profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

10/08/2009

Tres minutos de trombón

Músicos callejeros en N.O.: batería, TROMBÓN, corneta, saxo, clarinete, violín de tres cuerdas y contrabajo; la chica baila y canta.
The parlor of lulu White's Hall

Kid Ory




(Para mi amigo Javier “SS”, que sabe más de jazz que yo, aunque es menos golfo)

“La trompeta expresa su idea, el trombón le replica, el piano accede a intervenir en la discusión, y el clarinete explica que lo mejor es cantar y bailar y no discutir en vano.”

Julio Coll: Variaciones sobre el jazz


Debido a las modas hoy en día apenas se ve un trombón en una orquesta de jazz. En los tiempos augúrales de Nueva Orleáns y el estilo Dixie era imposible contemplar un desfile de músicos de viento sin ver varios de estos instrumentos. Eran los tiempos –cosas de la moda, en que jazz se escribía ‘jass’, con dos eses y no con dos zetas. El trombonista más legendario era un músico hoy recordado sólo por los aficionados eruditos: Kid Ory. Los discos eran de pizarra, no de baquelita, menos aún plásticos y giraban a toda hostia; a 78 revoluciones por minuto, mientras una aguja del más duro acero los taladraba. Duraban tres minutos como máximo por cada cara (De ahí a un Mp 3, hay la misma distancia tecnológica que entre un carro de lanza y un módulo lunar). Así que los músicos, los del jazz, se entiende, sabían que no podían extenderse más de tres minutos con un tema. Esas variaciones de veinte minutos o más que se estilaron posteriormente, y que no siempre son más bellas y logradas que los temas ‘tresminutinos’, son fruto del avance tecnológico. ¿Hace falta decir que hay aficionados por ahí que dicen que aquella belleza breve no volvió a ser igualada posteriormente? Desde luego la monotonía estaba desterrada, había que aprovechar bien cada cara del disco veloz. Pero los discos posteriores permitieron muchas cosas, algunas buenas, otras tan malas como el aburrimiento pretencioso que casi acaba con el jazz. Y con los trombones, benditos sean.

Para el joven poseedor de un i-poc, un MP 3 o lo que sea le parecerá como a un astronauta una almadía de troncos el que pasáramos largas jornadas pegados a una radio –luego un ‘transistor’- intentando sintonizar emisoras holandesas o francesas, no digamos estadounidenses, que dieran jazz; porque aquí, en la sombría España de Franco -que sólo tenía oído para los toques de corneta de cuartel- , el jazz era semiclandestino y no estaba prohibido simplemente porque nuestros aliados, los chicos esos altos y algunos negros, de la cercana base de Torrejón próxima a Madrid, y casi los únicos que no practicaban el aislamiento internacional a la dictadura y por lo tanto mimados por el régimen, lo practicaban. Se rastreaban por las ondas emisiones extranjeras que transmitieran una audición de jazz con el mismo celo que un destructor empleaba el sonar buscando submarinos enemigos. Y cuando se encontraba, se comunicaba el hallazgo a los colegas por teléfono. Increíble, ¿eh? El crítico de Arte y poeta Cirlot era uno de aquellos pioneros mientras yo todavía berreaba entre pañales aún de algodón y no celulosa desechable, eso sí, con un swing muy peculiar.


En una de mis búsquedas por librerías de viejo conseguí un folleto de un famoso burdel de Storyville en Nueva Orleáns, el barrio del vicio de la ciudad fluvial. Lo hizo imprimir una de las prostitutas más ricas y famosas (está en Google) de la época y constructora y propietaria del famoso edificio. Traduzco:

El establecimiento, cuya fotografía puede verse reproducida sobre la portada de este folleto, ha sido construido especialmente para Miss Lulú White. Costó cuarenta mil dólares. El edificio consta de cuatro pisos y es de mármol. Posee cinco salones amueblados con exquisito gusto, y quince dormitorios. Cada habitación posee baño propio, con agua caliente e inodoros individuales. El ascensor para dos personas es la última moda. Toda la casa tiene calefacción central. Y es, sin dudarlo, el establecimiento más elegante de su género. La famosa mestiza que lo dirige, nació hace treinta y dos años en las Indias Occidentales. Llegada al país a una edad temprana, está felizmente dotada de una excelente educación, y sabe cómo hacer felices a los hombres.”

En ese local se escuchaba música lógicamente, jazz naturalmente. Y hoy es apropiadamente el Museo del Jazz, aunque burdel y barrio se clausuraron y el jazz hubo de emigrar a otra ciudad más negra aún, Chicago. Luego Nueva York, Los Ángeles, París, Barcelona…

O sea, que existen las misas negras; son las ‘jam session’. También existen las ‘buenas’ leyendas negras, como la que cuenta que Chet Baker tocó unas noches en el Jamboree de la Plaza Real de Barcelona mientras la VI flota deambulaba por las vecinas Ramblas. Pero no tocaba el trombón, como bien sabréis, sino la trompeta.

4 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

En Storyville debió situarse probablemente otro burdel famoso (y anterior al que citas), la House of Rising Sun. Sólo que éste, más que al jazz, se vincula al folk y al blues. Pero, en fin, todo cosas de negros y mestizos, en esa maravillosa ciudad que debió ser Nueva Orleans desde finales del XIX hasta los años veinte.

No conozco a Kid Ory (tampoco mucho el trombón, se ve que mi jazz es más reciente).

Lansky dijo...

No, Miros, son estrictamente coetaneas; Eric Burdon (The animals) le dedicó una famosa balada a tu casa del sol naciente. Remember?

Miroslav Panciutti dijo...

Of course I remember. La canción es de origen incierto, creo que de los años 30. La versión de los Animals, su primer gran éxito (tampoco tuvieron muchos más), es de mediados de los sesenta. Sin embargo, Dylan ya la había grabado en su primer disco de 1962 (que pasó sin pena ni gloria) y su versión se me antoja demasiado parecida a la que luego hizo Burdon. Bien es verdad, que según dicen sus biógrafos, Dylan que por entonces era un paleto del medio oeste recien llegado al Greenwich, se la había "robado" a Dave Van Ronk, un cantante folk que por entonces lo alojaba.

Por cierto, tu cita a Burdon, me ha recordado a Alan Price, el teclista de los Animals, que compuso la banda sonora de una película satírico-surrealista de inicios de los 70 llamada O Lucky Man. Tanto la peli como la música, en su momento, me encantaron. Estaría bien volverla a ver.

Lansky dijo...

Sí, por supuesto, Dylan primero. A mi me encanta ese Bob Dylan inicial y "paleto", seguidor del gran Goody Guthrie y otros trovadores del Far West, o el primer Johnny Cash, todos a su vez mamando del gran negro Leadbelly