



Me interesan mucho aquellos artistas, más raramente científicos, intelectuales o ensayistas, que no sólo no confirman mis prejuicios, que es lo que habitualmente nos complace a todos de modo más elemental, sino que los remueven hasta demolerlos. Me rejuvenecen, me incitan a volver a afrontar las siempre excesivas certidumbres que uno tiene (Es mejor caminar con una duda que con un falso axioma). No es que valore la confusión por la confusión, sino los resultados cuando estos son inteligentes.
Un caso ejemplar para mi de lo anterior es el artista urbano –vamos a llamarle así, pero también, por qué no, grafittero- conocido como Banksy. En principio mi certidumbre de partida es que las pintadas, los grafittis, son vandalismo, sin más panemas; como los arquitectos estrellas, como los alcaldes megalómanos, como los especuladores inmobiliarios, estos chavales supuestamente antisistema toman el escenario cívico y compartido y lo usan a su gusto, que no es el de todos. Muros antaño limpios quedan inscritos con sus ocurrencias, mensajes o simples firmas, sus letras, esa suerte de rotulaciones pop o sus dibujos. En cualquier caso, como esos arquitectos y esos alcaldes, nos los imponen.
Pero también es cierto que, concentrándome en los mensajes escritos en los muros, hay algunos que me gustan mucho, como aquellos que se popularizaron en el mayo del 68 francés. Mi favorito es un clásico que además es cierto: “Levantad los adoquines, debajo hay playas” (en francés aún suena mejor: “Sous les pavés…”), otros me despiertan la ternura, como la archiconocida ingenuidad mil veces repetida de “La imaginación al poder” (no, por Dios), o ese otro de “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, que sigo creyendo de urgente y necesaria aplicación. Hasta más personales y chistosos: “Había un solo unicornio azul y el zopenco de Silvio Rodrigues lo perdió” O “estoy seguro de que a mí me gusta follar tanto como a ti fumar al menos, ¿follo yo en tu oficina, entonces por qué fumas tu en la mía? También uno que fotografié en un muro de la Facultad de Teología de Comillas: “Dios ha muerto. Nieztsche ha muerto, y yo tampoco me encuentro del todo bien”
A veces se producían diálogos, pintada sobre pintada, como aquel que leía al inicio de la democracia en la ruta del autobús que tomaba todas las mañanas; un día apareció el clásico “Con Franco vivíamos mejor” Al cabo de los días, alguien escribió debajo del primero un lacónico demoledor “Algunos”, que fue seguido por un furibundo “Todos”, que fue seguido por “…los cabrones”
Sin embargo, si los más prosaicos y lamentables son esas rúbricas que se extienden como meadas hasta la saciedad (Recuerdo la de un tal muelle, que murió joven y que había llenado Madrid con la suya, una flecha en rayo, en los lugares más inverosímiles e inalcanzables), los más artísticos a veces son prodigiosos. A esta categoría pertenece la del artista, pues eso es lo que es, que utiliza el pseudónimo de Banksy. Poco se sabe de él, además de su obra. Que es un inglés de Bristol y que es en su ciudad natal y en Londres donde más abundan sus pintadas, aunque ha llegado a crear algunas de sus mejores obras en ese muro de la vergüenza que separa la Cisjordania palestina del resto anexionado por Israel.
Si un artista debe tener mano (pericia técnica), corazón (emoción, sensibilidad) y cerebro (ideas), Banksy tiene las tres. Es eficaz como dibujante, original en sus mensajes como un buen publicista y le anima un talante claramente rompedor, iconoclasta y progresista. Trabaja con plantillas que luego imprime en los muros con sus aerosoles, y plasma ideas de gran fuerza. Recuerdo la del embozado antisistema que lanza un ramo de flores en lugar del esperable cóctel molotov, los ‘bobbys’ británicos besándose, el soldado comando cacheado por una niña, la niña que abraza una bomba de racimo y tantos otros a veces absolutamente geniales. Ya me diréis. Muchas de estas imágenes son objeto de una suerte de turismo ‘banksiano” que es posible porque fueron indultadas por los ayuntamientos de Bristol o Londres; las del muro cisjordano de la vergüenza están en el lado palestino.
Puede que sea vandalismo ¿Un vandalismo que mejora un muro vergonzoso y gris es verdaderamente vandalismo? Pero a mí me recuerda más a una historia de Giono, ese espléndido narrador francés, que iba plantando árboles en las mesetas del centro de Francia, en los lugares escasos que la avidez de tierra del agricultor le había dejado. La verdad es que no creo que sean estos muchachitos del spray y el atuendo rapero los causantes del deterioro urbano, sino otros encorbatados y trajeados. Y también los hay, como Banksy, con el suficiente talento como para que planten en la ciudad retazos de belleza, pintadas como árboles e igual de indefensas que estos.
Conclusión
Como en la típica y detestable revista de decoración, en mi casa tengo una mesa baja en la sala que da al diminuto prado de atrás con algún libro de lujo colocado horizontalmente. Son lo que los italianos llaman expresivamente libros para “il tavolo di caffè”. Los cambio regularmente aunque no a menudo y lo hago para que las visitas se entretengan hojeándolos, para fardar y para que hagan bonito. Ahora mismo tengo uno con los frescos de Giotto, otro con las expresionistas láminas de la serie del monte Edo de Hokusay y un tercero, que es el más hojeado, con fotos de las actuaciones de Banksy (Bansky, Wall and Piece). Y una neta duda, ¿donde mejor deben estar estas imaginativas denuncias, en el libro, o en la calle? Claro que si no hubieran estado en la calle, como los frescos de Giotto en los muros de Santa Croce de Florencia… Y quizás, como la arquitectura más pretenciosa, el libro es una secuela y la calle su verdadero hábitat.
“¡Hombre! ¡No compare!”
¿Con qué?
Con quien: con Giotto
¿No? Bueno, pues con Giono.
10 comentarios:
No conocía a este hombre. Le reconozco gustoso la mano, el cerebro y el corazón. Los graffitti de las fotos que has colgado son magníficos como pintura, y estupendos como idea, y oportunos como llamada de atención. Francamente interesantes, sí. Pero... vandálicos, también. Hay algo en mís tripas que se sigue revolviendo ante la idea de pintar en las paredes de los espacios públicos, aunque sea así de bien. Algo que se resiste a aceptar las imposiciones, aunque lo que me impongan me guste, como en este caso.
Mis prejuicios deben de estar mucho más firmemente arraigados que los tuyos. Este Bansky quizás pueda colárseles por alguna rendija, pero no consigue demolerlos.
Fíjate en los muros sobre los que pinta. Jamás utiliza espacios despojados y bellos, sino cutres. (Aunque tiene unas pintadas en barabndillas y miradores tópicos de turistas, con el puente de Londres al fondo, por ejemplo, que ponen "colóquese aquí para su foto", mofándose de la rutina de los turistas)
yo lo comparo con El Roto, pues sus cosas tienen casi siempre un sentido "paradojico"... sin embargo, prefiero a nuestro dibujante, pues el bansky este a menudo recurre a la "gracieta" facil; es decir, resulta ingenioso pero esteticamente menos elegante...
Nuestro El Roto es otra cosa, aparte de que no pinta las paredes; es un inteligentísimo editorialista, sus viñetas son artículos de opinión; este Banksy es 'sólo' un generador de iconos, un contrapublicista. No son comparables
el quinto acrilico es un retrato del cantante johnny cash...
a mi modo de ver si es posible comparar a bansky con el roto, es decir, a nivel iconografico, independientemente del dispositivo o el soporte...
el roto puede entenderse, tal vez, como contra-noticia
¡Claro, Johnny Cash! El hombre de negro- Pues ahora resulta que Oliver Rolin se parece a Cash, mira tú.
Es un espinoso tema el de los murales urbanos, tanto los producidos por grafiteros como por interventores en paredes vacías. Existe un prejuicio muy arraigado, como afirma sentir Vanbrugh, que reside en el lugar donde resisten numantinamente ciertas convenciones sociales, contra ciertas manifestaciones gráficas (y de otras índoles, claro) que se asocian, normalmente con razón, a ciertas formas de marginalidad cuando no directamente de delincuencia, que en mi caso se manifiesta en mi aversión incontrolable a los tatuajes. Tatuajes y grafittis y las reacciones que provocan están muy emparentadas, aunque uno afecte al cuerpo privado de las personas y otro al público de las ciudades y su eliminabilidad sea diferente. Pero en mi caso siempre miraré con más recelo al tatuaje que al graffiti aunque pueda enfermar de bilis si descubro uno, bueno o malo, en una muralla romana y a pesar de que el tatuaje se encuentra en piel privada ajena. Tal vez porque durante mucho tiempo los grafittis fueron un arma de lucha, como decía Lansky. Y los más peligrosos no eran precisamente los más políticos, sino los que cuestionaban muchas más cosas. En un muro de la facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, sito en un edificio del siglo XVII, hubo durante un año a finales de los 70 una que pedía: NO A LA DISCRIMINACIÓN: LA RADIO TAMBIÉN EN COLOR. Y muy cerca alguien corrigió una pintada reivindicativa que decía: LA CULTURA PARA EL PUEBLO con un ¡ESO, Y LA CIUDAD ANALFABETA!
Y Bansky me gusta mucho. Y algunos émulos que en mi ciudad andan imitándolo, también. En muros perdidos y arruinados del casco antiguo, olvidados por el ayuntamiento.
Hola Lansky¡, un saludo desde los abismos de la ciudad de México. Sin que sea la sal y la pimimienta del trato humano de que habló Erasmo, mi reconcocimiento a tu universalidad, a pesar de que con esa capacidad pudiesesis estar troquelando chelines (habla barriobajera de aquí del D. F.). Estoy en comunicación.
Pues no, harazem. Ya lo anticipas tú: el tatuaje es asunto privado, nada que objetar. Otra cosa es que en los últimos años se haya puesto de moda, como los aros en las orejas de varoncitos. A mí me siguen ¿enterneciendo? los tatuajes carcelarios de mala calidad en tinta azul, o algunos brutales, artísticos, etc. Estar en contra de los tatuajes (en los otros) es como estar en contra de los tintes del pelo (yo), de los pendientes muy grandes o muy pequeños o de la falda pantalón (yo), cuestión de gustos. Pero cuando incurrimos en lo comunal/público, sea una pintada o una radio demasiado alta, es otro asunto.
¿"troquelar chelines"?, David, ¿acuñar monedas". A ver si nos traduces, que suena bien.
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