profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

27/08/2009

Una aldea y un río

















(A mi amigo Félix de Azua, al que le gustan los ríos ‘ríos’, por su amistad y por sus vanos intentos para que me editen un libro sobre los escasos tramos incólumes de los ríos españoles)

Muchos conocéis mi devoción por los tramos indemnes de los ríos, cada vez más escasos al margen de los torrentes de alta montaña. Al ser estructuras lineales, como las costas, son muy frágiles a las acciones humanas, pero no reivindico unos edenes poblados de ondinas y otras míticas criaturas naturales o mitológicas, simplemente basta con que no sean cloacas a cielo abierto o simples canales de cemento y distribución hídrica. De hecho, la presencia humana los hace más atractivos. No me cansaré de repetirlo, pero la mal llamada “Naturaleza", al menos en la vieja y habitada Europa, es la resultante de la secular interacción entre hombre y su entorno, desde los paisajes de montaña, modelados por los ganados extensivos, hasta las marginales marismas aprovechadas desde antiguo. El falso antagonismo hombre versus naturaleza se evidencia aquí, donde el ingenio de la vieja ingenie-ría se relaciona con extrema sutileza con el entorno para sacarle lo provecho y hermanar utilidad y belleza.

Por eso me ha encantado visitar este verano una vieja aldea conservada que floreció, o al menos pervivió y subsistió, a orillas de un hermoso arroyo y gracias a él. Es una aldea perdida que existe desde hace al menos seis siglos –aunque algunas construcciones datan de mil años- y en la que vivían diez familias junto a esa caudalosa pero modesta corriente fluvial donde habían instalado un conjunto de ingenios hidráulicos pasmosos, desde molinos a un batán, herrerías y una forja. Se llama Teixois, por los tejos de sus laderas, y se llega a ella después de recorrer tan sólo unos 30 kilómetros de una sinuosa y estrecha carretera desde la cabeza de la comarca. Unos pocos han logrado conservar y restaurar el conjunto sin convertirlo en una Disneylandia o una mera taxidermia antropológica y se puede visitar como un raro ejemplo de ese turismo rural y cultural del que tanto se habla y tan poco se prodiga, y es toda una experiencia.

Los antiguos adaptaban el entorno a sus necesidades y estas a él. La técnica se relacionaba con justa delicadeza al entorno sin prostituirlo. El resultado es utilidad y belleza, caso de que ambas cosas sean distintas. De hecho, a mayor capacidad tecnológica para transformar el entorno menor sutileza para relacionarse con él. Antes los puentes se hacían por los vados naturales, ahora los ríos se desvían por los puentes.

La aldea cultivaba un lino de montaña que hilaban allí mismo merced a la fuerza del río y con la que se vestían los cien miembros escasos de la comunidad, cultivaban las inevitables patatas y maíz y, lo que es más insólito, cereal adaptado a sus laderas. Suministraba clavos de su herrería a toda la comarca y a comienzos de los años veinte del pasado siglo fue la primera en tener luz eléctrica, en forma de cinco débiles bombillas equitativamente repartidas por el caserío, merced a un rústico motor alternador, básicamente una dínamo, conectada a las palas del molino. Hoy en día es un edén rural que demuestra la afirmación de Kundera de que la belleza es eso que el “progreso” ha dejado olvidado en su arrollador camino.

http://www.vivirasturias.com/asturias/taramundi/conjunto-etnografico-de-os-teixois/es

8 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

No conozco esos rincones occidentales de Asturias (y mira que he estado veces en Asturias); me los apunto para alguna escapada (cuando me dejen).

Me ha gustado eso de adaptar nuestras necesidades al entorno. Generalizando el término entorno, es una buena manera de contribuir a la felicidad.

Lansky dijo...

Sí Miros. Adaptar nuestras necesidades al entorno es lo mismo que el viejo adagio de que es mejor querer lo que tenemos que tener lo que queremos (del consumismo más irresponsable)

Vanbrugh dijo...

Conocí Os Texois hace tres años, me pareció interesantísimo de ver y un buen ejemplo de conservación "no taxidérmica".

No es la primera vez que te leo que es falsa la oposición entre Hombre y Naturaleza, y que la naturaleza que conocemos es el resultado de miles de años de habitación humana. Pero me gusta lo mismo cada vez que lo leo, y creo que debes seguir diciéndolo. Y recordar cosas como lo que ayer escribías, que el mejor mecanismo para impedir los incendios forestales devastadores era la presencia y la actividad de una población campesina. A ver si se enteran esos ecologistas que hablan del hombre como de un parásito indeseable, y desean conservar "la naturaleza" pura e intacta... no sé para quién.

Lansky dijo...

Evidentemente existe un ecologismo sensato que no suscribe esas burradas, pero también hay en ese variopinto movimiento corrientes nefastas como: 1) ingenuistas, en busca de paraisos intocados y perdidos sin ser precisamente Milton, y 2) misántropos feroces que no es que "amen" la naturaleza, sino que detestan a sus semejantes (Deep Ecology)

Carmen dijo...

Al ver esas fotos lo que apetece es salir corriendo de este atestado, acalorado y duro Madrid. Pero... no en coche claro... y... sin ir todos a la vez, claro... Y, llegando con respeto... claro...
Vamos, que casi mejor que nos quedemos ;)
Un placer pasar por aquí.

José Montalvá dijo...

hola lansky, en una cadena de coments en el blog de malherido me has gustado defendiendo a sebald; no viene a cuento, pero te mando un saludo...

un sebaldiano

Lansky dijo...

José Montalvá, gracias por tu comentario. Por supuesto que yo también soy un 'sebaldiano' acérrimo. Sebald para mí marca el final, por ahora, de un tipo de literatura: el paseo como género literario (Whitman, Thoreau, Robert Walser...)

Loc@ dijo...

Un poco retrasada respecto de su publicación pero no quiero dejar de decir ¡qué bonito medio el que nos brindas con las fotos... el molino de agua. Me recuerda y mucho a los pueblos de montaña de Aragón, o Navarra y Lérida, lo que queda de ellos... , restos de lo que fueron molinos fluviales, su maquinaria, normalmente, permanece -por su peso, supongo- y alguna pared que resistió el paso del tiempo, pese a haber perdido su tejado hace mucho, o no tanto, quizá fue la consecuencia del despoblamiento de los años 60.
Pues eso, ¡qué bonito!... pero qué duro -contestarían ellos-
Un abrazo. PAQUITA