
Para Anna y Olga, siempre con mi afecto que me temo no es recíproco
“Cierro
los ojos, pero los ojos
del alma siguen abiertos
hasta el dolor”
Jaime Gil de Biedma
“Es a la inmensa mayoría, fronda
de turbias frentes y sufriente pechos,
a los que luchan contra Dios, deshechos
de un solo golpe en su tiniebla honda.”
Blas de Otero
Stendhal decía que la única disculpa para Dios es que no existe; remedándole yo afirmo que la única disculpa para la Conferencia Episcopal es que, por fortuna, cada vez hay menos gente que le presta atención –como si no existiera-, incluso entre los creyentes y salvo los periodistas siempre en busca de carnaza. Nuestros obispos manifiestan ahora una sorprendente formación interdisciplinaria uniendo zoología con teología, ética con biología de la conservación. Era de imaginar que fueran tendenciosos, pero ¿por qué son tan ignorantes?, al fin y al cabo la teología es una disciplina exigente y compleja. Para empezar, como la inefable Ana Botella que restaba manzanas y peras, se comparan cosas de rango distinto: una especie, el lince con un individuo o proto individuo de otra especie, la nuestra (y la de los obispos, no nos pongamos muy ufanos). Desde un punto de vista pragmático –que no es al que me apunto, advierto- el asunto no ofrece dudas: comparar una especie que cuenta sus efectivos por unos escasos centenares que hacen casi inviable el mantenimiento de su población y su futuro, con otra que cuenta con más de 9.000 millones, aumentando, y que además tiene una presión per capita sobre los recursos limitados del planeta que permite afirmar que cada niño que nace ya no lo hace con un pan, sino con una motosierra metafórica bajo el brazo Probablemente los conejos no estén de acuerdo, pero la presión de los linces sobre su entorno es insignificante y hasta beneficiosa. Pero ya digo, no quiero responder a la demagogia con más demagogia, aunque la comparación la decidieron los eclesiásticos. Hablemos del aborto.
El aborto no debería ser jamás un sistema de anticoncepción, aunque la Iglesia que lo rechaza, rechaza así mismo la mayoría de los que evitan este recurso extremo. Considerar el aborto un método anticonceptivo más, o el infanticidio un sistema de control demográfico –y ambos se utilizan abundantemente en el mundo- es como si la pena de muerte se estimara un proceso de rehabilitación penal: todos son irreversibles. El aborto es un terrible drama; un enorme mal ‘menor’; pero si se decide interrumpir un embarazo no deseado por las razones que sean ¿quién debe decidir? Veo cuatro posibilidades: una, la madre, dos, el embrión, tres, el Estado, y cuatro, una religión no oficial, pero teóricamente mayoritaria y de decidido arraigo en este país. Podemos eliminar la dos. Al igual que si decidimos acabar con los recursos del planeta no se les puede consultar a los más afectados: las generaciones no nacidas, -y esa es una de las innumerables cosas que no puede solucionar el mercado, puesto que los no nacidos no concurren a él, aunque sí se puede suponer lo que opinarían-, tampoco podemos preguntar si quieren venir a este mundo (y casi mejor: igual la encuesta nos salía rana y nos tornábamos estériles). Y podemos rechazar la cuatro, salvo que también se consulten a representantes de las demás religiones con presencia en el país y a los ateos y agnósticos. Algo complicado. También son rechazables las tonterías disfrazadas de argumentos del tipo de que podemos estar asesinando al futuro Mozart (o al futuro Stalin o Hitler, con más probabilidad, de hecho).
Quedan dos aspectos: si es legítimo (no legal, que es el asunto del debate, pero éticamente me preocupa menos) suprimir una probable vida futura a la que no se puede consultar y caso de que sí, ¿quién decide, el Estado o la interesada? Responderé primero a la segunda cuestión. Para mí está claro que el estado puede ofrecer un marco legal para evitar abusos (contra la madre, en primer lugar), pero la decisión corresponde a esta. Ahora bien, ¿es la madre la única implicada? No. Queda la sociedad, está igualmente el padre, en muchos casos (subsidiariamente y subordinadamente a la madre, pero debería ser consultado, incluso obligatoriamente en los casos que sea posible) y está el nasciturus, embrión o feto, que no puede ser consultado pero del que podemos suponer su opinión: querría vivir, al menos hasta que sepa de qué va a ir su vida, que al no ser deseada por los más cercanos puede que fuera a ser un tanto chunga.
Un aborto no es una transfusión de sangre, rechazable por los Testigos de Jehová en base a la interpretación dudosa de una cita bíblica, ni una operación de cirugía estética ni tampoco un sistema de control de natalidad, aunque para eso se use a menudo; es un acto terrible que se supone que evitará males mayores aún. Un aborto es una acción trágicamente radical, irreversible, tremendamente trascendente, para dos seres al menos cuya decisión inevitablemente corresponde a la mujer embarazada, pero implica a más gente, por lo que, a la inversa que cortarse el pelo, debe ser regulada en un marco que contemple esa complejidad y esa trascendencia. Es sospechoso lo fácilmente alineables en bandos enfrentados de este tema: los pro-vida, religiosos practicantes en su mayor parte, y los progres, con sus automatismos sobre lo que se debe opinar. Pero el aborto no es una causa progresista o no progresista sin más, como la defensa de las focas; se parece más al derecho al habeas corpus; es una decisión dolorosa y los creyentes pueden hacer dos cosas: seguir el dictamen de los jerarcas de su iglesia, -independientemente de lo que dicte el Estado un católico no debería abortar si es consecuente- o actuar según sus convicciones más profundas y sus “intereses” reales y, si es creyente, ser decidida y hasta gozosamente inconsecuente. Los obispos no se pueden quedar embarazados, no lo olvidemos, ni siquiera pueden ser padres, aunque les encante que les llamen así.
Creo que las mujeres que quieran abortar deben poderlo hacer con todas las garantías; creo que se las debe proponer otras alternativas, como la adopción por otras madres, al fin y al cabo no deja de ser un contrasentido tantas parejas deseosas de tener o adoptar hijos y tantas otras que no quieren tenerlo. Pero una vez esa mujer, ateniéndose a la ley y a su seguridad sanitaria, decide hacerlo, debe poder hacerlo en los plazos y condiciones que marque la ley. Y que un barbilampiño ayudante de obispo y vocecilla aflautada diga lo que quiera, está en su derecho, pero, por favor, que no insulte mi inteligencia y utilizando además el dinero de mis impuestos para eso. Ah, y si mi madre hubiera abortado, que buenos motivos tuvo para hacerlo, a mí me hubiera importado muchísimo “ahora”, pero nada “entonces”, así que metafísicamente el asunto es irresoluble y me parece muy bien que mi madre decidiera necesariamente por mí y, naturalmente, lo que felizmente para mí decidió. He dicho.
Notas:
1.-Y por cierto, ya que se habla de zoología que sea con conocimiento de causa. En el mundo animal numerosas hembras de mamíferos se provocan, insisto, se provocan abortos bajo determinadas condiciones, como la precariedad de alimentos o la superpoblación.
2.- Considero un mal mayor un niño nacido, maltratado y desatendido que un niño no nacido, pero no creo que lo uno tenga que llevar a lo otro, porque, insisto, hay mucha gente deseosa de tener o adoptar niños.
3.- Pero va, me voy a mojar: definitivamente prefiero que aborte un obispo que un lince, y que las madres de ambos dos decidan por ellas mismas.
4.- El gran Ernst Junger decía en sus espléndidos diarios de la Segunda Guerra Mundial, ‘Radiaciones’ que las dos ciencias más excelsas eran la teología y la entomología. No estoy de acuerdo, la primera no es una ciencia, aunque sí creo que es una forma de conocimiento fascinante, y la segunda a menudo es banal coleccionismo, pero en cualquier caso estoy seguro que Junger no se fiaría mucho de la descripción de nuevas especies de crisomélidos por parte de la jerarquía católica en su conjunto, aunque haya algún obispo entomólogo, como hay algún emperador (de Japón) experto en crustáceos marinos decápodos.
5. No considero un presupuesto admisible para abortar el que el futuro embrión no complete su desarrollo y se convierta en portavoz de la Conferencia Episcopal. Eso no puede saberse de antemano y de hecho influyen más condiciones ambientales posteriores, como las insuficiencias en los niveles hormonales.
6.-La valla es muy mala, el lince debería estar a la izquierda para seguir la secuencia lógica de lectura.
15 comentarios:
Gil de Biedma...muy bien.
La valla es patética.
Como su "moralidad".
Temo que, debido a la ausencia de criterio propio entre nuestros congeneres, algunos consideren aceptable la comparacion.
Lo que mas miedo me da de todo esto es cuando constato lo poco dada que es la gente a PENSAR.
Como puedes suponer no soy especialmente partidario del aborto. Pero es que no creo que haya nadie que lo sea, ni que haya que ser creyente para que el aborto no te guste. Personalmente, y en virtud de mis creencias, no abortaría nunca -si fuera mujer- y jamás prestaré mi colaboración ni mi anuencia a un aborto. Pero esa es una opción personal, que soy tan libre de elegir como libres de elegir esa o la contraria deseo que sean todos mis conciudadanos. Felizmente, nadie ha propuesto, que yo sepa, una ley que obligue a nadie a abortar contra su voluntad.
Creo que, como cualquier otra cuestión que afecte a derechos individuales -y no hablo solo de los de la gestante, aunque también hablo de ellos- y que involucre principios generales, el aborto debe estar regulado legalmente. Cómo, si para permitirlo o para proscribirlo o para limitarlo, no creo que deba decidirse por otro sistema que por el general previsto para aprobar leyes en este país. Si la mayoría parlamentaria decide, con el procedimiento y los requisitos que sean del caso, esta o aquella regulación, pues esa es la regulación legal, y no hay más cáscaras.
Lo cual no quita, claro, para que se pueda y se deba opinar sobre qué regulación le parece a cada uno la deseable. Los creyentes somos, por tanto, tan dueños como cualquier otro ciudadano de hacer públicos nuestros puntos de vista, de tratar de propagarlos y de defenderlos.
En mi opinión la Iglesia española está haciéndo uso de ese obvio derecho suyo de la peor manera posible. Desgraciadamente no me sorprende; me sorprendería lo contrario. Llevo unos cuantos años, cosa de treinta y tantos, deseando con fervor ser sorprendido, pero tampoco esta ha sido la vez. No pierdo la esperanza, que es una virtud teologal.
No es solo que la campaña sea tecnicamente mala, los argumentos simplones y torpes y los carteles feos; es que se plantea justo en el terreno en el que la Iglesia no debería entrar nunca, en el de la confrontación política para obtener una u otra "imposición" legal. El problema de la Iglesia -parece que enterarse le está llevando siglos, veinte de momento y no la veo yo muy adelantada- es entender de una vez que la virtud, en primer lugar, no se puede imponer y en segundo que impuesta, si imponerla fuera posible, dejaría de ser virtuosa. Que hay, sí, que procurar que la gente obre "bien", pero que esta procura debe ser algo más profundo y más sutil que lograr que el estado legisle obligando a la gente a obrar "bien", porque cuando se obra "bien" obligado, la cosa, desde el punto de vista que debería importar a los obispos, pierde toda la gracia.
En fin, parafraseando a Unamuno, que no es precisamente santo de mi devoción, que convencer, y no vencer, debería ser el único objetivo de quien alardea de funcionar con y por convicciones. Y que por el camino que llevan desde hace ...iba a decir años, pero más exacto será decir siglos, no solo no convencen, sino que tienen también muy poquitas probabilidades de vencer. De lo cual, qué quieres que te diga, casi que me alegro. No por maldad, sino por ver si de una vez escarmientan.
Sí, Emma, es más fácil lanzar y adoptar consignas, en cada bando, que pensar, que en temas como este siempre es doloroso y doloso.
Vanbrugh, creo que tu comentario es perfectamente complementario de mi post
Sí, y casi tan largo. (Lo siento.)
Resulta muy curioso que la jerarquía eclesiastica solo se preocupe de la vida en su principio (antes de nacer) y su final (el lecho de muerte). Los sufrimientos intermedios se le importan un comino. ¿Protestó la iglesia por la guerra de Irak? ¿Por las actuales guerras en Africa? ¿Ha pedido perdón por los crimenes de la inquisición?. Pues no. El asesinato y la pena de muerte, que afectan a individuos hechos le importan menos que las morulas.
Hay un estudio hecho en estados unidos en el que se ve que la criminalidad descendió de forma notable 15 o 20 años despues de que se permitiera el aborto. No se puede demostrar que la relación sea causa-efecto, pero da que pensar...
No te disculpes, V., sabes que me encanta que lo hagas (y como el aborto nadie obliga a leer nada)
Rocío, no sé si sabes lo que con mucha gracia y capacidad de síntesis decía Margalef (evócale con su acento catalán cerrado): "Esto de la Bioética es muy curioso: sólo les interesa el principio y el final de la vida y nada de lo que está en medio, la vida propiamente, que no les preocupa nada"
Gracias, Vanbrugh.
"Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco" (o algo así ...)
Y ahora resulta que el cachorrito de lince de la foto no es ibérico, sino asiático, especie que no está protegida.
Me olvidaba: ¿más de nueve mil millones? ¿no te estás pasando en más de dos mil? Acojonadito me dejaste cuando lo leí (ya lo estoy con los casi siete mil que somos).
6.-La valla es muy mala, el lince debería estar a la izquierda para seguir la secuencia lógica de lectura.
..............
Tendría que ser de izquierda a derecha pero... sería colocar al bebé a la izquierda del anuncio -visto desde el propio anuncio- A esto debe ser lo que se llama "rizar el rizo".
Bueno, que entré en este para decirte que dejé un comentario en aquel -el de fecha anterior-. PAQUITA
Tienes razón, Miroslav, se me fue la bola. Según el 'reloj' de población mundial ahora mismo somos:
6.767.538.199
Bueno, en lo que has tardado en leerme, treinta y cinco más.
y además el lince es boreal no es lince iberico
El lice es boreal y el niño sueco, pero no seamos racistas.
Copio de la noticia aparecida en la prensa acerca del aborto practicado en Brasil a una niña de nueve años embarazada de gemelos, a la que su padrastro violaba reiteradamente desde que tenía tres años: "El arzobispo de Recife, excomulgó a la madre, al médico y a todo el equipo responsable de la operación. La niña fue absuelta, ya que la ley de la Iglesia Católica dice que los menores de edad están exentos de la excomunión. El arzobispo, sin embargo, no excomulgó al padrastro, y declaró que “acto más grave (que la violación) es el aborto, al eliminar a una vida inocente”
¿Cómo hay que estar de ciego para razonar así? Estaba claro que la niña, de 33 kilos y 1,30 de estatura, habría muerto casi seguramente de dejar seguir adelante el embarazo. ¿Eso no es un asesinato? ¿Están locos?
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