
(Para mi amigo Miguel Morey que espero esté disfrutando de su historia tanto como de su biología)
La ciencia estudia fenómenos -el relámpago- que se extienden en el espacio, y procesos -la tormenta- que se desarrollan en el tiempo.
Hechizados por el instante – ¡y hay tantos!-, el biólogo es el primero que a menudo se olvida de que la biología es una ciencia histórica. Si los procesos se desarrollan en el tiempo, los organismos no son la foto fija del adulto estándar que creemos, sino todas las etapas previas a su nacimiento hasta su muerte; eso en los organismos que completan un desarrollo simple, no digamos los que sufren metamorfosis complejas, como las mariposas. Así pues somos ciclos de vida y no especimenes rígidos, procesos temporales, historias. Un niño angelical se convierte en el mejor poeta joven europeo que se convierte en un desengañado adulto tratante de esclavos y en un moribundo feroz (Sí, Rimbaud). La vida es corta, pero se viven varias.
A más largo plazo, la biología es también un asunto histórico. Se trata ahora de la filogenia en lugar de la ontogenia, la historia de las estirpes, de su aparición, diversificación y desaparición, el proceso evolutivo. Historia. El hecho de que determinada planta en flor esté ahí no sólo es resultado ramplón de que se cumplan unas determinadas condiciones ambientales o ecológicas acordes con sus necesidades fisiológicas, sino al hecho de que haya llegado allí (biogeografía) a través de ese proceso histórico que es en definitiva la historia de la vida en el planeta.
Y además me interesa la Historia de los hombres y sus sociedades, lo que se suele entender por historia a secas. Me ayuda a entender, por ejemplo, junto a la geología y la biología, los paisajes. En las pampas americanas los grandes herbívoros eran los camélidos americanos, como el guanaco, y avestruces americanas como el ñandú, pero los caballos y bovinos introducidos por los españoles los hicieron retroceder y probablemente alteraron la propia vegetación del herbazal autóctono, de la misma forma que el castellano hizo retroceder, junto al resto de lenguas indoeuropeas hegemónicas, a las lenguas algonquinas, muscogeeas o kreek y otras indígenas
De hecho, la historia ayuda a entender muchas cosas si se usa sensatamente; es decir, viéndola como un proceso y no como una proclama reivindicativa. Me explicaré. Hace doscientos millones de años, con los dinosaurios como fauna dominante en la Tierra había un solo continente reuniendo todas las tierras emergidas, Pangea. Hace 180 millones de años Pangea comenzó a dividirse; primero en dos supercontinentes y más tarde en varios más hasta llegar a la distribución de hoy en día. Esta deriva continental aisló faunas antaño unidas y las diferenció a lo largo del tiempo, explicando las diferencias que hay entre las faunas americanas, africanas y euroasiáticas u oceánicas. Como señala irónicamente el estudioso Alfred Crosby, eso explica, después de todo, por qué Nerón arrojaba a los cristianos a los leones y no a los pumas.
La “descentralización” de los procesos evolutivos en cada continente fue crucial para diferenciar regiones biogeográficas con floras y faunas distintas, pero tuvo también procesos de signo contrario, como el enlace temporal a través de Bering –para algunos un continente puente: Beringia, a través del cual penetraron los primeros humanos en América desde Asia- de Norteamérica y Europa, pero sin anular el proceso separador principal. Es decir, desde hace 180 millones de años, con leves retrocesos, han dominado las fuerzas centrífugas, hasta hace unos escasos mil años en el que volvieron a dominar las centrípetas esta vez por acción de humana a través de la introducción de especies y las invasoras. Es decir, el ser humano, la especie más adaptable y cosmopolita del planeta junto a la rata gris, está volviendo a reconstruir Pangea por medio de sus barcos y aviones. La tecnología compitiendo con la macro geología.
Volviendo a la Historia a secas, esto es, a la estrictamente humana, hay tres autores y sus respectivos libros que me han ayudado mucho a entender el mundo natural mediterráneo y el de España en concreto. Esos autores son el francés Fernand Braudel, padre de la escuela de los anales francesa y partidario de una historia total que englobe la meramente cronológica de reyes y batallas, la económica y la sociológica y, finalmente, la ambiental, y autor de una obra hechizante que recomiendo vivamente y que va mucho más allá de su ya ambicioso título: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II. Otro es el arqueólogo e historiador de historia antigua García Bellido; sus obras España y los españoles hace dos mil años, basada en los comentarios a la historia de Plinio sobre Iberia son muy esclarecedoras, sobre todo si las leen naturalistas y no sólo historiadores. Y el tercero, Pastoureau, nuevamente es un francés contemporáneo, pero dedicado a la historia medieval simbólica, esto es, al análisis de asuntos que parecen más evanescentes que los hechos pero que pueden condicionarlos muchísimo, la simbología, y en especial su Historia simbólica de la Edad Media Occidental; un libro que he disfrutado muchísimo y que os recomiendo vivamente.
Claro, el hombre no viaja solo, viaja con sus perros, sus ganados y sus plantas de cultivo. Y con sus enfermedades. Bacterias y virus, como el de la gripe, nos dan ciento y una vueltas (al globo) en eso de viajar rápido; y se suben a los mismos barcos y aviones que nosotros.
No hace mucho se solía utilizar la biología para reclamar pertenencias elementales y proclamar exclusiones: la sangre, primero, los genes después, pero tras el descrédito del concepto de raza en los humanos se vuelve a acudir a la diacronía de la historia nuevamente. No hay más que elegir el momento adecuado, el corte histórico conveniente para reivindicarse: el Edén neolítico pastoril del nacionalista vasco que nombra los árboles y los montes con la misma lengua con la que habla con sus ovejas y le sirve para rechazar la latinización del resto; el califato para ese andaluz semi culto que ha decidido buscar sus raices convirtiéndose al Islam y no, por ejemplo, al senequismo romano anterior; o el dichoso imperio donde nunca se ponía el sol (como en el Polo Norte en verano) del siglo XVI para ese franquista añorante. La Historia se puede manipular tanto al menos como las estadísticas. La Historia como argumento y no como indagación siempre es falaz, pero dado que la memoria es más poeta que notario, en ese sentido, prefiero francamente la historia ficción de esos ‘frikis’ que se hacen llamar Pepe Skywalker, del planeta Tatooine. Igual de inexactos, son más inofensivos que otros rigoristas y puestos a ser avatares absurdos de paisajes soñados: imperios, califatos o Euskalerrías, mejor escoger planetas desérticos.
Hay muchas candidaturas para el pronostico más bobo, pero yo creo que el premio gordo se lo lleva ese superficial y reaccionario analista político, Francis Fukuyama, que predijo “El fin de la historia”, y título de su prescindible libro-panfleto, olvidando que la vida es un proceso histórico y, probablemente, confundiendo sus deseos con la realidad; al fin y al cabo ya explicó Chesterton que un conservador es alguien que juzga los hechos de hoy con la mentalidad de ayer. Y a eso hay que añadir la inveterada manía de rescribir ese ayer a gusto del presente de cada cual
Fernand Braudel: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura económica, México, 1953 (eds posteriores numerosas)
Antonio García Bellido: España y los españoles hace dos mil años según la geografía de Estrabón; Espasa Calpe, 1945 (sucesivaseds.)
Michel Pastoureau: Una historia simbólica de la Edad Media Occidental; Katz editores, 2006
“Feliz el pueblo cuya historia se lee con aburrimiento”
Montesquieu
“Vivimos nuestra vida hacia delante y tratamos de comprenderla hacia
atrás”
James Sallis
La ciencia estudia fenómenos -el relámpago- que se extienden en el espacio, y procesos -la tormenta- que se desarrollan en el tiempo.
Hechizados por el instante – ¡y hay tantos!-, el biólogo es el primero que a menudo se olvida de que la biología es una ciencia histórica. Si los procesos se desarrollan en el tiempo, los organismos no son la foto fija del adulto estándar que creemos, sino todas las etapas previas a su nacimiento hasta su muerte; eso en los organismos que completan un desarrollo simple, no digamos los que sufren metamorfosis complejas, como las mariposas. Así pues somos ciclos de vida y no especimenes rígidos, procesos temporales, historias. Un niño angelical se convierte en el mejor poeta joven europeo que se convierte en un desengañado adulto tratante de esclavos y en un moribundo feroz (Sí, Rimbaud). La vida es corta, pero se viven varias.
A más largo plazo, la biología es también un asunto histórico. Se trata ahora de la filogenia en lugar de la ontogenia, la historia de las estirpes, de su aparición, diversificación y desaparición, el proceso evolutivo. Historia. El hecho de que determinada planta en flor esté ahí no sólo es resultado ramplón de que se cumplan unas determinadas condiciones ambientales o ecológicas acordes con sus necesidades fisiológicas, sino al hecho de que haya llegado allí (biogeografía) a través de ese proceso histórico que es en definitiva la historia de la vida en el planeta.
Y además me interesa la Historia de los hombres y sus sociedades, lo que se suele entender por historia a secas. Me ayuda a entender, por ejemplo, junto a la geología y la biología, los paisajes. En las pampas americanas los grandes herbívoros eran los camélidos americanos, como el guanaco, y avestruces americanas como el ñandú, pero los caballos y bovinos introducidos por los españoles los hicieron retroceder y probablemente alteraron la propia vegetación del herbazal autóctono, de la misma forma que el castellano hizo retroceder, junto al resto de lenguas indoeuropeas hegemónicas, a las lenguas algonquinas, muscogeeas o kreek y otras indígenas
De hecho, la historia ayuda a entender muchas cosas si se usa sensatamente; es decir, viéndola como un proceso y no como una proclama reivindicativa. Me explicaré. Hace doscientos millones de años, con los dinosaurios como fauna dominante en la Tierra había un solo continente reuniendo todas las tierras emergidas, Pangea. Hace 180 millones de años Pangea comenzó a dividirse; primero en dos supercontinentes y más tarde en varios más hasta llegar a la distribución de hoy en día. Esta deriva continental aisló faunas antaño unidas y las diferenció a lo largo del tiempo, explicando las diferencias que hay entre las faunas americanas, africanas y euroasiáticas u oceánicas. Como señala irónicamente el estudioso Alfred Crosby, eso explica, después de todo, por qué Nerón arrojaba a los cristianos a los leones y no a los pumas.
La “descentralización” de los procesos evolutivos en cada continente fue crucial para diferenciar regiones biogeográficas con floras y faunas distintas, pero tuvo también procesos de signo contrario, como el enlace temporal a través de Bering –para algunos un continente puente: Beringia, a través del cual penetraron los primeros humanos en América desde Asia- de Norteamérica y Europa, pero sin anular el proceso separador principal. Es decir, desde hace 180 millones de años, con leves retrocesos, han dominado las fuerzas centrífugas, hasta hace unos escasos mil años en el que volvieron a dominar las centrípetas esta vez por acción de humana a través de la introducción de especies y las invasoras. Es decir, el ser humano, la especie más adaptable y cosmopolita del planeta junto a la rata gris, está volviendo a reconstruir Pangea por medio de sus barcos y aviones. La tecnología compitiendo con la macro geología.
Volviendo a la Historia a secas, esto es, a la estrictamente humana, hay tres autores y sus respectivos libros que me han ayudado mucho a entender el mundo natural mediterráneo y el de España en concreto. Esos autores son el francés Fernand Braudel, padre de la escuela de los anales francesa y partidario de una historia total que englobe la meramente cronológica de reyes y batallas, la económica y la sociológica y, finalmente, la ambiental, y autor de una obra hechizante que recomiendo vivamente y que va mucho más allá de su ya ambicioso título: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II. Otro es el arqueólogo e historiador de historia antigua García Bellido; sus obras España y los españoles hace dos mil años, basada en los comentarios a la historia de Plinio sobre Iberia son muy esclarecedoras, sobre todo si las leen naturalistas y no sólo historiadores. Y el tercero, Pastoureau, nuevamente es un francés contemporáneo, pero dedicado a la historia medieval simbólica, esto es, al análisis de asuntos que parecen más evanescentes que los hechos pero que pueden condicionarlos muchísimo, la simbología, y en especial su Historia simbólica de la Edad Media Occidental; un libro que he disfrutado muchísimo y que os recomiendo vivamente.
Claro, el hombre no viaja solo, viaja con sus perros, sus ganados y sus plantas de cultivo. Y con sus enfermedades. Bacterias y virus, como el de la gripe, nos dan ciento y una vueltas (al globo) en eso de viajar rápido; y se suben a los mismos barcos y aviones que nosotros.
No hace mucho se solía utilizar la biología para reclamar pertenencias elementales y proclamar exclusiones: la sangre, primero, los genes después, pero tras el descrédito del concepto de raza en los humanos se vuelve a acudir a la diacronía de la historia nuevamente. No hay más que elegir el momento adecuado, el corte histórico conveniente para reivindicarse: el Edén neolítico pastoril del nacionalista vasco que nombra los árboles y los montes con la misma lengua con la que habla con sus ovejas y le sirve para rechazar la latinización del resto; el califato para ese andaluz semi culto que ha decidido buscar sus raices convirtiéndose al Islam y no, por ejemplo, al senequismo romano anterior; o el dichoso imperio donde nunca se ponía el sol (como en el Polo Norte en verano) del siglo XVI para ese franquista añorante. La Historia se puede manipular tanto al menos como las estadísticas. La Historia como argumento y no como indagación siempre es falaz, pero dado que la memoria es más poeta que notario, en ese sentido, prefiero francamente la historia ficción de esos ‘frikis’ que se hacen llamar Pepe Skywalker, del planeta Tatooine. Igual de inexactos, son más inofensivos que otros rigoristas y puestos a ser avatares absurdos de paisajes soñados: imperios, califatos o Euskalerrías, mejor escoger planetas desérticos.
Hay muchas candidaturas para el pronostico más bobo, pero yo creo que el premio gordo se lo lleva ese superficial y reaccionario analista político, Francis Fukuyama, que predijo “El fin de la historia”, y título de su prescindible libro-panfleto, olvidando que la vida es un proceso histórico y, probablemente, confundiendo sus deseos con la realidad; al fin y al cabo ya explicó Chesterton que un conservador es alguien que juzga los hechos de hoy con la mentalidad de ayer. Y a eso hay que añadir la inveterada manía de rescribir ese ayer a gusto del presente de cada cual
Fernand Braudel: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II. Fondo de Cultura económica, México, 1953 (eds posteriores numerosas)
Antonio García Bellido: España y los españoles hace dos mil años según la geografía de Estrabón; Espasa Calpe, 1945 (sucesivaseds.)
Michel Pastoureau: Una historia simbólica de la Edad Media Occidental; Katz editores, 2006
8 comentarios:
Cuánta razón tiene Montesquieu.
Vaya liillo que se me ha montado en el blog, espero que no dejes de pasarte porque me agradan tus visitas.
Es una nueva dire, casi la misma que antes, el blog es el mismo,claro...cosas de los ordenadores que piensan solos, fíjate!!! :))
http://corrientesdeaguayazahar.blogspot.com/
Te acuerdas de Pina López Gay?
Besos, buen día!
Pina, la bella musa roja luego reciclada en ejecutiva de la Expo de Sevilla. Creo que tuvo un triste y prematuro final.
De los tres libros, sólo he leído el de Braudel que durante mucho tiempo estaba siempre en mi mesilla, para relecturas frecuentes (trozos) y además lo he debido regalar cinco o séis veces. Imagínate lo que me entusiasmó.
nunca había venido a éste blog, me llama la atención la reelaboración de la frase de Bakunin que usás cómo subtítulo, porque eso es exactamente lo que el decía, pero escrito al revés...
"Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero; si se trata de una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del ingeniero. Para esta o la otra, ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio. Pero no dejo que se impongan a mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio. Les escucho libremente y con todo el respeto que merecen su inteligencia, su carácter, su saber, pero me reservo mi derecho incontesable de crítica y de control. No me contento con conultar una sola autoridad especialista, consulto varias; comparo sus opiniones, y elijo la que me parece más justa. Pero no reconozco autoridad infalible, ni aun en cuestiones especiales; por consiguiente, no obstane el respeto que pueda tener hacia la honestidad y la sinceridad de tal o cual individuo, no tengo fe absoluta en nadie. Una fe semejante sería fatal a mi razón, la libertad y al éxito mismo de mis empresas; me ransformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos."
Creo que estamos reconstruyendo Pangea de una manera sumamente precaria ¿cuántas especies, de animales y plantas, desaparecen por la acción del hombre al día?, para cerrar irremediablemente, un ciclo evolutivo comenzado hace demenciales cantidades de años.
Los resultados están a la vista, la tecnología supera casi infinitamente a la macro geología. En 30 o 40 años se ha consumido más energía que la consumida en muchos cientos de años de historia humana, y lo mismo con la basura, y seguramente algo parecido con muchas otras cosas. No es necesario tener una extraordinaria capacidad de imaginación para representarse lo que será nuestra Pangea al paso que vamos. Un mundo con animales y plantas, los que alcancen a sobrevivir “remediados” genéticamente en forma constante y preventiva para ir enfrentando las condiciones de desastre producto de esa tecnología. Especies atrofiadas y debilitadas por la pérdida de su riqueza genética (¿o la importancia de tal riqueza es una falacia?), campos de cultivo en los que ni siquiera ninguna abejita tenga la posibilidad de medrarle a los dueños del mundo un poquito de néctar de sus riquezas.
Bueno, y a todo eso ¿para qué preocuparse si a fin de cuentas, en mi caso, no está en mi mano ni estoy en posibilidades hacer algo positivo a ese respecto? ¿no será acaso más sabio decir algo parecido a lo que contestó Keynes, cuando le preguntaron qué iba a pasar después de los 50 años en que proyectaba la aplicación de sus teorías, en el sentido que eso no tenía importancia alguna porque para esas fechas ya todos iban a estar muertos (el y su auditorio)?
De la historia mis limitaciones para conocerla como desearía, me consuela un poco aquello que dijo no recuerdo quién, que a fin de cuentas los actos de los hombre son en sus tres cuartas partes la repetición de lo que la humanidad en otras épocas ha realizado.
Saludos.
Perro negro: la cita es de Spinoza, varios siglos anterior al tremendo Bakunin
Caramba. Yo habría jurado que la cita era de Lichtenberg, cien años antes que Bakunin y cien después que Spinoza. ¿Lo aceptáis como justo término medio?
Quizás lleves razón, Vanbrugh; en cualquier caso no soy capaz de hacerme mis zapatos, aunque no suscribo eso de "zapatero a tus zapatos"
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