profesión de fe

profesión de fe
Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

13/08/2009

Bajo el signo de la libélula


¿Conocéis el terrible síndrome de la libélula?

Me gustan más las rapaces libélulas, con sus cabezas enjoyadas, que las ostentosas mariposas; me gustan más las mujeres guapas que las perfectas; me gustan más los libros inquietos (Cortazar, Conrad) que los exactos (Borges, Goethe); me gustan más las chaquetas usadas que las recién estrenadas; me gustan más los campos que los jardines; los viejos edificios más que los iconos de la arquitectura de autor; me gustan las tiendas que huelen a bacalao y a aceitunas, a salazones, que los estantes con envases al vacío; me gustan los centros de gravedad bajos, como los de los futbolistas habilidosos, de algunas campesinas que los andares de grulla de las modelos de pasarela con las caderas hacia fuera; me gustan las navajas usadas, los lápices a punto de acabarse, los libros que se abren fácilmente, las librerías de viejo, las malvas y los cardos de los bordes de los caminos, los letreros de las antiguas tiendas, los barrios caóticos, los gorriones, los bolsillos desfondados, los relojes de cuerda, los perros chuchos, los cigarrillos liados, el olor de las higueras en agosto, el de las chimeneas y braseros en diciembre, los cables del teléfono plagados de golondrinas, las nubes viajeras, las puestas de sol inesperadas, el color de los trozos de botellas rotas, el corcho, el polvo en un haz de luz del desván, las arrugas de un viejo marinero, las barcas de madera, los calendarios de ferreterías, las ferreterías, los mangos de madera de los picos y azadones, la mecánica quántica que la geometría euclidiana, la Biblia que los sermones, las ermitas románicas que las catedrales, las viejas motos, los serones, las calles adoquinadas, los tranvías, los ferris, las pizarras y las tizas, las eras en agosto y las mulas y los trillos me gustan más que los hipódromos y los clubs de campo. Me gustan más las cercas de mampostería en seco que las balaustradas de mármol, las buenas novelas negras de bolsillo que los premios Nobel encuadernados en piel, los bastones que los cetros, las gorras que las coronas, lo caminos y no las autovías, los veleros que no las motos de agua, las pequeñas flores silvestres (crucíferas) y no las rosas de floristería.

Conclusión: un caso extremo de conservadurismo, un reaccionario estricto ya que hasta me gustan más las primitivas libélulas (las había gigantes en el carbonífero) que las mariposas. Sin embargo, me falta algo esencial: no creo que vivamos en el mejor de los mundos posibles, y los llamados conservadores hacen además todo lo posible para que empeore. En realidad, como conservadores sólo quieren conservar sus privilegios mientras que yo soy un elitista con un ojo en la nuca.

4 comentarios:

Zafferano dijo...

Pero qué maravilla de post! Además, me gusta todo a mí también, hasta las ferreterías. Menos las mujeres, que me da lo mismo. En fin, que me voy a tomar mi segundo café. Y buenos días.

Loc@ dijo...

Los llamados "conservadores", como bien dices, lo que pretenden conservar es... su cartera, su dinerito lindo, su estatus inamovible. Siguen siendo los mismos, con algún que otro infiltrado tras duras pruebas de servilismo y acomodación a cuanto haga falta para conseguir sus objetivos... engordar, engordarse, caiga quien caiga, caigan cuantos caigan. ¡Qué más da! Son los otros, somos los otros...

Yo tambien me identifico con tus gustos, lo que también me hizo pensar,en algún momento,en mi especial "consevadurismo" conservar lo que es bueno, lo que nos explica, aquello que nos vino "regalado" y que algunos manipulan como propio, lo que es de Todos, lo que aún tenemos...

Ahora... un abrazo. PAQUITA

A.M. dijo...

¡Ele, ele y ele! Si es que yo no hubiera hecho esa lista identificatoria ni aunque me hubiera puesto a ello cien miel millones de años en una Olivetti de las que sonaban tan bien! Vamos que no me caso contigo porque no me gusta la promiscuidad, porque ya estás casado y con niños (Jara, supongo) y porque yo también estoy casad y sería una redundancia.
Qué bueno leer a un ser tan afín a una, tan semejante.
Ponme a los pies de tu señora.

emma dijo...

Yo tambien sufro mucho de este sindrome, Lansky.