin venir a cuento. Libros modestos en sus pretensiones, aunque exigentes en sus propios términos y alcance; cariñosos con su tema. Muchos suelen ser sobre temas locales, y todos sabemos desde El Quijote que la mejor manera de llegar a lo universal es por el camino de lo local, como los mapamundis de Bilbao. Las editoriales suelen ser en estos casos casi artesanales o bien, digamos, poco profesionales, como la de las administraciones locales, ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas, o sociedades de amigos del país o asociaciones variopintas. Las ediciones de las administraciones suelen tener el defecto de estar muy mal distribuidas; parece como si pensasen que una vez impreso el libro ahí se acaba la tarea de un editor cuando en el mundo profesional la distribución es tan importante que se suele llevar la parte de león, como sabe todo librero que se precie. Yo aprovecho las Ferias del Libro de mayo y junio para localizar en sus casetas institucionales esas joyas semi ocultas.

De todas formas, el recato de los libros de esas instituciones suele estar inmediatamente anulado por prescindibles prólogos y prefacios de los jerarcas de turno que nada aportan al texto del autor, pero que rememoran aquella costumbre del siglo de oro que incluía obligatorias dedicatorias al protector de tuno, el conde de tal o el marques de cual y el permiso de impresión entre otras cosas. En cualquier caso, son fuentes de información insustituibles, desde los caminos aledaños al canal navegable de Castilla en tierras palentinas hasta la descripción minuciosa de dólmenes menires y otros megalitos en la extremeña comarca de Alcantara o la flora de las sierras valencianas o las artes de pesca en el Ampurdam. Los libreros de viejo y los regalos del propio y erudito autor son mis principales fuentes de aprovisionamiento de tan raros especimenes.

El último que he conseguido lo ha sido por el primer método, puesto que no tengo la suerte de conocer al autor. El libro se llama ‘Setas de Villanueva del Fresno’ de Jesús Manuel Crespo Martín (este tipo de libros suelen ir firmados con nombres completos y dos apellidos, como si de una instancia se tratase, siguiendo el proceso inverso de los narradores anglosajones, siempre firmando sus novelas con iniciales precediendo al único apellido).La editorial es el propio ayuntamiento, con el inevitable prólogo. El tema no son sólo las setas o los ‘gurumelos’ Amanita ponderosa, sino toda la naturaleza rural del término municipal que la recolección de setas le sirve de pretexto. Por cierto, ahí me entero que ‘gurumelo’ –eufónica palabra- proviene del latín, ‘cogumelo’, lo que no es novedad, pero ese es nombre genérico que se da a todas las setas en portugués y gallego y sólo a la deliciosa Amanita comestible en esa zona.

Por supuesto, lo contrario de la modestia en libros son esos best sellers publicitados hasta en la sopa, adornados de fajas y comentarios ilustres sobre la gran obra maestra que pretender fingir ser; o bien, esos libros de lujo, -no tengo nada contra los que además son bellos: para “il tabolo de café’ los llaman los italianos- de gran formato, papel ‘couche’ de alto gramaje, escaso texto y muchas fotos, pero mal maquetados y diseñados, superfluos y ostentosos como gordas enjoyadas.

Alguno de mis libros, tres en concreto, son de gran formato, pero no pretenciosos; dos en una colección de varios tomos sobre la naturaleza española en la que yo escribí los tomos dedicados a la dehesa y el olivar y al bosque mediterráneo (encinares, sobre todo) y otro aún más voluminoso y con espléndidas fotos de mi amigo José Luis sobre la sierra de Gredos, que si no son imprescindibles –pocos lo son- no son enteramente superfluos. Otro, modesto, es un Diccionario de Ecología y ya se sabe que los diccionarios es un género, que aprecio mucho como lector, en el que brillaron gentes como Samuel Johnson o los enciclopedistas franceses, pero este mío es un pretexto para verter mis ideas de entonces en forma de fragmentos; es tan modesto que se publicó directamente en una vasta y popular colección de bolsillo de la época. Otro, el que más quiero probablemente, es una suerte de mapamundi de Madrid, una guía del naturalista en esta ciudad; de mis intenciones da cuenta el poético subtítulo: 'En la M-30 florecen los cantuesos'. Del resto puedo decir que al menos mantienen la equidistancia entre el azar y la necesidad, el capricho y la motivación más seria.

Pero bueno; comencé hablando de libros modestos y concluyo con mi inmodesto ‘autobombo’. Y es que la valentía y la modestia son dos virtudes que no se pueden improvisar ni fingir.

Nota
: la foto es de Freddy, cuando no está asesinando universitarias descerebradas. Es la del famoso Pasaje de San Ginés, junto a Arenal y a dos pasos de la Puerta del Sol

10 comentarios:

emma dijo...

Un libros modesto, en un capazo de paja junto, a la caja : " walking through the county Clare".
El autor habia hecho dibujos de los dolmenes y ruinas encontrador en el camino, tambien de las flores y de los pajaros. El resultado era un cuaderno de campo, editado con la ayuda del ayuntamiento de Ennis, en el que un vecino explicaba las maravillas de caminar por el capo irlandes.
Todavia no lo he leido!
Es un pequeño tesoro.
Te adoro ( no he podido resistir la rima)

emma dijo...

Un libro modesto.
encontrados.
campo irlandes.

estoy fatal.

Vanbrugh dijo...

Siempre me han inspirado una gran simpatía, mezclada de ternura, los poetas que se autoeditan, los manuales de interés local publicados torpemente por ayuntamientos o cajas rurales, los libros especializados en temas recónditos cuyo interés se reduce a un ámbito estrechito, que les cierra la puerta de las editoriales "serias" y los exilia en ediciones marginales y semiartesanales de imprentas de barrio. De hecho, considero mi propio blog como la última muestra -última en ambos sentidos: la más humilde y la más reciente- de este fenómeno de autopublicación.

Lansky dijo...

Sí, los blogs y los libros modestos autoeditados tienen eso, obviamente, en común, pero donde yo veo exibicionismo muy a menudo (impudicia), esto es, la mayoría de blogs, veo discrección en esos libritos. No sé, no me funciona bien tu comparación, Vanbrugh. El tuyo no es impúdico ni exibicionista (el mío, un poco, lo siento, soy como soy, como el Supremo Fscista que dijo aquello de 'Yo soy el que soy', yq uemó una zarza para deforestar aún más el desierto y aumentar el efecto invernadero)

Cigarra dijo...

Las ferias del libro que merecen la pena son las de mayo y octubre (libros "de viejo"), para mi gusto, mucho más que la de junio.
¡Qué título maravilloso "En la M-30florecen los cantuesos"! (Hasta que llegó Gallardón-Saurón, claro, y la convirtió en Mordor.) ¿Dónde se puede encontrar un ejemplar?
Bueno, qué tontería, ya lo he encontrado a través del catálogo de mi biblioteca. Ya te diré qué tal me parece.

(entrañable Callejón de San Ginés)

Vanbrugh dijo...

No sé qué decirte, Lansky. Yo veo exhibicionismo e impudicia -dos actitudes contra las que no tengo nada, más bien me despiertan simpatía- en el mero acto de escribir, así sea un diario íntimo. El hecho de procurarle a lo escrito la mínima audiencia, aunque no más sea la de una autoedición o la de un blog, no hace más que confirmar ese impudor que creo inherente a la misma escritura. Y mi blog... basta asomarse a mi último post para apreciar un exhibicionismo rayano en lo obsceno. Del que hace tiempo ya que dejé de pensar en arrepentirme.

¿Qué somos en realidad los buenos lectores más que insaciables e impenitentes voyeurs?

Lansky dijo...

Bueno, pues entonces voyeurs, como dices, pero también "strippers", y nada modosas.

Cigarra dijo...

Tengo en mi poder al Naturalista en la Ciudad y estoy disfrutando y sufriendo al mismo tiempo. Disfrutando del placer de leerlo, y sobre todo, del placer de mirar Madrid con ojos renovados, distinguiendo (¡por fin!) los cedros de los abetos, y descubriendo montones de cosas que me pasaban desapercibidas, y sufriendo, porque me he acostumbrado a esta posibilidad de dialogar con el autor, y ahora, querría que los libros también fuesen 2.0, para poder dejar comentarios al pie de las páginas, para compartir con el autor los recuerdos que me traen a la memoria los lugares que describe, hacerle las puntualizaciones que se me van ocurriendo y preguntarle las dudas que me surgen al hilo de los temas.
Un ejercicio que me propongo hacer esta Semana Santa es el de recorrer los parajes que salen en las fotos e intentar comprobar cuántos de los árboles que existían en los 80 han caido victimas de la vesania municipal.
Por cierto, ese libro pide a voces una edición algo más lujosa en donde las fotos se pudieran apreciar en mayor tamaño y colorido, para disfrute y aprendizaje de los lectores.
Seguiré comentando

Lansky dijo...

Eres muy amable, Cigarra.

Sí, en alguna ocasión he pensado en reeditarlo, actualizándolo, no sé si en una edición más vistosa, aunque ya digo que me gusta su modestia, esa portada con el ciclista verde que parece entintado a mano...en fin.

Riomaleño dijo...

Hola. Soy Jesús M.Crespo Martín, el autor del libro de setas de Villanueva del Fresno. Es para mí un placer y un honor haber encontrado mi nombre en esta págína y que llegue un libro modesto hasta el mapamundi de Bilbao. Gracias y Enhorabuena por este tipo de blog.