profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

21/10/2009

Insultos tres (alabanzas uno)

Hay otra posibilidad que no es la de la interpretación ‘buenista’ o políticamente correcta de que insultamos porque somos malos y elogiamos poco por lo mismo. Cambiemos de orden la frase: nos insultan porque lo merecemos, insultamos porque se lo merecen. Lo relevante no es si eso es o no cierto, o si lo es en todos los casos, sino que lo creemos así. El energúmeno que al volante de su automóvil va insultando a todo bicho viviente está convencido - cargado de razón- de su ‘derecho’ para hacerlo. Sin embargo, si practicamos el siempre difícil arte de la empatía, de la verdadera ‘com-pasión’ (padecer con el otro), si nos ponemos realmente en el lugar del otro, pocas veces tendremos la necesidad de insultar, o lo haremos de la misma ‘compasiva’ forma que nos insultamos a nosotros mismos cuando decimos, por ejemplo, ‘qué tonto soy’.

Elogiar es quizás aún más delicado que insultar. Maquiavelo sólo concebía el elogio falso, la adulación para ser más precisos, y como medio de obtener un fin: el halago calculador. La alabanza altruista, sin esperar ni recompensa ni reciprocidad, es muy rara. Se da espontáneamente cuando el interfecto no te puede ya oír, por ejemplo, yo ante el retrato de Inocencio X de Velázquez o de El perro enterrado de Goya cuando digo para mí: “¡qué cabrón: es maravilloso, un genio!” Una alabanza así, pregunto ¿se puede decir a la cara del interesado? ¿No es acaso eso casi más violento que insultarle? Creo que depende del sujeto de esos elogios. Ausente es más fácil, no lo impide el pudor ni hay sospecha de exigencias de retribución.

Existe, me parece sin embargo, el vanidoso superficial –caso de que eso no sea una redundancia- y el profundo, tal vez soberbio. Para este último, al igual que en la ofensa, no alaba quien quiere sino quien puede, y el juicio que más le importa es el suyo propio. Hablo de primera mano en dicho caso. En cambio, los primeros son sujetos fáciles, sorprendentemente ingenuos a la hora de recibir ‘jabón’. Puede que me equivoque, pero creo, sin incluirme, que mis segundos casos son los artistas, mientras que entre los primeros dominan las gentes de ese poder –“el poder”- que no exige talento sino mañas, como los políticos o los ricos. Los políticos que se dejan adular –y considero que son mayoría-, que crean en su torno una burbuja autista que solo franquea el paso a su circulo de íntimos aduladores, son simple presumidos, como el lechuguino endomingado que se mira en el espejo antes de salir hacia el baile. Los vanidosos profundos, en cambio, independientemente de su talento, hermanándose genios como Velázquez y Goya con gentes como yo, somos como Lucifer, nos sabemos (nos creemos) hijos predilectos de algún Dios menor: nosotros mismos.

Concluyo. Quizás insultamos con más facilidad que alabamos por pudor, porque es más fácil.

17 comentarios:

José Montalvá dijo...

tuve la suerte de ver ese cuadro que has puesto al natural y no pude evitar exclamar: ¡qué cabrón: es maravilloso, un genio!

Lansky dijo...

¿lo viste en el préstamo a la exposición temporal en El Prado o en su escandalosa colocación habitual en la colección privada del palacio Doria en Roma?

Ātman dijo...

Gracias por lo de espíritu incorpóreo e hindú ¡ojala! Pero no te equivoques, no somos animales… totalmente. Desde que inventaron la vida por esta parte de la galaxia, jamás un ser vivo abandonó el mundo de los instintos en el grado que lo hemos hecho nosotros. Desde que Prometeo robó el fuego para los hombres, no hemos dejado de conquistar cosas para la humanidad, hasta el punto que en el olimpo están por poner un guarda jurado. Nuestra especie ha subvertido la quietud del universo y como castigo nos hemos visto obligados a ejercer increíbles piruetas: el arte, la cultura y la civilización, pero también la barbarie, la guerra y el insulto.

Lansky dijo...

Somos animales, Atman, no "meros" animales. La soberbia antropocentrista nos impulsa a aproximarnos a Dios y de no conseguirlo a arrogarnos el papel contrario, de máximos destructores, como ese otro dios hindú. Y ningún animal es un mero animal. Eso no existe aunque Descartes pensara que sí.

José Montalvá dijo...

lo vi en un viaje a Roma; y la verdad es que estaba tan ilusionado de verlo que me daba igual el palacio y la colocación... al menos a ese cuadro le reservaron un cuartucho, creo recordar que junto a una esculturita de bernini... lo escandaloso, que recuerde, era encontrar pinturas relativamente importantes "amontonadas" en paredes humedecidas; recuerdo un carraci y, me parece, un andrea de sarto perdidos entre decenas de cuadros mierdosos...

por cierto, uno de mis insultos favoritos: mierdoso

Ātman dijo...

Has oído hablar de un libro que se titula algo así como: “200.000 años de evolución en el arte de la construcción del panal de abejas”… No puedes porque no existen ni el libro, ni la evolución, ni el arte. Y si ha habido alguna innovación en los últimos 100 millones de años, estas han sido por mutación genética y selección natural. No, los humanos no somos animales… Totalmente.

PD. Me excuso por alejarme tanto del tema del insulto, i’m sorry.

Ozanu dijo...

¡Pues lo que te decía ayer! Sospechamos del elogio porque puede provenir de un adulador. Un adulador que nos llama generosos para ayudar a un paria de Dios sabe dónde, que nos llama genios para comprarle el último cacharro de moda, o que nos promete la felicidad mientras realiza proselitismo.

Aparte, ¿qué hay de los elogios entre familiares?

Ātman, biológicamente, el ser humano es un animal. Creo que la cuestión estriba en la mente.

Miroslav Panciutti dijo...

Según mi experiencia, esos vanidosos superficiales que describes, sobre todo entre los políticos, son legión. Tantos que he llegado a convencerme de que la vanidad es una de las principales motivaciones de nuestra especie.

Ātman dijo...

Ozanu: El mito de Adán y Eva en el Jardín del Edén, ya sabes, cuando Eva tentada por la serpiente come el fruto prohibido, por lo cual Dios expulsa del paraíso a ambos, es lo que se conoce como el pecado original, y para muchos (yo me incluyo) simboliza el momento en que el hombre deja de ser animal.

Lansky dijo...

Vale Azman, tienes todas las características, condiciones y atributos de un mamífero euterio del orden de los primates, familia Hominidae y especie Homo sapiens sapiens, compartes el 99, 5& de la información genética con un chimpancé y los ribosomas, mitocondrias y citoplasma de tus células son indiferenciables, salvo análisis muy fino de los de un ratón blanco de laboratorio, pero tú no eres un animal. Yo sí, aunque no “mero”, como te he dicho desde el comienzo de esta estéril polémica

Ātman dijo...

Lo de que somos casi iguales a un chimpancé no me sirve. También un trozo de mármol y el David de Miguel Ángel son ambos carbonato cálcico. Si crees que la polémica es estéril, para qué continuar. Para mi es tan obvia la diferencia que no puedo asentir en lo que dices. Somos animales. Y eso no debemos olvidarlo nunca. Pero también somos algo nuevo e inaudito en la historia del universo.

Lansky dijo...

Atman:

Las más elementales reglas de un debate intelectualmente honesto implican prestar atención a lo que dice el otro y no sólo a lo que dices tú. Desde el principio -repasa los comentarios por orden- te he dicho que "somos" animales, lo cual es una obviedad, pero "no" "meros" animales (y que ninguno lo es). Y "no hemos abandonado el mundo de los instintos" como tan poética como acientíficamente escribiste en tu primer apunte. Por eso es una discursión esteril. En buen castellano se llama diálogo de sordos, pero en este caso el sordo sólo lo eres tú.

Emma dijo...

Yo estoy de acuerdo con Ātman, aunque también con Lansky, porque los dos decís la misma cosa : Somos animales. Y como bien dice Lansky ningún animal es un "mero" animal. Pero hablando del hombre hay algo más, el hombre es el menos "mero animal" de la tierra, y eso todos lo podemos ver cada día, a través de la simple observacion. No hace falta que nadie nos de una conferencia en la escuela. Y creo que es eso lo que quería explicar Ātman, y en eso estoy de acuerdo. No hay animal como el hombre,tan sumamente alejado de sus instintos, que destruye su entorno sin importarle nada, y viola y tortura a sus semejantes por placer, entre otras lindezas.
Pero tampoco hay un ser vivo que escriba, pinte, llore, vuele, mienta y haga tantas extrañas cosas para luchar contra la muerte o justificar su propia existencia, todos miramos al cielo con reverencia y nuestro comportamiento ha evolucionado a una velocidad vertiginosa con el paso de los años. La mayoria de las veces no nos preguntamos nada, pero ah cuando lo hacemos, que tiemble el mundo!
Por otro lado no creo que sea justo que hayas acusado a Ātman de sordo, Lansky.
En mi opinión.

Ātman dijo...

Estoy de acuerdo en lo de escuchar al otro, quizás no te leí bien, reconozco ese defecto en mi persona. Tú tampoco andas manco pues yo no escribí que hemos abandonado el mundo de los instintos sino (textualmente): jamás un ser vivo abandonó el mundo de los instintos en el grado que lo hemos hecho nosotros. Por mi parte he de decir que no te entiendo cuando dices (textualmente): "somos" animales, lo cual es una obviedad, pero "no" "meros" animales. Mero es = a solamente ¿no? Entonces: ¿Somos animales, pero no solamente animales? Eso creo que lo comprendí. Y si es así, ambos decimos lo mismo. Luego dices entre paréntesis: (y que ninguno lo es). ¿Y que ningún animal es solamente un animal? Eso último no lo comprendo. Más claro por favor, y lo dejamos ahí. Te pido disculpas por si como dices he sido el causante de esta mala polémica. Quizás no eran ni el momento ni el lugar.

Lansky dijo...

Exacto, Atman, lo entendiste bien: mero es puro, simple, que no tiene mezcla de otra cosa. No somos meros (simplemente) animales. Ninguno lo es. Le dedicaré un post, pero tiene que ver con la imagen mecanicista que Descartes y sobre todo sus peores seguidores dieron de lo que es un ser vivo. La biología moderna no sólo NO ratifica esa imagen “meramente” mecanicista del animal, sino que la contradice.

Gracias por tu mediación pacificadora, Emma, Atman sigue este blog desde hace poco y no sabe quizás que tiene que vérselas con un asesino cuya principal virtud no es la paciencia, aunque eso sí, es un asesino compasivo.

Chrysagon dijo...

Ātman cambia de nombre pero no de identidad. Quiero inaugurar una nueva etapa como seguidor de este blog. Os acordáis de aquel cómico de televisión (no me acuerdo su nombre), que entrevistaba muy seriamente a sus invitados y siempre les preguntaba: ¿Qué fue de aquella polémica que tuvo usted con Iñaki Gabilondo? En el programa era muy divertido ver cómo el cuestionado se ofendía de semejante afirmación y se aseguraba de dejar muy claro que nunca había existido dicha polémica, y que ambos tenían además una excelente relación. Pues bien, si como es mi caso, la polémica fue cierta y fue con alguien que usa el nombre de un gangster, y que él mismo va alardeando de ser un “asesino compasivo”, pues a uno le entra un poco de miedo. Lansky: no es que solamente yo sea nuevo en tu blog, es que soy nuevo escribiendo comentarios en público. Ambas cosas me atraen mucho y trato de calibrar lo que se debería esperar de un seguidor modélico. Supongo que el buen comentarista debería tener algo que decir, un estilo comprensible y amable al expresar las ideas, y respeto por la casa y su dueño. En esta nueva etapa que me propongo como seguidor tuyo, prometo afinar mis intervenciones y no hacerte perder la paciencia. ¿Una polémica con Lansky? No, no… eso fue con Ātman.

VERDE dijo...

Opino que existen los dos: los animales y los hombres. Ademas, eso se ve claramente en este debete.