Para mi amigo Tino, inasequible al desaliento que yo en su lugar sentiría, y para mi ni amigo ni enemigo A.O., más conocido como Lector malherido, al que no le gusta nada que no escriba él mismo. Y para d.m., que lee Mortal y rosa en los semáforos como otros venden pañuelos y es preciosa.
Originariamente un idilio no era una relación amorosa apasionada entre dos; eso vendría luego, sino un subgénero literario: “composición poética tierna y delicada, que tiene por asunto los afectos amorosos”; y también y más acertadamente: “un corto poema pastoral, narrativo o descriptivo, en un estilo superior y altamente acabado…” Me quedo con esta. ¿Puede un humano tener un idilio con su perro? Puede. Puedo yo, que lo tengo con Jara (y soy felizmente correspondido) y pudo Thomas Mann –motivo de este post aunque no lo parezca- con su perro ‘Bauschan’, como lo tuvo Byron con el suyo, aunque luego, frívolo aristócrata, se la pegara con un oso y hasta con su hermana. Además, lo de Byron tampoco era un idilio, sino un despecho, porque escribió que cuanto más conocía a los hombres más le gustaba su perro. Yo, en cambio, opino que cuanto más quiero a Jara más tolerables me resultan los humanos; o sea, que el amor me hace mejor.
Primer punto firmemente establecido: el ser humano puede tener un idilio con su perro, quedando excluidas viejecitas y perritos falderos, porque no hay que confundir el idilio con la novela rosa, ni siquiera la romántica. Quedan también excluidos la mayoría aunque no todos los cazadores y pastores que “usan” sus perros como cosas útiles y los mantienen en un rango ligeramente inferior o superior o parejo a otros de sus instrumentos, como escopetas o cayados.
Punto dos. Hay un tipo de críticos que funcionan como cantos rodados: por la línea de máxima pendiente, fácil y cuesta abajo. Este tipo de críticos, desgraciadamente tan abundantes como perfectamente superfluos, cogen a Thomas Mann y dicen: La Montaña mágica, y Muerte en Venecia. Si tu les replicas, pero qué pasa con esa obrita, ese idilio (ver definición) que se llama Señor y perro? , dictaminan: nada, obra menor, Thomas Mann es La montaña mágica y Muerte en Venecia, así que Señor y perro lo pudo haber escrito su señora o su jardinero. Olvidémonos de estos cantamañanas.
Antes de que como buenos perritos os pongáis a salivar cuando ponga esta deliciosa obra por las mismas nubes os lo advierto: está agotada. Yo me la encontré, con excelente traducción del señor Crespo y todo, por casualidad en una de mis rebuscas recientes en una librería de viejo. Y merecería la pena reeditarla por una editorial de estas chulas de hoy que “rescatan” obras maestras, para que pudierais conseguirla vosotros y para que me hicieran caso a mí, como debe ser. De todas formas creo que hay una edición en bolsillo de Edhasa (no sé si es la misma traducción que el mío de Plaza y Janés de los setenta).
Por tanto, “…escrito en un estilo superior y altamente acabado…”, es decir, como los mismos ángeles si estos supieran escribir y no sólo tocar trompetas o arpas –según sean ángeles de combate: arcángeles, o ángeles familiares: angelotes-, se habla en este librito –sí, sí, delicioso, hay que joderse con los tópicos y frases hechas, pero es que lo es- de un tema íntimo y menor, de esos que pertenecen sólo a uno mismo y, por tanto, más propios en principio de la poesía que de la narrativa. Esta joya literaria es chiquitita, pero tiene los mismos quilates, como mínimo, que el tocho ese de La montaña mágica de marras.
Lo que más me ha gustado es que con esa “finísima sensibilidad” el autor, el pedazo de autor, el pope de las letras alemanas después de Goethe, se escapa del tiempo borrascoso que le tocó padecer a su mundo cotidiano más recoleto, a los paseos tranquilos en compañía de su can, a la armonía de ese idilio, a su Yo, y al Tú del perro, idílicos, repito, mediante un ejercicio de minuciosa observación. Pero ojo, aquí no hay sensiblerías rosas ni nada parecido; de hecho, lo mejor que puedo decir de este librito es que gustará a los que no les gustan los perros o, al menos, a los que nunca meterían un chucho en su casa por múltiples y sensatas razones. Sin argumento. O con el argumento de presentarnos a su perro, que de simplote empieza a parecernos sumamente complejo a medida que la perspicaz mirada del autor se va fijando en él, acostumbrándose mutuamente uno a otro, siendo serenamente felices en compañía, cariño, ternura, amistad, tan ínterespecíficas como las gripes que pretenden asolarnos. Un clima, un paisaje, la casa del escritor, las apacibles orillas del río Isar, las cosas nimias en las que sólo se fijan los niños y los artistas verdaderos.
Cuando al comienzo del libro describe el autor la frenética carrera que emprende el perro al oír llegar a su amo para reunirse con él he sentido la empatía profunda que todo aquel que haya experimentado un amor similar, pero también lo puede, en otra forma, percibir el lector con buen diente para las cosas exquisitas. Señor y perro (Herr und Hund, suena bien en alemán, ¿verdad?) fue escrito en plena bronca con su hermano Heinrich sobre la naturaleza del arte y de la literatura; broca que formaba parte, de un lado, de la antipatía y maneras tan distintas de estar en el mundo de ambos hermanos, pero también de la vieja polémica de Cultura frente a Civilización o, si preferís, del arte por el arte frente al arte como compromiso político. Thomas se alineaba con lo primero y Heinrich con lo segundo. Por eso escribió Meditaciones de un apolítico, pero donde mejor demuestra lo que pretende es precisamente en esta otra obra escrita tras la derrota alemana de 1918.
No sé si serán la “generación Nocilla”, todos estos jóvenes españoles que edita mi amigo Tino Bértolo –supongo que si entre tanta basurilla previsible encuentra un genio su tarea estará cumplida-, lo que sí sé es que todos, absolutamente todos con los que he tropezado (en realidad he dado un rodeo enseguida) hacen una literatura ‘Ikea’, con sus tablones a medida, sus agujeros ya hechos, los tornillos aparte, listos para montar. Incluso cuando lo que montan es una mesa con cinco patas o un armario con las puertas que se abren hacia adentro. Supongo que será porque todos también han pasado por esos talleres de escritura que proliferan para proveer de sobresueldos a la generación anterior. Para descansar los ojos y sobre todo el cerebro recomiendo este libro. Le doy siete arrobas (@@@@@@@) conforme al sistema de puntuación de Lector malherido (véase).
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Próximos descubrimientos (Cuando era niño, descubrí por mi cuenta literalmente la pólvora. Le sobraba un ingrediente: polvo de ladrillo, pero aún así era eficaz; si lo hubiera sustituido por polvo de aluminio habría fabricado una bomba. El resto de ingredientes, listillos, era azufre -lo cogía de las esquinas donde lo echaban para que no se measen los perros-, carbón en polvo y clorato potásico de pastillas machacadas):
-Janet Frame
-John Le Carré
22 comentarios:
linda entrada y dedicatoria, gracias por lo que me toca. me encanta tu jara.
beso
Temo que soy uno de esos críticos que tiran derecho por la línea de máxima pendiente, pero al revés: no pude con la Montaña Mágica. La última vez que me puse con ella la acabé dejando a medias -a las cien páginas, apenas empezada, vamos- y cambiándola por otra montaña menos mágica pero que estaba allí mismo, de verdad, asturianamente tentadora y frondosa, invitándome a pasearla y a mandar al carajo tanto regodeo enfermizo en la tuberculosis como status vital privilegiado.
Recuerdo haber leído hace muchos años la Muerte en Venecia, tras ver la excelente película de Visconti -cuánta confesión bochornosa en un solo comentario- y me gustó. Comprobé, además, que, por una vez, la adaptación cinematográfica estaba bastante conseguida (a pesar de que, como creo que alguien le reprochó a Visconti, convierte en una "historia de maricones" lo que en la intención de Mann era, creo, algo mucho más sutil, menos explícito y apenas insinuadamente erótico; pero está visto que ni los más listos de los homosexuales son capaces de dejar de arrimar el ascua a su sardina cada vez que creen tener ocasión.) Y la verdad es que Mahler sonaba estupendamente, aunque me moleste coincidir con Guerra en gustos musicales.
De modo que lo mío con el pobre Mann no ha sido un idilio, precisamente. Quizás alguna vez consiga yo vencer la prevención con la que leo todo lo que sé traducido del alemán.
Puedo probar suerte con este romance canino. Nunca he tenido perro pero me llevo bien con ellos, y me conmueve extrañamente su devoción incondicional y esperanzada. Te propongo un trato: tú me lo prestas y yo te doy a cambio un patinete en buen estado. Por ejemplo.
Hecho: acepto el trato, ya veremos como lo hacemos porque estoy a punto de largarme cinco días.
La montaña mágica, me temo, ha tenido mala suerte en España y no sólo contigo. Como Guerra y Paz hasta que la edito Mario Muchnick, de la Montaña... sólo había malas traducciones y lo que es peor, expurgadas, mutiladas, como G y P. Hasta que hace poco la pude releer en una buena y completa versión de Edhasa, creo. Hans Cartop puede parecer un cantamañas tísico, pero la segunda parte, que no te voy a revelar, aclara muchas de las intenciones del autor. Los Bunddenbrock y José y sus hermano y una novela musical que te encataría, Doctor Faustus, en el que un músico vende su alma, te encantaría. La verdad es que es un grande y hasta tienen un pequeño relato de tema español: navegando con DonQuijote, o algo parecido, que narra una travesía a estados unidos leyyendo a cervantes. dale una oportunidad.
Lo siento Lansky si no lo he pillado bien.
El libro, la joya, es la obra titulada " Idilio con perro" ? Y el autor es un grandisimo autor aleman que no es Goethe. Es asi?
En todo caso, y siento si no comparto tu entusiasmo: Creo que los idilios de humanos con perros se los inventan los humanos para justificar la pasion por su perro. El amor del perro por el amo siempre es el mismo, sea el amo imbecil o no, viejecita o renombrado escritor aleman.
Creo que cuando un ser humano considera que tiene un idilio con su perro es que el perro le esta dando algo que deberia proporcionarle la vida con sus semejantes. En definitiva, que " el idilio" se produce a consecuencia de las carencias que afectan al hombre, de diferentes intesidades y procedencias.
El perro tambien necesita cariño, eso esta claro pero el cariño que necesita el amo es mucho mas complejo.
No se si me he explicado.
Solo digo que un hombre arrobado por su perro es un hombre solo.
Emma, lo único que queda claro es que tú nuca has tenido un idilio con tu perro; hayas tenido o no un perro, le hayas tratado bien, con cariño o no. La teoría -de superficial baratura psicológica: la tengo muy oída- de que tal amor es un sustituto enfermizo del único posible, el que se da entre dos seres humanos, es inútil que intente desmontártela, como es inútil explicar el océano a alguien de tierra adentro, Pero te aseguro que soy poco dado al autoengaño, ni siquiera cuando he estado enamorado apasionadamente de una mujer, pongamos por caso, y he sido correspondido; más bien tiendo a lo contrario. Y la empatía profunda, la compenetración que en ocasiones afortunadas de compatibilidad se dan entre perro y humano son de tal grado que en el fondo me molesta tu interpretación no por lo que pudiera tener de supuestamente ddenigrante para mí (o para Thomas Mann, sí, autor del libro"Hombre y perro"), sino por lástima hacia tu ignoracncia emocional en dicho aspecto que no puede paliarse con tus explicaciones pseudopsicológicas.
Un beso
Veo que mi interpretacion pseudopsicologica de tu post te molesta.
Pues bien, dejame decirte algo : No estoy en contra del idilio entre un hombre y su perro. Ni lo ridiculizo. Es mas, lo entiendo muy bien. El hombre que ama a su perro entiende que " los otros" no podran devolverle lo que ve en los ojos del animal cuando este le mire.
Pero ese hombre, te moleste o no señor Lansky, esta solo. Y probablemente este solo porque es sensible e inteligente y no pueda comunicarse ( ni quiera) con la mediocridad del mundo que le rodea. Por ello considero, al igual que el niño que vive un idilio con sus libros, que el "idilio" con el perro se da en seres humanos que no encuentran intermocutores ni afectos que les colmen entres los suyos.
Por lo tanto considero que "si que hay carencias".
Pero no censuro ese amor. Es mejor que estar con tu familia, tu suegra, tus hijos sorbiendo batidos en un centro comercial.
Joder, Lansky.
Sabes que tengo razon!
Solo algunos como Thomas Mann o tu pueden entender el "idilio con perro".
O es que tu no eres un hombre solo y peculiar?
*interlocutores
*entre
Siento mis faltas de ortografia, fruto de la furia de mi respuesta.
No se si podras entender lo que he intentado explicarte de "las carencias" del hombre que ama a su perro. No es facil encontrar interlocutores validos en esta vida. Ay, lo se muy bien.
Hola Lansky,
Me alegro de haberte vuelto a encontrar. Entiendo perfectamente la posibilidad de tener un idilio con un perro. Yo nunca he tenido uno propio pero si los tengo en mi entorno y su compañía silenciosa alberga mayor comprensión y consuelo que la que pueden ofrecer la mayor parte de los humanos cuyo apoyo suele enmascarar su ego. En mi caso, soy más de gatos y no vivo idilio sino pasión. Es cierto son ariscos, convenientes y traicioneros pero también te regalan (y es así te regalan cuando les da la real gana) momentos únicos
Un beso
Me lei la edición de Edhasa de la Montaña mágica en navidad y aunque me costó como si hubiese subido la puñetera montaña yo misma, me pareció muy buena. Herr und Hund seguro qeu también lo es. La muerte en Venecia la lei casi de niña y reconozco que no me acuerdo prácticamente de nada...
En el mundo de la clinica veterinaria es un dogma que la gente que tiene idilios con sus perros son personas a las que nadie les hace caso, y que cuando llegan a su casa el único que se alegra es el perro, los idilios con cabras o con gatos son más complejos. S
upongo que conoces las opiniones de Tournier al respecto, creo que el capítulo sobre perros y gatos está en el "árbol y el cámino" y allí analiza las diferencias entre dueños de perros y gatos, no es su mejor artículo pero es una brillante sintesis de los tópicos al uso
d.m., sentí muchísimo no conocerte en persona, espero que se presente pronto otra ocasión.
¿con qué desparpajo ofreces tu, Vanbrugh, trueques con patinetes, si esa moneda todavía está en mi bolsa? ¿A que lo leo antes que tu?
¡Ja!
El tema de los idilios interespecificos es antiguo
"se cuenta de uno llamado Crato Pastor, según Volaterrano, que enloqueció por una cabra? ¿I lo de Aristón que, según Plutarco, enloqueció por una burra? ¿I lo de Fulvio Romano, que enloqueció por una iegua? ¿I lo de Cyparizo, que enloqueció por una cierva? I io conocí también un varón harto principal (a lo menos presumíaselo) cuio estado quiero callar, pues por el mesmo respecto le estava peor su modo de proceder en lo que voi diziendo, que tenía tanta affición (no quiero dezir locura) a uno destos perrillos de halda, que solía jurar en fe suia, que aviendo de acaecer, quisiera perder antes toda su hazienda que al perrillo. Pero esto puédese dissimular en alguna manera, mas no las suziedades que usava con él, en tenerlo de ordinario en la mesa donde comía, dexándolo ir lamiendo, i poniendo las narizes, oçicos, pies, i la cola, por encima el pan, carne, escudilla, i demás cosas de comer, antes que nadi llegasse a ellas. I aún muchas vezes acontecía que lo besava, i él mesmo con su boca i lengua le embutía i dava los bocados"
Jerònimo de Mondragón Mondragón,(1598) Censura de la locura humana y excelencias della
Ed. Antonio Vilanova, Selecciones Bibliófilas (Barcelona), 1953
No debería opinar en esta cuestión, porque nunca he tenido perro, y quizá por eso mismo envidio a los que lo tienen y tiendo a idealizar esa relación, pero no es por eso por lo que disiento de Emma cuando dice "que el "idilio" con el perro se da en seres humanos que no encuentran interlocutores ni afectos que les colmen entre los suyos."
Disiento con ella porque creo que el ser humano (y probablemente el ser canino) es suficientemente complejo y sutil como para poder encontrar interlocutores muy diferentes y afectos muy diversos aunque tengan colmados muchos modos de amor entre los suyos. Porque el Amor (y ese "idilio" tambien puede ser Amor con mayúscula) no tiene una única manera de manifestarse ni de colmar nuestras expectativas, y nunca estaré de acuerdo con los que creen que porque amo a este no puedo amar también a aquel. Curiosa afirmación en mi caso, ya que en mi relación estable y duradera nunca he sentido la tentación de sustituir a mi pareja por otra; pero quizá porque nunca he entendido que quererle a él del mejor modo que era capaz, me fuera a impedir querer a otras muchísimas personas, animales o cosas del mejor modo en que fuera capaz de hacerlo. Y como ya me estoy liando no digo mas. Ea.
Que qué bonito lo tuyo con Jara, Lansky.
Algún día leeré el libro como no usuaria de perro, o propietaria, que era por no utilizar ese posesivo. Saludos. PAQUITA
Lansky: yo sí tuve un idilio con un perro y, el caso, es que no era mío. Era la perra de un novio que tuve. A él le quería con locura y la perra se daba cuenta, lo sabía, por eso me quería a mí y yo a ella. Cuando él se emborrachaba, gritaba o lloraba (casi siempre las tres cosas a la vez), la perra venía a mi lado y me lamía la mano sin dejar de mirarme. La he echado de menos desde entonces, perderla fue uno de los muchos dolores que me causó aquella relación. A cambio, aprendí lo que puede llegar a quererse a un perro.
Partiendo de la definición que aportas de idilio como afecto amoroso y descartando cualquier estropicio pasional, estoy por supuesto convencido de que un hombre (y una mujer) puede perfectamente tener un idilio con un perro; es más, me parece facilísimo, pocos seres vivos se prestan mejor que los perros a que surja una relación afectuosa muy especial. No creo, como señala Emma, que mantener un idilio canino implique carencias afectivas con los de nuestra especie. Me parece interesante lo que Emma señala de la dificultad en encontrar "interlocutor" (incluso persona a quien amar y por quien ser amado, que no siempre es lo mismo), pero creo que esa es otra cuestión no vinculada a la relación con el perro. Es decir, que aunque puede que haya quienes tengan idilios con sus perros por carencias afectivas, no por tener afecto a tu perro tienes carencias afectivas. Es más, puestos a generalizar, yo diría más bien lo contrario (que también lo dices en este post). El amor a un perro (o a cualquiera) contribuye a facilitar la expresión del amor hacia otros seres; o a la inversa, quienes más aman mejores personas son y más capaces son de amar a otros. Por cierto, también coincido con lo que dice Cigarra de que amar a alguien no impide amar a otro.
Y lo dejo ya que bastante confusión he escrito. En todo caso, no hace falta decir que yo sí he tenido un idilio con una perra (a la que sigo echando en falta).
Me siento obligada a matizar, pues obviamente en este asunto no se puede ser categorica.
He tenido perros, seis en concreto.
Y solo tuve un idilio con uno. Un pastor belga negro.
El caso es que mi "idilio" se produjo en mi solitaria adolescencia. Cuando sacaba a pasear al perro aprovechaba para escapar del ambiente opresivo de casa. Daba largos paseos con el perro y le hablaba. Me daba la sensacion que el era el unico que me queria, que me entendia de verdad.
Y hoy en dia pienso que era verdad.
Creo que esa relacion con ese perro en especial no se hubiera producido si no me hubiera sentido yo tan falta de interlocurores o personas capaces de entenderme.
Y esa es la postura que defiendo.
Veo a demasiados ancianos "enamorados" de sus perros en sus soledades.
Si a Lansky le ha ofendido es porque quizas- Lansky perdoname esto es un blog y yo no te conozco- quizas como yo reconozco, tiene una soledad no curada.
Y solo Jara puede verla y lamerla.
Emma, no me molestan tus comentarios, aunque su simpleza psicológica no es propia de tí, es decir, de lo que sé de tí por todos tus comentarios en otros temas. Por lo demás concuerdo con Miroslav y Cigarra.
Zwigenstein: eres un pervertido, y tu gato también; jamás os dejaría a solas con mi perra; por otra parte, tu fijación erótica con las cabras es compartida por la mayoría de la gente tosca y autista de nuestros campos y eriales.
Pues mi simpleza psicologica si es propia de mi Lansky. No creo que durante todos estos años no te haya dejado mas que comentarios simples en el blog.
Pero gracias por tener una alta idea de mi! jiji
¿La gente tosca y autista de nuestros eriales son los mismos sabios campesinos que tanto alabas cuando te pones ecologístico? ¿o son otros? Las cabras, los gatos y las mujeres son los seres más perseguidos por el mundo cristiano de occidente, habitualmente se les quema juntos y por que son los únicos que aman la libertad, los perros, los caballos y los ecologistas sois los tres pilares de la opresión y tu lo sabes
No zwingensteein, las verdades a medias es lo que tienen, que no tienen ni la gracia de las falsedades decentes. Las cabras, primero, no tienen la culpa de nada, ni de lo que les achacan los forestales y ecologistas, cada uno por su lado, ni de la fijación erótica que sienten algunos urbanícolas en su senectudcuando las descubren, con sus airosos andares. Los gatos son buena cosa, ideales como animales de compañía para gente que no la desea (la compañía y lo que ello implica, compromiso, etc.). Finalmente, los toscos y los sabios obviamente no son los mismos, aunque compartan el mismo habitat, los toscos son los que se follan a las cabras y las aman desmedidadmente y los sabios los que saben qué es una cabra. ¿Aclarado?
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