06/04/2009

¡Esos ingleses...!


Para Vanbrugh, anglófilo irredento


Leyendo las memorias de Churchill sobre la Segunda Guerra Mundial no puedo sino ratificarme en mi admiración por esos estrafalarios seres que son los británicos, unos estupendos hijos de puta, como el mismo Churchill (Mi madre no es puta. Ya, pero es metáfora, etc.). Una anécdota que sitúa este tendencioso y magnífico libro en la línea de la Richmall Crompton de Guillermo o el Wodehouse de Bertie es la siguiente. Parece ser que los desactivadores de bombas retardadas eran según Churchill los más arriesgados y ‘funestos’ (sic) de todos los resistentes isleños; yo y mis escalofríos comparten esa impresión. Habla a continuación de los equipos de desactivación entre civiles que se formaron en la isla, oigamos:

“Recuerdo uno de ellos que bien puede tomarse como ejemplo de muchos otros. Estaba formado por tres personas: el conde de Suffolk, su joven secretaria privada y su anciano chofer y ayuda de cámara. Se llamaban a sí mismos ‘la santísima trinidad’. Todo el mundo conocía su habilidad, demostrada por el hecho de que siguieran vivos. Se enfrentaron a treinta y cuatro bombas con cortés y sonriente eficacia, pero la número treinta y cinco les costó la vida e hizo volar por los aires al conde de Suffolk con su santísima trinidad y su Rolls.”

Me imagino la escena, aún más: mi imaginación se desboca: “Pásame los alicates pequeños, Jeeves, están junto a los sándwiches de pepino”. “Aquí tiene, milord, me parece que el cable azul está un poco pelado, tenga cuidado el Señor”

¿Cómo no iban a perder la guerra, pese a su poderío, los nazis contra estos tipos que practicaban la lógica difusa y la buena educación? La flema británica contra simples explosivos retardados: no hay color.
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Nota:
La foto no es del Londres bombardeado en la Batalla de Inglaterra de 1940, sino de Madrid (la calle Preciados) de 1937, pero los que bombardeaban eran prácticamente los mismos; sin embargo, aquí no teníamos Lores o Condes desactivadores de bombas, sino que más bien las ponían o incitaban a ponerlas.

6 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Fantástico, ¿cómo no ser anglófilo ante semajante historia? Creo que tipos genialmente excéntricos los producen todas las culturas, en mayor o menor cantidad. Lo característico británico son algunos rasgos especialmente atractivos de los suyos: la inalterable buena educación, el haber convertido la excentricidad en una posibilidad más del catálogo, en vez de considerarla una excepción, la frecuencia con la que, como en este caso, los excéntricos presentan una clara utilidad social y la apacible imperturbabilidad con que los considera y los respeta el resto de la gente. Si no fuera por ese clima cochambroso, me iría a vivir a aquel país, aunque me temo que se están desinsularizando bastante deprisa. Y no hay que olvidar que, desgraciadamente, el hooligan es también un tipo genuinamente inglés...

Anónimo dijo...

Tienes toda la razón: el asqueroso clima -que produce, eso sí, prados muy hermosos, al revés que aquí-, la mediocre gastronomía (no así la bebida) y el inglés bestia son disuasorios. Por eso, -lo tengo dicho- los mejores, más extravagantes y geniales de ellos huyen de sus islas: Brenan, Durrell (Lawrence y Gerald), Graves, y antes Byron T.E. y D.H. Lawrence...

Lansky

Miroslav Panciutti dijo...

Churchill era uno de esos estupendos hijos de puta necesarios para reafirmar el carácter de todo un pueblo. Podemos estar de acuerdo en que era necesario que fuera británico, pero creo que más necesaria era su propia existencia para la continuidad del carácter inglés. Viene a ser uno de esos personajes que van apareciendo cada cierto tiempo para garantizar la continuidad de lo inglés. Pienso que, en los momentos terribles de la 2ª Guerra, Churchill fue el que hizo a los ingleses ser profundamente conscientes de su anglicidad, y esa fe que les imbuyó conformó el ingrediente fundamental de su invencibilidad. Creo recordar que dejó claro que Hitler tendría que destruir Inglaterra para ganar la guerra y, con tal radical toma de postura, no dejó a sus compatriotas más que una salida.

Lansky dijo...

Sí, lo comenta en sus memorias de la guerra en varias ocasiones. En cualquier caso, qué diferencia en esa pareja tan bien avenida conservador-socialista de Churchill-Rooseveltt frente a la mediocre Blair-Bush

Cigarra dijo...

Yo siempre he opinado que la auténtica buena educación consiste en hacer notar al otro que nos hemos dado cuenta de que existe y que nos importa que se sienta bien. Lo de los ingleses es otra cosa. Lo suyo son mas bien unas buenas formas externas impecables que pueden simultanearse con un desprecio infinito por la persona que tienen delante y una habilidad extraordinaria para hacerla sentirse un microbio o joderle vivo. Sin perder los modales. Evidentemente, unos hijos de puta admirables. Yo también los adoro, sobre todo, porque consiguen hacer todo eso con mucho sentido del humor.
Y por una especie de dureza o resistencia interior (resiliencia, creo que le llaman ahora) que hemos visto en mil protagonistas abocados a la muerte, o al fracaso o a la destrucción, y que, sin embargo siguen comportandose como si aquello tuviera arreglo. Y a veces consiguen que lo tenga. Eso también me gusta en ellos.

Lansky dijo...

Creo que te equivocas Cigarra. Precisamente los buenos modales son el mejorsustituto ante la ausencia d elos buenos sentimientos. El prcepto cristiano de amaos los unos a los otros, por el de respetaos, al menos en apariencia. Y te aseguro que la cortesía no es suprerflua y hace más fácil la vida de los demás. El caso opuesto -permíteme la exageración dolosa- es el de los maltratadores: hostían a las mujeres con las que comparten su vida: las aman (yo lo creo: las aman mal), pero no las respetan, o sea, no tienen modales.

Con la segunda parte de tu comentario estoy de acuerdo, pero en lugar de resiliencia (término de física y ecología) yo prefiero llamarle "temple", porque soy un antiguo