
Están de moda los vampiros. Debe ser por influencia de la forma de actuar de los financieros nacionales y sobre todo internacionales. También está de moda escribir secuelas, da igual que sea la de ‘Lo que el viento se llevó’ o la de Pinocho. El “pequeño” problema de que Margareth Mitchell o Collodi haga tiempo que murieron se solventa encargando la artificiosa prolongación a escritores vivos, pero sobre todo “vivillos”, y si es posible emparentados con el autor original. Contra lo que podría parecer, más que para satisfacer el ‘mono’ de los aficionados a un autor o un personaje, a los que más bien les cabrea, estos tinglados se montan para satisfacer la avidez ignorante de lectores recién llegados y poco exigentes. Los mismos que, en unos casos, se compran la novela basada en la película, y en otros, no leen la novela original porque aguardan a que estrenen el film, tanto da. (Una vez leí en un blog que los que leemos lo hacemos porque somos pobres y no podemos ir al cine; no iba de coña el tío)
Las variaciones, si no son las Goldberg, las secuelas, si no son las de la gripe, las reinterpretaciones, las frecuentemente pedantes intertextualidades, las prolongaciones exhaustas y exhaustivas, los plagios no sólo tolerados sino hasta bien vistos, son las distintas formas que adopta el oportunismo editorial: la versión del ‘remake’ en el cine aplicado a los best sellers de todos los tiempos. Pero una cosa es escribir ‘La hija de Homero’ por el muy culto poeta y exquisito helenista anglo mallorquín Robert Graves, el de ‘Yo Claudio’, y otra mucho peor una continuación de las aventuras de Sherlock Holmes ochenta años después de muerto Conan Doyle, como hizo Nicholas Meyer, aunque sea sustituyendo no sin cierta gracia al Doctor Watson por el más inquietante Doctor Freud.
Ahora le toca al gran Conde: ‘Drácula, el no muerto’, de Dacre Stoker, -¿de verdad que te llamas Dacre?- que pone el apellido como sobrino bisnieto, supongo, y Ian Holt, especialista en mordeduras, que pondrá la fan-erudición y el curro, digo yo. Este desvergonzado descendiente del autor y su cómplice (me refiero a los secuaces, es decir, a los autores de esta secuela, o recuelo), estos dos secuaces han perpetrado esta prescindible secuela
Como casi todo el mundo conoce a Drácula de verlo en el cine y de segundas o terceras referencias y casi nadie por leer la epistolar novela, esto es, de primera mano, muchos ignoran que en el original el monstruo apenas aparece, aunque se le menciona constantemente. Bueno, pues veinticinco años después del final en los Cárpatos en la ficción y un siglo después en la realidad editorial se pone remedio a eso y no sólo aparece continuamente el ilustre vampiro sino que le agotan con peripecias gilipollas, recalientan la trama, la aceleran sin el talento de Tarantino, convierten en gymkhana la trama, le ponen a alternar al lado de personajes reales, como el propio Bram Stoker, como montador de una obra de teatro sobre su obra, John Barrymore, Charles Chaplin, etcétera, se usa y abusa del mito como un muñequito de plastilina: ahora le alargo la capa, ahora convierto sus colmillos en utensilios de cocina. Como el asunto no ofrece posibilidades sensatas de sorpresa se urde una sorpresa tipo tía buena en bikini saliendo de la tarta en la convención de viajantes de comercio, que no contaré, pero que es absolutamente imbécil. Fresán lo explica muy bien: “es equivalente a que la pastoral vida Heidi se continuara con la niña asesinando a Pedro y al abuelito para enseguida ponerse al servicio de Hitler como asesina en serie de noche y actriz favorita de Leni Riefenstahl de día.”
Claro, el equívoco es que los verdaderos monstruos de esta novelucha son los autores, sedientos de la sangre del afamado bisabuelo, o de la criatura creada por su bisabuelo, que confiesan que al inmortal transilvano le resucitaron “por sentido del deber y responsabilidad familiar”, es decir, para reclamar los derechos legales del vampiro, algo así como un millón de libras hasta el momento, peli a la vista sin contabilizar. Puro altruismo. Descendientes de García Lorca o de Drácula, la cosa es pensar en los demás (como fuente de ingresos)
En realidad la novela buena sería que un Robertson Davies o un Saul Bellow, o un Javier Marías o el propio Fresán, afirmo yo, contara la vida de estos dos pícaros autores.
Pobre Drácula ni con su estaca en el corazón le dejan descansar en paz.
19 comentarios:
El asunto de los vampiros nunca me ha atraido ni un poquito. Hace años ("hace muchos años ha", como decía un personaje muy divertido de una serie de televisión de hace muchos años) leí el Drácula de Stoker. No estaba mal, pero nunca lo he releído ni creo que lo haga. No deja de sorprenderme la fascinación que el tema parece despertar en las muchedumbres. Personalmente los vampiros me parecen personajes absurdos y desconcertantes, y sus historias, más que terroríficas, me resultan arbitrarias y completamente prescindibles. Las innumerables secuelas de Stoker, literarias y cinematográficas, me cansan, me aburren y no consiguen interesarme lo más mínimo. Paso de vampiros como de chupar sangre, vaya.
Si encima la secuela viene firmada por un biznieto que pretende amortizar el apellido... bueno, es que no podría importarme menos. A cualquier otro que escriba, aunque sean fotonovelas, puede suponérsele una cierta habilidad para hacerlo. Pero si se llama Stoker, está claro que ni esa mínima capacidad le hace falta, le basta con el apellido. Que le vayan dando.
Los vampiros son fascinantes, Vanbrugh, por la enorme parte en que se parecen a nosotros, no por la que les duferencia. Y las pelis de Lugosi, el Nosferatu de Murnau, la de Coppola, y la propia novela de Stoker están muy bien.
Pero entiendo lo que dices, es un tema que se presta al brochazo, al trazo tosco, demasiadas secuelas y salsa de tomate.
Deben serlo, sí, a juzgar por la gran cantidad de gente a la que llevan fascinando desde hace mucho tiempo. Pero confieso que ni comparto ni entiendo esa fascinación. Me resultan por completo ajenos, incomprensibles y superfluos. Precisamente lo que me pasa es que no logro encontrarles absolutamente nada en lo que se me parezcan. Mi "lado oscuro" debe de ir por otra dirección.
De las versiones cinematográficas respetables solo he visto la de Coppola. Me pareció una buena adaptación. El tema era realmente adecuado al talento de Coppola. Claro quye tampoco Coppola me ha gustado nunca demasiado.
Yo me lo pierdo, sin duda. Pero sigo pasando de vampiros.
Aunque lo dices retóricamente, supongo, en efecto, es problema tuyo, sobre todo que no te guste Coppola. ¿Ni siquiera la trilogía del Padrino? Mira: que Santa Hipatia te confunda las secciones cónicas, ¡so hereje!
Acabo de leer -anoche mismo- una brevísima continuación de El Quijote por Gesualdo Bufalino y está muy bien.
Al final casi toso es uan cuestión de talento. O, si no, de hacer lo que hizo Pierre Menard ¡ja, ja, ja!.
Abrazos per tutti!. Julian.
Seguro que sí, Julián, como también escribió unas prolongaciones o "mechas" o extensiones, en términos peluqueros, Trapiello, que no estaban tan bien. Lo malo -puritano que soy de según quécosas- es leer a Bufalino, a Trapiello, incluso a Borges/Menard sin haber leído a Cervantes. O quizás no.
No, no, nada de retórica. Es un problema mío. Un problema que, como tantos otros, no me importa nada tener.
Hola, Julián. Me alegro de verte, aunque te confieso que me gustaría que abrieras de nuevo tu casa, barrieras el spam que se te amontona tras las puertas y recibieras otra vez, como en tiempos más felices. No pierdo la esperanza. Y es bueno saber que no te ha arrastrado la tramontana.
La frase "la cosa es pensar en los demás (como fuente de ingresos)" es todo un hallazgo, Lansky. Es comprensible que el pícaro de turno pretenda forrarse con el mínimo esfuerzo, lo que es asqueroso es que tantos medios de comunicación le hagan propaganda gratuita. Ante la típica noticia "el hijo de X saca nuevo disco/película/noveloide", mi reacción es siempre maldecir al periódico de turno y al subnormal que firma la noticia, e ignorar el producto cultural citado. Si por una casualidad muy improbable resulta ser bueno, ya me enteraré.
Por lo demás, me pasa lo que a Vanbrugh en cuanto al mito del vampiro: no me dice nada. Salvo El Conde Mácula de Mortadelo y Filemón, claro :)
el mito del vampiro me interesa porque atañe a mi familia
Yo creo que todos los personajes mitológicos malos (malos en el sentido de que se dedican a hacer el mal) están muy devaluados. La falta de filtros que impusiera alguna autoridad moral, nuestra inclinación morbosa a querer verlo todo y el gusto por querer enterarnos de los más mínimos detalles, nos han hecho perder el pudor frente a lo feo, malo, o desagradable, y han hecho de los malos de antaño, en comparación con los actuales, seres casi entrañables: el pobre vampiro que necesita chuparnos la sangre para sobrevivir, es desde la óptica actual un ser que nos inspira más que miedo, compasión. Las diversas campañas de concienciación de la D.G.T. sin ir más lejos nos enseñan en lenguaje moderno los verdaderos horrores de lo maligno, y no ese pobre señor vampiro que te mata o te convierte al vampirismo a base de pegarte un muerdo. Cosa por otra parte con fuertes connotaciones sexuales, y parte del viejo atractivo que tenía el señor conde. Pero al igual que pasa con el horror, el sexo que hoy nos hemos acostumbramos a visualizar es mucho más explícito que el contenido en la visión de ese cuello, de ese pecho, de ese señor que se abalanza para succionar, de la victima que queda paralizada… Quiero decir, que el tiempo ha hecho que cambiemos ciertos parámetros, y hoy pueda estar devaluado ese ser que debería despertarnos miedo y morbo. Lo que creo lamentable, no es que esos personajes hayan quedado en cierta forma obsoletos, sino que hayamos sido nosotros y nuestra creciente insensibilidad los culpables de esa devaluación.
Vanbrugh:
Ufanarse de los problemas (¿defectos?) que uno tiene es pecado de soberbia, aunque es estupendo para la autoestima
Miguel:
Gracias por lo del “hallazgo” de la frase que me elogias; es exactamente eso, un hallazgo, pero en el sentido de que me las encuentro, casi sin pensar. Te comento otra excepción, en este caso de hijo de famoso con talento: el hijo de David Bowie, que no tengo a mano ahora como se llama, ha ganado el festival de Sitges con una peli, Moon, de la que me han mostrado (¿para cuando mandar al exilio y condenar al ostracismo a los que dicen ‘visionar’, por ver, mirar o mostrar, y ‘posicionar’ por colocar, poner o situar, Eim?) un cachito y está muy bien.
José:
¿Hay un vampiro en tu familia? ¿En sentido figurado, tipo consejero delegado de Telefonica –sin tilde- o real?
Atman:
todos los dioses del panteón griego/romano a ratos al menos, eran unos hijos de puta (mataban a sus padres, traicionaban a sus mujeres, y un largo etcétera) y a los seres humanos nos consideraban materia de vacile y desprecio, jolgorio y utilización. El viejo Yahvé y Jehová del Pentateuco y la Biblia antiguotestamentaria, también. Así que no sé de qué “personajes mitológicos malos” malos hablas; todos o ninguno lo son.
No me ufano de ellos, me limito a constatarlos. Y a constatar que no me importa tenerlos. Pero tampoco me importaría no tenerlos. Sencillamente, no voy a afligirme a estas alturas porque nunca haya conseguido interesarme en los vampiros o apreciar a Coppola. Tampoco me afligiría si me gustaran los unos o el otro. En general, trato de no afligirme, si puedo evitarlo. Y suelo poder.
No es soberbia, pues. Es pereza, mi pecado capital. Pero ¿desde cuándo te parece a tí mal la soberbia? ¿O el pecado?
Tienes razón. En el cuadro de Zeus devorando a sus hijos por ejemplo, la obra pictórica ilustra con crudeza la brutalidad del acto, y la maldad se refleja claramente. Lo que yo quería decir en relación a los mitos antiguos, y quizás pensaba más en las películas de cine clásico, es que antaño había una cierta censura de lo brutal, por ejemplo ver los sesos del asesinado pegados en la pared. Y que desgraciadamente se ha perdido el gusto por lo insinuado a cambio del golpe de lo explícito.
nada de en sentido figurado; en mi familia hay chupasangres reales
Vanbrugh
Que no es SPAM que es mi cuñada.
Julian
Pues no tenía ni idea de esta secuela, aunque tal como la resumes, de tan rocambolesco el argumento podría tener cierta gracia. Sin embargo, tampoco a mí me llaman demasiado la atención los vampiros. En cambio, no diré lo mismo respecto a Coppola y me sumo a tu anatema escandalizado hacia Vanbrugh: ¿ni siquiera el Padrino?
Y sigo revelando mi ignorancia porque tampoco ni idea de que Bowie tuviera un hijo cinero con talento. Imagino que se apellidará Jones, salvo que se haya puesto también un nombre artístico.
Vanbrugh:
Por supuesto que no tengo nada contra la soberbia, siempre que no derive en pedantería, al fin y al cabo es el signo de distinción de mi ángel favorito: Lucifer. En cuanto a los pecados, también soy partidario, como ya deberías saber a estas alturas de la saga: la mejor manera de combatirlos es caer en ellos, que decía el tío Oscar. Pero me apena que la gente le eche cocacola al vino o que no les guste Coppola, lo de los vampiros me da igual, aunque Nosferatu de Murnau es bellísima.
Atman:
Vale, en tiempos pensé en fundar una asociación contra la tosquedad explícita.
José Montavá:
Me tienes en ascuas, esèro que te expliques (¿no empleáis en los sofritos el ajo?)
Julián:
Algunas cuñadas, de hecho, pueden ser spam
Miroslav:
En efecto, mi erudito pop-ero, sellama Duncan Jones, como Mister Jones. Su película Moon la estrenan ya, voy a ir a verla a ver si me recupero de tanta pretenciosa Ágora
Lo de AGORA es too much. El guión podría ser de Paulo Coelho y la ambientación y los decorados obra de Pascua Ortega inspirado por Pitita Ridruejo. La casa de Hipatia parece un "Chateau & Relaïs". ¿O no?.
Te pasas mucho, Julián/e.c.s
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