15/06/2009

Cosas que no detesto (Aunque pudiera parecer que sí)



Que se me lleve la contraria, se me contradiga, siempre que sea con argumentos sólidamente expuestos y de forma cortés.

Más en concreto, em encanta que me lleven la contraria en los post y en los asuntos que más “creo” conocer

(En el pasado, no la liemos): Que las chicas me digan que no, tajante y educadamente, sin vuelta atrás ni eternas dilaciones de calientapo…

El botellón, siempre que lo hagan en su casa, la de sus padres o familiares y jardines privados

La música alta, si no la oigo yo ni nadie que pase cerca.

La música bacalao, siempre que aplique el punto anterior y, a ser posible, no se la denomine “música”

La comida preparada, porque comprendo que no todo el mundo tiene las habilidades, disposición y tiempo para cocinar

Ídem de la comida rápida, ‘fast food’ siempre que no la tenga que comer yo obligatoriamente (a veces me apetece)

Los empresarios, siempre que no se presenten como altruistas al servicio de la sociedad y los trabajadores y reconozcan que les guía el afán de lucro personal dentro de los límites legales.

El fútbol (de hecho me gusta mucho): dos equipos de once jugando, siempre que no se refieran a toda la asquerosa parafernalia que lo rodea: presidentes, directivos, forofos, cotilleos y prensa deportiva

La gente, pero de una en una o en grupos pequeños y relacionables. Detesto en cambio las multitudes, que cuando se convierten en masa directamente me dan miedo, con lo que reniego de conciertos multitudinarios, espectáculos en prodigiosos estadios y demás

La buena vida (antes al contrario), siempre que no implique dársela mala a otros. Difícil de cumplir si evaluamos honestamente los costes menos directos de esa buena vida, lo que algunos llaman “huella ecológica” y otros “Intercambio desigual”, porque en gran medida la pobreza no es un resultado imprevisto, sino parte esencial del sistema, así que mil millones de hambrientos es condición necesaria, pero no suficiente para otros millones satisfechos. Pero no soy eremita ni santo y no veo como darme yo mala vida contribuiría a paliar la de otros. Soy consciente de esto.

La foto: es el airoso puente sin pretil en mitad de un frondoso encinar que los vecinos de mi pueblo llaman "el puente romano", pero que no lo es -ni falta que hace- pues es medieval como denotan las marcas de cantero. Debajo a veces se ve nutria

2 comentarios:

Oclock dijo...

EL botellón en casa es uno de los mayores placeres.

Y, Lansky: la música que no oyes no es música, es una idea. Yo sí odio el bacalao. Hago "guerras" de volumen con los macarras que me lo imponen atizándoles buenas dosis de barroco a toda pastilla. Deberías ver sus caras.

Besos.

Lansky dijo...

La música siempre es una idea; o varias.