
En un post anterior http://www.lansky-al-habla.com/2009/03/intelectuales-como-souffle.html concluí prometiendo hablar de los intelectuales antimodernos. Primero hay que aclarar que toda esta panema de “moderno”, “antimoderno” y “posmoderno” presenta la confusión propia de etiquetas, de un lado, intuitivas o espontáneas y de otro, académicas. Así, de pasada, el llamado “movimiento moderno” se reserva para una corriente en arquitectura en los inicios del siglo XX que marcaba una ruptura con las anteriores tendencias; hablamos de Gropius, Le Corbusier y van der Rohe, para entendernos. En cuanto al posmodernismo se suele reservar para un movimiento cultural, fatalmente decantado en frivolidad, que pretendía superar los conceptos “modernos” anteriores , pero hoy ha terminado significando un cierto “todo vale”: el antropólogo y el caníbal sentados al mismo velador y bebiendo vermút
Los antimodernos, término que leí por primera vez en los trabajos de un catedrático de literatura francesa, Antoine Campagnon, no son los conservadores (como Chesterton), ni los académicos (como George Steiner), ni los reaccionarios (como nuestro Menéndez Pelayo), sino una suerte de modernos contra su voluntad, que es lo que Sartre decía de Baudelaire: avanzan mirando el retrovisor. Pero vamos, es bien simple reconocer que se trata de no aceptar sin más lo moderno (sea esto lo que sea) o que directamente se le resiste. Visto así, yo soy un antimoderno.
La resistencia a la modernidad lógicamente cuenta con una pléyade de mentecatos, reaccionarios y timoratos, pero también, y sólo quiero hablar de esos, de aquellos que han hecho las más inteligentes críticas a las nociones más peligrosamente ingenuas del “progreso”, como mítica noción de escalera maravillosa de peldaños siempre ascendentes (y no como la de un gallinero, corta y llena de mierda, que es como definía la vida en sus momentos más pesimistas el gran Eugenio D´Ors)
Paradoja principal: los temas característicos de la corriente antimoderna de los siglos XIX y XX, así como sus genuinos representantes son…la sal de lo moderno. Valery –el auténtico filósofo francés del siglo pasado, y no Sartre- decía que “El moderno se conforma con poco”. Exactamente. Le basta lo nuevo, aunque no haya nada nuevo bajo el sol. En eso son como los adolescentes, que se creen que son los primeros (únicos) que han descubierto el amor o a ser gamberros. Pero ¿quiénes son los antimodernos? Campagnon comienza por la letra B y sus compatriotas: Balzac, Beyle, Baudelaire, Bloy, Breton, Bataille, Blanchot…Y eso que exceptúa a casi todos los conservadores y reaccionarios, a los atrabiliarios y a los desencantados con su época, los inmovilistas y, por supuesto, los ultras. A los que incluye es en realidad a los modernos desadaptados, a los modernos con dificultades con la modernidad, a los modernos a regañadientes, desarraigados, intempestivos y 'desetiquetados'. Y los llama antimodernos para evitar otras etiquetas más peyorativas, porque, repito, los antimodernos son modernos.
El prototipo es Baudelaire, que además inventó la noción de “modernidad”. Así, al elegir a su pintor de cabecera Baudelaire no escoge al mejor, que además era su amigo: Manet; “usted no es más que el primero en su decrépito arte”, sino a un hoy desconocido Constantin Guys, relegado por la aparición de la fotografía (lo que los franceses, no sé por qué, llaman un “pompier”, un bombero, un académico), Ya llegamos al meollo; los antimodernos no son tradicionalistas, sino modernos que no se dejan deslumbrar ni mucho menos engañar por las lucecitas de lo moderno, siempre alertas. Por eso son tan perdurablemente modernos.
Así que finalmente antimoderno es una reacción, una resistencia al mundo moderno, al culto al progreso y al positivismo. Es utilizar la palabra ‘corazón’ de la anacrónica forma que lo hace Pascal, como instrumento de conocimiento, como diapasón. Es la duda y la nostalgia también, no sólo un rechazo. Pero yo escogería un hecho, un momento, una situación como eje de coordenadas. La Revolución Francesa me parece lo más apropiado, siempre que sepamos que no se cerró antes de 1889 o quizás de 1989. Los vencidos de la Revolución y sus víctimas, los dandis melancólicos como Chateaubriand (Ah, qué excelso antimoderno, quien no ha leído Las memorias de ultratumba no sabe lo que es criticar con sentido y gracia a los tiempos nuevos) y, menos conocido pero no menos estupendo, el extraño Barbey d´Aurevilly. Sí, creo que finalmente hablaré de estos tres: Baudelaire, Chateaubriand y Barbey d´Aurevilly.
(Continuará)
4 comentarios:
Deseando que continúes. Por cierto, habrá que hablar, en la orilla anglosajona, de gente como T. S. Eliot, ¿no?
Encontré muy acertada la definición de moderno que oí –creo!- en la película ‘Las Hermanas Munekata’ de Ozu, que decía –más o menos- que lo moderno es lo que nunca pasa de moda, es decir, que vendría a ser ‘lo perdurablemente moderno’. Paradójicamente lo clásico entonces? Entendiendo lo clásico como aquello de calidad superior, sublime.
PD: Fantásticos tus posts!
Personalmente, como poco, no puedo ser otra cosa que posmoderno con todas las contradicciones y limitaciones que esa etiqueta tiene. Lo moderno se queda anticuado enseguida. El prefijo pos le da un carácter de interrogación, de duda y de incertidumbre. Como se decía en aquella canción, soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, más o menos.
V. Stlánik: en efecto, Eliot, Pound o De Chirico, que rompen además, los dos primeros, nada menos que con el Nuevo Mundo.
En efecto, Female, tu definición d emodernoe s sospechosamente la de clásico
Hombredebarro: ¿el neolítico es el posmoderno del paleolítico. Vale, pero yo creo que hoy se entiende por posmoderno el rechazo a las vanguardias, sin más.
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