
“Los hombres se vengan de las heridas leves, pero no de las graves”
Maquiavelo
¿Os apetece que os insulte un poco, queridos asiduos de este blog? aunque sea en su acepción coleguil (“Serás hijo de puta...”, dependiendo del tono, puede ser admirativo y no denigratorio en Andalucía; en cambio en Bilbao…). No es una propuesta tan extraña e inconveniente como pueda apresuradamente parecer ya que os estoy ofreciendo algo verdaderamente insólito, raro, infrecuente, como el amor verdadero: insultar con gracia y estilo. Como otras habilidades lingüísticas, se está empobreciendo mucho el gran arte del insulto y la invectiva.
Un amigo colombiano me comentaba el enfado prontamente insultante del español medio, que enseguida te anda mentando a la madre por un quítame aquel semáforo, y reflexionaba que por tierra americanas son más corteses y mucho menos desle
nguados, pero llegado el caso de usar ciertas palabras o mencionar sagradas alusiones salta la sangre mientras que aquí, por fortuna, suele quedar en nada. Mejor bocazas que homicidas, pero con algo más de imaginación a ser posible.
En España, en concreto, ando notando la memoria virtual del insulto en niveles muy bajos. Apenas se sale de los consabidos ‘gilipollas’ (una descripción abreviada en el mejor de los casos para muchos de mis compatriotas y en demasiadas ocasiones para el que esto escribe y subscribe), ‘hijo de puta’ (sin presunción de inocencia: los pecados, herencia católica, se transmiten de padres a hijos, supongo, por lo que el verdadero insulto debería ser: “hijo de putero”) y “cabrón” (sin comentarios). Faltas de imaginación, manidas alusiones al dudoso linaje del otro y a la honestidad de madres y esposas. Con un panorama tan desolador llamar simplemente ‘imbecil’ puede ser demoledor.
Por ejemplo, desde que me muevo por la Red, con o sin blog propio, el que más repetidamente me han dedicado es el apelativo cariñoso de ‘maricón’, que no me funciona como insulto, tampoco el de ‘chupapollas’. Si fuera homosexual supongo que tendría a gala y a mucha honra ostentar ese título por mucho que me lo concedieran los homófonos, y no siéndolo, no me afecta. Si a un tipo escuálido le llamas “gordo”, “fatty”, “ballena”, puede que se extrañe, pero no se cabrea. El más imaginativo hasta la fecha, y eso siendo muy generoso, ha sido el de “viejo desdentado”, que sólo acierta a medias: soy viejo para los patrones de mediados del siglo pasado y todas las épocas anteriores, menos las míticas matusalénicas de la Biblia, pero tengo los dientes casi al completo.
Tampoco conviene caer en pretendidas y relamidas perfecciones de prosista excelso, porque insultar, como bien saben los dibujantes de cómics e historietas, es soltar sapos y culebras. Así que no me vale el de niño gordo y redicho de colegio de pago de Churchill: “él tiene todas las virtudes que aborrezco y ninguno de los vicios que admiro”. Aunque me gusta la distante crueldad de Marc Twain: “No pude asistir a su funeral, pero le mandé una nota con mi aprobación”
Así que mi ejemplo más excelso de insultador es Samuel Beckett. Me encanta la sucesión de insultos de Esperando a Godot de la versión francesa, digna del Capitán Haddock de Tintín: “’Andouille’! ‘Tordu’! ‘Crétin’! ‘Curé’! ‘Dégueulasse’! ‘Micheton’! ‘Ordure’! y, -toma nota Miroslav-: ‘Archi…tecte’!” (Cernícalo, majadero, cretino, cura, asqueroso, putero, basura, arqui…tecto) Lo curioso, aunque habitual en él, es que cuando se traduce a sí mismo al inglés no utiliza las estrictas equivalencias sino otras que mantienen las connotaciones que busca en cada lengua: Moron! Vermin! Abortion! Morpion! Sewerrat! Curate! Cretin! Critic; y así, por ejemplo, Morpion es un tipo de pulga. Beckett no traduce ni se traduce: recrea y se recrea.
¡Qué bien insulta, el cabrón! Y qué mal y en vano lo hago yo.
Espero los vuestros
¿Os apetece que os insulte un poco, queridos asiduos de este blog? aunque sea en su acepción coleguil (“Serás hijo de puta...”, dependiendo del tono, puede ser admirativo y no denigratorio en Andalucía; en cambio en Bilbao…). No es una propuesta tan extraña e inconveniente como pueda apresuradamente parecer ya que os estoy ofreciendo algo verdaderamente insólito, raro, infrecuente, como el amor verdadero: insultar con gracia y estilo. Como otras habilidades lingüísticas, se está empobreciendo mucho el gran arte del insulto y la invectiva.
Un amigo colombiano me comentaba el enfado prontamente insultante del español medio, que enseguida te anda mentando a la madre por un quítame aquel semáforo, y reflexionaba que por tierra americanas son más corteses y mucho menos desle
nguados, pero llegado el caso de usar ciertas palabras o mencionar sagradas alusiones salta la sangre mientras que aquí, por fortuna, suele quedar en nada. Mejor bocazas que homicidas, pero con algo más de imaginación a ser posible.En España, en concreto, ando notando la memoria virtual del insulto en niveles muy bajos. Apenas se sale de los consabidos ‘gilipollas’ (una descripción abreviada en el mejor de los casos para muchos de mis compatriotas y en demasiadas ocasiones para el que esto escribe y subscribe), ‘hijo de puta’ (sin presunción de inocencia: los pecados, herencia católica, se transmiten de padres a hijos, supongo, por lo que el verdadero insulto debería ser: “hijo de putero”) y “cabrón” (sin comentarios). Faltas de imaginación, manidas alusiones al dudoso linaje del otro y a la honestidad de madres y esposas. Con un panorama tan desolador llamar simplemente ‘imbecil’ puede ser demoledor.
Por ejemplo, desde que me muevo por la Red, con o sin blog propio, el que más repetidamente me han dedicado es el apelativo cariñoso de ‘maricón’, que no me funciona como insulto, tampoco el de ‘chupapollas’. Si fuera homosexual supongo que tendría a gala y a mucha honra ostentar ese título por mucho que me lo concedieran los homófonos, y no siéndolo, no me afecta. Si a un tipo escuálido le llamas “gordo”, “fatty”, “ballena”, puede que se extrañe, pero no se cabrea. El más imaginativo hasta la fecha, y eso siendo muy generoso, ha sido el de “viejo desdentado”, que sólo acierta a medias: soy viejo para los patrones de mediados del siglo pasado y todas las épocas anteriores, menos las míticas matusalénicas de la Biblia, pero tengo los dientes casi al completo.
Tampoco conviene caer en pretendidas y relamidas perfecciones de prosista excelso, porque insultar, como bien saben los dibujantes de cómics e historietas, es soltar sapos y culebras. Así que no me vale el de niño gordo y redicho de colegio de pago de Churchill: “él tiene todas las virtudes que aborrezco y ninguno de los vicios que admiro”. Aunque me gusta la distante crueldad de Marc Twain: “No pude asistir a su funeral, pero le mandé una nota con mi aprobación”
Así que mi ejemplo más excelso de insultador es Samuel Beckett. Me encanta la sucesión de insultos de Esperando a Godot de la versión francesa, digna del Capitán Haddock de Tintín: “’Andouille’! ‘Tordu’! ‘Crétin’! ‘Curé’! ‘Dégueulasse’! ‘Micheton’! ‘Ordure’! y, -toma nota Miroslav-: ‘Archi…tecte’!” (Cernícalo, majadero, cretino, cura, asqueroso, putero, basura, arqui…tecto) Lo curioso, aunque habitual en él, es que cuando se traduce a sí mismo al inglés no utiliza las estrictas equivalencias sino otras que mantienen las connotaciones que busca en cada lengua: Moron! Vermin! Abortion! Morpion! Sewerrat! Curate! Cretin! Critic; y así, por ejemplo, Morpion es un tipo de pulga. Beckett no traduce ni se traduce: recrea y se recrea.
¡Qué bien insulta, el cabrón! Y qué mal y en vano lo hago yo.
Espero los vuestros
20 comentarios:
viejo desdentao me ha parecío bien...
En una ferretería de una ciudad castellana asistí a una escena muy ilustrativa. Un cliente se sentía estafado y discutía acaloradamente con la dueña, una gorda plácida que escuchaba impertérrita las quejas y los argumentos. El hombre quería, con razón por lo que pude enterarme, que le devolvieran su dinero, y la ferretera, sin perder la calma, se negaba en redondo. La cuestión se fue agriando y el cliente, cada vez más frustrado, pasó a los insultos. La llamó ladrona, estafadora, sinvergüenza y choriza sin que a ella le cambiara el gesto, ni respondiera más que con fórmulas corteses, ni dejara de sonreir ni, por supuesto, devolviera una sola peseta. Pero cuando, exasperado, se le ocurrió llamarla gorda... entonces ella se descompuso, salió de detrás de su mostrador clamando que qué se había creído y le echó de la tienda sin más contemplaciones. Era gorda, evidentemente, y tengo toda la impresión de que también un poco ladrona, sinvergüenza y estafadora. Pero que le llamaran esto último no le importaba, debía de creerlo una opinión discutible pero respetable. En cambio lo de gorda, que era un hecho indiscutible, no lo pudo asimilar.
Así que la ciencia del insulto es verdaderamente muy sutil. Hay que cogerle bien la medida al destinatario.
Es muy cierto, Vanbrugh, el arte, que no ciencia, del insulto es muy (in-)-sutil. Sobre todo en la esgrima verbal rápida, réplica y contrarréplica. La anécdota no puede ser apócrifa porque la leí en sus tendenciosas memorias; una parlamentaria le dijo a Winston Churchill: “Si fuera mi marido le mataría”. Se lo puso a ‘güevo’ claro, porque él inmediatamente replicó: “si usted fuera mi esposa ya me habría matado yo”
Por otra parte, no sé si recuerdas, ya lo comenté una vez; el personal está dispuesto a admitir que está un ‘poco’ gordo, o que no es muy guapo, pero jamás a que es algo idiota
Y tú, Montalvá, a ver si te muerdes la bilengua (¿eres bilingüe, no?)
Tonto.
No he podido dejar de observar que si a alguien le llamas cabrón o hijoputa pues bueno, vale, todo el mundo se lo llama a todo el mundo constantemente. Pero ir a lo básico, llamarle a alguien tonto desde lo más profundo de uno mismo, ha sido el insulto más demoledor que yo he escuchado nunca.
Aunque a mí me encanta cómo suena imbécil. Sobre todo desde que le leí a Luciano de Crecendo (no sé si lo he escrito bien, pero si Lansky puede escribir Marc en vez de Mark, me descuido) que significaba, creo recordar, aquel que para caminar necesita un bastón. Lo que yo interpreté o mentalmente, o que habría que moverle a palos por la vida, según se quiera usar el bastón.
Pero yo creo que Vanbrugh tiene mucha razón en lo de gorda, lo que a la gente le duele es que le digan obviedades que no asumen. Por eso lo mejor, cuando se quiere insultar a alguien, creo que es retratarlo, describirlo tal cual, cuidando un poco el lenguaje para que suene lo peor posible.
A casi nadie le gusta cómo sale en las fotos. A nadie le gusta cuando encima en la foto sale mal.
Sin haberlo sospechado, he descubierto que hay un número ilimitado de tipos de insulto, haber que os parece: - Coloquial amistoso (eres un cabroncete, ya me gustaría a mí ser como tu, pero no tengo esa suerte) - Reflejo (éste es irreflexivo, surge cuando algún congénere se sale del guión para mal, y te sale algo así como ¡ehhhhh!, le tocas la bocina, o le enseñas los cuernos) - Festivo (éste se produce cuando el individuo está inmerso en una masa, y se cantan a coro, por ejemplo en el fútbol: Hi-jos deputaaa) - Cabreado (éste es el de la gorda de Vanbrugh, el cliente porque se siente estafado, la dependienta, porque le han metido el dedo en la yaga) - Sofisticado (es cuando el que te insulta te habla y sonríe cortésmente) - Profundo (es cuando no hay insulto verbal ni gestual, en este caso el insulto proviene de que te consideran tonto, por ejemplo cuando la comida de ese restaurante de lujo es una bazofia) - Personalizado (este es uno de los más dolorosos, y se produce tras un desencuentro con un ser querido, y es muy doloroso porque afianza el desencuentro, y porque se envía con mortífera precisión a la zona más vulnerable) Bueno no quiero extenderme más, además el último tipo de insulto me ha hecho perder animosidad (como dice el refrán, el que juega con fuego se quema).
Mi experiencia me dice que los insuktos en español que cabrean más a la gente, al menos en Andalucia, es payaso a los hombres y tia borracha a las mujeres, por alguna causa que desconozco, suelen sentar muy mal.
Oligofrénico.
Mi padre, que trabaja de controlador de párking, tiene que lidiar todo el tiempo con borrachos, malhumorados e idiotas. Uno de los últimos se indignó porque el párking no admitía pago por tarjeta, discutieron, y mi padre le gritó, exasperado.
-¿Sabe qué es usted! ¡Un oligofrénico!
-¿Un quéeeee?
-¡Oligofrénico! ¡Búsquelo en el diccionario!
Otra manera de decir idiota, vamos.
¡Estulte!
Es un insulto que se retroalimenta al no ser entendido por el sujeto a quien se apela.
Por otro lado hay quien diría que un insulto deber ser entendido por la víctima (a menos que haya presente un tercero que pueda valorar la interacción).
"Subnormal" también me gusta.
Mi favorito:
¡Tuercebotas!
Aunque en la Lista de Insultos Excelsos también figuran en lugar destacado:
- ¡Sudalbardas! ("sudaalbardas" con esa 'a' doble causa problemas ortográficos) - doble puntuación porque la probabilidad de que el homenajeado no sepa qué le estoy llamando es muy alta.
- ¡Rompesquinas! (ya estamos otra vez con las vocales dobles)
- ¡Abrazafarolas!, muy apto cuando anda por medio el vinillo...
Bueno, a mí me encantan majadero y mentecato. Me siento un honrado burgués decimonónico cuando los empleo, y es un papel en el que me gusto mucho. Pero casi nunca me acuerdo a tiempo. Majadero, sobre todo, se me olvida todo el rato y nunca lo tengo a mano cuando lo necesito. Esta cabeza...
Por cierto, "morpion", en francés, es ladilla.
(Para saber estas cosas sirve Brassens.)
Ya que tú lo pediste, aquí te van un par de insultos bien mexicanos:
"Hijo de tu pinche madre"
"Vete a chingar a tu puta madre".
"Pinche pendejo".
En tierras americanas no somos tan corteses como decía tu amigo colombiano...
Yo soy de Sevilla, y en cierta ocasión escuché lo siguiente:
"Me voy a cagá en los cuatro saltos mortales que pegó el cabrón de tu puto padre en lo alto de tu puta madre pa hacerte a ti"
¡Tela marinera!
Saludos.
David:
Marc o Mark son igualmente válidos, dependiendo del origen del nombre, por ejemplo, si es de Sabadell (Marc) o si es de Glasgow (Mark). Y es Crescendo. Luciano en progresión creciente. Tonto no está mnal, pero me gusta más “Bobo” (Importa mucho el énfasis): BO-BO
Ziwi:
Payaso está muy bien, igual que tía borracha. Creo que también funcionarían bien fuera de Andalucía, aunque los insultos, es sabido, tienen un contexto geográfico, v.gr: “Maricón de playa”
Ozanu:
Deficiente mental (oligos: poco, frenos: inteligencia)
Mr Foxtalbot:
¿”Estulte”? Portador de estulticia (estupidez) Vale
Insultos un poco cursis (como los que gusta Vanbrugh y un poco menos Miguel):
Malandrín, bellaco, sinvergüenza, caradura, retrogrado. Y sí, Vanbrugh, morpion es ladilla, una pulga o piojo de las parte pudendas.
“Pinche pendejo” me gusta mucho Strika. Y el tuyo, comandante, rebuscado, barroco, pero bien, como esa blasfemia (tápate los ojos V.) de “me cago en la puta madre del lobo que no se comió a dios cuando era cordero”
Una vez un señor mayor cuando yo era joven me espetó: “es decepcionante, pollo, su comportamiento más propio de un anormal que de un animal”.
“Anormal” me gusta mucho. “Vais más tumbaos que antena de patrullero” (borrachos), “me importa menos que un piojo tuerto”, “eres más curioso que perrillo en canoa”, “tu madre tiene que estar muy orgullosa de haberte echado de casa, etc”.
Y ser educado al insultar aumenta su efecto: “señor, es usted completamente idiota, me pregunto si es un don natural o se entrena). Etc.
A mi me gustaba como lo decia mi abuela, apretando los dientes y levantando el puño en alto, delante del televisor, cuando el malvado hacia su aparicion.
"¡ Canalla ! "
" Canalla " es mi favorito.
Cuando mi hija Clara tenía unos 4 o 5 años, entramos en la panadería a la vuelta del colegio y no quise comprarle unas chucherías por eso que dicen las madres de que quitan las ganas de comer. Se quedó así como reconcentrada, rumiando su venganza y cuando ya estábamos saliendo del ascensor, al llegar a casa, se me enfrentó con toda su ira acumulada y me espetó con toda la rabia de que era capaz: "¡Gordinflona!"
Con tu permiso, algunos insultos que se suelen usar por mi zona (barrio madrileño): 'aplastamontes', para designar al zopenco (tonto y bruto), o 'pisaverde', que produce una breve sensación de estupor en el insultado (lo cual es delicioso, claro). El favorito de mi padre era 'alcornoque', que me parece un insulto redondo y definitivo, y otros que se oyen mucho son el clásico 'cantamañanas' y el castizo 'tolai'. Saludos.
"tolai" es realmente bueno.
A mi me encanta este:
La última vez que vi una boca como la tuya tenía un gancho en la comisura.
Se sobreentiende ¿no?
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