profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

19/08/2009

'Pars pro toto' en la montaña

El Indu-Kush


Hay un viejísimo principio que en latín de leguleyo se enuncia como 'pars pro toto', que viene a afirmar que es preferible aceptar una pérdida menor si así se salva el todo. En los términos de la dinámica de grupo que tanto se lleva ahora se trataría de la afirmación del sumo sacerdote Caifás en el Evangelio de Juan (el más ambiguo, por cierto): “es preferible que un solo hombre muera por todo el pueblo, antes de que todo el pueblo perezca”. Aritmética de la Razón de Estado que el propio evangelista enreda cuando agrega: “mas esto no lo dijo de sí mismo, sino que…lo profetizó”. En esta contabilidad, en este extraño balance, la salvación de todos por la muerte de uno, pasó a ser una de las premisas de la religión cristiana, para mí una de las más extrañas que perviven hoy. Pero debo reconocer que tiene sentido…al menos aritmético. Y ese balance contable, que justifica tanta heroicidad individual, es la que hace lamentable pero lógico el abandono a su muerte segura, quizá ya acaecida, del montañero aragonés herido y atrapado en la cornisa del pico asiático.

Sin embargo, hay un supuesto corolario que no estoy dispuesto a suscribir; sin latines que valgan se podría enunciar con un ramplón: “él se lo ha buscado”, en términos náuticos, “Que cada palo aguante su vela”; asume las consecuencias, chaval. Puede que Jesús se lo estuviera buscando, como tantos que hacen lo correcto, pero no lo fácil, pero desde luego la culpa de crucificarle no la tuvo él, aunque, diga lo que diga el cristianismo, yo tampoco.

Algunos practicantes de la corriente norteamericana de la ecología profunda (Deep Ecology), en realidad, una suerte de misantropía extrema, sostienen que si un excursionista se accidenta en uno de los santuarios naturales protegidos de Estados Unidos y su rescate sólo pudiera hacerse por medios mecánicos, un helicóptero, pongamos por caso, se debería abandonar a su suerte, es decir, a su muerte, al herido, pero no mancillar el territorio virginal con la máquina.

Otro asunto es el de los excursionistas imprudentes que se adentran en la montaña y otros ambientes extremos sin los pertrechos adecuados, incluida su escasa pericia y experiencia. La mayoría de los rescates en la montaña, lo sé por experiencia, se producen en esos casos y no en los más difundidos de alpinistas expertos como el desafortunado aragonés. En esos casos creo que hay que movilizar todos los medios disponibles para salvarles la vida, aunque sea arriesgando algo las de los equipos de rescate. Pero hablando de aritmética caritativa, creo que luego sería pertinente hacer las cuentas de los medios movilizados y pasarles las facturas a los imprudentes.

8 comentarios:

Vanbrugh dijo...

Mi hijo, al que hemos contagiado la mala costumbre de leer periódicos, pero que los interpreta desde su particular óptica, me pidió un esquema rápido de las alianzas estratégicas españolas, con miras a declararle una guerra relámpago a Pakistán. Si intervendría la OTAN, si podríamos contar con el apoyo de Irán y de Turquía... La denegación de auxilio al montañero español por parte de las autoridades pakistaníes le parecía un casus belli evidente. Me llevó un buen rato explicarles a él y a un colega suyo las complejidades morales y técnicas implicadas en el asunto, y temo que no los dejé satisfechos. Pero lo cierto es que el ejercicio de hablar de estas cuestiones con una especie de Guillermo Brown y de su amigo Pelirrojo, aunque a ellos no les sirva para gran cosa -aparte de para afianzarles en su idea previa de que los adultos tienden siempre a complicarlo todo, y yo, especialmente, a obstaculizarles el disfrute de sus naturales placeres infantiles, tales como el de masacrar pakistaníes- viene bien para aclarar las propias ideas.

A pesar de lo cual yo mismo sigo sin tener muy claro qué hacer cuando un tipo, por su propio placer, cuenta y riesgo, pone en peligro su vida y obliga a arriesgar las ajenas, y a poner en juego costosos medios, para sacarle del atolladero en que él solito se metió. La cuestión de fondo me parece la misma se trate de un sesentón que se pierde al atardecer paseando por la Pedriza o de un montañero experimentado que se queda atrapado en el Himalaya.

Anónimo dijo...

Lo peor de un caso como este es el revuelo que levanta a nivel familiar y social. Porque vamos a ver, ¿puede uno imaginarse una muerte mas dulce que ir perdiendo poco a poco el "mundo" en el que nos imaginamos vivir, e ir cayendo en esa nada que debe ser la muerte, en ese silencio de la montaña, de la forma que dicen sucede por congelación, suavemente desapareciendo y por supuesto, fundiendose con la tierra, en este caso con la nieve y puuuuufffff... nada.
El empeño de los familiares (todos en general, y la sociedad) por tener el cuerpo enterrado en el cementerio no lo entiende mi corto entendimiento, valga la redundancia. Es como cuando incineran al finado y luego llevan la urna a enterrar al cementerio... ¿para que lo incineran?.
En cuanto al abandono por parte de los compañeros, ahí no puedo opinar, ya que no estaba ahí, pero es facil pensar que nadie da la vida por nadie si no es por amor, y aún así tienes que amar al otro mas que a ti, o igual.Complicado.

Emma dijo...

Es bonito eso que has dicho, Anonimo.

Lansky dijo...

Verás, Vanbrugh, a tenor de tu último párrafo, yo si veo diferencias entre un excursionista despistado y un alpinista preparado. La primera, ya lo he dicho, es que los primeros son sujetos necesitados de muchas más operaciones de rescate que los segundos, aunque se le dé menos publicidad. En segundo lugar, y como argumento moral es discutible (quid pro cuo,) es lo que aprendí en mi lejana época en los servicios de rescate de montaña de la Cruz Roja, que viene a resumirse en 'hoy por tí, mañana por mí'; es decir, en la idea de todo alpinista experto de que si es necesario algunos como él lo ayuden. Mi operación de salvamento más enjundiosa fue la de un grupo de boy scouts dirigidos, es un decir, por un irresponsable al que estuve a punto, por este orden, de: primero, dar una hostía, segundo, rescatar (después de los niños), y finalmente, darle otra hostia.

La muerte por congelación, Anónimo, la muerte dulce (con la de envvenenanmiento por co2) está bien, pero por edema pulmonar y deshidratación, con afección a los centros motrices neuronales, no tanto. En cuanto a la obsesión por los cadáveres, con el mío en concreto, es asunto que les dejo a los que me sobrevivan, a mi no me interesa.

Vlad Pepes dijo...

Hace unos días, leyendo los comentarios publicados por los lectores en la web de un periódico nacional, simplemente no podía dar crédito a los disparates que se decían desde todos los bandos y latitudes respecto a este asunto. Desde los que decían que, descartado el helicóptero como medio, debían movilizarse los vehículos aeréo-hidraúlicos (sic) del Ejército hasta los que se cuestionaban si no había más montañeros que aquellos cinco en España para salvar al pobre hombre.

Lo que mucha gente parece no entender es que viajar hasta Pakistán, subir a una cumbre como el Latok II a 7,018 m de altura y en pleno Karakórum para después bajar (en teoría) con un herido, no es ni de coña lo mismo que usar la megafonía del centro comercial para buscar a un niño que se ha perdido en la sección de congelados.

Señores, lo creamos o no, en esta era globalizada aún hay sitios del mundo donde es casi imposible llegar y volver con vida, y el que llega hasta allí lo hace porque verdaderamente es su pasión, su vida, no un simple capricho. Estoy seguro de que Óscar Pérez sabía mejor que nadie lo que se jugaba allí arriba, y me parecen posturas inconscientes e inmaduras tanto las que acusan de negligencia a sus compañeros (y probablemente amigos) como las que afirman que estos aventureros no son más que frenéticos temerarios que se lanzan a una muerte segura.

harazem dijo...

Bueno, yo tengo un lío mu grande con eso de viajeros, turistas, aventureros, pasiones peligrosas e insensateces más o menos románticas. De verdad que no sé que pensar a estas alturas. Tengo pensado, Lansky, comentarte algo sobre el tema en una de tus vertiginosas entradas anteriores, a ver si encuentro tiempo.

De todas formas en este asunto del montañero muerto en Pakistán se puede jugar con todas esas fichas en tablero de la vida, de la conciencia e incluso de la cultura, y con los dados del azar y de la muerte, pero yo me quedo con la imagen de ese helicóptero del ejército pakistaní que se envía a sobrevolar la zona sólo para que ese montañero de un país rico que ha ido voluntariamente allí a encontrase con su pasión por el riesgo sepa que se le busca. Lo he escuchado en la radio. No sé si es verdad. Y pienso: si lo es ¿el ejército pakistaní usa esos helicópteros cotidianamente para salvar a sus nacionales? ¿Para rescatar a un niño accidentado en las perdidas colinas de los desiertos del Thar? Demagogia barata tal vez, pero yo, como el alacrán del que se hablaba por aquí recientemente, no lo puedo evitar, es mi condición.

Lansky dijo...

Indudablemente, algo o mucho de eso hay, Harazem

Loc@ dijo...

Leídas todas las opiniones, y al hilo de esta última, recuerdo el caso de Campanini, a princiipos de año en los Andes Argentinos, el Aconcagua? cuyos compañeros/salvadores abandonaron ¡porque no podían con él! ¿recordáis las imágenes? Ahí también se hablo de si se había priorizado el salvamento de una turista italiana frente al guía argentino -Campanini- de los pocos medios de los que disponen, de la fuente de ingresos/divisas que supone tanta subida a dicha cima, tantas cosas. En su día recogí toda la información que vi al respecto, así como los comentarios de un sr. Anónimo "argentino, decía" de lo más ilustrado en el tema: sanitario, legal y alta montaña.
Como montañera de "andar por casa" que lo más que he subido han sido los tresmiles del Pirineo -no todos, los más sonados- añado que, efectivamente a la montaña se acerca mucho incauto empujado por La Moda de los deportes de Riesgo, sin ninguna base, ni sólida ni frágil, sin siquiera el calzado adecuado, algo imprescindible en dicho medio.
Termino, un gusto leeros a todos. Besos. PAQUITA