
Voy a soltar una “perla” políticamente incorrecta. Son las que más me gustan y las más ciertas.
Suena machista, o peor aún: simplista, pero estoy convencido de que, en relación a las emociones, hay casi sólo dos tipos de mujeres, las que te hacen perder la cabeza (falta de riego, la sangre acude abundante a otros órganos con mayores urgencias: ante la erección no hay elección) y las que te hacen perder la paciencia (exceso de riego y de todo lo demás). Entiendo que muchos varones, que pasan por la vida como si fueran opositores de notarías, huyan de las primeras, pero jamás he entendido porque se casan con las segundas. De mis quince a los cincuenta he perdido la cabeza varias veces; el proceso de volverla a encontrar siempre ha sido largo y doloroso. Nunca he perdido la paciencia; la paciencia no tiene nada que ver con mi relación con las mujeres. De hecho, la mayoría me han indicado de diversos modos que no la tengo.
Luego, si tienes suerte, encuentras una mujer que te hace perder la cabeza, pero te la devuelve y hasta te convence de que no vayas por ahí perdiéndola más. Esa es la mujer de tu vida, la que trastorna tu tendencia evolutiva a la promiscuidad de todo varón, por la lealtad (fidelidad es una virtud simplemente canina) a un proyecto de vida en común. En este proceso, algunos semi varones, confunden todo esto con el derecho de propiedad, consideran a la mujer como su principal bien ganancial y sin límites; algunos, en su siniestra inseguridad, las maltratan o las matan; siempre son las mujeres de su vida.
Pocas cosas dan más miedo que una persona que reduce su vida a una sola clave. Religión, sexo o drogas, política, racismo; eso es lo de menos. Una persona enamorada es un fanático temporal (esperemos); y un macho celoso, además de inseguro es un fanático de una sola persona. Peligroso, por tanto. Por eso es tan maravilloso cuando el motivo de tu obsesión te devuelve al mundo con la cabeza nuevamente sobre los hombros. Temo las grandes palabras que nos hacen tan desdichados, decía Joyce. Amor, por ejemplo; es mejor cambiarlo por algo así como: “qué a gusto me siento contigo, chata”. “Lo mismo digo”.
Suena machista, o peor aún: simplista, pero estoy convencido de que, en relación a las emociones, hay casi sólo dos tipos de mujeres, las que te hacen perder la cabeza (falta de riego, la sangre acude abundante a otros órganos con mayores urgencias: ante la erección no hay elección) y las que te hacen perder la paciencia (exceso de riego y de todo lo demás). Entiendo que muchos varones, que pasan por la vida como si fueran opositores de notarías, huyan de las primeras, pero jamás he entendido porque se casan con las segundas. De mis quince a los cincuenta he perdido la cabeza varias veces; el proceso de volverla a encontrar siempre ha sido largo y doloroso. Nunca he perdido la paciencia; la paciencia no tiene nada que ver con mi relación con las mujeres. De hecho, la mayoría me han indicado de diversos modos que no la tengo.
Luego, si tienes suerte, encuentras una mujer que te hace perder la cabeza, pero te la devuelve y hasta te convence de que no vayas por ahí perdiéndola más. Esa es la mujer de tu vida, la que trastorna tu tendencia evolutiva a la promiscuidad de todo varón, por la lealtad (fidelidad es una virtud simplemente canina) a un proyecto de vida en común. En este proceso, algunos semi varones, confunden todo esto con el derecho de propiedad, consideran a la mujer como su principal bien ganancial y sin límites; algunos, en su siniestra inseguridad, las maltratan o las matan; siempre son las mujeres de su vida.
Pocas cosas dan más miedo que una persona que reduce su vida a una sola clave. Religión, sexo o drogas, política, racismo; eso es lo de menos. Una persona enamorada es un fanático temporal (esperemos); y un macho celoso, además de inseguro es un fanático de una sola persona. Peligroso, por tanto. Por eso es tan maravilloso cuando el motivo de tu obsesión te devuelve al mundo con la cabeza nuevamente sobre los hombros. Temo las grandes palabras que nos hacen tan desdichados, decía Joyce. Amor, por ejemplo; es mejor cambiarlo por algo así como: “qué a gusto me siento contigo, chata”. “Lo mismo digo”.
14 comentarios:
Lealtad. Eso me ha gustado.
¡qué a gusto me siento leyéndote!
yo entraba para decirte que hoy te he re-plicado:
mayo 04, 2009
Piratas somalíes, gatazos orondos y chuchos astrosos...(+ Lansky)
(Publicado por Lansky en 7:23 AM del día: 23-abr-2009
Besos. PAQUITA
¿Machista? Yo creo que de quien das una imagen bastante mejorable es de los varones, que al parecer no podemos relacionarnos con las mujeres sin perder algo en el proceso, un algo que solo recuperamos, en el mejor de los casos, gracias a ellas. No estoy seguro de que me guste mucho esta descripción. Y no digo que lo descrito, en muchos casos, no se parezca bastante a lo que tú dices, fíjate. Creo que lo que no me gusta es el punto de vista. Pero sin duda cada uno tiene el suyo.
Tampoco estoy muy de acuerdo con ese generalizado proceso que primero echa a perder una palabra -amor, en este caso, pero son muchas las pobres "grandes palabras" así de injustamente tratadas- deformando y estropeando su contenido y luego, en vez de volver ambas cosas, significado y significante, a sus debidas, deseables y originales dimensiones, demonizan el significante y reinventan el significado.
No, amor es una bonita, redonda y exacta palabra. No es culpa suya que tanto idiota la haya usado para referirse a sus particulares aberraciones. Si alguien la ha hinchado hasta convertirla en una "gran palabra que nos hace desdichados", deshinchémosla y usémosla con su tamaño justo, el de nuestra felicidad.
Ya sabemos lo que tienen las generalizaciones, pero, mira, Vanbrugh, estoy convencido de que la mujer es 'superior' al varón, en términos generales y salvo en vigor muscular. También estoy convencido que es infinitamente mejor un hombre bueno e inteligente que una mujer tonta; pero en igualdad de otras variables...Y estoy con Joyce, las grandes palabras son peligrosas, precisamente porque no se suelen usar como tu reclamas. Yo, por ejemplo, aprecio mucho una modalidad de amor bastante altruista y hermosa que es la amistad entre varones ( de la simétrica entre tías, lo ignoro, con sinceridad), pero nadie lo llama amor, aunque lo es.
Pero sexo y amor son dos cosas diferentes.
Asi que lo dificil es, supongo, tener sexo con la mujer que te vuelve loco (a la que llegaras a amar) Que pasa si esa mujer que amas y que te vuelve loco te hace perder la paciencia? Digamos que, aunque la seas fiel ella no lo es en absoluto.
Como demonios te vas a casar con ella? Lo sensato es que la olvides y a otra cosa.
No tengo ni idea de por que los hombres se empeñan en conquistar a mujeres que no les merecen, bellas de quitar el sentio o deslenguadas, pero que no les aman ni les amaran nunca porque son tontas y no quieren hombres inteligentes y buenos sino malos e idiotas, que las maltraten.
Tampoco entiendo a los hombres que desdeñan a esplendidas hembras, femeninas, inteligentes, misteriosas. Que las hay.
Cuando un hombre se topa con una mujer "rara", con una de estas perlas grises se achanta, recula, se larga.
Todo es complicado.
Se necesitan casualidades excepcionales para que hombres y mujeres excepcionales choquen en el torbellino del mundo.
Y a veces pienso que en cuestion de amor no hay casualidades.
Todo es demasiado misterioso.
De la amistad entre mujeres sé poco, la verdad. Creo que cuando se produce es mas rara que un rayo de luz verde.
Es este un tema lleno de equívocos y, además, de susceptibilidades; tantos que casi es mejor callarse porque, para decir cualquier cosa, hay primero que andar definiendo prolijamente lo que cada uno entiende por cada uno de esos problemáticos términos. Aun así, diré que, como a Vanbrugh, amor me parece una palabra preciosa, aunque seguramente lo que yo entiendo por amor dista bastante de lo que se suele concebir por tal (y sí, la amistad entre hombres también sería amor). Por cierto, dice Emma que la amistad entre mujeres es muy rara y, sin embargo, a mí la rara me parece entre hombres; aunque, a lo mejor, la rara no es la amistad sino la capacidad de los hombres de comunicarse honestamente entre sí, de abrir sus intimidades a otros tíos. Pero, en fin, me salgo del tema. Y en cuanto al enamoramiento, me gusta la descripción de Lansky y su asociación con el fanatismo; supongo que es inevitable pero no creo que sea nada deseable (pero esto da también para largas disertaciones con definicione sprevias).
Cuestión de definiciones, como dice Miroslav. Y sí, Emma, el amor y el sexo son cosas distintas, pero el amor entre un hombre y una mujer contiene sexo como una de las tres patas , para mí, de esa relación que sino no se sostiene; las otras dos son la ternura (la misma que se siente por un niño) y la complicidad (o amistad). Algunos tíos no retrocedemos ante las mujeres excepcionales, Emma, aunque es posible que estemos locos por ir a su encuentro, el resto de conforma con sexo cómodo, una criada para todo y alguien a quien llamar tonta, ¿te parece eso más realista que tu descripción de varones huyendo de las mejores mujeres? Desde el punto de vista biológico (que no es el único) lo que mejor se "adapta" a los humanos es la monogamia sucesiva, no la promiscuidad ni el amor eterno; que algunas relaciones se detengan satisfechas en la primera relación (o en la que sea) no deja de ser milagroso.
Y más que con el sexo, Emma, lo que hay que distinguir es entre el enamoramiento y el amor. El primero no siempre conduce al segundo, y sólo el primero es el proceso alienante y fanatizador que he dado en llamar "perder la cabeza". Te la devuelve quien te ama y a quien amas.
Muy buena esta última puntualización, Lansky. Si la completas admitiendo que tanto el proceso de perder la cabeza como el de su posterior recolocación sobre los hombros a cargo del amante se dan con más o menos la misma frecuencia en los dos sexos, y en las relaciones homosexuales, igualmente de ambos sexos, estaré por completo de acuerdo.
Sólo puedo hablar por mí: un varón heterosexual que no ve especial mérito en serlo, ni por pertenecer a la mayoría. Tengo amigos "homos" (lo de 'gay', nunca mejor dicho, me da por culo) inteligentes, simpáticos y un punto pesadines proselitistas; no tengo más que una amiga lesbiana y es maravillosa; sobre lo que sienten las mujeres tengo la idea que lo mismo que nosotros, humanos como ellas, aunque en la cama, sostengo, se lo pasan aún mejor las cabronas. Nada más puedo decir para tener tu aprobación o ser más correcto política o sexualmente.
No, no, mi aprobación no tiene nada que ver con que estemos o no de acuerdo, y la corrección política me da por ahí mismo. Solo quería estar seguro de que consideras que tu descripción del post, esa según la cual primero pierdes la cabeza y luego la causante de la pérdida te la devuelve, se ajusta igual a unos casos que a otros, y no vale solo para hombre-que-pierde-la-cabeza-por-mujer.
me parecía obvia su aplicación a todo ser humano
Creo que supervaloras bastante a las mujeres. En mi opinión la única superioridad que les puedo encontrar es la capacidad para salir a flote después de una catástrofe aferrándose a las minucias de la vida cotidiana. (La que en el velatorio de su hijo comprende que no puede tener asi a toda aquella gente y se va a la cocina a hacer café)
Pero hay tantas tan tontas, que se valoran tan poco... que se dejan matar por un canalla posesivo, cuando en todas las casas hay una plancha, y todos los hombres se duermen algún rato...
Y por lo que respecta a la amistad entre mujeres, existe, y es un pilar fundamental e indispensable. Yo vivo con un señor con el que me sigo sintiendo agusto después de un porrón de años de amanecer juntos, pero mis amigas son mis amigas. Y siento la carencia de algunas que he perdido, como trozos de carne que me hubieran arrancado.
Cigarra, confirmas lo que yo afirmo de esa superioridad: en el velatorio del hijo la madre se va a hacer café y el padre a esperar a que se lo traigan.
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