
Insisto: Gallardón, el faraón hipogeo, no es una leyenda urbana.
Una leyenda urbana es una historia moderna que nunca ha sucedido, contada como si fuera cierta. Casi parece la definición del currículo de un político. En realidad es como regresar a Homero antes de Homero, es decir, antes del Homero que luego se escribió, pero sin su grandeza. La tradición oral de andar por casa, el chisme de escalera, el cotilleo de vecinas. Que luego, si cuaja, se escribe, se instala en esa cloaca de rumores que es Internet: la Red de Bulos. Nos vamos entendiendo, es decir: confundiendo, que vienen a ser casi lo mismo.
Porque lo que hoy un tanto tontamente llaman ‘leyendas urbanas’ son lo que siempre se han conocido como bulos o rumores. La red es muy propensa a ellas, de hecho Internet es el mejor mentidero posible que ágora (con permiso de Amenábar, Amenábar, moro de la cinematografía) alguna nunca soñó en poder emular. Algunos las llaman folclore contemporáneo, lo cual, presiento, es una contradicción en sus términos.
Lo que tienen en común con las leyendas de toda la vida es que apelan a la credulidad ya que relatan sucesos inverosímiles que se hacen pasar por ciertos, y lo que las separa de ellas es que suceden en tiempo real, por así decir, y no en míticas épocas. El inventor del dichoso término, como digo y a mi entender perfectamente gratuito, fue un etnógrafo o folclorista estadounidense, Richard Dorson, que en vez de irse a estudiar a los yanomamis de los trópicos americanos, que encima andan moviéndose contínuamente –nómadas les dicen- prefirió concentrarse en los vecinos que encontraba en el bar o en la cola del quiosco de prensa, que es bastante más cómodo.
Suelen tener moraleja (en eso se parecen más a una fábula clásica o incluso a una parábola). Para acentuar la verosimilitud, y al contrario que las leyendas que se pierden en la noche de los tiempos, estos bulos se personalizan en alguien que el narrador incluso conoce (“un amigo de mi cuñado”), así que perfectamente se las podría llamar “historias de un amigo de un amigo”.
Lo fundamental es que sean mentira, además de inverosímiles. Por ejemplo, que el juez Garzón está cada día más gordo o que el juez Bermúdez es calvo como una bola de billar no valen, pero que Garzón lleva el nombre de un rey mago, negro para más INRI, porque su madre anticipó el ascenso de Obama, sí.
No importa que sean de una falsedad inmediatamente comprobable. Véase: si giras el logo de Volkswagen aparece la esvástica nazi (Para que eso pase, sospecho, tienes que girar el logo con coche y todo)
Ahora me voy a curar en salud: lo verdaderamente divertido no es propalar bulos, que es cosa de porteras sin glamour y de ínternautas sin imaginación, sino inventarlos.
Aún así, de las inventadas por otros, mi favorita es la muy conocida de los cocodrilos albinos en las alcantarillas de Nueva York. Prosperas colonias de caimanes que fueron a parar allí desde los WC de los turistas de regreso de Florida con su correspondiente caimancito de recuerdo que fue creciendo hasta alcanzar proporciones alarmantes, momento en el que fue eliminado por el mismo método que tampoco se debe utilizar con los condones. Y alimentándose de la sabrosa y abundante inmundicia que nunca falta hasta alcanzar enormes tamaños, terminó atacando a las brigadas de obreros de las cloacas. ¡Sí! Y además no sólo son albinos (detalle falsa y aparentemente verosímil puesto que no les da el sol, como a los bichos de las cuevas), sino, más increíble todavía, resisten los inviernos neoyorquinos.
Una leyenda urbana es una historia moderna que nunca ha sucedido, contada como si fuera cierta. Casi parece la definición del currículo de un político. En realidad es como regresar a Homero antes de Homero, es decir, antes del Homero que luego se escribió, pero sin su grandeza. La tradición oral de andar por casa, el chisme de escalera, el cotilleo de vecinas. Que luego, si cuaja, se escribe, se instala en esa cloaca de rumores que es Internet: la Red de Bulos. Nos vamos entendiendo, es decir: confundiendo, que vienen a ser casi lo mismo.
Porque lo que hoy un tanto tontamente llaman ‘leyendas urbanas’ son lo que siempre se han conocido como bulos o rumores. La red es muy propensa a ellas, de hecho Internet es el mejor mentidero posible que ágora (con permiso de Amenábar, Amenábar, moro de la cinematografía) alguna nunca soñó en poder emular. Algunos las llaman folclore contemporáneo, lo cual, presiento, es una contradicción en sus términos.
Lo que tienen en común con las leyendas de toda la vida es que apelan a la credulidad ya que relatan sucesos inverosímiles que se hacen pasar por ciertos, y lo que las separa de ellas es que suceden en tiempo real, por así decir, y no en míticas épocas. El inventor del dichoso término, como digo y a mi entender perfectamente gratuito, fue un etnógrafo o folclorista estadounidense, Richard Dorson, que en vez de irse a estudiar a los yanomamis de los trópicos americanos, que encima andan moviéndose contínuamente –nómadas les dicen- prefirió concentrarse en los vecinos que encontraba en el bar o en la cola del quiosco de prensa, que es bastante más cómodo.
Suelen tener moraleja (en eso se parecen más a una fábula clásica o incluso a una parábola). Para acentuar la verosimilitud, y al contrario que las leyendas que se pierden en la noche de los tiempos, estos bulos se personalizan en alguien que el narrador incluso conoce (“un amigo de mi cuñado”), así que perfectamente se las podría llamar “historias de un amigo de un amigo”.
Lo fundamental es que sean mentira, además de inverosímiles. Por ejemplo, que el juez Garzón está cada día más gordo o que el juez Bermúdez es calvo como una bola de billar no valen, pero que Garzón lleva el nombre de un rey mago, negro para más INRI, porque su madre anticipó el ascenso de Obama, sí.
No importa que sean de una falsedad inmediatamente comprobable. Véase: si giras el logo de Volkswagen aparece la esvástica nazi (Para que eso pase, sospecho, tienes que girar el logo con coche y todo)
Ahora me voy a curar en salud: lo verdaderamente divertido no es propalar bulos, que es cosa de porteras sin glamour y de ínternautas sin imaginación, sino inventarlos.
Aún así, de las inventadas por otros, mi favorita es la muy conocida de los cocodrilos albinos en las alcantarillas de Nueva York. Prosperas colonias de caimanes que fueron a parar allí desde los WC de los turistas de regreso de Florida con su correspondiente caimancito de recuerdo que fue creciendo hasta alcanzar proporciones alarmantes, momento en el que fue eliminado por el mismo método que tampoco se debe utilizar con los condones. Y alimentándose de la sabrosa y abundante inmundicia que nunca falta hasta alcanzar enormes tamaños, terminó atacando a las brigadas de obreros de las cloacas. ¡Sí! Y además no sólo son albinos (detalle falsa y aparentemente verosímil puesto que no les da el sol, como a los bichos de las cuevas), sino, más increíble todavía, resisten los inviernos neoyorquinos.
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Y ahora os cuento. Lo sé de muy buena tinta, me lo ha relatado un amigo que es primo de un exobiólogo que trabaja para la NASA. Así que esto NO es una leyenda urbana ni mucho menos un burdo bulo ni siquiera es…una mentira piadosa:
Alberto Ruiz Gallardón es un alienígena, la avanzadilla de una inminente invasión proveniente de un planeta donde la vida inteligente es hipogea; su misión: preparar el adecuado hábitat subterráneo para la llegada del resto de sus compañeros. Han escogido Madrid en lugar de París, Londres, Berlín o Barcelona, porque en ninguna otra ciudad del mundo, con la posible excepción de Sarajevo o Bagdad, le dejarían practicar todas esas brutales excavaciones. Algunos ingenuos, como el actor Danny de Vito, creen que anda buscando un tesoro, cuando su tesoro consiste en algo tan simple y a la par curioso como exprimir a los sufridos aunque masoquistas (le siguen votando) contribuyentes madrileños. Ahora ya lo sabéis.
Ejercicios:
1) Aprender a distinguir entre lo que es legal: reventar Madrid, y lo que es legítimo: idem
2) Lo mismo, entre verosímil y verdadero.
Y ahora os cuento. Lo sé de muy buena tinta, me lo ha relatado un amigo que es primo de un exobiólogo que trabaja para la NASA. Así que esto NO es una leyenda urbana ni mucho menos un burdo bulo ni siquiera es…una mentira piadosa:
Alberto Ruiz Gallardón es un alienígena, la avanzadilla de una inminente invasión proveniente de un planeta donde la vida inteligente es hipogea; su misión: preparar el adecuado hábitat subterráneo para la llegada del resto de sus compañeros. Han escogido Madrid en lugar de París, Londres, Berlín o Barcelona, porque en ninguna otra ciudad del mundo, con la posible excepción de Sarajevo o Bagdad, le dejarían practicar todas esas brutales excavaciones. Algunos ingenuos, como el actor Danny de Vito, creen que anda buscando un tesoro, cuando su tesoro consiste en algo tan simple y a la par curioso como exprimir a los sufridos aunque masoquistas (le siguen votando) contribuyentes madrileños. Ahora ya lo sabéis.
Ejercicios:
1) Aprender a distinguir entre lo que es legal: reventar Madrid, y lo que es legítimo: idem
2) Lo mismo, entre verosímil y verdadero.
8 comentarios:
Aquí os mando mi ejercicio: Que un cocodrilo se coma a los operarios de la alcantarilla neoyorquina, es legítimo. Que se les extermine para tranquilidad de la población, es legal. Que la historia de los cocodrilos sea verosímil, es posible. Que las leyendas siempre tienen algo de cierto, es verdadero.
Es un buen género literario. Pertenece a la misma categoría que el microrrelato, ambos un escalón por debajo de la greguería. Como para cualquier otra actividad que requiera inventar algo, a mí personalmente me falta creatividad para dedicarme a él, pero la verdad es que tienta...
Me ha gustado mucho el de que al girar el logo de Volkswagen aparece la cruz gamada. Y también la cita apócrifa del romancero sobre el moro Amenábar. Pero en cambio la hipótesis sobre Gallardón no me ha parecido convincente. Yo creo que es, sencillamente, un cabrón con pintas.
(Tiene quince o veinte puntos de coeficiente intelectual más que cualquiera de sus colegas políticos, y unos treinta más que la media de ellos. Por eso acabará siendo presidente del Gobierno, que es lo único que en realidad busca. Lo que no es posible aún saber es por qué partido.)
A ver qué nota saco:
Reventar Madrid es legal y también legítimo, o sea justo, desde los parámetros de la civilización hipogea que pretende instalarse en Madrid. Claro que la legitimidad queda condicionada a la veracidad de la naturaleza alienígena de ARG y de su misión de avanzadilla.
Esta premisa, en cambio, no es verosímil; o sea, no tiene apariencia de ser cierta, porque no solemos creer en vida inteligente extraterrestre hipogea y, los que creen en ella, no piensan que habrían de elegir Madrid sino algún área de los valles pirenaicos (este asunto se discutió profusamente en el reciente congreso de Tahull). Pero, claro está, todos sabemos que las apariencias engañan, ergo tu afirmación es verdadera.
Luego Gallardón es un alienígena hipogeo y las obras que lleva a cabo son legítimas (y, en cuanto su civilización domine el mundo pasarán a ser legales). Y, en efecto, no se trata de una leyenda urbana.
No está mal tu blog, y esta entrada me ha hecho gracia.
No sé si conoces una página llamada Viruete.com, en la cual colgaron un artículo en dos partes de leyendas urbanas. Es grandioso.
Notas:
Atman: un 5 pelado. Que el cocodrilo coma operarios de alcantarilla, además de legítimo, es legal porque le ampara su convenio de reptiles con escamas (distinto del de reptiles sin escamas; es decir, comisionistas y políticos trincones). Exterminarlos, en cambio, es ilegal pues contraviene el convenio CITES de especies no sólo protegidas sino albinas (minorías étnicas)
Vanbrugh: siempre me haces dudar si tu modestia es falsa o verdadera, legítima o ilegal:¿que no sabes inventar?, anda ya. Y… ¿cita apócrifa del Romancero? No sé que edición tendrás tu, pero la mía me la regalaron gratuitamente con la prensa deportiva. Por último, ‘cabrón con pintas’ y alienígena son sinónimos: “ajenos a los intereses del resto de la especie humana”. ¿Estamos? Vuelve en septiembre, un 4.
Miroslav: notable alto, un 8, no te doy un sobresaliente porque te ha faltado decir que los que vamos a terminar siendo ilegales, como los guatemaltecos al norte del Río Grande, somos los madrileños; cuando acaben las obras de acondicionamiento del hábitat alienígena.
Ozanu: Gracias por tu amable condescendencia. La verdad es que las leyendas urbanas me importan menos que los vampiros a Vanbrugh, salvo excepciones como el logo de Volkswagen.
Mi modestia es inexistente. Tenía una falsa, muy bien imitada, de fabricación coreana, pero se me perdió hace años y desde entonces no uso.
Siempre me pasa lo mismo. Contesto brillantemente, pero fuera de las estrechas expectativas académicas, y, claro, me suspenden. Creo que a Einstein le pasaba una cosa parecida.
No sé si pedir una revisión por ese 5 pelado, o reservarme para un tema que me inspire más, porque la verdad, la política actual, la española para ser más concreto, política que cada vez se escribe con letra más pequeña, me interesa cada vez menos. Madrid y sus eternas obras de adecuación… Yo ya no vivo en Madrid, pero viví la mayor parte de mi vida, y ya por entonces, se decía que un turista al ser preguntado sobre si le gustaba la ciudad, diría: “Quedará muy bonita cuando la terminen”. En fin… nada nuevo bajo el sol. Las leyendas sí que tienen miga. Y la del cocodrilo amparado por su CITES correspondiente me hace más gracia. Es curioso observar como seres espantosos (draculiános), que en cualquier leyenda son los malos, incluso ellos deben ser protegidos de nuestra crueldad.
Este cabron no es alienigena, de ellos podriamos esperar algo original.Es simplemente un facha de centro-izquierda-derecha 1,2,3 y ahora le da por cerrar escuelas y con ese dinero hacer mas agujeros en madrid,y llevarse su comision.La escuela de ceramica el ultimo ejemplo.Cabron, la cultura no se compra al peso, cuesta mucho tenerla pero menos destruirla.
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