28/04/2009

Un mundo "feliz" para leer en lunes

Miguel Brieva



“Salvaba a los rojos de los blancos y a los blancos de los rojos, más bien, al
rojo de los blancos y al blanco de los rojos, es decir, al hombre de la jauría,
al uno contra todos, al vencido de los vencedores”

Marina Tsvietáieva hablando del poeta Maximilián Voloshin


No creo que el problema sea si los escolares tienen o no adecuada comprensión en la lectura, que parece que no; es mucho peor. Vivimos unos tiempos de locura gregaria que ponen en peligro lo que de más valioso tiene nuestro yo más íntimo: la dignidad, la independencia de criterio y la verdadera libertad. Los atributos de esa locura extensa son la vulgaridad, la falta de respeto, la escasa valoración de la intimidad y de lo excelso, del esfuerzo y de la calidad moral. De todo lo cual se deduce la baja estima general por eso que entendemos como cultura. Eso y no la gramática, el léxico o la habilidad con los quebrados es lo que está fallando. En medio de esta catástrofe de masas, mantenerse fiel a uno mismo es la única heroicidad cotidiana posible. De hecho, advierto que la mayoría de defectos y vicios que achacamos a la juventud de hoy lo son en realidad del momento y, por tanto, intergeneracionales: hay muchos más viejos idiotas que sabios senequistas. Miro alrededor en momentos que no presumo más lúcidos, pero sí más pesimistas y veo un país en muerte cerebral de manera que yo mismo y otros, ¿pocos?, somos como células cancerosas, morbosamente vivas en un organismo en vida latente y en suspenso.

Todos esos preocupantes síntomas, si miramos con atención la historia del siglo pasado en Europa, son los propios de una época pre fascista. Como ya predijo Ballard, el gran escritor de Ciencia Ficción (curiosamente, a él le gustaba estar encasillado ahí) inglés recientemente desaparecido, este nuevo fascismo o totalitarismo adopta apariencias más benévolas que las de los discursos a gritos del primer tercio del siglo XX: consumismo, paternalismo, gregarismo, idiotismo, incultura y evasión tecnológica o turística (viajar lejos para huir de uno mismo, llevándote de polizón a ti mismo). No hay templanza sino resignación servil, ni rico escepticismo sino desconfianza rufianesca. Los Ensayos de Montaigne en el mismo estante que el Mein Kampf. Cuando ‘todo vale’, nada vale.

Ahora los padres –hablo en general- no juegan a la pelota con sus hijos, sino que los entrenan tempranamente para futbolistas; no les cuentan cuentos, sino que se los administran por vía tecnológica; no les dan una educación, sino un aprendizaje pre laboral en un ‘buen’ colegio; no les quitan los miedos, sino que les administran los suyos. Les enseñan a detestar lo excelso y a odiar al débil (a sí mismos). Los hogares sin libros, pero con varias consolas de videojuegos. El problema no es que los padres no sepan qué hacer, sino que lo saben muy bien: son manager de sus hijos. El problema no es que ahora haya más analfabetos funcionales, sino que por primera vez se vanaglorien de serlo. El problema no es que haya políticos corruptos, sino que aumente su respaldo electoral después de ser procesados.

Shakespeare deploraba sus propios tiempos porque los locos guiaban a los ciegos. Puede que eso fuese cierto hasta la Segunda Guerra Mundial, pero hoy por hoy los ciegos hacen concursos de agudeza visual y los locos programan los contenidos de la televisión. El derecho a la propia vida, a los pensamientos propios y a su propia expresión se confunden con los ‘Reality Show’ y los concursos de televisión. La libertad es un anuncio de un todo terreno junto a un precipicio, la bondad un anuncio de turrones en Navidad, la cultura, ese rollo de programa de madrugada en la segunda cadena.La democracia es un asunto de mercadotecnia y estadística. Finalmente, como señalaba la pintada del mayo del 68, cien mil millones de moscas no pueden equivocarse: ¡come mierda! Y evita pensar que, en efecto, debajo de los adoquines (“sous le pavés”) hubo una vez playas.

No incrementéis mi tendencia a la misantropía –el único vicio en el que merece la pena aún caer- preguntándome si tengo alguna solución. A este respecto, hace tiempo que me convertí en un conformista y me basta, casi, con que me dejen en paz, aunque me lo ponen difícil. Como Stefan Zweig, creo en una “Liga secreta de los melancólicos”; sus miembros son fáciles de reconocer: basta mirarles a los ojos; son ridículamente pobres y absurdamente cultos. El personaje más entrañable de Tabucchi, el viejo periodista de Sostiene Pereira (el gran Marcello Mastrianni le dio vida en una digna película, pero su verdadera imagen está en la novela del italiano), sobrevivía malamente traduciendo un cuento cada lunes para su periódico de los ‘Cuentos del Lunes’ de Alphonse Daudet. No es mala receta para evitar colgarse de una viga en un mundo donde se confunde la elegancia con parecerse a un maniquí de escaparate y poner cuidado en abrocharse el botón del centro de la chaqueta antes de levantarse, los prados con campos de golf y la vida del espíritu con el yoga después de la oficina. La gente vive como en la época de las cavernas, pero con móvil y sin saber ya cazar para comer, y sin memoria: Homero, Montaigne y Shakespeare es como si nunca hubieran existido. Confundir la libertad con un todo terreno al borde de un precipicio no es mala metáfora, pero la autonomía no es la automanía ni el futuro, como dijo Ballard nuevamente, " cualquier cosa que lleve un alerón".

“Alejaos de los Diez Mandamientos”: son una trampa explosiva”, recomendaba el gran Kurt Vonnegut. No, alejaos de la corrección política, es una técnica de embalsamamiento en estos terribles tiempos de mansedumbre ciudadana. Una posibilidad ‘bruta’ es irse a mirar y a vivir a países pobres de veras, donde todavía habitan seres humanos. Y otra más sutil es saber que los verdaderos humanos son como los números primos: no abundan, pero no están solos, lo que ocurre es que tampoco es fácil saber donde está el más próximo. Vosotros me ayudais; como dijo el poeta:


“Ahora estoy muerto, soy las páginas de un libro,
y tú si quieres, puedes
hojearme”

7 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Me ha encantado este análisis, tan lúcido y tan certero como suelen ser los tuyos. Me ha gustado, especialmente, esta frase, que querría no merecer, sobre lo que algunos padres hacen con sus hijos: "no les quitan los miedos, sino que les administran los suyos".

Pero sé que, en parte al menos, también yo la mereceré. Eso es lo único que me chirría mínimamente en tu post, aunque sé que es el precio de toda generalización, lo que es lo mismo que decir de cualquier afirmación (no se puede agirmar sin generalizar): los números son primos o no lo son, mientras que, en cambio, los seres humanos no somos nunca del todo ni para siempre una sola cosa, sin mezcla de la contraria.

Sé que por mucho que me esfuerce en cultivar mi dignidad, mi independencia de criterio y mi libertad; y por mucho que crea pertenecer al corto número de las "células cancerosas" o de los "números primos", también yo tengo mi lado gregario, vulgar e idiota, y también como mierda en ocasiones. Ese es el lado malo. El bueno es la contrapartida: por los mismos motivos, creo también que no hay nadie que sea absoluta ni irremediablemente gregario, vulgar e idiota, y que hasta los más entusiastas comedores de mierda pueden descubrir, un buen día, que les apetece comer algo más nutritivo.

Lansky dijo...

La mierda es muy nutritiva, Vanbrugh, para algunos es abono; lo que sucede es que suele ser tóxica.

Y sí, somos mezcla de ángeles y diablos, n´ñumeros primos y divisibles, células latentes o cancerosas, pero algunos, hoy creo que la mayoría NO son conscientes ni de eso, y ahí está el problema.

Cigarra dijo...

¡Chapeau!

Joaquín R. Polo dijo...

¿Qué sociedad es esta cuyos padres delegan, en exclusiva, la formación cultural de sus hijos a los profesionales docentes, creyendo que en ello va implícita la educación propiamente dicha?
Saludos.

Lansky dijo...

La misma sociedad que "delega" el cuidado de sus padres y abuelos.

De todas formas la escuela no educa, lo hace la tele y los compadres de generación (unos a otros)

Gracias por pasarte por aquí

Cigarra dijo...

Siempre recuerdo una frase de mi hermana Ana: cuando le dijeron "¡qué bien educada estás! ¿a qué colegio vas?" Dijo: "Estudio en el colegio X, pero la educación me la han dado mis padres en casa" Y era bien jovencita. Pero siempre tuvo las ideas muy claras.

Lansky dijo...

No, Cigarra, los padres no dan esa educación; cada día está más demostrado. Lo hacen los colegas, tus iguales, de ahí que sea muy cierto lo de las malas compañías. Lo que dan los padres es un necesario entorno, adecuado o no, un "biotopo" que si es hóstil o inadecuado actúa por defecto.