


"Lo mismo, lo mismo que te echo de menos, te echo de más"
No, no les echaremos de menos.
El talento y la bondad no tienen por que ir juntos por más que cierta visión ‘disneyana’ de la vida se empeñe en lo contrario. Cela y Umbral tenían en común ser autores dominadores absolutos del panorama cultural español por décadas y olvidados –probablemente de forma merecida- inmediatamente tras su óbito. Prolíficos y, sin paradoja que valga, autores, no obstante, de una sola obra inolvidable; Mortal y rosa, en el caso de Umbral, una estremecedora muestra de prosa lírica que bastaba para compensar los cientos de títulos superfluos de ese compulsivo practicante de la “prosa sonajero”. Cela, por su parte, tiene uno de los mejores y más canallas libros de viajes que se hayan escrito sobre España: Viaje a la Alcarria, en el que el desalmado autor navega por los páramos de Guadalajara con la misma mirada suprema y desdeñosa que los exploradores victorianos por el África tropical; un libro inolvidable muy por encima de los excesivamente celebrados La Colmena y Pascual Duarte y los cientos de títulos en los que se plagiaba a sí mismo en aras de su agotador y previsible tremendismo. Ambos eran detestables como personas.
Otro autor abundante con una sola obra meritoria, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, es el inefable Almodóvar, que comparte además con los dos anteriores su empecinado afán de copiarse e imitarse una y otra vez, de repetir agotadoramente modelo, y su inamovible habilidad para ser un tremendo propagandista de sí mismo, siempre recordándonos al resto de los mortales lo sumamente agradecidos que deberíamos estar por haberlos conocido.
De alguna forma tanta propaganda hacia sí mismos, esa suerte de síndrome Dalí, les aleja de lo que debería ser un artista y les transforma en atracciones turísticas. Ellos se lo buscan. Entre la fama y la gloria optan por la primera, más inmediatamente gratificante, y en este mundo masificado e infantilizado reclaman su parte, pero ese público masivo y masificado es lógico que reclame los palotes, la música repetitiva y elemental y las competencias físicas de patio de recreo, de forma que Bach y Tostoi no es que queden lejanos en el tiempo, sino muy por encima de lo demandado, y estos buscadores de aplauso se avienen finalmente y a pesar de su indudable talento a rebajarse.
No siempre, no obstante, esa vanidad insoportable es una característica de las “malas personas” con talento. El legendariamente antipático Rafael Sánchez Ferlosio, el mejor prosista en castellano desde los cronistas de Indias, se complace en denostar siempre que puede su mejor novela, y una de las mejores de la posguerra española, El Jarama, y en este caso su displicencia no deja de ser un desaire a la admiración de tantos buenos lectores, simétrica a la exigencia de tributo obligado, de admiración rendida de los Celas, Umbrales y Amodovares.
Por fortuna también se dan los casos inversos, como la hombría de bien del huraño Marsé, nuestro mejor novelista, o la timidez huidiza y buena igualmente del versátil y añorado Vázquez Montalbán. ¿Conclusión? La bíblica, “por sus obras los conoceréis” desde luego viene al caso.
Sus obras, tremendo misterio, no tienen porque estar en concordancia con sus vidas. Decía Voltaire que los monjes entraban en el convento sin conocerse, vivían sin amarse y se morían sin echarse de menos. Aparte de que lo anterior me parece una inmejorable definición de la mayoría de los matrimonios, creo que a esos artistas antipáticos les pasa lo mismo consigo mismos: no se conocen, no se aman y, por consiguiente, no les echamos de menos.
Otro autor abundante con una sola obra meritoria, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, es el inefable Almodóvar, que comparte además con los dos anteriores su empecinado afán de copiarse e imitarse una y otra vez, de repetir agotadoramente modelo, y su inamovible habilidad para ser un tremendo propagandista de sí mismo, siempre recordándonos al resto de los mortales lo sumamente agradecidos que deberíamos estar por haberlos conocido.
De alguna forma tanta propaganda hacia sí mismos, esa suerte de síndrome Dalí, les aleja de lo que debería ser un artista y les transforma en atracciones turísticas. Ellos se lo buscan. Entre la fama y la gloria optan por la primera, más inmediatamente gratificante, y en este mundo masificado e infantilizado reclaman su parte, pero ese público masivo y masificado es lógico que reclame los palotes, la música repetitiva y elemental y las competencias físicas de patio de recreo, de forma que Bach y Tostoi no es que queden lejanos en el tiempo, sino muy por encima de lo demandado, y estos buscadores de aplauso se avienen finalmente y a pesar de su indudable talento a rebajarse.
No siempre, no obstante, esa vanidad insoportable es una característica de las “malas personas” con talento. El legendariamente antipático Rafael Sánchez Ferlosio, el mejor prosista en castellano desde los cronistas de Indias, se complace en denostar siempre que puede su mejor novela, y una de las mejores de la posguerra española, El Jarama, y en este caso su displicencia no deja de ser un desaire a la admiración de tantos buenos lectores, simétrica a la exigencia de tributo obligado, de admiración rendida de los Celas, Umbrales y Amodovares.
Por fortuna también se dan los casos inversos, como la hombría de bien del huraño Marsé, nuestro mejor novelista, o la timidez huidiza y buena igualmente del versátil y añorado Vázquez Montalbán. ¿Conclusión? La bíblica, “por sus obras los conoceréis” desde luego viene al caso.
Sus obras, tremendo misterio, no tienen porque estar en concordancia con sus vidas. Decía Voltaire que los monjes entraban en el convento sin conocerse, vivían sin amarse y se morían sin echarse de menos. Aparte de que lo anterior me parece una inmejorable definición de la mayoría de los matrimonios, creo que a esos artistas antipáticos les pasa lo mismo consigo mismos: no se conocen, no se aman y, por consiguiente, no les echamos de menos.
13 comentarios:
Coincido bastante contigo en la apreciación que te merecen estos tres "genios".
Sobre todo Cela y Umbral, cada uno en su estilo, me caían espantosamente mal. Almodovar, pues bueno, mal, simplemente.
Pero es cierto que somos como niños. Si nos gusta la obra de un autor necesitamos que sea todo él admirable. Y así vienen luego las decepciones, cuando los conocemos a fondo.
Menos mal, Cigarra, que andas por ahí, porque si no me sentiría más sólo que una anchoa (en extinción) en el Cantábrico.
Lo que quería decir, sobre todo de los dos primeros, es que eran malas personas y no tan geniales artistas como ellos proclamaban.
Homo Ludens, al fin y al cabo.
Acabo de pensar que en el fondo eres un Romántico. No sé si porque coleccionas cerámica, no sé.
"Al mundo le espera la tiranía de la razón, quizá la más férrea de todas las tiranías" (Georg Forster)
Qué feo era Descartes, por Dios!!!
Siempre tan tajante, amigo Lansky. Coincido contigo en la melodía pero no puedo evitar que me chirríen algunas notas. En fin, los matices y claroscuros no son muy convenientes para el discurso corto de un post, pero …
Umbral y Cela eran desde luego personas nada agradables y Almodóvar no me resulta tampoco simpático. De Cela he leído mucho, casi todo, diría yo. Y sí, coincido contigo en que Viaje a la Alcarria es una maravilla, aunque no la encimaría sobre la Familia de Pacual Duarte o La Colmena, ya que ambas me parecen magníficas. La obra posterior, es verdad, fue decayendo, sin perjuicio de que mantuviera un nivel digno, propio de quien dominaba bien su oficio (incluso hay una o dos novelas de bastante buena factura, que ahora no me vienen a la memoria).
En cuanto a Umbral lo tengo mucho menos leído, seguramente porque me producía cierta repulsión. Había leído, por supuesto, artículos suyos en la prensa y también, hace ya bastante, el Mortal y Rosa que citas. Siempre pensé que tenía un estilo singular y que escribía muy bien; no lo calificaría de compulsivo practicante de la "prosa sonajero", signifique lo que signifique. De hecho, pese a mi antipatía por la persona, sentía que debía leer algo más del tipo y justamente el martes pasado, en mi breve escapada a Barcelona, me compré un tochazo que reúne sus novelas sobre Madrid. En el avión de vuelta (incluyendo el tiempo de espera en el Prat) me tragué Madrid 1940 y me impresionó. Podría considerarse demasiado inspirado en el Viaje al fin de la noche, de Celine, pero, al margen de la historia (algo trastabillada y muy coja desde cualquier visión mínimamente rigurosa), la prosa y el ritmo me parecieron sensacionales.
Y de Almodóvar pues un poco más de lo mismo. Claro que va cuesta abajo y sin frenos y seguro que la vanidad tiene mucho que ver. Pero no se le puede negar talento y, a estas alturas, buen conocimiento del oficio (acuérdate de Pepi, Luci, Bom …). Gustándome mucho Qué he hecho yo para merecer esto, tampoco diría que es la única obra meritoria; yo pondría antes, por ejemplo, la desternillante Mujeres. Pero bueno, cada uno tiene sus propias opiniones.
En todo caso, ciertamente no los echaremos de menos.
Estimado Lansky, tiene usted mucha razon, sobre todo en lo que le toca a Almodovar y su incapacidad para manejar su ego, ese muchacho manchego. Supongo que no es culpa suya, es idolatrado en el extranjero ( como dicen los periosdistas) Me imagino que eso tiene que nublar a cualquiera.
Es que su ultima pelicula, y contando con actores tan buenos, no dice nada nada nada, y creo que es dificil conseguir eso...
Mita: ¿Descartes feo?!! Pues era mucho más apuesto que tu admirado Keanu Reaves.
Miroslav: aunque sé que la verdad reside en el matiz, disiento de tí en que sea el género Blog el que más lo requiera; precisamente por su brevedad se presta más a lo categórico (de categoría) y, desde luego, es el ensayo largo y meditado el que mejor admite contener matizaciones.
Para mí Cela, Umbral y Almodovar no carecen, ni mucho menos, de talento, punto uno. Punto dos: son los tres bastante antipáticos y "malas" personas; punto tres: su estilo es imitarse descaradamente a sí mismos, y cuatro: son autores de una obra dilatada, excesiva en número y con escasos logros verdaderos. Por ej, la Colmena de Cela, tan deudora del Baroja de La busca, de Max Aub, cuando Cela novelista está muy poco dotado si lo comparamos a compañeros de su generación más discretos como Delibes o Fernández Santos. Almodovar tiene películas simpáticas o agradables, como Mujeres al borde...que citas (un Billy Wilder a la española y menor), otras malísimas (La mala educación, Tacones lejanos), alguna fresca pero inexperta (Pepi, Luci...) y una excelente (Qué he hecho...). La trilogía de Madrid de Umbral es en efecto bastante buena sin llegar, para mí, a Mortal y Rosa. Prosa sonajero es, según Marsé que la acuñó, aquella que más que la eficacia busca el artificio, el impacto superficial.
El género Blog, por su brevedad, se presta más a lo categórico; es decir, admite mal (o peor que el ensayo) las matizaciones. Entonces, ¿en qué disientes de mí?
Disculpa Miros, te entendí lo contrario
Hola Lansky, hace tiempo que sigo tu blog, yo acabo de aparecer por aquí de forma experimental -no sé si mantendré mi recién creado blog-. En cuanto a tu último post, probablemente yo sea más simple y limitado, porque a mí me puede el prejuicio de negarme a indagar en la obra de alguien cuando éste me repela, y en cuanto a los personajes que citas, es el caso. Yo pregunto: ¿un prejuicio tal de su autor, puede condicionar nuestra opinión de su obra?
Saludos.
Bienvenido, Comandante, me pasaré por tu blog. En cuanto a que la antipatía vede el conocimiento de la obra del autor, hay que tener cuidado, hay tíos detestables muy interesantes (Celine, p.ej.), pero no creo que sea el caso de estos.
Casualmente acabo de leer una entrada del blog del escritor David Torres dedicado a la suprema bondad de otro escritor, este sí, además, para mí y para el propio Torres, grande de verdad: Cortázar. Sirva, Lansky, como contrapunto a la malhomía de los que aquí pones en solfa y que yo comparto aunque con mi gradación personal.
http://www.hotelkafka.com/blogs/david_torres/?p=313
Y recomiendo como ilustración la entrevista que le hizo Soler Serrano en 1977 en la que da muestras de su altura moral, comparable a la literaria.
Yo la bajé de la red, pero está en cualquier biblioteca pública.
harazem, ¡queremos tanto a Julio! Conozco la entrevista, la tengo en vídeo.
Publicar un comentario en la entrada