

Tampoco las adaptaciones de las grandes novelas históricas, salvo el Napoleón de Abel Gance, que suelen ser grandes fracasos (grandes por ser grandes películas de alto presupuesto), incluso las que son buenas películas, como Guerra y Paz, pero que distan mucho de la obra literaria en que se inspiran. Todas ellas dejan entrever la tópica pero muy cierta y larga distancia que hay entre un medio y otro. Las excepciones son aquellas más libres, como La Diligencia en la que John Ford toma el cuento del normando Maupassant ‘Bola de Sebo’, mantiene a los personajes del pasaje y simplemente cambia las fuerzas prusianas invasoras por bandas de apaches y los llanos del noroeste francés por el Monument Valley americano.
O, en otro ejemplo, la para mí mejor quizás película de Ciencia Ficción (La afamada parafernalia adolescente de la saga de la Guerra de las galaxias, cualquier buen aficionado os dirá que pertenece a un género asociado y menor: la ‘Space Opera’) junto a 2001, Planeta prohibido, basada en La tempestad de Shakespeare en la que un increíble Walter Pingeon, el Doctor Morbius (mezcla de Morbo y Moebius) es Calibán y el servicial e inolvidable robot Robby –décadas anterior al R2P2 de Spielberg- es Ariel, no os digo quien es Prospero; por supuesto la isla es un planeta perdido y los náufragos los tripulantes de una nave averiada
Advertencia: soy enemigo acérrimo de la televisión (no del televisor) y no por las razones habituales y ciertas de la basura dominante de sus contenidos (en las cadenas de pago también), sino porque es una administradora tiránica del tiempo de nuestras vidas. Es mucho mejor ver las series completas en video (DVD) que permite contemplarlas además en versión original subitulada y cuando y como queramos. La televisión sólo la uso para confirmar morbosamente mi horror del mundo actual y para los espectáculos deportivos en directo: el fútbol, el rugby y el boxeo (sólo en cadena de pago). Por el contrario, el cine me gusta en salas grandes y en penumbra, siempre que no haya un imbécil cerca que confunda la sala con un comedor de comida basura.
9 comentarios:
Estoy muy de acuerdo, sobre todo en lo que a adaptaciones sobre obras literarias se refiere (con la única excepción de El Gatopardo, que vd no cita: aunque reconozco que aquí no soy demasiado objetiva. Visconti es una debilidad personal).
Le sigo,
un saludo,
Oclock
No sabes cómo me oxigena leer negro sobre blanco a alguien respetable que Passolini era un plasta, opinión que siempre mantuve en la más avergonzada y estricta intimidad. Por algún motivo mis opiniones cinematográficas nunca han sido tan firmes como las literarias, me reconforta ver que coinciden en gran medida con las tuyas. Pero confieso que soy un pobre cinéfilo.
Oclock, apeeme el tratamiento y bienvenida, por favor, aquí todos nos tuteamos. Sí, tienes razón, El gatopardo es una gran película con momentos inolvidables, pero volvemos a lo mismo, prefiero infinitamente más la novela de Lampedusa. Yo también adoro a Visconti, especialmente Senso (con colaboraciones de Paul Bowles y Tenessee Williamns, nada menos) y Muerte en Venecia, ¡basada!... en la novela breve de Thomas Mann: En fin, no se puede generalizar
Passolini, Vanbrugh, lo reitero, es un plasta. Creo que se benefició, aunque no es el único, de ese talante de lo políticamente correcto que paradójicamente consiste en no confesar que la perversión y el gusto por el lumpen como terreno de caza sexual de los señoritos a muchos nos asquea. Lo que hizo con el Decamerón no tiene nombre, ¡pobre Bocaccio!
Te apeo el tratamiento encantada, Lansky, ya lo hice tiempo atrás bajo otro alter ego.
Muerte en Venecia es una de mis películas favoritas: la defensa de la belleza, la música insoportablemente perfecta de Mahler. El tinte de Bogarde muriendo con él.
Obvio a Pasolini porque no le trabajo: soy cinéfila incipiente.
Es absolutamente placentero leeros, añado.
Saludos a ambos.
Confieso que soy tan "todo terreno" para el cine como para la letra impresa. Puedo con casi todo. Bueno, evidentemente no considero ni siquiera la existencia de inframundos poblados por seres como Chuck Norris (¿¿¡¡Cómo ha hecho tantas películas!!?? Todas las mañanas, cuando salimos a tomar café hay una en TeleMadrid, en el bar de la esquina), pero me gusta prácticamente todo lo que has nombrado y además muchísimas cosas que los cinéfilos "de altura" considerarán de segunda fila: algunos musicales americanos, comedias como "El mundo está loco, loco", tonterías románticas como "Sabrina", casi cualquier cosa de cine español aunque salga Alfredo Landa, porque me enternece ver cómo era la Cibeles hace 40 años, cuando los guardias urbanos llevaban casco blanco; y por supuesto cine inglés: desde "El quinteto de la muerte", hasta "Un pez llamado Wanda" (¿o no es inglesa?); me encanta Woody Allen, las películas italianas por episodios de los años 70, el cine del este de Europa (Kusturika), y si me apuras hasta Schwarzenegger en cosas como "Mentiras arriesgadas". Vamos que trago con casi cualquier cosa. Menos con el género gore, ni las comedias para adolescentes rijosos. Todavía hay clases.
Pero si tengo que decir tres películas, sin duda "Hatari", "Dersu Uzala" y "Con faldas y a lo loco"
Lansky amigo no puedo estar mas de acuerdo contigo en cuanto a las series de television se refiere. Hace muuuchos años que el cine no produce 3 obras maestras como las tres series que citas de la excelsa cadena HBO. Impresionantes todas ellas
Fernando.
Considero que como gusto estético, la afición por cierto tipo de películas queda sujeta a la manera de ver el mundo y a las aspiraciones personales de cada quién. Yo por ejemplo, veo atrocidades por doquier y gusto tener presente eso. Si el cine me proporciona ejemplos directos en ese sentido, regalándome al mismo tiempo el placer de lo que yo considere un buen trabajo, quedo encantado con la película, y muchas veces con el director.
Considero malas aquellas películas en las que todos se identifican o se ven reflejados, ya sea en lo individual o como grupo. Lo que no quiere decir, que sean malas aquellas buenas películas en las que ciertas personas pretenden ver y encontrar en ellas mensajes, sobre todo políticos, que el director en ningún momento tuvo la intención de presentar.
Rechazo la explotación del sentimentalismo mas ramplón queriendo apabullar la razón o la presentación de hechos ficticios creíbles en su manejo.
Considero un gran defecto el que se quiera lograr películas muy intelectualizadas en las que al final quedan flotando muchos acertijos sin que se presente un resultado contundente, que para mi vendría siendo, hasta cierto punto, proporcionar una conclusión ética y/o de enseñanza para enfrentar la vida. Ese tratamiento intelectualizado, en mi concepto, fue lo que dio al traste con el cine francés, mediante la llamada nueva ola bajo influencia estadounidense.
Cambiando hechos atroces, por situaciones divertidas, con el mismo tratamiento de lo expresado líneas atrás, gusto de la comedia.
En consonancia con mis gustos, soy fanático de películas de muchos países y de directores ídem.
Bueno, y como mención aparte, los buenos actores también conforme a nuestros personales gustos. Los hay en mi caso, que la sola evocación de su nombre siempre o en relación con determinada película, me llena de gozo.
Como muchos seguramente, tengo mi lista de películas que nunca he visto pero que aspiro a ver algún día (felizmente, por lo menos, he encontrado que muchas de ellas se pueden “bajar” por internet),aunque también prefiero el cine en salas grandes y en penumbra, sólo que a mi me molestan más las risotadas de los “entendidos”, pues quiera que no, me causan cierta distracción.
En cuanto a series de televisión me quedé hace algunos años con Sabrina, antes que la cirujearan, y después con Paso a Paso antes que crecieran las adolescentes y el niño.
Saludos.
Cigarra, ¿con que ecléctica, eh? Y me citas al maestro Billy Wilder o a los Monty Python, anda ya. Y Alfredo Landa es un gran actor
David, yo soy más como cigarra, me gusta "cualquier" película, pero las juzgo en función de sus pretensiones; si voy a ver una de aventuras no pretendo que tenga "mensaje", sino que esté bien contada. O sea, que detesto que me den "gato por liebre", cine con pretensiones que luego no cumple, algo muy habitual en el cine español.
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