26/11/2009

Balada de la estación de Stockwell: le mató el miedo


Le mataron.

¿Por qué?

Balada de la estación de Stockwell. Me imagino que la podría componer 'el hombre de negro', con unos sencillos compases tres por cuatro de puro blues, si no fuera porque también él está muerto.

(Aún así, suena la voz carrasposa, inimitable del gran Johnny Cash):

"Aún tenía los carrillos algo regordetes de la no muy lejana infancia, no las mejillas afiladas como cuchillos que le sentenciaron (o no). ..

...Mofletes que una madre acarició...


...habría tenido hijos después de conocer a una guapa muchacha, habría leído libros, visto películas, escuchado canciones, hecho el amor en la playa, alimentado a su gato, visto cuadros de batallas, contemplado cientos de puestas de sol, lustrado sus zapatos, reparado una vieja cafetera, comprado un paraguas, elegido un ramo de flores, acariciado unas nalgas, enseñado a nadar a su hija pequeña, probado las ostras crudas sólo con un poco de limón y el chablís bien frío, pero...

...había mucho miedo y estaba donde no debía. Tenía un destino fatal. Era joven. Era mulato. Se parecía a alguien que no debía. Era pobre"

¿Os suena la letra?

Hace algo más de cuatro años un electricista se subió a un tren para acudir a su trabajo pero jamás llegó a su destino; unos hombres armados le intimidaron primero y le asesinaron a sangre fría en el suelo del vagón donde le habían obligado a tenderse. No le robaron nada, salvo la vida, claro. Le dieron siete balazos. Se podría hablar de enseñamiento, porque ya desde el primero estaba muerto.



Podría haberse tratado de una república centroamericana, de miembros de un escuadrón de la muerte, de un famoso líder sindical, pero los asesinos eran agentes de la famosa y bien reputada Scotland Yard; el muerto, Jean Charles de Menezes, un joven brasileño de 27 años; el lugar, la estación de metro de Stockwell, en Londres; la fecha, el 22 de julio de 2005. Menezes no era un peligro para nadie, no iba armado, no llevaba nada ilegal en su mochila, mucho menos explosivos, no mantuvo una conducta sospechosa ni huyó de los agentes al ser requerido, pero…

…pero era mulato, oscuro de piel, y era joven.

O sea, sospechoso.

El día anterior, el 21 de Julio, quizás lo recordéis, se frustraron una serie de atentados en la capital británica, y dos semanas antes cuatro bombas mataron a 56 personas en el transporte público londinense. No es una disculpa para nadie, pero explica que hubiera un miedo terrible en el ambiente, entre la gente y, lo que es peor e infinitamente más peligroso, entre las fuerzas de seguridad, las mal llamadas de “seguridad” (¿Para quién?)

Podemos pensar que a Menezes le mató la fatalidad. Igual podríamos decir que le mató su juventud, su bonita piel canela o su digna pobreza (viajaba en metro). Además no estamos en la antigua Roma para invocar el ‘Fatum’, el destino, ni en la Grecia de las ‘Moiras’ o el ‘Ananke’, sino en una urbe moderna de un muy democrático país. Los dos agentes que vaciaron sus armas, semiautomáticas Glock 17, sobre el joven Menezes, también jóvenes, le confundieron, parece ser, con un terrorista buscado, Hussein Osman.

¿Le mató el parecido?

En realidad no se parecía tanto al buscado Osman, pero ambos eran morenos, y todos estos morenitos son iguales, ¿no? Jean Charles era algo más joven que Hussein, probablemente, en una encuesta al azar, también más guapo. No le salvo ser más guapo, ni ser electricista, ni ser brasileño y no yemení, ni viajar en metro.

O sea, a Jean Charles no le mató la fatalidad, ni el racismo, aunque los prejuicios intervinieran.

A Menezes le mató el miedo.

Más concretamente le mató, de un lado, una sociedad tremendamente acojonada que hace de la inviable aspiración a una seguridad absoluta, que nunca ha existido y nunca existirá, una meta imposible y peligrosa, que cambia por libertad y por auténtica aunque más modesta seguridad (la inestimable seguridad de poder subirte al metro de Londres siendo joven y morenito, entre otras cosas). De otro, como en los carteles de reclamo de los gángsters del cine negro, le mataron “gente armada y peligrosa”. Gente legalmente armada, gente legalmente peligrosa, pero, ahí está la clave, no para todos, sólo para los jóvenes morenitos.

A los que temen.

Y les matan.

Por seguridad.

Por el bien de los demás.

Alguien tiene que hacerlo.

Y se pasa mucho miedo, con tanto sospechoso suelto por las calles.

Y en el metro.

Los testigos de este juicio no ya sin condena, sino sin sentencia, declararon que los dos policías no dieron el alto a Menezes de forma clara y audible, que este no se llegó a levantarse de su asiento, mucho menos en actitud amenazante y que el comportamiento de la víctima no resultó en ningún momento sospechoso.

El presidente de la investigación, el muy honorable juez Michael Wright, prohibió expresamente a los miembros del jurado que acusaran a los agentes de “homicidio injustificado” (porque el miedo, supongo, todo lo justifica), por lo que no les quedó otro remedio que negarse a emitir sentencia. Eso les honra. En cuanto al juez, no se llega a la alta magistratura ni se adquiere el derecho a vestir toga púrpura, cuello de armiño y peluca rizada de tirabuzones sin prestar oídos a “intereses superiores”. (El que yo le desee un cáncer de páncreas fatal pero no inmediatamante fulminante no tiene la menor importancia y dice más de mí que de él, el alto magistrado de fino oído hacia las alturas).

La familia, pobre en recursos y con una situación legalmente endeble en la metrópoli, intentó reabrir un caso apresuradamente cerrado con la absolución de los agentes y sus superiores. No lo consiguió, aunque el jurado se negó, y eso les honra, a refrendar como legítima la actuación de la policía. La familia ha recibido una indemnización que, dada la urgencia de sus necesidades y su falta de recursos, se ha negociado a la baja. “debemos seguir adelante con nuestras vidas” han declarado

Hay dos “in” que no se deberían relacionar toscamente y de continuo, incluso por la mal llamada izquierda: la inseguridad y la inmigración.

¿Soy demagógico? No creo. Tampoco soy inmigrante, ni electricista, ni joven, ni pobre, ni vivo en Londres, pero sí en una ciudad homologable a la inglesa que también ha recibido cruentos atentados indiscriminados, y sí: soy moreno, y sí: soy un hombre, con el miedo justo para no ser un peligro para los demás.

Le mató el miedo. No el suyo, sino el de los demás. Eso hasta lo entiendo, pero lo que me repugna es que sea la (Sin-)Razón de Estado la que le niegue una mínima reparación. Ha sido pues una muerte sin sentencia, y no hablo de la que condenó a la víctima a la pena capital y sin apelación, sino la que, sobre esa muerte, después, ni siquiera emitió un tribunal del muy democrático Reino Unido de Gran Bretaña.

El pasado lunes 23 se cerró el caso Menezes. Caso cerrado.



Postdata:

La policía británica está realizando detenciones “rutinarias” con la finalidad de incluir el ADN de los arrestados en su Base Nacional de Datos. Hasta aquí un paso más hacia la sociedad del Gran Hermano, junto a la proliferación de cámaras de vigilancia en sus calles, delaciones de vecinos (premiadas, tengan o no fundamento), etcétera. Pero se da el caso de que las tres cuartas partes (76%) de los jóvenes negros entre 18 y 35 años figuran en este registro. Un hecho que hasta la Comisión Independiente que asesora al Gobierno británico sobre el registro genético considera “desproporcionado”. El registro de ADN británico es el mayor del mundo –alrededor de un millón de ciudadanos inocentes y sin antecedentes, según el presidente de la citada comisión Jonathan Montgomery- y la norma es “arrestar a los infractores por cualquier motivo si se tienen capacidad para hacerlo”.

Hace bastantes años paré mi Norton junto a la Grande Place de Bruselas y me acerqué a preguntar a un viandante. Salió corriendo sin esperarme mientras yo le gritaba cabreado por su miedo. Hoy, tal vez, me hubieran disparado.

12 comentarios:

Emma dijo...

Lansky, gracias por recordar a Menezes. Yo he pensado en él a menudo. Estuve en Londres el pasado fin de semana y hoy, en una conversación telefonica, sostenía que mi actual catarro y estado anímico procedía del shock que me produjo estar allí y ver, como tu dices, a una sociedad ( extraña sociedad donde nadie se toca) donde las cámaras reinan por todas partes, donde la gente se agolpa como animales, no hablan pero irradian una violencia que te toca, donde no es posible encontrar ayuda si te pierdes, donde guardias te piden, al llegar al aeropuerto, que mires una cámara que te fotografie. Caminé por Nothing Hill y vi una placa en una casa baja, pintada de azul pálido, donde había vivido Georges Orwel, y supe que Orwel se dio cuenta de que Londres podría ser el principio de otro reinado, más oscuro que los anteriores de los que venimos : Un reino sin alegría.
No hay que olvidar a Menezes, es la primera victima mediática, y una gran injusticia que nos afecta a todos.
En el metro de Londres- lo afirmo sin rubor- sentí, por primera vez en mi vida, el auténtico terror.

Chrysagon dijo...

Hace ya unos cuantos años en un debate televisivo comentaban los contertulios que tras la caída de la URSS, pasaríamos del enfrentamiento este-oeste, a una confrontación norte-sur. Yo pensé ¡vaya chorrada! ¿El primer mundo contra los pobres desgraciados del tercer mundo? ¡Pero he aquí que tenían razón! …Estamos en guerra. Y ya se sabe, en las guerras las victimas las ponen los civiles. Y las guerras como alguien dijo son la continuación de la diplomacia por otros medios. Son una obsesión por conseguir seguridad y una desconfianza plena hacia el adversario. Mientras estas premisas no cambien, seguirán produciéndose “asesinatos selectivos”, “cárceles secretas” y “efectos colaterales” (todos ellos eufemismos deplorables y prepotentes). Por otro lado comentar que no es fácil cambiar estas dinámicas, sino fijaros: el ser humano más poderoso del planeta, todavía no ha sido capaz de cerrar Gantánamo.

Sin quitarle ni un ápice de valor a la injusticia cometida contra el hombre al que dedicas el post, recordaros los cientos, tal vez miles de Menezes que han caído en Pakistán, Irak, Palestina, Afganistán…

Lansky dijo...

Ese que dices es otro post, Chrysagon, y en el tiempo que llevo abierto este chiringuito hasta lo he escrito en varias ocasiones y con distintos enfoques.

Si, Emma, se masca el miedo por esas calles. Y eso sí que me da miedo a mí. ¡Pobre Orwell si viviera!

El Comandante dijo...

Quizá soy un poco indiscreto cuando voy en metro, y observo demasiado. A mi me da la impresión de que identifico muy rápido al inmigrante, y no sólo por sus rasgos, también por sus expresiones de reparo ¿de susto? Es como si se vieran agrupados en la parte desfavorable de esa guerra norte-sur a la que hacéis referencia.
Saludos.

Miroslav Panciutti dijo...

No conocía esta terrible historia que cuentas. Como tú, puedo hasta entender esa violencia asesina derivada del miedo, porque, ciertamente, el miedo desde siempre está en la base de tantos comportamientos humanos, en esa exaltación del nosotros (noAotros) frente a ellos. A propósito de tui post me he acordado de mi reciente lectura del libro de Todorov "El miedo a los bárbaros" que desarrolla básicamente lo que apuntas en este post.

También como a ti, lo que más me indigna es el comportamiento de la "justicia" británica. Pero, aunque me indigna, tampoco me sorprende demasiado, dados los antecedentes (me acuerdo ahora de la peli "en el nombre del padre") y que, como bien dices, no se llega a la alta magistratura sin saber prestar oídos a intereses "de Estado". En fin.

Ozanu dijo...

Podrías haber introducido datos históricos como el caso retratado en la película En el nombre del padre, o cuando George Orwell señaló que la prensa británica durante la Segunda Guerra Mundial fuera tan acrítica con Stalin.

Lansky dijo...

Comandante:

Tienen motivos para estar asustados. Supongo que piensan con razón que si las cosas van mal (crisis) ellos serán los primeros en pagar el pato; al margen de ser 'chivos expiatorios' de todas las frustraciones, como saben muy bien los movimientos fascistas que agitan el miedo, más injustificado, de los opulentos e instalados.

Ozanu:

La mejor (casi la única) retribución de un blog, diga lo que diga Vanbrugh, son vuestros comentarios y ya habrás comprobado que esas referencias que me solicitas, literarrias y cinematográficas, ya las han hecho Emma y Miroslav

Vanbrugh dijo...

Lo que más me asusta de esta historia terrible que tan bien cuentas y analizas es pensar qué habríamos dicho hasta los más críticos de nosotros si el muerto, igual de desarmado, igual de inofensivo en su vagón, hubiera resultado sí ser el peligroso terrorista Osman.

(Oye, nunca he negado que los comentarios sean la mejor retribución de un blog. Lo único que he dicho es que, cuando uno tiene algo que escribir en un blog, debe hacerlo aún sin retribución.)

Lansky dijo...

pues entonces, Vanbrugh, se hubiera planteado un interesante dilema, no sólo ético, que muy rudimentariamente , sobre mi posición, voy a resumir:

1) Esencialmente seguiría siendo la misma canallada, aunque el muerto no fuera inocente en ese momento sí lo era.

2) Pero cabe preguntarse cuantas muertes de viajeros y transeutes inocentes se habrían salvado al eliminar al asesino antes de que los cometiera. Pero...

3) Me mantengo firme en una convicción que anula el punto 2: "El fin NO justifica los medios" y que de hecho, nos diferencia de los terroristas por motivos políticos.

Chrysagon dijo...

Lo interesante de internet en general, es que nadie regula nada y de todo hay. A mí me interesan los blogs más por los comentarios y la dialéctica que se genera que los post propiamente dichos: el bloguero propone y los contertulios disponen. Aunque a veces éstos últimos se salgan de la temática. No acepto los blogs (y los hay) con censura previa. Para mí son antinatura. ¿Un nuevo comentario fuera de post, Chrysagon? ¡Ay ay ay!

Vanbrugh dijo...

Exactamente, esa es la cuestión. Lo que a mí me... preocupa es poco; me parece el problema básico, es que si el así eliminado hubiera sido el verdadero terrorista, todos habríamos acabado por justificar o al menos disculpar la acción policial (¿se dirá policial? "Policíaca" me suena a novela de Chester Himes...) con el argumento al que te refieres de las vidas inocentes salvadas, etc. Pero la acción policial, en realidad, habría sido la misma. El argumento de los halcones es ese, precisamente: que la acción de la policía es en ambos casos la misma y, por tanto, si es correcta en el caso del terrorista, lo es también en el caso del inocente, aunque aquí con un desgraciado efecto "colateral" que son los primeros en lamentar, etc.

Y, por tanto, nuestro argumento, el de las personas decentes que aún conservamos la esperanza de que pueda existir un Estado que no sea, en esencia, una república bananera maquillada, debería ser el contrario: como la acción de la policía es en ambos casos la misma, y en el del inocente es, obviamente, una canallada inadmisible, resulta que en el caso del terrorista es también una canallada inadmisible. Bajarnos de esa postura siquiera un segundo es renunciar a la esperanza y entregarnos inermes en manos de la arbitrariedad estatal y de la brutalidad policial.

Lansky dijo...

Absolutamente de acuerdo, Vanbrugh

Tranqui, Chrysagon, aquí no hay censura previa ni prácticamente posterior, aunque si hay que dar unas hostias, pues se dan. Pero tú en concreto siempre eres bienvenido y oportuno, hombre.