
Mejor dicho: La nada, el vacío, el cero
“A nadie veo en el camino”, dijo Alicia.
“Ya me gustaría a mi tener esa vista”, comentó el Rey en tono mohíno, “¡para ser capaz de ver a Nadie! ¡Y además a esa distancia! ¡Porque, con esta luz, me cuesta incluso ver gente real!”
Lewis Carroll: Alicia en el país de las Maravillas
¿Debería haber dejado este post en blanco, sin nada escrito, con una ilustración de uno de los famosos cuadros blancos de Marc Rothko o un enorme cero? Hacer un chiste fácil de algo muy complejo, ¿o me pongo serio, pero sin confundirlo con la severidad pomposa? Lo cierto es que lo primero podría haber sido una celebrada ‘boutade’, la típica ‘ocurrencia’ de estos posmodernos tiempos, pero no se ajustaría a lo que sabemos hoy sobre estos apasionantes temas. La nada –la, en principio, ausencia de contenido- es un concepto filosófico, como el cero lo es matemático y el vacío físico, rico y complejo si lo enfocamos desde la ciencia moderna.
Del cero ya hablaremos, pero todo el mundo sabe que esa falsa humildad del no número es engañosa, porque el cero es pieza central de la matemática. En cuanto al vacío, tan difícil de perseguir experimentalmente (el vacío perfecto, como el cero absoluto en temperatura es sólo una ambición inalcanzable), tanto en la física cuántica como en la cosmológica y relativista, en lo más grande y lo más pequeño, tiene… ¡estructura!, y eso plantea fascinantes dilemas filosóficos. Como reza un tópico, ¿la Naturaleza aborrece el vacío?
Hay mucho más en la Nada de lo que parece. Por eso la escribo con mayúsculas. Y cada cual reacciona de forma distinta ante ella. Los filósofos se empeñaron en entenderla, los místicos pugnaron por imaginarla o alcanzarla incluso; los científicos, tan poco modestos, intentaron crearla o localizarla al menos; los lógicos pretendieron abolirla; los matemáticos la utilizaron con fervor. En ese empeño por localizarla o crearla los físicos y tecnólogos orientaron las direcciones de muchas de las ramas e investigaciones actuales de la física; los filósofos, creo, no consiguieron nada y los místicos, poco o nada fuera de sus mundos inconcebibles para la gente corriente.
A Newton la fuerza gravitatoria por él descubierta le molestaba, ¿cómo un cuerpo sin contacto con otro pude ejercer una fuerza? Y esa fuerza, ¿se ejerce en el vacío? Parecía inaceptable: no había espacio vacío, sino un ‘éter’, todo se movía a través de él, un océano en el que estaban inmersas las cosas, que aseguraba que ningún resquicio del Universo estuviera vacío. Pero ese éter fantasmal parece que no existe. En su lugar hay otras cosas aún más increíbles: materia y energía oscura, antimateria. ¿Sabéis quien eliminó a ese éter fantasmal? Einstein. De todas formas, -¡hay que joderse con la ciencia!- al eliminarlo, la cuántica y el relativismo abrieron más interrogantes que los que cerraban. Pero el vacío se está haciendo más “presente” cada vez en lo más pequeño y lo más grande de las fuerzas que actúan en esas dimensiones extremas. Vacío cuántico y vacío cosmológico ¿Arenas movedizas, como sugiere el matemático John D. Barrow? Veremos.
El vacío perfecto de mi adorado Stanislav Lem (hay referencias a él en el último post de los amigos del blog Desplazamientosinorbita, ver enlaces) era un conjunto de reseñas de libros inexistentes, pero los juegos literarios de Borges, Calvino (Ítalo, no el fanático teólogo de Ginebra), Lem y compañía se quedan cortos frente a la ‘realidad’ y los hallazgos que van encontrando los físicos allá donde era de esperar no encontrar ni esperar nada. Paradoja.
Empecemos, como tantas veces, con los griegos, esos mismos a los que se les escapó el cero. Los griegos fueron los primeros, como tantas veces nuevamente, en tropezarse con las paradojas de la Nada, casi las mismas que afligen al infinito. Parménides y Zenón terminaron, vía paradoja, por burlarse de ambas: la Nada y el Infinito. En cuanto a las teologías, los griegos propusieron un dios arquitecto que modela el mundo a partir de un material eterno persistente y desordenado, el Caos. Sin embargo, caos, palabra griega, significaba originalmente Nada. Pero retrocedían ante este concepto, todo lo más jugaban con él como el ingenioso Ulises dándose el nombre de ’nadie’ante la pregunta de un amenazante Polifemo. En definitiva, los griegos negaron la Nada. Hubo estoicos, que proponían un vacío más allá del mundo, y atomistas, que lo hacían en el interior de él; ambos se desviaron de la norma, pero el clasicismo que heredó Europa fue el de Aristóteles y él rechazaba la Nada y el vacío e ignoraba el cero. En el renacimiento se mantiene un Universo finito aunque inmenso que contenía todo lo que existe, lleno de materia, eterno.
El cristianismo, como su antecesora la tradición judía, en cambio, más ambicioso, propone un dios creador del mundo a partir de la Nada. Lo sentimos por Parménides al que la Nada le ponía de los nervios y proponía un universo esférico y llenando todo el espacio disponible. Los griegos y su geometría se mantenían lejos de los extremos del cero y el infinito, colgaron carteles de “cuidado” en ambos lados. La causa y efecto de Aristóteles también los ignoró. Durante los siguientes siglos se juega con las paradojas y no se avanza más. Hasta que empezaron a surgir los gigantes de la ciencia moderna, con Galileo a la cabeza.
Seguiré con el tema, me meteré en harina. Ya sé que me lo agradecéis; DE NADA.
“A nadie veo en el camino”, dijo Alicia.
“Ya me gustaría a mi tener esa vista”, comentó el Rey en tono mohíno, “¡para ser capaz de ver a Nadie! ¡Y además a esa distancia! ¡Porque, con esta luz, me cuesta incluso ver gente real!”
Lewis Carroll: Alicia en el país de las Maravillas
¿Debería haber dejado este post en blanco, sin nada escrito, con una ilustración de uno de los famosos cuadros blancos de Marc Rothko o un enorme cero? Hacer un chiste fácil de algo muy complejo, ¿o me pongo serio, pero sin confundirlo con la severidad pomposa? Lo cierto es que lo primero podría haber sido una celebrada ‘boutade’, la típica ‘ocurrencia’ de estos posmodernos tiempos, pero no se ajustaría a lo que sabemos hoy sobre estos apasionantes temas. La nada –la, en principio, ausencia de contenido- es un concepto filosófico, como el cero lo es matemático y el vacío físico, rico y complejo si lo enfocamos desde la ciencia moderna.
Del cero ya hablaremos, pero todo el mundo sabe que esa falsa humildad del no número es engañosa, porque el cero es pieza central de la matemática. En cuanto al vacío, tan difícil de perseguir experimentalmente (el vacío perfecto, como el cero absoluto en temperatura es sólo una ambición inalcanzable), tanto en la física cuántica como en la cosmológica y relativista, en lo más grande y lo más pequeño, tiene… ¡estructura!, y eso plantea fascinantes dilemas filosóficos. Como reza un tópico, ¿la Naturaleza aborrece el vacío?
Hay mucho más en la Nada de lo que parece. Por eso la escribo con mayúsculas. Y cada cual reacciona de forma distinta ante ella. Los filósofos se empeñaron en entenderla, los místicos pugnaron por imaginarla o alcanzarla incluso; los científicos, tan poco modestos, intentaron crearla o localizarla al menos; los lógicos pretendieron abolirla; los matemáticos la utilizaron con fervor. En ese empeño por localizarla o crearla los físicos y tecnólogos orientaron las direcciones de muchas de las ramas e investigaciones actuales de la física; los filósofos, creo, no consiguieron nada y los místicos, poco o nada fuera de sus mundos inconcebibles para la gente corriente.
A Newton la fuerza gravitatoria por él descubierta le molestaba, ¿cómo un cuerpo sin contacto con otro pude ejercer una fuerza? Y esa fuerza, ¿se ejerce en el vacío? Parecía inaceptable: no había espacio vacío, sino un ‘éter’, todo se movía a través de él, un océano en el que estaban inmersas las cosas, que aseguraba que ningún resquicio del Universo estuviera vacío. Pero ese éter fantasmal parece que no existe. En su lugar hay otras cosas aún más increíbles: materia y energía oscura, antimateria. ¿Sabéis quien eliminó a ese éter fantasmal? Einstein. De todas formas, -¡hay que joderse con la ciencia!- al eliminarlo, la cuántica y el relativismo abrieron más interrogantes que los que cerraban. Pero el vacío se está haciendo más “presente” cada vez en lo más pequeño y lo más grande de las fuerzas que actúan en esas dimensiones extremas. Vacío cuántico y vacío cosmológico ¿Arenas movedizas, como sugiere el matemático John D. Barrow? Veremos.
El vacío perfecto de mi adorado Stanislav Lem (hay referencias a él en el último post de los amigos del blog Desplazamientosinorbita, ver enlaces) era un conjunto de reseñas de libros inexistentes, pero los juegos literarios de Borges, Calvino (Ítalo, no el fanático teólogo de Ginebra), Lem y compañía se quedan cortos frente a la ‘realidad’ y los hallazgos que van encontrando los físicos allá donde era de esperar no encontrar ni esperar nada. Paradoja.
Empecemos, como tantas veces, con los griegos, esos mismos a los que se les escapó el cero. Los griegos fueron los primeros, como tantas veces nuevamente, en tropezarse con las paradojas de la Nada, casi las mismas que afligen al infinito. Parménides y Zenón terminaron, vía paradoja, por burlarse de ambas: la Nada y el Infinito. En cuanto a las teologías, los griegos propusieron un dios arquitecto que modela el mundo a partir de un material eterno persistente y desordenado, el Caos. Sin embargo, caos, palabra griega, significaba originalmente Nada. Pero retrocedían ante este concepto, todo lo más jugaban con él como el ingenioso Ulises dándose el nombre de ’nadie’ante la pregunta de un amenazante Polifemo. En definitiva, los griegos negaron la Nada. Hubo estoicos, que proponían un vacío más allá del mundo, y atomistas, que lo hacían en el interior de él; ambos se desviaron de la norma, pero el clasicismo que heredó Europa fue el de Aristóteles y él rechazaba la Nada y el vacío e ignoraba el cero. En el renacimiento se mantiene un Universo finito aunque inmenso que contenía todo lo que existe, lleno de materia, eterno.
El cristianismo, como su antecesora la tradición judía, en cambio, más ambicioso, propone un dios creador del mundo a partir de la Nada. Lo sentimos por Parménides al que la Nada le ponía de los nervios y proponía un universo esférico y llenando todo el espacio disponible. Los griegos y su geometría se mantenían lejos de los extremos del cero y el infinito, colgaron carteles de “cuidado” en ambos lados. La causa y efecto de Aristóteles también los ignoró. Durante los siguientes siglos se juega con las paradojas y no se avanza más. Hasta que empezaron a surgir los gigantes de la ciencia moderna, con Galileo a la cabeza.
Seguiré con el tema, me meteré en harina. Ya sé que me lo agradecéis; DE NADA.
9 comentarios:
Ay, Dios, cuántas profundidades. Hay que venir al blog con traje de buzo o de sirena.
Sí, ya conozco a Ángel González, claro. Toda esa generación del 50 era algo permanente en las estanterías de mi suegro, que por cierto, seguro te hubiera encantado conocerlo:militar-filólogo, como mandan los cánones.
No te preocupes que si oyes SU voz no va a venir de algún arbolillo que te encuentres por esos parajes fantásticos en los que habitas. Vendrá de ti mismo, conociendo tu aprecio por tu propio pensamiento-no podrás negarte a oírle.
Besitos pa to er día!!
Con que "aprecio por mi propio pensamiento", ¿Me estás diciendo que tengo la autoestima demasiado alta, como la bilirrubina? Vaya tarascada mañanera. Me lo haré mirar. Por lo demás, ya hay suficientes blog "ligeros" ¿no crees?
Siempre habia crido que Aristoteles fue el primero que escribió sobre el vacio total sin tiempo y sin espacio y diciendo precisamente que cuando se eliminaba todo no quedaba nada, entendiendo por esa nada no el vacio que supone un espacio sino nada sin espacio sin tiempo y sin nada, creo que lo formula en los Meteoros, Gredos tiene una buena traducción aunque no estoy seguro si lo leí en ese libro o lo he visto citado, de lo que si estoy seguro es de haberselo oido decir a Gomez Pin en una conferencia sobre la relatividad restringida.
Siempre habia crido que Aristoteles fue el primero que escribió sobre el vacio total sin tiempo y sin espacio y diciendo precisamente que cuando se eliminaba todo no quedaba nada, entendiendo por esa nada no el vacio que supone un espacio sino nada sin espacio sin tiempo y sin nada, creo que lo formula en los Meteoros, Gredos tiene una buena traducción aunque no estoy seguro si lo leí en ese libro o lo he visto citado, de lo que si estoy seguro es de haberselo oido decir a Gomez Pin en una conferencia sobre la relatividad restringida.
Gran post, he de leerlo con calma, y no tengo apenas tiempo (nada de tiempo, de hecho).
El clip ideal de música, claro, es el 4'33'' de Cage.
Saludos
A mi entender, la nada de mucho de que hablar y mucho le debemos. Quizás te ha faltado mencionar la nada del sonido, el silencio, que sin él, que desgraciado nuestro mundo y que desgraciada la música.
Saludos, Ramón
Ni idea, conozco cuatro blogs y medio :))
La Nada asible, únicamente aquella hecha por el hombre como elemento constitutivo de sus convencionalismos, para descalificar o justificarse, para recrearse, en fin, como forma, por lo menos de lucha, hasta a lo mejor instintiva, por la supervivencia (yo sólo sé que no sé nada, no se nada de lo que me acusan, etc.), ello, en el mejor de los casos, y en el peor, seguramente al servicio de propósitos más inconfesables que irían mucho más allá de la mera lucha por la vida.
La Nada no asible, misma que identifico con el infinito, me causa vértigo. ¿tiene o no tiene aposento la nada, o todo es su aposento?., así, ¿será contenido y continente al mismo tiempo?.
Saludos.
Zwingenstein:
No pretendo haber leído todo Aristóteles -publicaba bastante- ni mucho menos haber oído siempre con la debida atención a ese Arsitotélico taurino de Gómez Pin, pero, por lo que yo sé -que es poco o mucho, según con quien se me compare- el Universo aristotélico era de volúmen finito; contenía todo lo que existe; era un continuo lleno de materia; el espacio estaba definido por los cuerpos que contenía. Pero a diferencia del éter dinámico sugerido por los estoicos, el éter continuo de Aristóteles era estático y pasivo, eternamente en reposo.(G.S. Kirk and J.E. Raven, Los filósofos presocráticos, Gredos, Madrid, 1958)
O'Clock: siempre "a punto", qué lista eres. Estuve a punto, o clock, de poner un enlace al 4'33 de Cage, pero, como no todos son tan rápidos hubieran pensado muchos que el silencio era una mala conexión. Un beso.
Ramón, el silencio, ya lo dice O'Clock y estoy en la primera entrega de La Nada (uno), dame tiempo.
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