18/06/2009

El qué y el cómo de escribir y otros lujos



Para Emma, que le gustan mis listas


“Mi vocación literaria puede decirse innata, pues empezó a revelarse como amor a las Letras desde que las conocí en aquellos antiguos y bellos libros con estampas en que me las enseñaba mi madre, sirviéndome como atril de sus rodillas, de suerte que podría decir que recibí el saber de sus pechos, lo mismo que la vida.”

Rafael Cansinos-Asséns: La novela de un literato


Esta lista es corta, sólo contiene tres elementos. Siempre he dicho que los auténticos lujos imprescindibles, si se me admite el oximoron, de la vida son los que dictamina la esencialidad de la física, el espacio y el tiempo. Espacio para uno mismo y, por qué no decirlo, para mantener alejado al ‘enemigo’, los otros. La habitación propia al menos, que decía Virginia Wolf, y que es esencial aún entre las parejas mejor avenidas. Y lo mejor que se puede comprar con dinero es tiempo, para uno y para compartir con los que te interesan. Por eso, la codicia, cambiar tiempo por dinero, fuera de las necesidades y los vicios imprescindibles, es una actitud idiota: hay que operar justo a la inversa, la vida es corta y el tiempo no es ni se cambia por oro, sino el oro por tiempo. Pero a esos dos elementos le añado otro: el silencio. Lo que ocurre es que ese deseable y escaso silencio se consigue precisamente con espacio propio y tiempo para uno. Lujos. Yo lleno mucho de mi tiempo, rodeado de mi espacio y mi silencio con la literatura, desde niño. Leyendo y escribiendo.

Escribir es un placer; supongo que también una tortura. Hablo de escribir, no de publicar, lógica obsesión de tanto literato en ciernes y novel. En mi caso, la temprana publicación de algunos libros, incluso en editoriales de prestigio, me curó, por un lado, de ese afán y, por otro, me convenció de que no era esa la forma en la que pudiera ganarme la vida –comprar espacio y tiempo-, aunque no sea ni mucho menos de las peores, y eso aunque en alguna época lejana así sucedió, pero más como negro asalariado que como “autor”.

La inmensa mayoría de la gente no tiene una relación especialmente intensa con la lectura y la literatura. Cuando lee lo hace para entretenerse exclusivamente, de tarde en tarde, en vacaciones y, en efecto, casi se extraña de que le entretenga dicha actividad. Puede que hasta se entusiasme durante un tiempo. A esas gentes, repito, inmensa mayoría, si les da por escribir casi nunca se plantean “qué” escribir (piensan que lo que tienen que decir es muy interesante por dos razones: porque les interesa a ellos y porque sus pocas lecturas no les permiten saber lo repetitivo de sus supuestamente exclusivos asuntos en la literatura mundial), sino “cómo” hacerlo. Sorprendente que sea la forma y no el fondo lo que les plantee los principales interrogantes, porque al escritor profesional le pasa exactamente lo mismo, mientras que es el escritor en ciernes, el letraherido, equidistante de uno y otro, el que tiene la principal dificultad en qué contar y supone que el cómo vendrá solo. En realidad, salvo el escritor de talento, el virtuoso, unos y otros no escribimos lo que queremos, sino lo que podemos; la diferencia es que unos lo saben y otros, la mayoría, no y además no les preocupa. Finalmente, uno limita sus posibilidades a lo posible: no pretender ser poeta, sino un simple ‘escribidor’ de blogs.

6 comentarios:

emma dijo...

Gracias Lansky por la dedicatoria ( porque te refieres a mi, verdad?)
Yo me reconozco como Emma letraherida, tengo un affaire con la literatura, en ella veo cosas mas reales que en la vida. Pero al mismo tiempo soy tambien un poco Madame Bovary. Es decir, Madame Bovary creia que iba detras de la libertad, o de la vida merecedora de ser vivida y, sin embargo, a qué vida mas vulgar se referia! No vio al enemigo porque el enemigo era ella misma, no los demas.
Digamos que el secreto es, sin duda, tener el silencio y el tiempo. Pero no tanto para escribir sino para conocerse.

Lansky dijo...

Por supuesto que iba por tí, letraherida mía (aunque algo parada últimamente por lo que veo en tu blog)

emma dijo...

Es que estoy estudiando una oposicion :)

Miroslav Panciutti dijo...

Lo mejor que se puede comprar con dinero es tiempo y sí, también, lo que hay que hacer es cambiar dinero por tiempo y no a la inversa. Lo difícil es encontrar el equilibrio adecuado de ingresos suficientes y tiempo suficiente. Pero, desde luego, suscribo completamente lo que dices.

Malvaloca dijo...

"Finalmente, uno limita sus posibilidades a lo posible: no pretender ser poeta, sino un simple ‘escribidor’ de blogs."

Muy bueno, por cierto.

Loc@ dijo...

El cómo... la forma en que te cuenten las cosas, la puesta en escena es esencial, ya sea charlando en un círculo amistoso, leyendo un texto, o viendo una película.
Un día lo hablaba con una amiga y ella no lo comprendía. Decía -yo- que más importante que la historia en sí -para mí- era la forma en que me lo contaban. Que, ya fuera una novela o una película, era imprescindible el cómo discurría, cómo me lo contaba el autor, ya fuera en palabras o en imágenes.
Más saludos y hasta un beso. PAQUITA