27/04/2009

¿Quién teme a Mayer Lansky?




Mayer Lansky fue un gangster en la época dorada del crimen organizado del que tomé mi nick para mis primeros relatos policiales sobre un asesino a sueldo. Primero, dado mi tendencia más que mi afán de disentir, lo intenté con uno japonés: Metemo Keno, pero me temo que no…cuajó; algo así como ese nuevo modelo de auto de gama media que se va a fabricar en Valladolid y que han llamado “q-3”, o sea, que van a fabricar los coches “cu-tres” en Valladolid. ¿Nadie se dio cuenta a tiempo? ¿No se ganan su pastón los altos ejecutivos de Audi?, porque los obreros me consta que sí

No consta, en cambio, que Lansky asesinara a nadie ni lo mandara hacer. Era un contable, figura típica que inspiró al gangster judío de Nueva Jersey amante de los caballos de Los Soprano o, más claramente, al Hyman Roth que intenta engañar a Al Pacino en el Padrino 2 de Coppola. Su habilidad con los números y el estar suscrito durante casi toda su vida a un club del libro del mes –una ración al año que para mi bastaría sólo para tres semanas- le ganaron una reputación de intelectual; eso que los bobos del FBI llaman un ‘cerebro’ (ellos son sólo ‘cuerpos’). Nunca le probaron nada.

Existe una buena biografía del tipo que no creo que esté traducida: "Little Man: Mayer Lansky and the Gangster Life", de Robert Lacey. En ella Lacey plantea que Lansky es, lógicamente, el reverso, la imagen inversa, del Sueño Americano. Eso debe explicar el gran cariño que los estadounidenses tienen por sus gángsteres, pero Lansky no deja de ser uno de los menos típicos y más enigmáticos. Aquí no estamos tratando con esos populares asaltantes de bancos de las pequeñas ciudades de la América Profunda de los años treinta, los Dillinger, Niño Bonito Floyd, Cara de Bebé Nelson, o Ma Barrer, esa precursora feminista que murió junto a su amado hijo Fred disparando una Thompson (la metralleta de cargador circular apta para disparar desde la cadera) contra una abrumadora fuerza del FBI (malditos). Ni hablamos tampoco de un vulgar contrabandista de licor (o camello de bourbon) durante la ley seca.

Para empezar Al Capone, detenido por delito fiscal después de decenas de asesinatos, ya había muerto de sífilis en la cárcel, mientras Luciano, mentor de Lansky y para mí el verdadero prototipo del gangster, rompía con las actividades sicilianas e imitaba a los poderosos hombres de empresa de la boyante nación. Al fin y al cabo, un empresario como Howard Hughes, el magnate de la prensa, el cine y la aviación, hacía que los chicos malos de Chicago parecieran boy scouts.

A Lansky la prensa de la época le llamaba pues ‘cerebro’ (y a los policías ‘cuerpo’, cuerpo de idem), Presidente del Directorio y otras lindezas basadas en suponerle detrás y no delante de la mafia. Se sabe que había financiado al brutal ‘holandés’, Butsy Siegel, para la creación de Las Vegas en mitad de la nada (o del desierto, que es casi lo mismo) y que había formado equipo con Batista, el proxeneta presidente cubano, para dirigir los grandes casinos de La Habana. Es leyenda o realidad, nadie lo sabe, que fue el último en salir por patas cuando entraron los barbudos que bajaban de Sierra Leona y que comentó: “¡estos tíos saben disparar!”. Su comentario más citado en aquellos tiempos de apuestas y putas gordas era: “Somos más grandes que el acero norteamericano”.

Luego la ineptitud del Departamento de Justicia de Estados Unidos y la naciente televisión lo convirtieron en un mito. Falso. De hecho, cuando murió vivía muy modestamente en un apartamento de dos habitaciones apenas amuebladas y dejó tan poco dinero que su hijo tullido debió ser atendido por la beneficencia. La derrota de Batista y el triunfo de Fidel, la pérdida del casino-hotel Riviera de la Habana, que él construyó, y el no meterse nunca en drogas, prostitución ni estafas laborales, como sus compañeros de Nueva York, explican la ausencia de riqueza de sus años finales.

Había nacido en Polonia oriental (luego Unión Soviética) en 1902 y llegó con sus padres a EEUU. con cuatro años. Al revés que muchos contables corruptos y presidentes autonómicos, llevó una vida frugal y yo, personalmente, sólo le puedo reprochar una única maldad: fundó el turismo moderno de hotel –el menos dañino, no obstante- o al menos contribuyó mucho a desarrollarlo.

Cuando estaba muriendo a los ochenta años y las enfermeras se empeñaban en reanimarlo, cansado además de la puñetera reputación de cerebro del crimen organizado, dio muestras del por qué de esa fama al exclamar sus últimas palabras: “¡Déjenme ir, joder!” Este fue el superhéroe criminal; hace falta imaginación…

8 comentarios:

Mita dijo...

Me ha encantado!!
Besos

Miroslav Panciutti dijo...

Entiendo que pretendas limpiar la reputación del titular de tu nick pero ... Lo más que te concedo es que el viejo Meyer no gustaba de las exhibiciones de violencia exageradas, pero de ahí a que no matara a nadie (u ordenara hacerlo). ¿Cómo habría sobrevivido hasta los ochenta tacos, él, un judío bajito, en medio de italianos susceptibles? No, no era para nada un pan bendito, sino un hijoputa tremendamente listo y carente de escrúpulos. Mucho más, por ejemplo, que Luciano, quien, coincido contigo, era el prototipo de gángster, peor no su mentor. Por cierto, cuando era joven, él con Bugsy Siegel (conocido como Warren Beatty) hicieron bastante uso de la violencia durante l ley seca; su historia viene a inspirar la peli de Sergio Leone (Once upon a time in America); además de otras, claro, como el papel de Hyman Roth de la marvillosa de El padrino.

Vanbrugh dijo...

Yo, al contrario que Miroslav, no entiendo que después de años de hablarnos de tu Beretta bien engrasada y de prometernos a todos matarnos en distintos puestos de prelación -acumulo dos o tres promesas tuyas de ser el último asesinado, por cierto- nos vengas ahora a hacer un retrato de tu gangster que le deja como una especie de erudito aritmético,fiel contable de los desmanes de su jefe en los ratos libres que le dejaba la lectura del libro del mes. Tal y como lo pintas, llevaba los libros de los casinos y los burdeles habaneros como hubiera podido llevar los de la zafra (que, por cierto, nunca he sabido con exactitud qué es, ahora lo miraré en el gúguel). Pura casualidad, lo que le mandaban. Venga, hombre. Me niego a quedarme con esta birria de asesino.

Lansky dijo...

Oye, sin faltar. Mira, Vanbrugh: esto es lo que hay, o, mejor dicho: lo que hubo.

Cigarra dijo...

No se a qué carta quedarme. ¿Era un asesino tremendo, como dice Miroslav, o simplemente un "mandado" con habilidad para los números? Me inclino más por la tesis de Miroslav, y además, puestos a elegir su nombre como nick, mejor la versión truculenta, que tiene más morbo.
Por cierto, Vanbrugh, ¿puede ser cierto que no sepas lo que es la zafra, después de estar toda la vida cantando aquello de "Vamos mi amor a la zafra, que tengo que levantar todo el dulzor de la tierra..." Hay que atar cabos, hombre.

David dijo...

lei por allí que su aportación fue la formación o entrada de la mafia a las finanzas, en gran escala. Y que, mucho tuvo que ver con el asesinato de Kenedy, no contento con lo que el consideró el poquísimo apoyo a la invasión a Bahía de Cochinos, acontecimiento en el que no sólo tenía interés para la restitución de su colonia-gárito, sino también en consonancia con sus ligas con el sionismo financiero. ¿invención de nazis trasnochados?

ricardofusion21 dijo...

Mayer-Lansky evidencia
la confabulación de los banqueros
judíos en el desarrollo de la mafia en los US. Así como los italianos, chinos, rusos confían solo en sus
compatriotas para efectuar sus fechorías, los banqueros judíos
hacen exactamente lo mismo en las finanzas. Allí está el porqué de
la aparición de Mayer-Lansky y
su larga y exitosa trayectoria. Bueno o no
para la aritmética es algo de segundo plano.
¡Qué inocente parece el autor
del artículo!

Lansky dijo...

Yo pareceré inocente, radiodifusion, y tú el típico paranoico partidario de teorías conspiratorias de la historia ¿Un protonazi o un postnazi?

Lansky