27/03/2009

Mi heroina personal: Nuria Molina




Prólogo (al estilo de mi blog Todossomosdios)

Nairobi, junto a Río de Janeiro y Lisboa, es una de las ciudades que más me han impresionado en mi vida. Comenzando por la pasada que dio mi avión procedente de Francfort para despejar la pista de aterrizaje de rebaños de jirafas, cebras y ñues, siguiendo porque el taxista kikuyu que me llevó a mi hotel tenía a su mujer sirviendo en Madrid, que ya es casualidad; continuando por el concierto de percusión que me hicieron con sus cajas de madera los limpiabotas de la amplia avenida que conduce a la sede del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, UEP en inglés), prosiguiendo porque en la terraza de maderas preciosas del así mismo precioso hotel colonial Norkfold me he tomado los mejores gin tonic de mi vida, o las vistas desde la finca de café de de Karen Blixen (Isaac Dinesen; sí la de Memorias de África) y la tumba de Finch-Hatton donde se tumban los leones a otear los rebaños de impalas y concluyendo con la ameba parásita (Giardia lamblia) que terminé pillando en Mombasa. Pero nunca me atreví a entrar en el barrio de Kibera.

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Los jóvenes actuales recelan cada vez más del juego político habitual y de formaciones tradicionales como los partidos y los sindicatos, pero eso no quiere decir ni que sean en su conjunto unos hedonistas irresponsables ni que sean apolíticos; simplemente encauzan sus esfuerzos por medio de otras organizaciones menos sospechosas y los dedican a causas más transversales, como las pacifistas, ecologistas o las desigualdades sociales y geopolíticas. Las organizaciones no gubernamentales, las famosas ONG, son su entorno habitual de compromiso. De hecho, contemplar a esos otros jóvenes residuales que militan en las organizaciones juveniles de los partidos de siempre deja una sensación de sospechosa anacronía; están desconectados de su generación que prefiere pagar sus cuotas a Oxfam o Greenpeace que al partido de turno y son sospechosos de haber iniciado precozmente una carrera de medro del poder, aunque en algunos casos, supongo, no sea eso del todo justo o exacto.

Sin embargo, de un lado, no se puede abandonar el juego político tradicional, aunque no se confíe con toda razón mucho en él. Remedando a Clemenceau y los militares y las guerras, habría que decir que si, como decía Aristóteles, el ser humano es un ‘animal político’, la política es demasiado importante para dejarla en manos de sus sospechosos habituales, los políticos. Y de otro, porque hay ONG y ONG y algunas abundan en los mismos defectos que los partidos y encima sin los controles democráticos de aquellos.

Por eso resulta muy reconfortante, entre tanto buenismo y voluntarismo, que no voluntariado, ingenuo y altruista, descubrir personas tan perspicaces y sensatas como Nuria Molina. El titular sería: “la cooperante que llegó al congreso de EEUU”. O sea, alguien a quien Barney Frank, presidente de los servicios financieros de la Cámara de Representantes, convocó para oír su opinión sobre los fondos del Banco Mundial de ayuda al desarrollo. Es algo así como si el Forum Atómico, el poderoso lobby de promoción de la industria nuclear, llamará a Greenpeace para que expusiera sus objeciones a esa energía. Insólito.

Nuria es investigadora de EURODAD, entidad que agrupa a destacadas ONG, las de más prestigio en ese campo, como Oxfam y Ayuda en Acción (Action Aid). Es una experta en flujos financieros entre los países ricos y pobres. Como yo tengo mi opinión, y la tengo probablemente desde antes que la jovencísima experta naciera, la voy a exponer primero.

Creo en la solidaridad entre países pobres y ricos, pero no creo en las limosnas tipo 0,7%. Creo en la justicia geopolítica: cualquier análisis desapasionado del flujo de energía, materias primas o alimentos, incluso dinero, entre el mundo rico y el pobre (antes llamado Tercer Mundo) arroja el nada sorprendente, al menos para mí, resultado de que esos flujos son netamente favorables a los ricos; esto es, que circula desde los pobres a los ricos, exactamente igual que el capital entre las clases sociales de un mismo país. Por supuesto, existen flujos menores en sentido contrario en forma de muy publicitadas ayudas al desarrollo o contra el hambre. Pero el 17% de la población del mundo (los ricos) consume más del 80% de los recursos naturales de todo tipo (madera, papel, metales férricos, petróleo, etc.) y emite más del 80% de los residuos al entorno global. Sin embargo, la mayoría de esos recursos (madera, papel, petróleo, etc.) se generan en los países pobres. Hay, por tanto, un neto intercambio desigual. Corregir esa desigualdad injusta es la condición previa –y eso es algo que a menudo no detectan los ecologistas- para establecer una solidaridad intergeneracional, es decir, para legar un mundo más justo y equilibrado a las generaciones futuras. La solidaridad espacial o la justicia geopolítica es condición necesaria aunque no suficiente para la solidaridad temporal o ecológica. Un ultraderechista político bávaro prevenía en los ochenta sobre los verdes alemanes, porque decía que eran como las sandías: verdes por fuera pero rojos por dentro. Ojalá. En realidad, tomando el rojo como emblema no del comunismo al uso sino de la más amplia búsqueda de esa justicia sociopolítica, los ecologistas deberían ser como los tomates, inicialmente verdes, pero rojos al madurar y comprender los egoístas motores del mundo en que vivimos. Mis disculpas por el largo Excurso. Vuelvo a Nuria.

Nuria sabe lo anterior. Está la mitad de su valioso tiempo en sitios como Nueva York y Bruselas, pero la otra mitad anda en campos de refugiados de Kenia, Tailandia, Ghana, Botswana, India, México, Ecuador y Sudáfrica. Anda sobre moquetas con la misma soltura que sobre polvo de rastrojos. Y sostiene con datos que las duras condiciones impuestas por el Banco Mundial a esos países han provocado más daño que beneficio a la situación que pretendían paliar. Al imponer como condición la completa liberalización del comercio, se arruinaba la producción agrícola local que nutría a la población autóctona y permitía a las multinacionales repatriar todos sus beneficios sin pagar impuestos. Esto lo suelta con una vocecilla proporcional a su exigua estatura y tamaño corporal y, lo que es más importante, con apabullantes datos y estadísticas reelaboradas por ella y su equipo. Nuria ha desmenuzado préstamo por préstamo todas las ayudas del Banco Mundial, verdaderos regalos envenenados en realidad, de manera que sus tesis no son ideológicas o prejuicios, sino conclusiones tan sangrantes como reales y bien documentadas.

Nuria sostiene que las ayudas no son la solución; lo dice una chiquilla (dicho sea con todo mi respeto) que se cayó del caballo en el durísimo barrio de chabolas de Kibera –uno de los infiernos en esta tierra- en las afueras de Nairobi, en el que, no me avergüenza decir, yo no me atreví a entrar, aunque tuve la oportunidad, y en donde ella, en cambio, vivió durante meses. Y sin embargo, es pragmática y considera una pérdida de tiempo culpar a los políticos (como a menudo se limitan a hacer los ‘alternativos’ movimientos antisistema y antiglobalización), porque considera que todos estamos implicados, porque los ciudadanos ricos tenemos alimentos y materias primas a bajo precio y preferimos pagar 30 euros de cuota a una ONG a que nos toquen nuestro rapaz modo de vida. Vivir como un ufano y ecologista holandés, por ejemplo, que barre su puerta para que el planeta le imite y esté limpio, le cuesta la vida a 400 malienses.


Epílogo

Una leyenda talmúdica afirma que este mundo, tan injusto y cruel, seguirá manteniéndose en pie mientras existan al menos 20 hombres justos. Yo he descubierto una mujer, una superheroina sin mallas ajustadas, creo, ni capa que mantiene una actitud permanente de bondad inteligente –caso de que eso no sea un redundancia-, y en cualquier caso, leyendas al margen, sé positivamente que si hubiera muchas más como ella este mundo sería mejor.

Nota: ando preocupado con ciertos síntomas neurológicos que parecen adscribibles al conocido Síndrome de Tourette, suelto sonidos vocales (fónicos) involuntarios y repetidos, pero extrañamente eufónicos: “¡Trillo al trullo!!!” No puedo parar, se me escapa continuamente en los momentos más inoportunos y en los oportunos.

12 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Uno no sabe si agradecerle a gente como Nuria que haga lo que tantos otros no hacemos y que nos represente, por delegación tácita, en el mínimo de decencia que necesita este mundo para no irse del todo al carajo; o si reprocharle, por el contrario que nos impida la cómoda ignorancia exculpatoria, describa con tanta lucidez nuestro insoslayable papel de cómplices y beneficiarios de la injusticia y nos deje tan con el culo al aire.

Lansky dijo...

Agradece, agradece, porque lo segundo, que nos deje con el culo al aire, es condición de lo primero, hacer lo que hay que hacer.

V. dijo...

Obviamente agradezco, la duda era retórica. Pero que haya gente que haga cosas, y las haga bien, siempre nos deja peor, por contraste, a los que no hacemos nada. Hay que asumirlo humildemente, admirar, aprender y agradecer. Y, en la medida en que seamos capaces, cooperar, claro.

Mita dijo...

Sí, es una buena ídola.
Besos

Lansky dijo...

¿"ídola?" ¿para adorala?, pero si yo soy un iconoclasta.

V. de retóricos íbamos ambos, claro.

Vanbrugh dijo...

Yo no soy iconoclasta, Mita, pero sí monoteista. Tampoco me gustan los ídolos. Dejémosla en un buen ejemplo, que seguro que también ella lo prefiere.

Mita dijo...

Es que yo tenía ganas de decir "la ídola".
Algún capricho me tengo que dar hoy, que tengo una pila exámenes que no me deja ni ver la pantalla...

Vanbrugh dijo...

Ah, bueno, si es por eso no te prives. Ídola, ídola, ídola.

Esto va a ser cosa, también, del síndrome de Tourette, como lo que dice Lansky que le pasa con el memo de Trillo. Que os está afectando mal la crisis...

Lansky dijo...

Los ídolos no tienen nada malo, Brancusi y Picasso plagiaban los africanos, salvo los que tiene los pies de barro en lugar de una buena peana de marmol. Pero mi "Trillo al trullo" es muy bueno, no puedo quitármelo d ela boca...

Cigarra dijo...

Lo de Trillo al Trullo me ha hecho soltar la risa de un modo totalmente inadecuado a la seriedad del post. Que es estupendo, y que efectivamente, le deja a uno con el culo del alma al aire. Tomo nota del nombre de esa "idola" que merece que la consideremos tal, aunque seamos monoteistas (algunos)

Nuria Molina dijo...

Impresionada, Lansky, por tu prosa, por tu blog magnifico, y porqué granito a granito todos cambiamos el mundo. Y personas como vosotros, con vuestras palabras y vuestra fe (sea monoteísta, iconoclasta o secular), también - aunque a veces nos sintamos impotentes y desarmados (en el sentido metafórico de la palabra). Ni heroína ni ídolo. Simplemente una ciudadana muy normal y corriente que tiene alergia a la injusticia, y que no puede evitar pensar en la suerte que tuvo al nacer en el sitio y lugar adecuado – una verdadera lotería - en vez de nacer mujer en una aldea rural de algún sitio remoto de África (seguramente ya habría muerto en un parto, o en una gripe fútil). En fin, muchas gracias por vuestras palabras. A veces una piensa ¿y porqué continuo en esto, si total, para qué? ¿Si a la mayoría de mis conciudadanos no les importa un pimiento? Pues vosotros, en cierta manera, me habéis dado una lección y una respuesta. Porqué sigue habiendo gente a la que sí le importa un pimiento - gente que cree en el cambio y en la justicia. Porqué seguramente alguien que escribe un comentario en un blog remoto, una noche cualquiera, mientras preparo la cena o escribo un artículo, aprecia este trabajo. Y, sí, también por miedo y cierto egoísmo. Porqué si en la próxima vida (en caso que Platón acertara con la teoría de la transmutación de las almas) me toca nacer en una aldea remota del África rural, seguramente agradeceré que alguien recuerde a los que cortan el pastel que no se olviden de que todos tenemos derecho a un trozo. Gracias Lansky. Siempre he pensado que la reciprocidad es uno de los valores más bonitos. Hoy tú también eres mi héroe personal.

Lansky dijo...

De nada, Nuria. Es un placer, y aunque sea un "blog remoto", y a mí me guste lo remoto, lo visitan ya más de 60.000 personas.

Un abrazo