07/04/2009

Llamadme Lansky y leed Moby Dick

Rockwell Kent
Para Angelito que me presentó un 'capitán Ahab' sevillano con el que casi naufrago a la altura de las costas de Mauritania mientras él se quedaba en tierra, leyendo a Melville, supongo.

Estoy iniciando mi tercera lectura de Moby Dick de Herman Melville. En principio, cada vez que me tropiezo con una nueva traducción en castellano –de momento, mi favorita sigue siendo la del poeta y ‘anglólogo’ José María Valverde para la extinta Bruguera- vuelvo a leerla, cotejándola con mi ajado ejemplar de la versión inglesa original de Pengüin. Esta de ahora es de Maylee Yábar-Dávila y me está gustando mucho. Casi está suplantando a la citada del malogrado profesor Valverde y a la exquisita de la editorial Debate, con digna traducción de Enrique Pezotti, de hace unos años, aunque esta última sobre todo, porque lleva las ilustraciones originales de la canónica yanqui del también neoyorquino Rockwell Kent (1882-1971). Este último fue, además de espléndido pintor, grabador y dibujante, arquitecto, escritor y cronista de viajes. Muchos de los espléndidos dibujos de la edición de Moby Dick se formaron a partir de su estancia en la isla Dawson, en la Patagonia chilena, con su barco ‘Sara’ en 1911. Es el pintor moderno que más me recuerda a mi adorado William Blake,. Sufrió el mcarthismo y militó en la extrema izquierda norteamericana. Sus murales sobre las clases trabajadoras americanas son, a mi juicio, lo peor de su obra y aún así me gustan más que los del grandilocuente y realista sovietista, el mexicano Ribera.

En cualquier caso, tras la Etimología supuestamente proporcionada por un difunto auxiliar tísico de una escuela primaria, “raído de traje, corazón, cuerpo y cerebro” (pero que yo creo atribuible a un tal Melville, que murió en la ruina), que nos informa que ballena, 'the whale' en inglés y también en islandés, se llama ‘piki-Núi-Núi’ en fidjiano, que suena como el canto de un pájaro comedor de cocos, y de las famosas citas proporcionadas por un “sub-subbibliotecario” (que empecinadamente vuelvo a atribuir a un tal Mr Melville) y al que recomienda (se recomienda) tragarse las lágrimas y subir al mastelero del sobrejuanete (esto es, le manda al cielo sin matarlo; es decir, a tomar por culo) y de las cuales mi favorita es de Lord Bacon: “…el gran leviatán, que hace hervir los mares como un puchero”, se entra, tras encantadoras demoras, en la historia propiamente dicha: “Llamadme Ismael” Uno de los comienzos más famosos y prodigiosos de todas las novelas de todos los tiempos. Entonces, para mí, el tiempo en tierra firme se aleja, aparto una gavia remendada y me aposento cómodamente en el combés, me enfrento a las vastedades onduladas del océano, junto a compañeros tan rudos como sublimes, en pos del famoso monstruo del que clama venganza el terrible Ahab. “Llamadme Ismael…"

Para mí tengo que Moby Dick es el libro más grande y maravilloso que ha producido la literatura estadounidense de todos los tiempos. Y para mí también, este neoyorquino es en todo comparable a nuestro sublime Cervantes, incluyendo su escaso éxito en vida. A cierta distancia le seguiría el conjunto de narraciones cortas de Allan Poe, otro maldito, ya que ambos murieron en la miseria por el gran pecado de haberse adelantado demasiado a su tiempo y no tener la clarividencia de Stendhal de esperar a sus lectores en el futuro, lo que finalmente haríamos. Eso significa ser un clásico.

Lógicamente, Moby Dick ha propiciado como suele decirse ‘ríos de tinta’ de otros autores; prólogos oportunistas y rendidos homenajes, exposiciones de las dificultades de los traductores o alabanzas a la aventura oceánica o a la lucha entre el bien y el mal, interpretaciones psicológicas, morales, bíblicas y hasta oceanográficas, pero, para mí, quien mejor ha glosado este obra ha sido curiosamente un francés, Jean Giono (1895-1970), el autor de "El húsar en el tejado" y "El plantador de árboles" y uno de los autores más exquisitos de comienzos y mediados del siglo pasado. Giono fue el traductor de la novela de Melville al francés; le llevó tres años que él confiesa de duro pero placentero trabajo. Su editor, el legendario Gaston Gallimard, le pidió un prólogo de presentación del neoyorquino, poco conocido por ese entonces. El resultado final –con el ‘placet’ del editor: ‘escribe lo que quieras’- fue muy extenso y está disponible en forma de libro autónomo ("Homenaje a Melville"). Giono toma prestadas las palabras de Melville niño de una carta a su padre a los diez años: “Esta tarde de invierno, me han llevado hasta el final del espigón que más se adentra en el mar. Había olas gigantescas, más altas que montañas. Por todas partes, los mástiles de las naves golpeaban el agua como látigos.” Y añade Giono: “El corazón de un niño lírico contienen más mástiles batientes y más barcos de vela que todos los puertos del mundo juntos.” Giono, el mejor de los escritores rurales de Francia glosando al mejor de los escritores marineros yanquis.

Podemos completar el 'lote' del disfrute del novelón de la ballena con el libro de Giono, delicioso en sí mismo, con un bonito libro de ilustraciones de ese delicado pintor que fue su principal ilustrador, Rockwell Kent (no conozco ninguno en español, pero los libros de arte profusamente ilustrados se bastan a sí mismos en cualquier idioma) y con el DVD de la excelente película de Houston, con un torturado Gregory Peck, el prototipo de la 'hombría de bien', en uno de los pocos papeles de malo de su carrera, el capitán Ahab. No sé si sabéis que el guionista de la película, rodada en Irlanda, además del propio director fue Ray Bradbury, que adoraba la novela. Dejó sus desternillantes recuerdos del rodaje en otro librito maravilloso: “Verdes prados, ballena blanca”. Parece ser que igual que el rodaje de "La Reina de África” fue un pretexto para cazar un elefante (y lo cuenta Clint Eastwood en otra película excelente), el de Moby Dick tenía por objeto buscar una casa en su ancestral Irlanda, obsesionado como estaba Houston por los caballos y la caza del zorro.

Melville se embarcó joven, en mercantes y, en 1841, en el Acushnet, un ‘whaler’, esto es, un ballenero, de 359 toneladas de desplazamiento (no era pues exactamente una cáscara de nuez) rumbo al Pacífico Sur durante 15 meses, una duración habitual en ese tipo de viajes. Nada parece predecir que está alimentando su memoria para el libro que escribirá años más tarde. En cambio escribe prosaico: “no veo gran cosa, solamente agua en una considerable extensión”. Al comienzo de Moby Dick, cuando Ismael se presenta el Pequod para enrolarse, uno de los dos capitanes armadores, el capitán Peleg, al oír sus motivos –ver mundo- le hace caminar a proa a mirar a barlovento y le pregunta que ve:

“La perspectiva era ilimitada, pero excesivamente monótona e intimidatorio: no podía ver la menor variación”.

“Bueno, cuál es vuestra opinión –dijo Peleg cuando regresé-. ¿Qué habéis visto?”

–No demasiado –contesté-, nada más que agua; aunque un horizonte considerable, y creo que se prepara un aguacero.”

Melville respira verosimilitud para cualquiera que se haya embarcado en un velero durante más de una semana. Al volver a tierra, dice Giono, rememorará esas extensiones ilimitadas de agua salada y “escribirá ese libro-refugio donde todo el mundo pueda albergar su desesperación”. De regreso a EEUU, “con la cabeza llena de bálsamo” le dice a su amigo Nathaniel Hawthorne, que a la inversa que él fue siempre un autor de éxito: “Voy a ponerme a trabajar. Estos últimos días me acordé de una historia sobre una ballena. Estaba bajo el viento de la isla de Mocha, en Chile. La atacamos más de cien veces y más de cien veces salió victoriosa. Por su edad, o tal vez por una rareza de la naturaleza, era blanca como la nieve”.

Seguro que habéis visto montones de novedades en los suplementos y las revistas culturales y que en lo que va de año se habrá anunciado que se han escrito dos o tres obras maestras. Hacedme caso: olvidad las novedades, coged Moby Dick y leedla. Y jamás os enroléis en un barco de cuyo capitán no tengáis referencias. Llamadme Lansky.

9 comentarios:

harazem dijo...

Desde luego que te haré caso o más bien te imitaré. Lo releeré, aunque lo que llevo unos meses proponiéndome es releer Billy Budd, que recuerdo que me impresionó fuertemente. Uno de los textos más inquietantes de la historia de la literatura.

Aunque he estado intentando encontrar el texto no lo he conseguido. Creo recordar que fue un artículo de prensa y que probablemente se debió a la pluma de Javier Marías. Hablaba de que todos los traductores de Moby Dick al español comenzaban cometiendo un error traduciendo literalmente el Call me Ishmael sólo por llamadme Ismael, cuando lo correcto para captar todo el sentido que tiene la frase en el original inglés sería: Podéis tutearme: me llamo Ismael. Como en inglés la diferencia entre nuestro y usted se expresa mucho más sutilmente que español, el capitán para invitar a que se le apee el tratamiento respetuoso tiene que usar esa expresión. Porque si no lo indica habría que llamarlo Mister Ahab, lo que empañaría el aire de confidencia que el narrador pretende darle al relato.

Bueno, no sé si te resultará interesante, pero al menos tiene que ver con el tema. Y desde luego tienes razón, lo tendrías crudo si fueses tan mitómano como yo y pretendieses leer la novela en sus localizaciones originales.

Un saludo.

Lansky dijo...

Recuerdo el asunto que comentas, Harazem, a própósito del famoso "Llamadme Ismael", aunque no recordaba que lo plantease Marías, pero le pega. Estoy parcialmente de acuerdo; es decir,creo que sí, que el propósito es aumentar la confianzacon el tuteo, pero creo igualmente que en castellano, sobre todo en los párrafos siguientes, eso queda tan claro como en inglés con la traducción habitual. Ismael es un marinero d emercantes, despreciable para un arponero de ballenero, y su intención no es que le apeen el tratamiento aél, sino que sus lectores sepan que pueden tutearle: se dirige al lector.

Billy Budd es maravilloso, pero 'menor', aunque sólo sea por su extensión, a M.Dick.

te sorprenderá saber que soy mitómano y mi segunda lectura de Moby Dick la hice a borde de un velero que consiguió doblar a la inversa (de oeste a este) el Cabo de Hornos; desde entonces tengo derecho a llevar un aro en la oreja izquierda.

Cigarra dijo...

Nunca se me ocurrirá llamarte de otro modo que no sea Lansky, aunque he conocido un usurpador que gasta tu cara y dice llamarse de otra manera.Pero yo soy fiel a mis principios. Descuida.
Y tendré que seguir el consejo literario, porque hasta ahora no me ha ido mal siguiendo los anteriores. (no todos, claro, no daría abasto con todo lo que propones)

harazem dijo...

Vaya, parece que me lié tremendamente con el argumento, los personajes y los tratamientos. Por hablar tan a la ligera y tan de memoria. Razón de más para volver a leerlo. Lo adelantaré al Billy Bud como penitencia.

Un abrazo

Lansky dijo...

Te impones penitencias muy llevaderas. Soy partidario.

Anónimo dijo...

Que conste que te avisé, Angel

Lansky dijo...

Sí, dijiste lo mismo que otro personaje de Melville: "Preferiría no hacerlo"

Anónimo dijo...

Grande , grande " Moby Dick", tengo por casa la edicion de Destino que mencionas y aunque la traduccion de Pezzoni no esta mal lei hace no muchos meses la edicion de Anaya que creo que es la otra que citas y desde luego me parece que esta ultima funciona mucho mejor. Siempre es un placer leer a Melville, sobre todo en estos tiempos de literatura barata y vacia. Una obra maestra que merece una lectura cada cinco años . Buscare la traduccion del Maestro Valverde.

Eric Schierloh dijo...

Amigo Lansky, muy buen artículo melvilliano. Tienes un mail a donde pueda escribirte sobre un asunto?