Para Euclides Perdomo, a ver si se anima a reiniciar su maravilloso blogDeben entender que el Diablo siempre tiene algo que hacer, así que jamás mata moscas con el rabo; de hecho, uno de sus muchos títulos es el que utilizó William Golding en una novela genial: 'El Señor de las moscas', pero yo no soy como el diablo y sí mato moscas. De ahí este enjundioso estudio que aquí avanzo en primicia.
Cuando se tiene un barrigón como el de los guardias civiles de mediana edad sólo caben –nunca mejor dicho- dos opciones: cinturón y pantalón por encima o por debajo. En la Benemérita prima la segunda opción, mientras que entre los notarios y Franco sin ir más lejos se estilaba por encima. Lógicamente, a igualdad de barriga, varía la talla de pantalón, de lo que se puede inferir que los que se la colocaban por debajo, cada vez más por debajo, son inmovilistas que no cambian de talla de pantalón frente a los ‘barrigonalcistas’.
Igualmente están los que sujetan el cigarrillo entre el corazón y el índice y los que lo pinzan entre el índice y el pulgar; incluso hay eclécticos que adoptan una posición al inicio y otra al final, cuando el pito se acaba. Ambos aspectos: sujeción del cigarrillo y de la barriga se pueden combinar, y según las leyes de la combinatoria eso nos da cuatro posibilidades, pero lo suyo, de hecho, es que los que se colocan el cinto por encima de la barriga y justo por debajo de las así mismo colgantes tetillas, adictos al tiro alto y las tallas amplias de pantalonazo, sujeten el cigarrillo de la primera y más ortodoxa forma, mientras que el típico escayolista de talle bajo, talla universal desde que cumplió los diecisiete y barriga en balconada sea partidario de la sujeción desdeñosa en pinza e incluso del lanzamiento de la colilla con toque de remate de dedo. ¿Estamos?
Lógicamente esos atuendos y lenguaje corporal se corresponden con expresiones verbales igualmente diferenciadoras. Por ejemplo, las amenazantes; los de cinto en alto y pitillo ortodoxo dicen aquello de “Usted no sabe con quién está hablando” (con un notario por lo menos), en tanto que los segundos son más propensos al clásico tuteo y al “A que te meto”.
Por cierto, el gordo estadounidense o alemán, el gordo gordo, que lo es desde el cogote con doble pliegue a la pantorrilla, de tamaño de muslo de corista, no tiene que ver con el tipo hispano barrigón que comento, más propio de elementos aislados prósperos en sociedades hasta hace poco precarias (como la ibérica o las sudamericanas). O sea, que aquí no se habla de obesidades, sino de atributos del Homo hispanicus –hoy ‘autonomicus’-, un rasgo idiosincrásico como la cabra de la legión o el tricornio de la Guardia Civil, equivalente a la manita derecha en la tetilla izquierda de los estadounidenses cuando suena su himno
Mis conclusiones a estas importantes contribuciones antropológicas son: 1) que la mejor manera de que no te clasifiquen es no tener barriga –o usar sotana- y no fumar. 2) que el mejor sujetador de cigarrillos fue Bogarth.
¿Qué cómo sujeto yo el pitillo? Como los marineros y los estudiantes furtivos, con todos los dedos formando una piña y la brasa hacia el interior de la palma, para protegerla del viento o de las miradas del padre rector de disciplina. Y no os digo si tengo barriga; a ver si te meto una…
NOTA: La Antropología de Proximidad
La antropología cultural y general fue fundada por un excelente grupo de prosistas, cuya lectura recomiendo, como Marcel Mauss (Etonografía), Claude Levy Strauss (Tristes trópicos, El pensamiento salvaje) o Marvin Harris (Nuestra especie, Vacas, cerdos y brujas, Caníbales y reyes) que, al igual que ese otro gran literato llamado Sigmund Freud, se creían científicos. Su obsesión era viajar a lugares remotos a estudiar a gentes de las que se desconocía hasta el lenguaje. Marc Augé, que se me adelantó como fundador de la corriente de proximidad, se pregunta en cambio, y yo con él, para qué viajar tan lejos cuando aquí al lado -pongo ejemplos- tenemos tipos que trocean pescados en forma de gusanitos a los que pintan ojos y llaman gulas y sostienen que saben mejor o que practican ritos como la primera comunión. Pues eso.
7 comentarios:
Pues va a a ser que soy de los inmovilistas porque, en efecto, me niego a cambiar de talla de pantalón. Trato de escapar recosiendo el botoncito de la bragueta para lograr algo más de holgura, pero ... En fin, llevo ya cinco días iniciando un cambio de hábitos alimenticios y caminando cinco kilometritos; a ver si logro deshacerme de al menos diez kilos. Y yo que siempre fui flaquísimo ...
En todo caso, no sé que pasa. Los dos últimos posts que leo van de gorduras. Yo sí que te voy a meter una.
Si has hecho deporte de joven lo llevas crudo, porque entonces -es un proceso natural- hay una tendencia a aumentar cinco kilos por década sedentaria. Pero efectivamente el mejor sistema es hacer ejercicio moderado, como andar o nadar, y comer menos y más a menudo (saltarse comidas es un sistema seguro para engordar). Si andas menos de media hora es como si no hicieras nada (¿5 km en tres cuartos de h.?), y mejor todos los días que uno a lo bestia de vez en cuando. Yo ando una hora todos los días y tres o cuatro sábados y domingos, y nado 3 km dos días. Pero comprendo que no todos tienen tiempo. Y cinturilla abajo, como se te supone.(también sigo boxeando algo así que no te recomiendo que intentes meterme...)
Exactamente lo que dices es lo que estoy intentando: comer menos y quitando grasas (e hidratos en menor medida), hacerlo cinco veces al día (lo que me cuesta) y caminar una horita (no voy tan rápido como para hacer los 5 km en 45'). La natación y el boxeo, no.
Un bar de asturianos mismamente. No he visto lugar mas idoneo para el estudio del "homo hispanius"
Me encuentro desubicada (existe esta palabra??) aquí en esta entrada.
¿Desubicada? Eso es porque no abes dónde ponerte el cinto, Mita
¡ja, ja, ja, lo que me he reido! A medida que iba leyendo iba rememorando personajes de uno y otro tipo, y podría darte nombres y apellidos.
(de la cuestión de hacer ejercicio y régimen prefiero no hablar, que estoy sacando la ropa de verano y me dan auténticos accesos de desesperación. Y lo de tener todos los días una hora para andar es un lujo que no queda al alcance de todos los mortales, así que tendré que restringir la manduca. Y es un coñazo de muchísimo cuidado)
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