
“…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un mapa del Imperio que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictos al Estudio de la cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del sol y de los inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.”[1]
Todo problema complejo, y los incendios forestales lo son, tiene una solución sencilla, la extinción, que es falsa. Es una vieja regla de la complejidad y el holismo. Además tiene también una aún más rudimentaria explicación: los pirómanos. Pero el fuego siempre ha sido un agente modelador del paisaje mediterráneo y un factor ambiental tan persistente como el mismo clima, de veranos secos y cálidos, que lo define. España está incursa en sus cuatro quintas partes, incluida la Galicia interior, dentro de dicho ámbito. Lo que es actualmente fatalmente inédito son las dimensiones catastróficas, la falta de autorregulación de dichos incendios; y lo que explica, en gran parte, esa triste novedad son dos hechos así mismo complejos y relacionados entre sí: los cambios territoriales y/o paisajísticos de las últimas décadas y las transformaciones demográficas del campo español.
Los vegetales tienen diversos sistemas para defenderse de ese factor recurrente que es el fuego, pero esencialmente existen dos síndromes adaptativos que se denominan pirofitismo (amistad con el fuego etimológicamente) pasivo y activo. El alcornoque, por ejemplo, una especie típica de nuestros ecosistemas mediterráneos, posee una corteza suberosa, el corcho, que es un buen aislante térmico e ignífugo. Incluso si arde esa cualidad se acentúa. Las jaras, por el contrario, se autoinmolan y arden, y con ellas todas las especies rivales, para luego brotar de semillas resistentes con más pujanza y espacio disponible, son pirófitos activos. Estos últimos, no los primeros, incrementan por tanto el riesgo de incendio, es su estrategia evolutiva y de competencia, y como los incendios les ayudan a proliferar, se produce una retroalimentación positiva, inversa al “feed back” de regulación, un verdadero círculo vicioso, un efecto de bola de nieve difícil de controlar o invertir.
Las especies forestales de crecimiento rápido que se han usado, sobre todo en el pasado, masivamente para repoblar nuestros montes, como los eucaliptos y algunos pinos, pertenecen a esta categoría. Por tanto, cubrir miles y miles de hectáreas con monótonas extensiones de estos monocultivos madereros, eufemísticamente conocidos como repoblaciones forestales, es como sembrar con bidones de gasolina (en realidad de la más igníscible trementina y otras substancias volátiles) nuestros campos: la crónica de una muerte anunciada. Sin embargo, una vez iniciado el fuego en estos puntos negros, y alcanzadas ciertas dimensiones arden igual las especies autóctonas adaptadas, como las encinas y robles, que las exóticas importadas. Al igual que en un incendio doméstico, este se puede iniciar con más facilidad en la cocina, pero una vez comenzado no respetará ni el húmedo cuarto de baño. Las masas forestales “iniciadoras” proliferaron en las últimas décadas del siglo pasado aupadas en un megalomaniaco Plan Forestal Nacional impulsado manu militari por el anterior dictador. Aprovechando y a la vez siendo instrumento para la expulsión del campesinado aún numeroso en los años cincuenta.
La ciencia que tantos éxitos ha alcanzado en el pasado siglo, desde los priones al láser, es esencialmente reduccionista –desprovéase al término de cualquier connotación peyorativa-: se aísla un problema o un elemento de un sistema y se lo estudia exhaustivamente, pero la ulterior reconstrucción de la realidad es tarea más difícil porque intervienen sistemas complejos que sólo podemos comprender a través del uso de modelos a su vez necesariamente simplificados para poder abordarlos, es el caso, por ejemplo, del cambio climático y sus modelos de estudio. El problema se agudiza cuando algunos investigadores “celosos” terminan confundiendo ese modelo con la misma realidad, el mapa con el territorio que representa.
España, como el resto de países desarrollados –lo que causa una falsa impresión de inevitabilidad- ha realizado una radical transición demográfica que ha despoblado los entornos rurales, el campesinado, y ha hacinado los urbanos. En países como la vecina Francia esa transición llevó siglos; en la más atrasada España se realizó en sólo unas pocas décadas. El campesino era el verdadero guardián de la naturaleza con su continua presencia y labores de ajuste. Los paisajes “naturales” europeos son todos resultado de la lenta y secular interacción de esas poblaciones humanas, sus ganados y controles, y el entorno; esto es así, desde las remotas marismas a los ámbitos montañosos. La repentina supresión de ese factor de regulación generó desequilibrios terribles. Si a eso se añade el uso indiscriminado de esos espacios “vacantes” para plantar especies pirófitas y la sustitución de la presencia continua de poblaciones expertas, los campesinos, por la frecuentación esporádica de masas humanas aculturizadas en las peculiaridades del agro, los veraneantes, en las épocas de más riesgo, el verano, tenemos el drama servido. En realidad, da igual que el elemento iniciador sea una paella o el rayo de una tormenta seca. Estos territorios desequilibrados arderán tarde o temprano. En cualquier caso, como señala un viejo consejo forestal, los incendios forestales se "apagan" en invierno, cuando se realizan las tareas de limpieza del monte, aunque en realidad, por un lado, los incendios no se apagaran nunca -en el sentido de que siempre existiran-, simplemente serán menos terribles, y por otro, se "apagan" tras décadas de buena gestión territorial, que no incluye precisamente al ladrillo y al cemento hegemónicos de los últimos tiempos. Algunos pasos se han dado en la buena dirección, como el de impedir la recalificación urbanística en terrenos que hayan ardido o la utilización en las repoblaciones de especies menos igniscibles; el uso y regreso del ganado extensivo, controlador de la biomasa sobrante, sería otra buena medida.
Lo más terrible es que la extinción, necesaria para evitar males mayores, tampoco es la solución definitiva. De hecho se producen fenómenos de masa crítica de manera que algunas zonas que milagrosamente se van salvando de pequeños incendios terminan ardiendo en uno más catastrófico y pavoroso. Y eso seguirá sucediendo en tanto sigamos confundiendo el mapa con el territorio y pensando que sólo los bomberos y los policías que persiguen pirómanos tienen la solución. Es necesario reivindicar una cultura del territorio, similar a la cultura del agua que reivindica el profesor Pedro Arrojo, que vaya proponiendo soluciones complejas y acomodadas para el ámbito rural español, que palien la desaparición de esa cultura rural que, de momento, no hemos sustituido por nada que no sea la urbanización y el mero consumo de espacios.
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[1] Jorge Luis Borges: Del rigor de la ciencia en El hacedor. Cita completa, con las mayúsculas peculiares del autor.
[1] Jorge Luis Borges: Del rigor de la ciencia en El hacedor. Cita completa, con las mayúsculas peculiares del autor.
2 comentarios:
Un poco desalentadora, tu explicación. No parece que haya mucho que objetarle, por lo que más desaliento todavía. Pero en fin, imagino que cualquier solución pasa por conocer cuál es de verdad el problema...
Exactamente. El problema de los incendios forestales no es tanto como apagarlos como como prevenir, con una buena organización del territorio, que no tengan dimensiones catastróficas, que se autolimiten.
Hay otras medidas, por ejemplo, lo de Gecia huele a especuladores en busca de terrenos urbanizables y, en ese sentido, la nueva normativa española es la mejor solución.
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