
“Sin embargo, tragaos las lágrimas y subid al mastelero del sobrejuanete (…)”
(Consejo de Herman Melville a un supuesto sub-subbibliotecario)
Quizás no sean mayoría, no lo sé, pero me consta que hay campesinos irónicos y tenaces, funcionarios trabajadores y competentes, policías compasivos, jueces justos, sacerdotes piadosos y caritativos, jardineros exquisitos, ingenieros meticulosos, vendedores honestos, barrenderos pulcros, maestros entregados, médicos abnegados, militares reflexivos, secretarias bilingües, administrativos con iniciativa, mecánicos ingeniosos y ahorrativos, periodistas veraces, libreros informados, sastres minuciosos, criadores de ganado amables, ferreteros concienzudos, farmacéuticos orientadores, mineros animosos, artificieros valerosos, sindicalistas abiertos, pescadores cumplidores, pero…
…la inmensa mayoría de los políticos son absoluta y pasmosamente mediocres y ambiciosos, luego no puede ser casual, sino causal: una condición para ejercer su oficio. Tampoco hay financieros útiles y estimables.
Sin embargo, de la correcta actuación de estos últimos dos grupos depende el bienestar de todos, aunque es, por tanto, dudoso que se les pueda mejorar individualmente, por lo que las soluciones estribarían más bien en restringir sus hábitos perniciosos, fiscalizar sus actividades públicas y privadas y controlar el ejercicio de sus funciones de forma tanto más eficiente como implacable. El problema estriba en que las medidas de restricción, fiscalización y control dependen de la actividad de los mismos sobre las que hay que ejercerlas. Es decir, que tenemos el más insidioso círculo vicioso. Se pueden, no obstante, tomar medidas y emprender reformas eficaces aunque parciales. Más del 90 por ciento de los cargos políticos no son electos, sino designados (a dedo es una redundancia en este caso) por unos pocos políticos. La minoría que sí es elegida no puede ser revocada por sus electores pues las mociones de censura una vez más las ejercen sus pares y no sus electores. Además no hay forma de exigir el cumplimiento de sus programas electorales. Por tanto, sería conveniente, suprimir los cargos de designación directa y hacerlos electivos (recuerden los fiscales y sheriff en campaña de las películas estadounidenses, una sociedad, pese a sus defectos, mucho más democrática que la española). Igualmente, establecer listas abiertas, de forma que candidatos de probada trayectoria perniciosa puedan ser eliminados por sus plausibles y posibles votantes y no por los aparatos del partido, y que esos mismos candidatos respondan por circunscripciones pequeñas y concretas ante ese mismo electorado para evitar que su devoción se desvíe de los ciudadanos a los que dicen servir a los superiores políticos a los que en realidad sirven, y ser revocados por aquellos mismos.
Quizás no sean mayoría, no lo sé, pero me consta que hay campesinos irónicos y tenaces, funcionarios trabajadores y competentes, policías compasivos, jueces justos, sacerdotes piadosos y caritativos, jardineros exquisitos, ingenieros meticulosos, vendedores honestos, barrenderos pulcros, maestros entregados, médicos abnegados, militares reflexivos, secretarias bilingües, administrativos con iniciativa, mecánicos ingeniosos y ahorrativos, periodistas veraces, libreros informados, sastres minuciosos, criadores de ganado amables, ferreteros concienzudos, farmacéuticos orientadores, mineros animosos, artificieros valerosos, sindicalistas abiertos, pescadores cumplidores, pero…
…la inmensa mayoría de los políticos son absoluta y pasmosamente mediocres y ambiciosos, luego no puede ser casual, sino causal: una condición para ejercer su oficio. Tampoco hay financieros útiles y estimables.
Sin embargo, de la correcta actuación de estos últimos dos grupos depende el bienestar de todos, aunque es, por tanto, dudoso que se les pueda mejorar individualmente, por lo que las soluciones estribarían más bien en restringir sus hábitos perniciosos, fiscalizar sus actividades públicas y privadas y controlar el ejercicio de sus funciones de forma tanto más eficiente como implacable. El problema estriba en que las medidas de restricción, fiscalización y control dependen de la actividad de los mismos sobre las que hay que ejercerlas. Es decir, que tenemos el más insidioso círculo vicioso. Se pueden, no obstante, tomar medidas y emprender reformas eficaces aunque parciales. Más del 90 por ciento de los cargos políticos no son electos, sino designados (a dedo es una redundancia en este caso) por unos pocos políticos. La minoría que sí es elegida no puede ser revocada por sus electores pues las mociones de censura una vez más las ejercen sus pares y no sus electores. Además no hay forma de exigir el cumplimiento de sus programas electorales. Por tanto, sería conveniente, suprimir los cargos de designación directa y hacerlos electivos (recuerden los fiscales y sheriff en campaña de las películas estadounidenses, una sociedad, pese a sus defectos, mucho más democrática que la española). Igualmente, establecer listas abiertas, de forma que candidatos de probada trayectoria perniciosa puedan ser eliminados por sus plausibles y posibles votantes y no por los aparatos del partido, y que esos mismos candidatos respondan por circunscripciones pequeñas y concretas ante ese mismo electorado para evitar que su devoción se desvíe de los ciudadanos a los que dicen servir a los superiores políticos a los que en realidad sirven, y ser revocados por aquellos mismos.
Durante la Batalla de Inglaterra, en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, en la que los británicos consiguieron detener la invasión de su isla con el domino de su aviación, refiriéndose a los pilotos de la RAF Churchill pronuncio la famosa frase (se las preparaba al modo de epigramas cuidadosamente en su despacho): "Nunca tan pocos hicieron tanto por tantos". Con los políticos españoles podemos afirmar que nunca tantos (porque son demasiados) hicieron tan poco por los demás y tanto por sí mismos.
La carrera política es una promoción interna dentro de los partidos más que una meritocracia ante los ciudadanos. Prestigio, probada eficacia, o, por el contrario, corrupción o ineptitud no son elementos relevantes en esa trayectoria. La razón es que el ascenso político depende del comportamiento interno hacia el partido y no del externo hacia la sociedad, obedeciendo en general a una suerte de Ley de Gravitación Político social consistente en dar patadas hacía abajo, lamer culos hacia arriba y codazos a los lados. Por otra parte, la sociedad, los electores o ciudadanos también precisan educación, sobre todo sobre la naturaleza de lo público, sus deberes y no sólo sus derechos, la esencia de la democracia, que finalmente es etimológica, y a no comportarse como ‘hooligans’ acríticos de ningún partido o bandería .
Mediocridad y ambición; codicia e ignorancia son mezclas más explosivas que la dinamita y de la que van cargados políticos y financieros. Si la sociedad no se derrumba no es porque haya veinte hombres justos como en la leyenda hasídica, sino muchos más: campesinos tenaces e irónicos, funcionarios trabajadores y competentes…etcétera, etcétera, etcétera.
La carrera política es una promoción interna dentro de los partidos más que una meritocracia ante los ciudadanos. Prestigio, probada eficacia, o, por el contrario, corrupción o ineptitud no son elementos relevantes en esa trayectoria. La razón es que el ascenso político depende del comportamiento interno hacia el partido y no del externo hacia la sociedad, obedeciendo en general a una suerte de Ley de Gravitación Político social consistente en dar patadas hacía abajo, lamer culos hacia arriba y codazos a los lados. Por otra parte, la sociedad, los electores o ciudadanos también precisan educación, sobre todo sobre la naturaleza de lo público, sus deberes y no sólo sus derechos, la esencia de la democracia, que finalmente es etimológica, y a no comportarse como ‘hooligans’ acríticos de ningún partido o bandería .
Mediocridad y ambición; codicia e ignorancia son mezclas más explosivas que la dinamita y de la que van cargados políticos y financieros. Si la sociedad no se derrumba no es porque haya veinte hombres justos como en la leyenda hasídica, sino muchos más: campesinos tenaces e irónicos, funcionarios trabajadores y competentes…etcétera, etcétera, etcétera.
9 comentarios:
No sé qué es más improbable que ocurra: si que sea la casta de profesionales del poder la que, motu proprio, cambie ese estado de cosas que describes con tanta lucidez como eficacia; estado de cosas al que deben estar donde están y cuyo manejo es prácticamente la única habilidad profesional que se les conoce, o que sea la aborregada masa de sus votantes, que consumen consignas políticas sin distinguirlas de spots publicitarios (y hacen bien en eso; es lo que son) y se relacionan con su partido como con su equipo de fútbol, quienes les presionen para hacerlo. No veo yo muchas perspectivas de que ocurra ninguna de las dos cosas.
Mira que me parece de mal gusto ser pesimista, pero en esta cuestión me resulta francamente difícil evitarlo.
(Me ha dejado francamente perplejo la cita de H.M. Como no sea, precisamente, una invitación a sobreponerse al pesimismo. Si es así, en cuanto averigüe qué es el mastelero del sobrejuanete, me subo, a ver si desde allí mejora algo la cosa.)
Moby Dick -que estoy leyendo entera por tercera vez en una nueva traducción- no comienza con la famosa frase en que se presenta el joven narrador: "Llámadme Ismael", sino con un recopilación de citas sobre el Leviatán y la ballena que hace por encargo del autor un supuesto sub-subbibliotecario; la gente se las salta, como se saltan el lbro entero -y hacen mal- si han visto la excelente peli de Houston. Melville le dice a ese pobre y humilde funcionario que si está pesimista y con ganas de tirarle al suelo los sombreros por la calle a los personajes importantes se embarque y navegue. Es un buen consejo, él lo hizo.
Los juanetes son los velas cuadras más altas, por tanto, los sobrejuanetes, que no siempre hay, son las que aún están más por encima, para aprovechar cualquier mínima brisa. Los masteleros y mastelerillos son los palos transversales y horizonotales a los verticales mástiles principales de los que penden las velas. Por tanto, los masteleros de los sobrejuanetes son unos travesaños, más arriba y más endebles que la alta cofa, no aptos para vértigos, rodillas endebles o manos poco firmes.
Al leer el título de este post interpreté "proposición" en el sentido de "propuesta" y esperaba con avidez, por muy modestas que fueran, ideas prácticas sobre cómo curar las patologías sociales que son los políticos y financieros. Compruebo, sin embargo, que "proposición" lo usas en el sentido más pertinente del lenguaje científico; el adjetivo de modesta entiendo que viene a cuento de que no ahces sino esbozar tu proposición, la cual comparto y (al igual que tú, imagino) soy capaz de desarrollar convirtiendo su odestia (o sobriedad) en el más exuberante de los barroquismos.
Sí, lo hacía en el sentido de Swift, del que el título es un modesto homenaje, cuando Mr. Johnatan proponía comerse a los recién nacidos irlandeses para combatir el hambre y paliar de paso el incremento demográfico.
Bienvenido
Pues queda mucho por hacer...
Gracias por el post, está muy bien escrito, como siempre.
Eres una mente agilísima.
Ya lo había saboreado hace unos días, amigo Lansky. Lo que ocurre es que mi torpe desaliño cívico me lleva a injustificables desconsideraciones como la de entrar aquí frecuentemente y no dejar constancia.
El problema de los políticos es la hiperprefesionalización. Desprovistos de otras motivaciones que las estrictamente utilitarias, desalojadas las morales de su jornada laboral se comportan según el puro juego de la oferta y la demanda, modificando convenientemente ésta con las armas publicitarias convencionales. No interesa cambiar el mundo, sólo la mentalidad de los votantes para que los sigan manteniendo en el poder.
Se puede ser profesional, como los buenos médicos, y profundamente ético, como los buenos médicos. Creo que la raiz del problema es doble: 1) una democracia nominal, pero no real que entrega demasiado poder "digital" y sin control a esos "profesionales" de la política, y 2)Unos "profesionales" que no valen para otra cosa ni sabrían ganarse la vida como panaderos o fontaneros, de ahí que pasen a consejos de administración y otras prebendas. La insuficiencia en educación democrática es común a gobernantes y gobernados, de ahí que se aplauda a tanto corrupto y especulador.
A mi lo que me ha dejado perpleja de la cita de Melville es que recomiende a un sub-subbibliotecario (o sea, alguien como yo) que se suba a semejante sitio. Por más que miro en mi entorno no consigo ver nada que se asemeje a un mastelero de sobrejuanete. Todo lo mas el juanete del pie de mi jefa, pero si me subo encima con mis, (ejem, ejem) kilos, puedo ser proyectada inmediatamente por la ventana, y eso que este es un edificio listo de esos que no se abren las ventanas. Eso si, las lágrimas me las trago constantemente.
Sobre los politicos, creo que estarían bien colgados del sobrejuanete.
Se acostumbraba más bien colgarles (a los gobernadores del Caribe, for example) de las gavías.
¿En esa biblioteca no hay escaleras para alcanzar los estantes altos? pues súbete al último peldaño, agita el volumen encuadernado de la consitución española a la vez que exclamas: ¡malandrines, piojos de asnos, hatajo de ladrones, os voy a expulsar de vuestros escaños como lo que sois: garrapatas de cucarachas!!!
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