03/06/2009

La Nada (y cinco)



“Ahora las sirenas tienen un arma aún más fatal que su canto, a saber, su silencio…alguien podría haber escapado posiblemente de su canto; pero nunca de su silencio.”

Franz Kafka


“Quizás en los gabinetes de filósofos solitarios se han llevado a cabo ya descubrimientos que no ceden en importancia a los de Marx y Darwin; pero, ¿cómo dar con ellos?”

Czeslaw Milosz

El escritor de blogs creo que está tan equidistante de la ansiosa búsqueda comercial del lector del autor de best seller, como del aislamiento del escritor maldito, que piensa que esos lectores no le van a encontrar, al menos en vida. Creo que esta escritura se parece más a una buena conversación, en ella las palabras se las lleva el viento y aquí la posteridad si hay alguien tan ingenuamente engolado, se perderá, estoy seguro, en el evanescente ciberespacio. No pretendía, por tanto, crear un best seller bloguero con mis 'nadas' ni aspiro tampoco al malditismo exquisito; simplemente, me parece que esta serie es un monólogo, conforme a mi metáfora inicial, así que, aunque pensaba continuar con lo poco que he conseguido entender a lo largo de los últimos años sobre lo que de las dos físicas, la cosmológica relativista y la cuántica, he aprendido de la nada, me resulta evidente que los visitantes de este blog, no siendo especialmente fanáticos de la ciencia, aunque sí curiosos, que es lo importante, me estáis sugiriendo tal vez que concluya aquí, pasando por alto la fascinante historia del cero en matemáticas, del vacío cuántico y atómico y del vacío del espacio exterior. Sólo unas últimas reflexiones, muy personales.

Un clásico es en literatura una obra que permanece siglos después de que el contexto en el que fuera elaborada desapareciese; es decir, de plena actualidad. Para mí Homero la tiene y su episodio del ingenioso Ulises diciéndole a Polifemo que se llama ‘Nadie’ es algo más que una buena ocurrencia para evitar la llegada de ayuda del resto de Cíclopes. En una lectura moderna de la Odisea, como la que yo inevitablemente hago, hay algo más que ingenio ocurrente del protagonista. Está el evidente reconocimiento de que él no es nadie, es Nadie frente al capricho de los dioses y las fuerzas de la naturaleza que le hacen vagar de un lado a otro del mar y le impiden el regreso a su hogar. Pero ese nadie es capaz, con su voluntad y su ingenio, dos potencias de su espíritu inquebrantable, las más dignas, junto a la compasión, del ser humano, de enfrentarse a un monstruo casi invencible y cegarle con un poste aguzado y escapar. Es alguien ese Ulises.

Otra excepción a mi indiferencia a toda la filosofía de La Nada, con la posible excepción de los primeros griegos, como Parménides y Aristóteles, y en la que incluyo a Bergson, Heidegger, Kierkegard y Sartre, es el polaco Czeslaw Milosz, quizá por la ausencia de pretensiones de su planteamiento. En una obra admirable, para mí de obligada lectura, ‘El pensamiento cautivo’, explica las razones de la connivencia, temporal en su caso, con un régimen totalitario como el leninista-estalinista, rechazando, no obstante, el simétricamente opuesto del capitalismo. Hay un capítulo que titula ‘El vacío’. El planteamiento es sencillo: en las sociedades del socialismo real la religión no sólo está proscrita sino que en gran medida ha dejado de existir. De hecho la religión ha dejado hace mucho de tener influencia sobre la mente humana, al menos al mismo nivel que tuvo en siglos pasados. Me refiero al organismo social en su conjunto, no a las creencias necesariamente personales de cada individuo. En otras épocas todas las cuestiones que interesaban al pueblo estaban referidas a la religión y se examinaban con arreglo a sus términos; por eso es un tanto infantil revisar cuestiones fuera de contexto como la famosa condena de Galileo. Poco a poco hemos llegado a la situación actual que representa una falta de un sistema común de pensamiento (aunque el consumismo, el autismo egoísta y el entretenimiento como alienación pueden ser sus lamentables sustitutos) incapaz, como dice Milosz, de unir al labrador que corta heno, al estudioso que desvela la lógica formal y el mecánico que trabaja en una fábrica de automóviles. A esto se debe, en mi opinión, la angustiosa sensación de desvinculación y la tendencia de muchos, en la política, el fútbol, la música o la cultura, a adscribirse a banderías, clubes de fans, o esoterismos diversos.

La filosofía, que cada vez se extravía en esferas menos accesibles al lego, no es un sustituto de ese pensamiento común, y la ciencia, que en gran parte la ha suplantado, abriendo más interrogantes de los que cierra, complejizándose indefinidamente, cae en el campo de los especialistas y genera una paradoja terrible: estamos sumergidos en productos tecnológicos, desde los móviles a este mismo que estoy utilizando, frutos exitosos de la ciencia, pero sus usuarios se relacionan pragmáticamente, de un lado, usándolos sin más, pero sin entender, por otro, sus fundamentos. El progreso tecnológico para el común de las gentes, es magia, funciona pero nadie sabe cómo. Evidentemente mucha gente sigue vinculada a la religión, su necesidad no ha desaparecido, pero no les da respuestas sobre ‘este’ mundo, permanecen en ella emocionalmente y por tradición. En cuanto al arte, la literatura, la música, la pintura se han convertido en cuestiones ajenas para esa misma mayoría.

Sin embargo, pertenecer al grupo es una pulsión biológica, Homo sapiens es un animal social, y hasta los intelectuales lo necesitan, de ahí su tendencia a convertirse a alguna Nueva Fe, aunque sea el fascismo, el comunismo o el mismo populismo. El ‘mejor solo que mal acompañado’ es un precepto que siguen muy pocos. En los regímenes totalitarios del Este el ascensorista y el empleado de una editorial leían los mismos clásicos marxistas y autores ‘autorizados’, pero en esta sociedad ‘libre’ del consumo, también, aunque ya no sean clásicos del marxismo, sino best sellers. El lenguaje común para que se entiendan un jornalero y un alto ejecutivo es hoy el fútbol y el consumo. El resto es vacío.

El último clásico que quiero traer aquí es el ‘Vacío perfecto’ de mi adorado Stanislaw Lem que motivó en parte estas páginas. Es un libro extraordinario al nivel de los juegos de las ‘Cosmicómicas’ y ‘Si una noche de invierno un viajero’ de Ítalo Calvino y de las mejores elucubraciones de Borges o Cortazar, probablemente superior. En el conjunto de falsas reseñas sobre falsos libros que constituyen el núcleo de su libro, se incluye en la parte final el discurso (falso) de aceptación del premio Nobel de física de un científico que ha seguido hasta sus últimas consecuencias los planteamientos antropomórficos de un filósofo griego (actual) que propugna que nuestro universo es fruto, hasta en sus constantes cosmológicas, del juego de otras civilizaciones miles de millones de años anteriores a la nuestra. El Principio de Incertidumbre cuántico se lleva aquí más allá, puesto que la observación de los fenómenos físicos no sólo desvela, sino que crea la propia física. Vacío perfecto.

Lecturas recomendadas

Czeslaw Milosz: El pensamiento cautivo; Tusquets Editores, 1981 (original polaco de 19571 y 1957)

Stanislaw Lem: Vacío perfecto, Bruguera, 1980

Homero, La Odisea, numerosas ediciones

Varios autores: Cuestiones cuánticas, Kairos, 1987

Helge Kragh: Generaciones cuánticas, Akal, 2007

Robert Gilmore: Alicia en el país de los cuantos; Alianza, 2006

Brian Greene: El Universo elegante, Crítica, 2007

7 comentarios:

emma dijo...

Conclusion : En el mejor de los casos somos "alguien" cuya vida no nos pertenece pues una tormenta, un coagulo de sangre, una maceta empujada por el viento puede arrebatarnos la vida en un instante.
Lo que no sabemos es que en cualquier momento desapareceremos. Pero saberlo tampoco cambia mucho las cosas.

Oclock dijo...

¿Sabes Emma? (Saludos previos): yo realmente empecé a vivir en serio cuando fui consciente de que, efectivamente, en cualquier momento podía desaparecer. Te aseguro que todo cambió.

Saludos al del blog, también.

Lansky dijo...

Estoy con Oclock, pero, sabéis, estáis sacando conclusiones un tanto personales de algo más fascinante y que nos excede.

emma dijo...

Vivir en serio es definitivamente una opcion personal.
Y si, Lansky, la vida (ese algo) nos excede.

Lansky dijo...

O sea, que existe la opción contraria: vivir en broma. No relajada o levemente, sino en broma. ¡Qué desperdicio de una ocasión única, vivir en broma!

emma dijo...

Vivir en broma es una irresponsabilidad. La vida hay que tomarsela en serio. Creo que es nuestra obligacion. Lo que significa que hemos de cuidarnos y buscar siempre la alegria. Hemos de vivir hasta el final.

Hugo Connor dijo...

Intentaré algo. Je, claro.