06/10/2009

La ciencia española al garete (y dos)


O del garete al hundimiento.


Conocéis supongo el viejo chiste del alcalde inevitablemente de Lepe que tras una visita apresurada a Londres vuelve entusiasmado y decidido a aplicar medidas inspiradas en la metrópoli inglesa en su pueblo. Y anuncia: “desde mañana los autobuses y camiones circularán por la izquierda; y si la cosa sale bien, el mes que vienen lo harán los autos y las motos.”. La política científica de las distintas administraciones desde hace décadas y con honrosas excepciones, se parece mucho a la gestión municipal de ese hipotético alcalde: esfuerzos puntuales, a menudo contradictorios, jamás sostenidos en el tiempo e interrumpidos igual de bruscamente.

El problema de los anunciados recortes en un campo como el científico, que requiere esfuerzos continuados en el tiempo, es que trabajamos para el extranjero, como los espías infiltrados soviéticos de las novelas de la Guerra Fría. Se invierte en el largo proceso de formar profesionales de tan evanescentes y difíciles campos como los de la investigación para que luego sean rentabilizados por otros países que los reciben mejor, esto es, con inversiones adecuadas que permitan la realización de su trabajo. En esto tan simple consiste la famosa “fuga de cerebros”, aunque los cerebros verdaderamente fugados, de neuronas caídas, en huelga, sean los de nuestros gobernantes.

El presidente del Gobierno anuncia que va a cambiar el anterior modelo productivo, aprovechando la crisis y haciendo de la necesidad virtud, basado en el ladrillo, la especulación inmobiliaria y el destrozo de nuestro territorio, por un modelo nuevo “sostenible”. Y casi lo primero que hace es recortar fondos, ya de por sí precarios, en la investigación. Mi conclusión no puede ser otra de que este Gobierno y su Presidente o bien manejan un idioma que no entienden cabalmente, es decir, son tontos, o bien, mantienen una retórica progresista que se compadece muy mal con sus verdaderas acciones que la contradicen; esto es, son hipócritas. O quizás no sea ni una ni otra, sino tal vez mera esquizofrenia. En cualquier caso, la retórica –en su primera acepción, como arte de bien decir- se sostiene con hechos; es decir, en los presupuestos.

1 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Poco a poco me he ido convenciendo de que, lamentablemente, son tontos. Y además de una tontería contagiosa. El país sufre desde hace mucho una pandemia de tontería. Y los que no están contagiados se esconden calladitos por miedo a que se les pegue.