
Mantengo de adulto muchos de los gustos que adquirí en la ya lejana infancia, aunque modificados para bien, espero. Por ejemplo, de mi agraz y cinegética vesania infantil me queda el gusto por la búsqueda, persecución o rececho y finalmente avistamiento de criaturas silvestres. Las tetas, igualmente, me siguen gustando al menos tanto como en mi lactancia sólo que ahora por los motivos realmente auténticos. He mejorado mucho en mis gustos gastronómicos y en mis hábitos de bebidas, ya no pruebo la ‘fanta’, que ahora me da un poco de asco, pero no rechazo una limonada casera. Etcétera, etcétera. En mi así mismo ya lejana juventud me aficioné a la Ciencia Ficción, y ahí también he evolucionado: de Verne, pongamos por excelso caso, y el Edgar Rice Burroughs, el mismo de Tarzán, de Una princesa de Marte, a Bradbury o Ballard, que se nos acaba de morir, hay que joderse, casi a la vez que Corín Tellado, a la que no leía pero que me caía muy bien, una señora independiente y muy suya que hizo por la educación de las masas desfavorecidas más que cualquier Ministerio de Instrucción Pública. La Ciencia Ficción me gusta por lo que tiene de ficción, esto es, de literatura, en primer lugar, pero no desdeño, aunque no sea para mí lo más relevante, lo que tiene de ciencia, es decir, de argumentario científico más o menos bien llevado. Se aprende mucho leyendo “noveluchas”, sea como hay que recelar de los tíos que te llevan flores sin venir a cuento (A cuento de Corín Tellado) o de las colonizaciones de planetas en otras galaxias, pongamos por fascinante caso.
De forma general, sólo hay dos estrategias para colonizar otros mundos, aunque estos se llamen América en el siglo XVI. Ambos sistemas se describen en muchas novelas de SF: podemos alterar nuestros cuerpos para adaptarnos al planeta en cuestión, que es al fin y al cabo lo que hicimos en este por medio de la evolución biológica; o podemos adaptar el planeta a nuestras necesidades, que es lo que hemos venido haciendo también en este nuestro desde que nuestra capacidad tecnológica de Homo nos lo permitió. Nada nuevo bajo el Sol, aunque se Sol sea un sistema binario con dos estrellas gemelas. A lo primero se le llama en plan chulo erudito “pantropía” y a lo segundo, con menos griego, “terraformación”. Hablemos de esta última que es la que venimos entrenándonos en los últimos cientos de miles de años.
La terraformación no es nada nueva en la SF. Tenemos, por ejemplo, al insigne Olaf Stapledon, hoy ignominiosamente olvidado salvo por los fanáticos del género, y su novela ‘La primera y la última humanidad’ (‘Last and First Men’, me gusta más su título original, de 1930). Stapledon no se fue muy lejos: a Venus, y detectó tres problemas: demasiado calor (correcto), sin oxígeno libre atmosférico (correcto) y cubierto casi por completo pos las aguas (falso, al menos en parte). Pero era esencial la falsedad (dos de tres aciertos) porque el autor proponía descomponer alguno de los océanos del planeta vecino en hidrógeno y oxígenos mediante un gigantesco proceso de electrolisis (nuevamente correcto), luego el oxígeno sería mezclado en la atmósfera venusina.
Es una pena que el método Stapledon sea realmente inaplicable no sólo por el pequeño detalle de la ausencia de mares en Venus. Pero, ojito: la idea de alterar la atmósfera es buena; es lo que venimos haciendo en nuestro propio planeta, así que práctica tenemos, y además nuestra atmósfera, antes y después de la aparición del hombre, siempre ha estado cambiando; a veces radicalmente. En cambio la elección de Venus, o Marte, está muy bien, porque son planetas cercanos con gravedades no muy distintas de la nuestra. Otras posibilidades ya las vieron los predecesores, como la Luna o las lunas de Júpiter, algo más a trasmano, pero aún dentro de nuestro exclusiva barriada del Universo, el Sistema Solar. Así que la terraformación de Ganímedes es el tema tanto de ‘The Snows of Ganymede’ de Poul Anderson (otro escritor fascinante), como la más mediocre Júpiter Project de Gregory Benford y la más popular colonia fronteriza de toda la Ciencia Ficción que es ‘Farmer in the Sky’ del gran Robert Heinlein. Sí, Ganímedes gusta mucho, yo creo que hasta a la NASA.
De hecho, la Tierra no siempre ha sido habitable para nosotros, sino más bien un planeta francamente asqueroso. Si alguien sensato pasó por aquí con sus naves antes de que las bacterías y algas fotosintéticas hicieran su trabajo, es decir, soltar ingentemente a la atmósfera un producto de su excreción altamente tóxico por ser un peligroso y enérgico oxidante, llamado oxígeno, seguro que pasaron de largo. La existencia de la atmósfera actual no sólo permite la vida a animales de metabolismo activo que consume oxígeno, sino que provoca el conocido efecto invernadero; en principio absolutamente benéfico pues eleva la temperatura media de la superficie del planeta unos 15 o 17º C. que permite que el agua esté en los tres estados, sólida, líquida y gaseosa, y que esa temperatura no sea excesivamente fría.
El genial astrónomo Carl Sagan, uno de los mejores divulgadores de la ciencia del siglo pasado, sugirió ‘terraformar’ Venus sembrando su atmósfera –la única que contiene agua en el planeta en forma de vapor de ídem- con cohetes cargados de algas clorofíceas, que liberarían oxígeno en forma de dióxido de carbono, pues además las algas son extraordinariamente más resistentes que otros organismos más complejos (las hay que viven en manantiales termales con temperaturas próximas a la ebullición). Venus se iría enfriando en la proporción que disminuyera el efecto invernadero y a la vez iría lloviendo formando lagos en los llanos venusianos.
Marte es una posibilidad más difícil de terraformar. En principio no sería posible la sugerencia de Sagan de alterar la atmósfera por la sencilla razón de que es muy escasa y se debe a una gravedad superficial de menos de la mitad de la terrícola. Así que en Marte habría que comenzar calentándolo desde su temperatura media anual de -40ºC. Esto se puede conseguir en parte sembrándolo con polvo oscuro procedente de sus propios satélites, por ejemplo, evitando el excesivo ‘albedo’ o reflexión de su superficie. Tremendos espejos en órbita marciana podrían reflejar más luz solar sobre sus casquetes polares de dióxido de carbono helado o sobre la posible agua bajo su superficie también helada (permafrost, como en la tundra). Y llevar agua, claro en forma de enormes icebergs desde la Tierra.
Si hemos incrementado muchísimo la cantidad de dióxido de carbono en nuestro propio planeta en algunas décadas y con medios rudimentarios que no se podrá hacer si ese es nuestro propósito con los medios actuales.
Y no me extiendo más, simplemente señalar que si pilláis a vuestros hijos leyendo una novela de Ciencia Ficción en lugar de estudiando o haciendo los deberes tampoco es para alarmarse. Probablemente esté aprendiendo más que con ese profe de Ciencias Naturales que las explica tan mal.
No obstante, me anticipo a alguna crítica. Lo que tienen de buena la SF es lo que tiene de ficción, no de ciencia. Por cierto, acaba de morir Ballard, extraordinario escritor inglés encasillado en el género que nunca necesitó viajar a otros planetas para describir mundos extraños; le bastaba con suburbios, zonas comerciales, nudos de autopistas o piscinas vacías.
8 comentarios:
La verdad es que he leído poca ciencia ficción, y no porque no me guste, sino por falta de información. Leí hace muuuchos años el Fahrenheit de Bradbury, pero aquello era más un trámite sociológico-litúrgico -leerlo, digo, no el libro- que una verdadera lectura de ficción. Me gustó, no obstante, pero no conozco nada más de Bradbury. Leí a Asimov, muchos relatos cortos, alguna novela y la serie Fundación, también hace muchísimo. Las recuerdo poco y no me parece que merezcan relectura. Siempre fue mejor como divulgador que como novelista. Y he leído a Ballard, que me parece fantástico, pero, al menos lo que ha caído en mis manos, encaja muy difícilmente en la categoría de CF. Socioficción, más bien: revueltas anarquizantes de la clase media recluída en los clasistas guetos británicos. Ah, y también, por recomendación tuya, leí al tocayo de tu heterónimo marciano, Stanis Lem. Pero leí su autobiografía, poco cienciafingidora. Y las más metafísicas que científicas ficciones de Vonnegut... No sé por qué, quitando a Asimov, que no me parece gran cosa, tengo la impresión de que todas mis incursiones en el género han sido tangenciales, un poco ladeadas... ninguna ciencia ficción pura. ¿Existe, o todos la usan como pretexto para otra clase de lucubraciones?
La buena ciencia ficción es la que mencionas, la aparentemente marginal, Bradbury, Voneguth, Lem, Ballard, los que hablan del presente usando el futuro (o no, como Ballard) de pretexto. Y estoy de acuerdo contigo que Asimov está sobrevalorado, excepto "Estoy en Puerto Marte con Hilda" que es estupenda; era demasiado prolífico. De los grandes, para mí, te has olvidado del 'Charly Parker de la SF', Phillip K. Dick, elde Blade Runner, aunque el título original es mejor: 'Acaso los androides sueñan con ovejas eléctricas?' Y luego están los científicos puros que 'incursionaron' con acierto en el género, como el astrofisico fred Hoyle (el de los agujeros negros y el Big Bang) o el biomatemático Haldane.
Recuerdo ahora que leí hace años y he releído hace un par de semanas, gracias a un encantador corresponsal internético cuyo blog frecuento, http://ylacamasinhacer.blogspot.com/, que me la mandó en pdf al enterearse por un comentario casual de que me interesaba, una novela ignota, que probablemente haya que considerar literatura menor, si existe tal cosa, pero que a mí me gustó entonces y ha vuelto a gustarme ahora: Cántico a San Leibowitz, de Walter M. Miller. Del que no sé absolutamente nada más. Ciencia ficción, también, o al menos especulaciones sobre el futuro de la Humanidad.
(Por cierto, David, el autor del blog en cuestión es, además, un estupendo fotógrafo. Creo que desde su blog hay un enlace para ver sus fotos. Merece la pena.)
Y no es que me haya olvidado de esos grandes que citas, es que no los he leído, ni los conozco, mea culpa. Veré si hay algo en mi Biblioteca y rellenaré lagunas, un día de estos.
Leí Cántico a San leibowitz hace mucho tiempo y me gustó mucho. Pasaré por el blog de David
Diría casi lo mismo que Vanvrugh en cuanto a mis lecturas de este género. La verdad es que, como tal, nunca me ha llamado demasiado la atención hasta hace poco tiempo en que por diversos lados me han ido picando la curiosidad. Uno de esos lados este blog tuyo; pero también, por ejemplo, un libro bastante interesante (Descenso literario a los infiernos demográficos) en el que el autor repasa las noveleas distópicas (sobre todo centradas en futuros catastróficos por excesos de población) y, entre ellas, varias que encajan perfectamente en el género de la SF. En fin, que me ha picado la curiosidad pero sigo falto de tiempo.
El Cántico a San Leibowitz me gustó tanto hace años que la he releido no hace mucho y no me ha decepcionado, que es más de lo que se puede decir de muchos libros al releerlos. Pero tiene una segunda parte muy mala, que no está a su altura ni de lejos.
También me gustó "El juego de Ender" de Orson Scott Card. Y también me resultó bastante peor la continuación, "La voz de los muertos". Luego está la famosisima serie de "Dune" de Frank Hebert, cuya primera entrega me gustó, y de nuevo no pude pasar de la segunda. Por cierto que cuando estuve en París tuve ocasión de ver la película que nizo David Lynch, y fue toda una experiencia, ver la versión abreviada (8 horas de película recortadas a dos horas y cuarto) hablada en inglés, con subtítulos en francés. Desde luego, si no hubiera leido el libro no hubiera entendido ni jota, pero sin embargo, me gustó. Las escenas del protagonista cabalgando los gigantescos gusanos de la arena que devoraban todo lo que pillaban, eran preciosas.
Estoy de acuerdo en que Asimov abarca demasiado y no puede apretar, pero los libros de relatos son buenos, no sólo el de PuertoMarte, sino también "Yo, Robot" o "Compre Júpiter".
En fin, que nunca lo hubiera pensado pero me habéis hecho darme cuenta de que si, de que me gusta la ciencia ficción. ¡Y yo que me tenía por una romántica!
Sí, tienes razón Cigarra, hay otros cuentos de Asimov buenos, pero al igual que con sus novelas escribio demasiados y no todos lo son, la recopilación que señalaba creo que es la mejor, pero así, a vuelapluma, me obligas a dar mi 'ranking' (sin orden) de lo mejor del género para mí:
-Crónicas marciana de ray Bradbury
-Universo de locos de Frederic Brown
-El hombre en el castillo de O. K. Dick
-Neuromante de William Gibson
-La mano izquierda en la oscuridad de Ursula L. guin
-Cántico por Leiwonitz de Miller
-Pórtico de Frederick Pohl
-Más que humano de Teodore Sturgeon
-Solaris de Stanislaw Lem
-Las sirenas de Titán de Kurt Voneguth
y mi favorita y casi ignota:
-Empotrados de Ian Gibson
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