04/06/2009

¡Votad babuino!

Foto Nick Brandt








Los babuinos son unos monos muy especiales. Son grandes y terrestres, no arborícolas y medianos como los monos típicos, como los macacos y los cercopitecos, pero no son antropomorfos ni bípedos, como los chimpancés o los gorilas. De hecho no tienen el ‘glamour’ de nuestros parientes más próximos que recibieron la atención científica de esa corte de primatólogas (la mártir Dian Fossey, la Galdikas o la Jane Goodall ) reclutadas por el paleontólogo humano Leakey. Su mayor especialista es un señor trajeado de aire despistado que se llama Robert Seyfarth, psicólogo y primatólogo que trabaja en uno de los más ignotos paraísos naturales del planeta, el delta del Okavango en Botsuana; es autor de un fascinante Baboom metaphysics, un título que procede una frase del ‘padre fundador’, Charles Darwin: “Quien entienda al babuino hará más por la metafísica que Locke”.

Los babuinos son sociales; viven en grupos de unos cien individuos y, frente a sus más famosos ‘primos’ antropoides o arborícolas, son los monos más exitosos desde el punto de vista evolutivo y ecológico de toda África. Seyfarth además da una razón suplementaria muy sensata para fijarse en ellos: son los más fáciles de observar. Forman familias extensas matrilineales con relaciones tan sofisticadas como las de una novela victoriana, sobre todo entre las hembras, que son las que cortan el bacalao pese a ser más pequeñas que los ásperos y agresivos machos. La escala jerárquica entre las hembras es muy rigurosa, con posiciones perfectamente reglamentadas y fijas, Syfarth las compara con los personajes femeninos de las novelas de Jane Austen nada menos. Los machos se aseguran el éxito por la lucha y el sexo, pero la red social depende de las intrigas entre hembras, un universo que el investigador califica de embrollado y en el que moverse socialmente requiere de más habilidad que la que poseen la mayoría de diplomáticos europeos y todos los políticos españoles actuales. “Orgullo y prejuicio en el Okavando” pues. Por supuesto, cada hembra conoce detalladamente su rango, posición social y prebendas o deberes, todo lo cual, como comprenderéis, implica una cierta autoconciencia.

Seyfarth opina que la competencia social tienen un papel muy grande en el proceso evolutivo, no todo son genes o ambiente natural, y que nuestra mente evolucionó porque la de nuestros lejanos antepasados estaba orientada a resolver problemas sociales. Su hipótesis plantea un proceso en dos etapas: primero, la mente afrontó problemas de complejidad social, como los de los babuinos, y luego volvió a evolucionar para resolver los tan celebrados problemas tecnológicos y de control del entorno, como el uso del fuego o la fabricación de herramientas.

Vista la presente campaña electoral para el parlamento europeo sugiero dos propuestas para elevar su ínfimo nivel: que sólo se presenten ellas, nada de cupos, y que se ocupe la prensa del corazón de las campañas electorales con sus órganos oficiales, Hola, Semana, o como se llamen. Y que intenten imitar a los babuinos, por favor. Basta contemplar una sesión del Congreso de los diputados y luego la comparativamente sofisticada distinción social de una horda de babuinos. Es decir, sugiero que volvamos al principio e intentemos hacerlo mejor los próximos cien mil años.

1 comentarios:

David García A. dijo...

Muchas gracias por la información. Hace tiempo me propuse saber algo sobre los babuinos.
También hay aquí campaña política. Sin embargo, no tengo el consuelo de la posibilidad de las revistas del corazón, las que ocupan su lugar, por lo menos las que se venden mucho más, se refieren a actos atroces del "jetset" mexicano, y cosa rara, casi no se ocupan de las patronas de la política, así, nuestro retroceso de 100,000 años se incrementa.