profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

11/09/2009

Una diatriba contra las editoriales españolas




Todas las editoriales españolas que tienen éxito son una mierda

Todas las editoriales españolas nuevas y prometedoras:
a) si se mantienen se convertirán en una mierda
b) y si no desaparecerán.

Tomemos, a guisa de ejemplo, dos grandes editoriales de éxito (una engullida por un gran grupo editorial y la otra aparentemente independiente y asociada a un editor de renombre), empezando por la “a”: Alfaguara y Anagrama, y hagamos con ellas un sencillo experimento: comparar sus títulos y autores descatalogados con los lanzamientos y novedades anunciadas. El resultado es neto y diáfano: los libros que ya no son (porque eso de tener un “fondo” es de otros tiempos) son inmensamente mejores, más interesantes y de mayor calidad que los que anuncian. Ergo, como queríamos demostrar, esas prestigiosas editoriales que en su día se hicieron un nombre por sus arriesgadas apuestas de difusión cultural viven de su antiguo y merecido prestigio, pero se han transformado en almacenes de bazofias exitosas y rentables.

Hay un corolario a lo anterior: si un editor, antes convenientemente anónimo, se hace relativamente famoso y aparece junto a sus autores editados en la prensa, en eventos y le hacen hasta entrevistas, como a Jorge Herralde, es que se ha convertido en un mercenario, o por mejor decir en un mercero, un vendedor de cintas de colores, un comerciante. La excepción es algunos editores que o bien:

a) Se han muerto, como el inefable Mario Lacruz (también estimable escritor) de Plaza y Janés, o bien
b) Los andan matando de continuo y arruinándolos, como a Mario Muchnick

El papel de un buen editor con olfato, capaz de descubrirnos nuevos manjares es inestimable. Muchos conocéis el caso del poeta y editor Carlos Barral que rechazó el manuscrito de Cien años de soledad de García Márquez, pero muchos también ignoran que si Borges no siguió siendo un breve escritor secreto del otro lado del Atlántico fue, entre otras cosas, porque en 1961 este mismo editor hizo para que le concedieran el prestigioso premio Formentor (compartido con Beckett, por cierto). Sólo un año después ya estaban traduciendo al inglés ‘Ficciones’.

Prefiero mil veces esos editores comerciantes a pecho descubierto que comenzaron vendiendo enciclopedias a plazos de puerta en puerta, que fuman puros, parecen presidentes de un club de fútbol o constructores y a veces lo son, que dan premios amañados millonarios, como el fallecido Lara de Planeta, que estos antiguos exquisitos que se traicionan y nos traicionan y que son como si Mozart se hubiera vendido para hacer melodías (‘jingles’) de anuncios de televisión.

Si queréis iros haciendo con la típica biblioteca idiota no tenéis más que ir comprando cada novedad que vaya saliendo y sea anunciada hasta la nausea y promocionada por pseudo críticos en pseudo suplementos culturales de pseudo periódicos pagados por pseudo editoriales de culto. Tendréis una pseudo biblioteca sin ningún criterio, o por mejor decir, hecha con criterios que no tienen que ver con la literatura, esto es, con la belleza, la verdad y el arte.

Ejercicios prácticos:

1) Intentad localizar el libro de Satta (Anagrama) que reseñaba en mi anterior post
2) Intentad localizar algo de la obra del tío más interesante (y más opuesto) junto a Cormac Mc Carthy de la literatura norteamericana actual, muy por encima de los Foster Wallace de turno y los ‘Bolaños’ mal traducidos: Guy Davenport. Encontraréis: a) un libro descatalogado en Turner, otro en una editorial mexicana y otro en la editorial extinta del perspicaz y aludido Mario Muchnick (Pero todo es por vuestro bien: quieren que aprendáis a manejaros con más soltura en las lenguas originales, como buenos agentes culturales que son –contigo no va, Mario) Guy Davenport es tan solo un fiel mandatario de Ezra Pound: escribir prosa tan bien como el verso. Su ritmo sutil es maestro, una frase o un párrafo corto de él nos remite al aforismo de los poetas griegos tempranos o los pensadores presocráticos, su erudición apabullante no es impositiva, recuerda a Borges, a Calvino y Queneau, es verdaderamente y no rebuscadamente original, y escribe sobre las cosas más variopintas, mezclando su erudición con ese gusto por la naturaleza virgen tan norteamericano a lo Thoreau o Whitman. George Steiner, maravillado, lo llamó ‘rara avis’. Y aquí no estamos para breves raros, nos vale con inacabables trilogías de Estocolmo en clave punki. Y nos perdemos una de las descripciones del despertar sexual más hilarantes, tiernamente atrevidas y sublimes de toda la literatura universal, entre muchas cosas (Uno de sus libros se llama “objetos sobre una mesa”, traducido, inencontrable: es el Satie, el Morandi de la literatura anglosajona), inventa verbos y palabras que no existían, lo hace siempre digna y nada superfluamente. Es un delicioso tormento para todo traductor que se respete)

Y esto para nota: intentar averiguar quien era Anna Kavan y ved de encontrar algo suyo publicado (Grijalbo-Mondadori: descatalogado, Seix Barral, descatalogado)

Finalmente, el libro es un objeto preciso y para mí y para muchos precioso, el lujo no está reñido, pero no es necesario, de hecho, cada vez me gustan más las ediciones en rústica bien hechas o las ediciones de bolsillo; pueden tener portadas muy bonitas o sobrias, bien o precariamente diseñadas, pero los libros que no cumplen su función porque a) son ilegibles (tipografía y cuerpo de letra, sangrías y demás), b) se desencuadernan (como los de Anagrama o los antañones de Bruguera) me parecen un timo ignominioso. Y claro, los que están mal traducidos porque pagan salarios de hambre a esos benefactores políglotas.

Un editor debería ser un inversor…en los placeres extravagantes y esotéricos del saber y de la imaginación, y no un despiadado gilipollas.

6 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Las librerías de viejo que tanto te gustan (y a mí, aunque tengo pocas ocasiones de frecuentarlas) son justamente el recurso contra la dictadura y "enmierdamiento" de las editoriales. También lo será (ya lo está siendo e irá en aumento) la digitalización de textos (aunque ya no sean "libros") y su disposición en internet.

Por cierto, me acordé de ti leyendo el elogioso artículo de Vargas Llosa sobre la trilogía del sueco en El país de este domingo.

Lansky dijo...

Vargas Llosa, que es un estupendo novelista y un penoso analista político económico, se complace en elogiar mediocridades populares como Corín Tellado o Larsson, probablemente porque le resulta más fácil que hacerlo con un escritor vivo de talento de igual a igual.

Emma dijo...

Nos queda la opcion de leer en inglés, y Google books, cuando la obra este fuera del alcance de los derechos de autor...

José Montalvá dijo...

hombre, estoy de acuerdo; pero algunos de ellos de vez en cuando se salvan; Anagrama publica a Modiano y a Michon, que a mi modo de ver son autores de peso...

Alfaguara saca al mercado hispano todo lo de Tobias Wolf, un gran cuentista, muy apreciable a mi modo de ver...

Cigarra dijo...

Cuánta verdad. El noventa por ciento de lo que hay en las librerías podría arder alegremente sin que la humanidad perdiera un ápice. Por eso estoy de acuerdo con Miroslav en buscar las librerías de viejo, y por eso las bibliotecas, (por mas que se empeñen en ignorarlas y cobrarles cánones insensatos cuando se acuerdan de ellas) siguen siendo esenciales para reencontrar a esos autores que nadie reedita.

e. r. dijo...

Hola,
la verdad es que, como bien se sabe, mario rechazó cien años por cagón y europeísta, y publicó cada basura argentina.
las editoriales se van a pique porque cumplieron su ciclo, no hay mucho que decir al respecto.
saludos