
Nada hay tan dulce como una habitación para dos, cuando ya no nos queremos demasiado, fuera de la ciudad, en un hotel tranquilo, y parejas dudosas y algún niño con ganglios, si no es esta ligera sensación de irrealidad. Algo como el verano en casa de mis padres, hace tiempo, como viajes en tren por la noche. Te llamo para decir que no te digo nada que tú ya no conozcas, o si acaso para besarte vagamente los mismos labios.Has dejado el balcón. Ha oscurecido el cuarto mientras que nos miramos tiernamente,incómodos de no sentir el peso de tres años.Todo es igual, parece que no fue ayer. Y este sabor nostálgico, que los silencios ponen en la boca, posiblemente induce a equivocarnos en nuestros sentimientos. Pero no sin alguna reserva, porque por debajo algo tira más fuerte y es (para decirlo quizá de un modo menos inexacto) difícil recordar que nos queremos, si no es con cierta imprecisión, y el sábado, que es hoy, queda tan cerca de ayer a última hora y de pasado mañanapor la mañana...
(Permitidme la redundancia de sacar el dardo de la diana: si el enamoramiento, perder la cabeza, es el momento enajenado, fanático he dicho, el desencanto es el de la lucidez, si no hay demasiada amargura, sino sólo la melancolía justa. Nadie ha contado esto con tan poco como don Jaime)
4 comentarios:
El Vals me ha recordado a Aleixandre.
Sí, D. Jaime es POETA. :)
Expresar en sucesiones de fonemas sensaciones o sentimientos y condensarlos, es un camino largo...
Un niño con ganglios, que cosa mas antigua. Ahora los niños no tienen ganglios.
Lo antiguo no son los ganglios, cosa de la posguerra y un toque cronológico precioso, lo antiguo es el desencanto entre amantes.
Es una preciosidad este poema.
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