TABLÓN DE ANUNCIOS

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1)“Los optimistas escriben mal

Arno Schmidt

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2) El peor asesinato es el político, porque a la premeditación y alevosía de todo terrorismo se añade que implica creer que determinada causa está por encima de la condición humana

El cuñado de Lansky

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3) Quizás el elevado número de altos cargos electos y no electos en todas las administraciones tiene que ver con un programa de integración laboral de deficientes mentales y yo no me había enterado

Lansky


4) O Europa exporta libertades y derechos occidentales o importa precariedades y esclavitudes chinas; es un problema de balanza comercial ética.

Lansky


01/04/2009

Ciencia y belleza: la inutilidad





Plutarco cuenta en sus ‘Vidas paralelas’ (en la vida de Marcelo, por si lo queréis buscar) que Arquímedes despreciaba las aplicaciones prácticas de sus descubrimientos, que no eran pocas; las más conocidas, la utilización de la energía solar con los famosos espejos ustorios para quemar las velas de los barcos romanos o el uso de la densidad de los elementos para descubrir las falsas aleaciones metálicas que se pretendían pasar por oro. Inestimable para generales y tesoreros reales, cuando le pedían que pusiera estas revelaciones por escrito fruncía el ceño, agitaba una mano con desdén y afirmaba que a él sólo le interesaban las cosas “bellas y sutiles”. Algo que quizás os recuerde, veintidós siglos después, el modo como se preciaba el matemático G-H. Hardy de trabajar en un arte abstracto sin aplicaciones prácticas (http://www.lansky-al-habla.com/2009/03/el-arco-iris-y-el-poema-la-ciencia.html)
Eso es muy revelador, porque el famoso Principio de Arquímedes que dictamina que los sólidos sumergidos en un líquido experimentan un empuje hacia arriba, etcétera, no es necesario para conseguir que los barcos floten -como las flores no necesitan conocer los entresijos de la polinización para efectuarla-, simplemente si uno se pregunta por qué flota un buque de acero ahí tenemos la explicación. Pero hay otra lección más interesante que ese olímpico desprecio compartido a lo largo de milenios a las actividades tipo Edison[1] para entendernos (o el Profesor Franz de Copenhague, en el género de coña). Me refiero a que la ciencia no puede existir –y esto no lo suelen comprender los gestores políticos- si existe de antemano un propósito rígido. La curiosidad no puede tener pautas ni expectativas pragmáticas. Eso es un hecho y por eso Edison no es relevante pese a todo; eso sí, Edison como todos los ‘inventores’ utilizaba con gran habilidad multitud de investigaciones, experimentos y divagaciones que científicos puros mejores que él habían ido revelando en su momento por el simple afán puro de conocer.

Permitidme que hable de mí. Yo he tenido una carrera científica tan breve como precaria. La razón, creo, es que tenía varios defectos graves para dedicarme a esa dura actividad investigadora. No me refiero a una vida amorosa intensa y caótica (Einstein la tuvo, era un auténtico ‘picha brava’, y Voltaire, feo e ingenioso, era un ligón legendario), ni mi así mismo legendaria vaguería (cuando me interesa algo puedo ser más stajanovista que el señor Ford, el de la producción en cadena de coches), sino a que, por un lado, no era un genio, pero por otro poseo el ‘talento’ de percibir la belleza en multitud de facetas, desde las caderas de una muchacha a la sonrisa de un niño o un paisaje o una ecuación matemática (y eso es un drama, porque trae aparejado el percibir la fealdad por doquier, como alguien con el olfato muy desarrollado detecta los malos olores a la vez que los perfumes delicados). Me interesaban demasiadas cosas. Por eso estoy en una buena situación para apenarme porque haya gentes que no comprendan la sutil armonía de las ecuaciones diofánticas o el cálculo infinitesimal, pero que haya otros que no detecten la de un poema de Cernuda. La belleza es para el sapo la piel verrucosa y los ojos saltones de la sapa, decía Voltaire, pero, al contrario que la tonta frase hecha sobre gustos hay mucho y muy interesante escrito, en realidad forma el 'corpus' de la Estética, y tan 'estética' puede ser una pintura abstracta como una bonita y elegante demostración geométrica del Teorema de Pitágoras (ya sabéis: adosando dos rectángulos a los catetos del triángulo)

El caso es que las especificaciones rígidas, el dictado del mercado entorpecen la verdadera investigación científica. El momento presente en el que los biólogos moleculares, y en especial los genetistas, dejaron de publicar sus hallazgos para patentarlos ha generado una quiebra grave, no sólo en las altruistas reglas de difusión contraste de la ciencia, sino en la propia esencia de los propósitos, que les ha aproximado más a los mercachifles, aunque sean geniales a su modo, como Edison y no a los genios como Einstein.

La ciencia crece a través de hacerse buenas preguntas, responderlas con conjeturas audaces, o severas e implacables refutaciones, pero, sobre todo sin saber nunca del todo bien a donde iremos a parar. Como un compositor ante la génesis de una sinfonía o un pintor ante un cuadro: saben vagamente lo que buscan, lo que quieren hacer más o menos –o lo que no quieren hacer-, cuentan con la pericia técnica para intentarlo, pero, insisto, no saben exactamente a donde van a llegar. Igual el verdadero científico. Démosle la vuelta al asunto: el que no podamos planear la investigación pura salvo hasta cierto plano o punto general ni intuir las aplicaciones que terminarán surgiendo no es una desgracia, sino la indispensable garantía de libertad que hace grande a la ciencia. La investigación de base es esencial y la historia ha demostrado reiteradamente que las utilidades prácticas que en principio ni se intuyen terminan abriendo ventanas tecnológicas, siempre, a las futuras aplicaciones, que sólo hay que mirar al comienzo, como mucho, con el rabillo del ojo. El liderazgo tecnológico, ingenieril, es por su propia naturaleza efímero, ‘porque por su naturaleza es fácilmente imitable –véase los japoneses con la electrónica o la automoción-, el conocimiento fundamental, no. La libertad del teórico, como la tan cacareada del artista libérrimo es lo fundamental. Veremos si en otra entrega soy capaz de hablar de la belleza en la ciencia, esto sólo es un torpe comienzo.

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[1] Thomas Alva Edison (1847-1931), empresario e inventor, patentaba un ingenio cada 15 días en su época de más prolífica producción; industrias como la cinematografía, la electricidad doméstica (la ‘bombilla’ o lámpara de filamento), el fonógrafo o el sistema telefónico viable se deben a él y perfilaron el mundo tecnológico en el que hoy vivimos. Para las gentes sencillas sería pues el prototipo de ‘el científico’, pero para los científicos precisamente no

13 comentarios:

Mita dijo...

Tengo un problema con la Ciencia.
No siento curiosidad, recuerdo cuando empezaba a leer los problemas de física con aquello de 2 depósitos de agua y tal, se me hacía una abstracción inconcebible. Y más misterioso todavía: Si un tren sale de Barcelona a las ... y otro sale de Zaragoza a las... Mi primera imagen era: A que chocan!!

Miroslav Panciutti dijo...

Entiendo (y comparto) el concepto e belleza al que te refieres y del que derivas esa "oposición" entre ciencia y técnica o ingeniería. También comparto contigo una desbordante curiosidad, poco práctica y nada acotada. No creo, sin embargo, que sea esta característica el impedimento fundamental para ser un científico "relevante"; pienso que, como también apuntas, es la insuficiencia de genialidad. Desde luego disto mucho, muchísimo, de tener la capacidad intelectual de cualquiera de los genios que durante el siglo pasado construyeron, por ejemplo, las bellísimas teorías de la física post-newtoniana. Es más, si además sumo mi limitada formación, resulta que ni siquiera soy capaz más que de intuir la belleza que suponen, sin llegar a aprehenderla suficientemente. Justamente, siguiendo tu recomendación llevo un par de días leyendo El Universo Elegante, entre sensaciones de admiración y desasosiego; ya escribiré sobre ellas un día de estos.

PS: En otro plano más prosaico, me ha encantado (y activado algunos recuerdos olvidados) la ilustración del TBO. Habrá que reivindicar al profesor Franz frente a Edison.

Lansky dijo...

Pues sinceramente lo siento por tí, Mita, no sabes lo que te pierdes, es como si alguien te dijera 'esto de los versos (o la música de Bach) no va conmigo'

La obsesión es la cualidad del cientíco, y no se puede estar obsesionado con todo, Miroslav (¿Qué pasa con tu investigación mexicana de las trojes?)

Miroslav Panciutti dijo...

En cuanto a los trojes, he de confesarte que me olvidé completamente de ellos durante mi breve estancia mexicana. Otra prueba más de mi ineptitud científica.

Mita dijo...

Pues sí.

V. Stlánik dijo...

Creo que puedo intuir esa belleza de la que hablas, porque mantengo una actitud bastante romántica (entiéndeme) acerca de la Belleza como continuidad que presenta (y sostiene) manifestaciones discretas que la representan metonímicamente. Pero, como decías en un post anterior, la ciencia exige cierto sacedorcio para practicarla, y bastante formación -además de determinadas capacidades- para simplemente poder seguir su evolución. De manera que, lamentablemente, no puedo más que mantenerme fuera del jardín.

Pero eso no obsta para que suscriba tu reivindicación de la pureza de la inquisición científica frente al empuje de la instrumentalización práctica, es decir, la sustitución de la especulación por la técnica.
Porque, además, sin lo primero, lo segundo está condenado a agotarse o estancarse en la simple reproducción. Curiosamente el progreso material no puede existir sin la actividad gratuita del especulador.
Salvando las distancias de rigor, eso puede trasladarse a otros escenarios del arte. ¿Qué sería de esos ingeniosos creativos publicitarios sin el arsenal seductor que ha ido acumulando a lo largo de los siglos la Retórica, gracias a los poetas?

De todas formas, el dinero, que no siempre es tan obtuso, también se da cuenta de esto. Tenemos un amigo Keternen y yo, físico teórico, doctor en neutrinos y cosas de ese jaez, al que fichó primero Caja Madrid, y luego fue raptado por el Banco de Santander a golpe de talonario. Su cometido: ponerse a divagar tranquilamente sobre modelos predictivos (o algo así). Él no piensa ni toca la pasta, pero estoy seguro de que con sus chispazos ha hecho buen botín el idem.

rocio prima dijo...

Recomiendo la lectura de dos articulos de Ioannidis en Plos Medicine, una revista abierta que todos pueden consultar: Most published research findings are false y why current publication practices may distort science. Es una critica a los derroteros que sigue la ciencia actual magnifica. En el fondo, lo que pasa es que en el momento en que el dinero se ha metido por medio la ciencia se esta yendo al carajo.

Lansky dijo...

V. Stlanik:

Anticipas agudamente la segunda y terceras partes de estas entregas de ciencia y belleza, pero van por ahí, por donde señalas (recomiendo darse una vuelta por el blog desplazamientosinorbita, donde este y Keternen han montado un buen pollo con la polémica de los microrelatos).No me extraña nada la de vuestro amigo físico cuántico, e igual y a la inversa el MIT y el Caltech (Institutos tecnológicos de masachussets y california) contratan filósofos puros para sus lineas de trabajo

Rocío:

El dinero, como bien sabes, siempre ha estado intrincadamente mezclado con la ciencia, como con el arte, y por el mismo sistema, el mecenazgo, lo que pasa es que es mejor mecenas el Medici de Galileo que la Industria farmaceutica y la genómica.

P. Keternen dijo...

Se me ha adelantado V. Stlánik en el apunte. Mientras leía tu certero post, Lansky (Víctor endurece cada día sus bíceps y deltoides, olvídate de no publicar la continuación), recordaba el ejemplo de este amigo común al que se refería mi compañero. Es el claro ejemplo de lo que ocurre con la investigación en este país y, al mismo tiempo, representa de forma ilustre a ese banquero anarquista que propuso Pessoa.
Comparto contigo esa idea de belleza científica (Einstein decía que cuando quería saber algo nuevo de ciencia recurría a Dostoievski y aprendía más que con Gauss), aunque sospecho también que una idea demasiado débil de la globalización del conocimiento, del humanismo de wikipedia para entendernos, da pábulo a esos nocilleros que hablan de física cuántica como de libros sienta cátedra un vendedor del círculo de lectores. En ese sentido, los científicos son, quizás con razón, más corporativistas que los artistas; no les importa exportar pero saben diferenciar en lo que importan lo que concierne a su necesaria formación integral y lo que atañe a su labor.
Ánimo con la continuación.
Nota: me permito añadir un link a uno de esos inteligentes e inquietantes artículos-cuentos-ensayos (y alguno dirá que microrrelatos) de Juan Eduardo Zúñiga sobre la función social del intelectual. Creo que viene muy al pelo; el protagonista es Arquímedes.

Lansky dijo...

P.Keternen, gracias, pero ¿dónde está el link de Zuñiga que prometes? mis deltoides están algo flacidos, pero en cambio, mi Beretta está perfectamente aceitada y cargada.

P. Keternen dijo...

Qué fallo.
Aquí va:
http://www.elpais.com/articulo/semana/Arquimedes/intelectual/comprometido/elpepuculbab/20040710elpbabese_7/Tes

Mita dijo...

Gracias por el enlace, es entretenido el fragmento.

P. Keternen dijo...

No hay razón para darlas, Mita.