
En este país y en este momento faltan auténticos críticos literarios. Los echo de menos. No me refiero a reseñistas apresurados de suplementos culturales de diarios que anuncian cada dos por tres el nacimiento de excelsos novelistas veinteañeros, a los que sigue un público un tanto papanata que escapa a las librerías a por las últimas novedades reseñadas e ignora los ‘clasicos’ de anteayer mismo, sino de auténticos críticos que informen de las obras recientes, sí, pero también las sitúen en su contexto y las valoren sin prejuicios con ‘gusto’ propio, pero también con criterios explícitos. Es un tema que los blogueros y amigos de Desplazamientosinorbita (véase enlace) http://desplazamientosinorbita.blogspot.com/2009/05/para-lansky-inauguramos-seccion-die.html tratan a menudo, como en su último post dedicado al gran crítico alemán Ranicki. Entre los que no escapan del todo del nivel de reseñistas, pero lo hacen con bastante dignidad me gustan Guelbenzu y Echevarria, que fue ‘expulsado’ del parnaso de El país por su enfrentamiento con Bernardo Atxaga, como en su día lo fue el gran columnista Umbral por su enfrentamiento con el pope cultural mexicano y, lo que es más importante, aliado empresarial de Polanco (alias 'El Jesús del Gran Poder'), Octavio Paz, otro crítico puro de enorme influencia cuya alabanza o reniego podía salvar o hundir carreras literarias y que, por poner un solo ejemplo, puso de moda el haiku japonés en una famosa antología, lo que tiene su mérito ya que Paz no sabía japonés (aunque sí poesía). Podríamos mencionar a Juan Goytisolo, aunque está demasiado centrado en las literaturas marginales del medioevo español. Otro de esos pocos casos es el del crítico del ABC, Andrés Ibáñez, autor el mismo de una narrativa interesante y personal y buen crítico desde su columna Comunicados de la Tortuga celeste, que recomiendo.
Precisamente en una de sus últimas entregas hablaba de forma original de la reedición en dos volúmenes en una colección de grandes obras de quioscos de prensa de "El Riquer y Valverde", es decir, de la 'Historia de la literatura universal' de los profesores Martín de Riquer y Jose María Valverde. No es condición suficiente, pero sí necesaria que los buenos críticos lo hayan leído “todo”. Esta pareja parece que lo hizo. Riquer, que se inició como clasicista y leía griego y latín clásicos con soltura se “recicló” luego a la literatura medieval, convirtiéndose en el mayor experto en su día en poesía provenzal; eso le obligó a sumar a las lenguas que ya dominaba como el catalán, el provenzal y el francés y alemán antiguos. Valverde, por su parte, de formación menos académica, fue un legendario traductor del francés y el inglés; suya es la versión más conocida en este país del Ulises de Joyce y el Moby Dick de Melville entre cientos más.
Lo anterior les permitía hablar de primera mano de cientos de obras imperecederas que todo el mundo cita y nadie lee, pero ellos sí, y se nota. Una Historia de la Literatura universal que no es un manual elaborado a partir de refritos de otros manuales destila una frescura sin igual.
Su segunda virtud, al menos para mí, es que sus criterios académicos no son sino destilados muy personales de sus gustos. Por tanto, podemos no estar a menudo de acuerdo con ellos –su infravaloración de Conrad, al que tildan de simple escritor de aventuras juveniles; o Chateaubriand, cuyas Memorias de Ultratumba les merecen una escasa mención-, pero son al menos personales y originales.
Los dos gruesos volúmenes de esta barata pero digna edición se completan con unos apéndices que no tenían la edición original que actualizan las distintas literaturas nacionales hasta nuestros días. Estos mini ensayos son también muy interesantes y están a cargo de solventes críticos, como Echevarría para la española o Basilio Losada para la portuguesa.
Así que ahora he adquirido la costumbre de acudir al volumen correspondiente –a ver qué dicen- cuando me enfrento a la lectura de algún autor literario. Y paso de suplementos culturales o los miro como lo que son: propaganda editorial.
1 comentarios:
Me gusta mucho Manuel Rodriguez Rivero, su columna es lo unico que leo en el Babelia. Es prometedor aunque quizas demasiado discreto.
Publicar un comentario en la entrada