profesión de fe

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Somos los conocidos superhéroes del barrio –concepto acuñado por Kiko Veneno para definir lo que se podría llamar héroes de proximidad-: Lansky y Superperropequeño. Ambos somos más ciudadanos que patriotas ( y tan rústicos como urbanos), o bien, nuestra patria son nuestros zapatos -o ni eso en el caso de Jara-, la infancia o el sillón de orejas de lectura, pero nos negamos a la ñoñería esa de ciudadanos del mundo. Simplemente, tenemos pasaporte

31/10/2009

La decencia y la curiosidad

En mi muy privada y particular terminología, la decencia y la curiosidad son los dos elementos más dignos del ser humano, porque contribuyen a hacer el mundo más grato y habitable -y, por el contrario, la codicia y la ignorancia (me repito más que el ajo) la mezcla explosiva para demoler ese mundo o, al menos, para hacerlo más inhóspito-, y porque contienen el resto de lo que realmente importa, como la compasión, la justicia o la libertad, la sabiduría, la belleza o la bondad.

Miro la imagen que muestra una mujer muy joven y hermosa, pero ya prematuramente envejecida. Carga a la vez un bebé y una brazada de leña. Es una desplazada, eufemismo con el que se conoce a quien ha huido de su hogar para no morir y no tiene un sitio mejor a donde ir, tampoco puede elegir y aunque nació viendo muertes esta vez una bomba ha matado a cuatro vecinos en su casa y ha tenido que marcharse. La bomba puede ser un sofisticado proyectil de los muy democráticos ejércitos de las muy democráticas democracias occidentales –toda redundancia es poca- o un artefacto más o menos casero pero igualmente eficaz de los luchadores por la libertad, la opresión, la ocupación extranjera, etcétera de turno de los compatriotas suyos, tanto da. En ambos casos ese fin -la democracia, la independencia...- que no justifican sus brutales medios me aparta de cualquiera de esos bandos, no así de ella, víctima por partida doble, o triple, o múltiple. Siento curiosidad por esa mujer, por saber cómo ha llegado a esa situación, por conocer su historia, la microhistoria, pero también el contexto pomposo de la Historia, con mayúsculas, la "Situación" que la arrastra a la mera supervivencia, que literalmente la arroya hasta depositarla en una orilla como una de esas ramitas secas que transporta. Y siento respeto por ella, admiración por su profunda dignidad e indignación por la indecente organización del mundo que la condena.

El problema es que la curiosidad es fácil de evaluar y de definir, pero la decencia no.

Hay quien llama decencia a la hipocresía, al arte de guardar las formas, al práctico modo de mantener separados el apartamento de la amante con jacuzzi y el domicilio conyugal con las literas de los niños. La bifásica capacidad de enriquecerse con el carguete y de escandalizarse con el ladrón del supermercado. De no reconocer el aforismo brechtiano que dictamina que es mil veces peor fundar un banco que atracarlo. Y así no vamos a entendernos. Yo llamo decencia no sólo a no hacer jamás a nadie lo que no quieras que te hagan a ti, salvo que estés pensando en suicidarte; en ese caso es de aplicación no hacer a nadie lo que quieres hacerte a ti mismo, sino en no pretender saber de antemano lo que los demás desean.

Un poeta albanés, probablemente uno de los rapsodas herederos de Homero, hablando de la rivalidad de su pueblo y el serbio comienza su poema así: “Del rencor mutuo hemos nacido…” “Mënni”, rencor, cólera en albanés, como al comienzo de la Iliada. Soy consciente de que la cólera de Aquiles hace surgir hechos prodigiosos, incluso artísticos, toda la puñetera Épica, pero prefiero mil veces la modesta 'lírica' del artesano que labró su famoso escudo, o la estricta del poeta que les cantó a ambos y, sobre todo, prefiero la sagrada, ladina, siempre insatisfecha curiosidad de Ulises, el Ingenioso. Y aún más la decencia de los aqueos que no participaron en la Iliada por que se quedaron en casa cuidando de sus cabras, podando sus higueras, trillando sus mieses, en lugar de irse con Agamenón a invadir Troya. Prefiero a las mujeres que recogen leña, sacan agua, amamantan, cultivan sus huertos, sostienen sus precarios mundos: me parece mejor forma de defenderlos que con kalasnikoff o con bombas inteligentes y hasta con discursos en la ONU.

De la curiosidad y la decencia, en el sentido limpio –decente- y restringido que yo utilizo, ha nacido lo mejor del espíritu humano. Lo peor lo ha parido la indolencia, la cruel falta de curiosidad por lo que te rodea, por el otro y hasta por uno mismo. Y la indecencia del autoengaño: de mirar para otro lado, de no preocuparse por lo que uno “no puede solucionar”, de no querer llevar la parte del peso de injusticia del mundo que a cada cual nos corresponde.

La curiosidad es condición previa al amor al otro (si no es narcisismo), la decencia, garantía de que ese amor será adecuado y no posesivo.

Eso sí; sin curiosidad y sin decencia se puede ser…Bush, pongamos por mal caso, y dormir por las noches. Idiotas prodigiosos, necios triunfadores, berlusconis, tonisblaires y otros muñecos de ventrílocuo con el pelo pintado a la cabeza de madera. Sin curiosidad y sin decencia se puede ser edil de urbanismo y asfaltar un viejo camino de uña medieval, tal vez una vía pecuaria, una cañada real. Sin curiosidad y sin decencia puedes cementar y poner a la venta la parte del mundo que consigas sustraer al uso común, puedes transformar la belleza olvidada de algún sitio en cuentas corrientes numeradas a tu nombre pero, majete, con ellas no puedes comprar su disfrute que no tiene precio y que era gratis de antemano.


Vuelvo a contemplar la foto de la muchacha con su bebé y su brazado de leña. La imagen es inmóvil, pero mi imaginación no. La veo caminar con los hombros altos, el esbelto cuello erguido, mucho más airosa que los andares de grulla de las modelos de pasarela. Elegancia, distinción, belleza, dignidad, sabiduría. El bebé es probable que no llegue a cumplir el año; si es así, las estadísticas dicen que morirá de una disfunción nada mortal en Occidente, de diarrea. Por aquí hay crisis, la gente tiene dificultad para pagar sus hipotecas o cambiar de automóvil cuando convenga. También se puede vivir de alquiler y caminar, pero eso no está entre los sueños de este lado del mundo.

Decencia nunca como recato, sino como honestidad suprema, el valor que nos señala la importancia de vivir.


La foto es de un barranco en Cazorla

11 comentarios:

Miroslav Panciutti dijo...

Pues como curiosidad sí tengo (demasiada) me intriga qué haces publicando un sábado, tú a quien tengo por un hombre de costrumbres.

Me ha gustado (coincido, naturalmente) con esa concepción de la decencia como honestidad. Confío en tenerla o, al menos, en esforzarme en ello.

Buen post.

Vanbrugh dijo...

Vaya, siempre me ha gustado la palabra "decente" con este significado, y casi nunca la uso por miedo de ser mal entendido. Está llena de significados equívocos, algunos espantosos. Ahora que sé que cuento con dos apoyos tan firmes como el de Miroslav y el tuyo voy a rehabilitarla y a ponerla en uso con este uso específico.

Y, efectivamente ¿qué haces tú usando el ordenador en el Sabath? Te van a expulsar de la sinagoga...

José Montalvá dijo...

la indecencia tampoco es mala costumbre; como combate de las buenas costumbres... bueno, lo dejo que me estoy liando

hace tiempo me daba por pensar sobre "lo correcto", teniendo en cuenta que lo correcto puede ser incorrecto, en un momento determinado

en fin, a veces la curiosidad nos conduce, inevitablemente, por caminos indecentes

lo importante, a mi modo de ver, es tener la certeza de que uno anda indagando en lo correcto

El Comandante dijo...

Mi tía definía la decencia con la siguiente frase: "Genio y figura hasta la sepultura", y de tal guisa se cruzaba con los que le minaron la curiosidad durante la guerra y su posterior postguerra.
Buen trabajo.
Saludos.

Lansky dijo...

Joder Vanbrugh (y atienda vos, Miroslav), fuiste tú quien con el paternalismo que exige mi impericia informática me explicaste que hay una ventanita abajo que permite programar la publicación de mis post en el blog. Y eso hice, por probar y porque ni siquiera iba a estar en mi ciudad (¿qué tal el concierto, parecía apetecible?)

Vanbrugh, Miroslav, Comandante y José Montalvá:
Considero una enternecedora inmadurez buscar la provocación por la provocación (como efecto o finalidad, para entendernos, y no como ‘medio’ para decir otra cosa). Como buen y eterno peter pan he caído demasiadas veces en ella. Hay palabras, como ‘patria’, que no estoy dispuesto a reivindicar y doy por perdidas, están demasiado contaminadas desde su invención por asuntos que se me hacen repugnantes. Otras, como ‘España’ o ‘decencia’, en cambio, pienso que no hay que entregarlas en manos de los que las usan desde bandos hostiles como armas arrojadizas. En concreto, di una conferencia en el País Vasco y me pasé toda ella diciendo a sabiendas ‘España’, cuando tal como preveía alguien del público me reprochó (¿??) que no usara ‘Estado Español’ le dije que, primero, era una incorrección, porque yo no me estaba refiriendo a una forma de gobierno sino a un territorio, y dos (y esto les dejó pasmados) porque Estado Español es la ambigua forma inventada por el Régimen golpista de Franco para no decir ni monarquía ni república (mucho menos dictadura). Lo mismo pasa con decencia. La usaré aún a riesgo de tener en cada ocasión que acotar el sentido que yo la doy

Vanbrugh dijo...

Coño, nunca pensé ser tan buen profesor -ni que tú fueras tan buen alumno; aunque todo va junto.- Nos minusvaloré a ambos. (Amén de que había olvidado haberte explicado tal cosa).

Estoy muy de acuerdo. "Patria", y alguna otra que ahora no se me ocurre, probablemente sean irrecuperables para un uso decente, pero hay otras muchas palabras que no debemos abandonar en malas manos.

En cuanto a los que prefieren "Estado español" a "España", siempre me ha sorprendido su inconsistencia etimológica. ¿Qué otro significado creen que puede tener "español" más que el que se refiere a "España"? ¿Cómo creen que se puede dar por bueno el adjetivo sin aceptar al mismo tiempo el sustantivo?

A los necios siempre los denuncia su mala relación con el idioma. Al fin y al cabo, el idioma, antes que de comunicarse es una herramienta de pensar...

Miroslav Panciutti dijo...

Conozco la programación de las entradas, Lansky, de hecho la he usado varias veces. Aún así, un post en sábado rompe la "costumbre" de tu blog; es como si abrieras la tienda fuera del horario habitual.

Chrysagon dijo...

La imagen de la mujer con el bebé y la brazada de leña, me han parecido tener vida propia: fuerza simbólica. Se diría la madre tierra, dispuesta a amamantarnos y procurarnos bienestar. Pero el mundo está en guerra. Entonces, a uno le dan ganas de echarse al monte para, como tú dices, “llevar la parte del peso de injusticia del mundo que a cada cual nos corresponde”. ¿Pero qué hacer? Yo creo que cada palo debe aguantar su vela, y la injusticia del mundo debe inspirarnos en la búsqueda de la verdad. El mundo es injusto, porque tenemos una imagen previa de lo que el mundo debería ser y no es. Una bella imagen por la que vale la pena luchar. Pero cuidado: debemos ser precavidos, pues es muy fácil caer en la trampa de convertirnos nosotros mismos, en el problema y no en la solución.

Ozanu dijo...

Me gusta la segunda parte de tu definición de decencia. ¡Cuántas veces habré visto gente bienintencionada que yerra justo ahí!

Ya de paso, recordaré lo que comentas sobre el término "estado español".

Caminante dijo...

Lo peor lo ha parido la indolencia, la cruel falta de curiosidad por lo que te rodea, por el otro y hasta por uno mismo. Y la indecencia del autoengaño: de mirar para otro lado, de no preocuparse por lo que uno “no puede solucionar”, de no querer llevar la parte del peso de injusticia del mundo que a cada cual nos corresponde...

La indolencia y el autoengaño es el "pannuestrodecadadía" Las ves por -casi- todas partes y si tú te pronuncias -que para eso nos queda la palabra- se pueden dar dos situaciones:
* qué te digan que ¿y a ti que te importa?
* que no te crean, que estimen que lo tuyo es "simplemente" palabras, que "realmente" eres como -casi- Todos... Egoista.

Te vi en casa del Comandante y me dije ¡hace mucho que no me paso por la de Lanski.
Besos a los conocidos y a los desconocidos... también. PAQUITA

Lansky dijo...

Hola Paquita, bienvenida nuevamente por acá. Es lo que tiene la Red, que nos engañamos los unos con los otros: promiscuidad internáutica.